Histeria del trauma (I)


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No se preocupe, no se trata de un error tipográfico y ha leido usted bien. Inicio aqui una serie de posts acerca de las relaciones entre la histeria y el trauma.

Lo propondré desde esta pregunta, ¿Es la histeria y el estrés postraumático la misma enfermedad? ¿Es el TLP y los trastornos alimentarios tan prevalentes hoy la emergencia clinica de lo que otrora llamábamos histeria? ¿Es verdad la idea de Janet acerca del origen traumático de la histeria?.

Y para ello no tenemos más remedio que volver a prestar atención a la historia de los síntomas, tanto histéricos como postraumáticos  y hacerlo además de forma contextual. Es muy probable que el diagnóstico y la presentación u observación de un síntoma solo sea posible cuando determinados cambios sociales lo hagan posible.

El diagnóstico de histeria ya no existe en los manuales operativos psiquiátricos pero quedan algunos restos: el trastorno de coversión, los trastornos somatomorfos, y el trastorno por disociación, restos fragmentados como pecios. El naufragio de la nosología.

Si usted aun no conoce el TEPT y sus criterios diagnósticos puede visitar este post.  Conté en él algunas vicisitudes que habia sufrido este concepto de “trauma” y dije que:

De manera que el trauma psíquico ha sido desde su origen (y por las razones que mas abajo explicaré) victima de sí mismo y de las sucesivas conceptualizaciones que cada época ha ido añadiéndole. No existe ninguna otra entidad psicológica, mas politizada que el TEPT: feministas, seguros, políticos, gobiernos, militares, médicos y victimas han ido tensando la cuerda de este concepto hasta el punto en que hoy “el trauma” forma ya parte de la jerga común de nuestros conciudadanos y quizá por la misma razón se encuentra desacreditado entre los médicos que asocian trauma a reinvindicación, querulancia, histeria, simulación y búsqueda de exenciones, prebendas, ventajas o indemnizaciones.

Janet y el trauma: el origen traumático de la histeria.-

Pierre Janet, sobrino del filósofo Paul Janet, era ya profesor titular de Filosofía en la Universidad, cuando empezó a estudiar Medicina. Lo hizo, bajo la influencia de su hermano un cirujano llamado Jules,  para poder tomar parte en las investigaciones que llevaba a cabo Charcot para desentrañar los secretos de las manifestaciones histéricas. Charcot se prometía de la ayuda de Janet una aportación de un pensador conocedor de conceptos muy útiles en la sistematización ordenada de los variopintos síntomas histéricos. Por esta razón acogió a Janet en su clínica de Paris en la que estaban alojadas unas 3000 pacientes que, debido a las drásticas manifestaciones sintomáticas convulsivas que presentaban, habían sido excluidas de las instituciones psiquiátricas.

2.2.    Metódica

A diferencia de Charcot, Janet profundizó quizá por primera vez en la historia de la medicina en la idiosincrasia y sintomatología de cada paciente, es decir en su vida interior y sus recuerdos, registrando y documentando a lo largo de años y años las más finas variaciones de sus manifestaciones clínicas.

No olvidó en esta tarea apuntar “palabra a palabra” todas las manifestaciones de las pacientes al mismo tiempo que fijaba sus propias observaciones minuciosamente, también aquellas que no podía sistematizar adecuadamente. Pues, precisamente aquellos hallazgos que en principio no encajaban en el cuadro clínico observado hasta ese momento, podían volverse posteriormente una pieza fundamental en la compresión global del acontecer histérico (sobre todo en lo que posteriormente analizaremos con el término de “contraposición” o “contrasentido”.

Esta paciente dedicación médica debe ser considerada también como única, porque aquellas a las que iba dirigida eran las mujeres desechadas de otros lugares, “depositadas” en la Salpetriere y por tanto carentes de oportunidad alguna, muchas de ellas con experiencia de cárcel y prostíbulo.

A estas “olvidadas” ofreció el investigador Janet el honor de manifestarse y de mostrar su insustituible aportación al entendimiento y compresión de la histeria.

Como consecuencia de la aplicación del método comunicacional, registró la aparente variabilidad anárquica de los fenómenos corporales de las pacientes, detectando una agrupación sintomática de la que se ponían de manifiesto claras regularidades y leyes. Más concretamente: los preceptos clínicos encontrados por Charcot en 1886 contenían una base conceptual mas amplia y sólida. Muchas características clínicas de la histeria pudieron ser entendidas mejor de esta manera, incluso algunas pudieron ser descritas y apreciadas por vez primera.

2.3    Dinámica del trauma

El concepto de Janet sobre el origen y la formación de los síntomas histéricos solo puede ser mencionada aquí de forma esquemática. Remito a su obra, p.ej.”The major symptoms of Hysteria”. http://www.archive.org/details/majorsymptomsofh00janeiala
New York, London: Hafner. Janet, P. (1929) y a la pagina web de Onno van der Hart (http://www.onnovdhart.nl/) o a la del Instituto Pierre Janet (http://pierre-janet.com/).

En cualquier caso, queda claro que el trauma psíquico juega un papel destacado. El razonamiento en el que se basa este aserto es el siguiente: con frecuencia, las experiencias traumáticas debido a su carácter insoportable, no pueden ser integradas en el mundo experiencial y en el recuerdo. Las fuertes impresiones psíquicas y los pensamientos catastróficos ligados con el trauma quedan – como medida de protección – separados (“desagregados”) del resto del psiquismo y llevan una vida propia en el subconsciente. Allí quedan fijados, cristalizados o congelados permaneciendo ininfluenciables o inmodificables a través de las funciones superiores de la consciencia capaces de “corregir” dicha impresión en un Yo que, por otro lado, sigue con su desarrollo evolutivo.

La inevitable y necesaria expresión de la experiencia traumática, en constante y repetido intento de elaboración e integración en el flujo de la consciencia, sucede exclusivamente y de manera involuntaria separada de esta. Esta separación que llamamos disociación se expresa,  demasiadas veces, solo a través del cuerpo. Es en la corporalidad donde se expresa en clave lo acontecido y padecido (aunque también en las fantasías y afectos derivados de ello).

Esta expresión “en clave” en lo corporal, se torna descifrable si se comprende la condición disociada o disociativa y su forma de expresión. Es decir, si se entiende que una parte de las funciones corporales queda separada del resto, se disocia, y se pone al servicio de la elaboración traumática. La correspondiente función corporal disociada – p.ej. en un grupo de movimientos o en algún lugar y en diversas calidades de la sensibilidad – queda “ocupada”, tomada,  por el recuerdo traumático y por ello inservible y en disposición de ser usada para otras funciones y tareas (Janet, 1893).

Los síntomas disociativo / histéricos – los psíquicos como estados de sonambulismo con amnesias y los físicos como parálisis, contracturas y anestesias – reflejan con precisión los procesos internos escindidos, disociados del resto. De acuerdo a Janet, los síntomas corporales se corresponden con los psíquicos y ambas formas de la elaboración de lo traumático pueden representarse mutuamente y las unas arrojar luz sobre las otras.

Ambas siguen las mismas leyes y muestran en gran medida idénticos rasgos o características entendibles desde la dinámica de lo traumático: en ambos, los síntomas psíquicos y físicos, impone su excesiva intensidad y su súbita aparición.

Los rasgos o características más importantes se mencionan a continuación, especialmente al hilo de los síntomas corporales:
(Janet, 1893; 1909; 1929;

Los síntomas histéricos se expresan siempre de forma excesiva, correspondiéndose con la presión excesiva  de los recuerdos y afectos largamente encapsulados así como correspondiéndose con la intensidad del shock invasivo de la propia experiencia traumática original. Ésta, enterrada en el subconsciente, incapaz de ser ordenada y controlada por las fuerzas de la consciencia, mantiene por ello su violencia arcaica de manera intacta a lo largo del tiempo.

Con la fuerza desbordante del ataque histérico, esta violencia se reescenifica en el presente, como si la escena traumática estuviera aconteciendo de nuevo en ese momento (por ello, la meta de toda terapia del trauma es que este pueda volverse pasado).

Los síntoma histéricos, sobre todo los determinados por el trauma, muestran un comienzo súbito y se manifiestan a lo largo de la evolución en forma de ataques o crisis debido a que entre medias vuelven a funcionar los mecanismos protectivos de autodefensa, es decir la disociación es efectiva. Esto quiere decir que, en fases con sintomatología pobre, en la que solo persisten síntomas discretos y en las que el mecanismo disociativo consigue una escisión efectiva en el sistema nervioso, se va acumulando el potencial traumático reprimido y desatendido. En un momento dado,  través de una presión interna creciente (o por aflojamiento de la defensa ante una repetición de una situación relacionada con lo traumático)  a modo de una erupción volcánica en evolución, explota súbitamente para hacerse con espacio. Así se origina la crisis convulsiva, el temblor o la crisis de dolor .

Al contrario que los trastornos neurológicos que tienen un fundamento anatómico, los trastornos histéricos se ponen de manifiesto según leyes afectivas que ignoran la anatomía del sistema nervioso y que se ajusta al conocimiento experiencial que tiene la persona de su propio cuerpo. Esta noción anatómica está influenciada por diferentes conceptos y creencias populares a veces incluso supersticiosas, en definitiva, completamente subjetivas. Las alteraciones de la sensibilidad son “antianatómicas”  y presentan formas “en calcetín”, “en guante” o, incluso como mangas de camisa que terminan abruptamente en el hombro o que se distribuyen como anillos alrededor de las articulaciones. Con frecuencia, partes del cuerpo únicas como genitales, nariz o cavidad bucal quedan o bien afectadas o bien completamente exentas de trastorno en su totalidad.

Las parálisis histéricas o el temblor están acentuados en zonas próximas al tronco al contrario que las parálisis radiculares o cerebrales que se establecen por lo general distalmente. El dolor histérico localizado en la cara viaja “como un cuchillo ardiente” desde la mandíbula inferior sobre la mejilla y la frente  atravesando las fronteras del territorio del trigémino. El dolor lumbar se proyecta en ambas piernas, hacia arriba o unilateralmente en la ingle, y como muy tarde cuando al paciente se le doblan las rodillas y la cadera, se hace evidente que se trata de un acontecer histérico.

Con frecuencia antecede al síntoma histérico una afección en el cuerpo: una operación,  una infección, lo más frecuente un accidente. La anestesia, la regresión de la infección originan una disminución (aflojamiento) de las defensas de forma que el potencial de trauma puede hacerse con un espacio en el cuerpo. El accidente, el shock,   la súbita interrupción de la rutina diaria, la conmoción de la seguridad personal, la real o temida herida de la integridad corporal, todos estos aspectos muestran una fatal similitud con la vivencia original traumática (pues representan una pérdida de control) y ocasionan que el accidente sufrido se convierta automáticamente en una situación de repetición insuperable. Muchos dolores persistentes misteriosamente, situaciones penosas de algunos enfermos tras latigazo cervical, o bien parálisis o contracturas que se ven en las consultas ambulatorias de Trauma y Medicina de Urgencias pueden encontrar una explicación en conocimiento de esta dinámica (Extraido de este post de Francisco Orengo).

Vale la pena retener -para finalizar este capitulo- que Janet fue el primero en relacionar la histeria clinica que presenció en la Salpetrière con los abusos infantiles, explotación, maltrato,y abusos sexuales de sus pacientes. Para Janet, la histeria era un foco de necrosis (Orengo), una herida abierta que solo podia curar en segunda intención, de dentro afuera, dejando salir el pus.

Una idea que Freud rescató y que llamó abreacción.

El entorno cultural y politico de la Francia de Charcot.-

Francia vivió desde 1789, año de la revolución y la toma de la Bastilla hasta 1870 -año en que se consolida la República- un periodo de crisis institucional, de desastres, guerras y calamidades politicas que dejaron un lastre de atrocidades que aun resuenan en la memoria de los franceses de hoy. Fue en este convulso periodo donde Charcot y la psiquiatria francesa alcanzaron la hegemonía cientifica mundial. Lo que estaba en juego en aquella época era una guerra entre el “ancien regime“, aristócratas y eclesiásticos frente al poder republicano civil y laico. Ni que decir que las ideas de aquellos médicos se alienaban con el progreso que representaban las nuevas ideas que pretendían imponerse en Francia y arrinconar a los antiguos poderosos a lo que son hoy, un poder marginal.

Es posible decir que las ideas laícas de la revolución francesa se impusieron por fin, no solamente en Francia sino en toda Europa. La izquierda (por asi decir) le ganó la batalla a la derecha. Aunque debo decir en este momento que las ideas de izquierda y derecha se hallaban muy lejos de los contendientes de aquel tiempo, se trataba de otra guerra. El conflicto izquierda-derecha es un conflicto más bien del siglo XX.

Lo que se debatía en aquel entonces era si la histeria era una enfermedad que pudiera ser estudiada mediante el metodo cientifico o si era constitutiva de un defecto moral, la consecuencia de la debilidad psicológica de las mujeres, o el fruto de sus intentos manipulativos o de su tendencia a la emotividad, sugerentes de un estado de minisvalía mental con respecto al hombre. La mujeres en aquel entonces eran consideradas casi como irresponsables, tanto como un niño, no había por asi decir, un discurso femenino.

Pero sea como fuere lo cierto es que en aquella batalla entre laícos y aristócratas hubo dos perdedores muy claros: las mujeres y los niños. Es curioso que ninguno de los contendientes recordaran las condiciones de miseria moral, politica y sexual que las mujeres de aquel tiempo arrastraban, cercenadas y amputadas en sus derechos civiles tanto por los antiguos como por los modernos poderes; tan solo las sufragistas emergieron públicamente para llamar la atención de sus gobernantes de que las mujeres no podian votar en aquella sociedad civil, laica y republicana. Es curioso señalar que hasta 1848 Francia no concedió el derecho al voto a las mujeres, España aun tardaria 20 años más.

Es en este contexto histórico donde la histeria adquiere visibilidad y acapara el interés de aquellos médicos progresistas de entonces. La histeria aparece como subproducto de esaconfrontación entre lo nuevo y lo viejo.

Pero para entender algo de esta historia es necesario que el lector entienda quién o quienes vivian en aquel lugar llamado la Salpetrière.

Seguramente ustedes pensaran que alli habitaban sobre todo “enfermos mentales” pero esta idea no es cierta. En aquellos lugares se daban cita tanto “enfermos mentales verdaderos” como maleantes, oligofrénicos, dementes, alcohólicos, psicópatas, ladrones, holgazanes diversos, prostitutas, huérfanos, mujeres repudiadas por su maridos o criadas repudiadas por sus amos. El pabellón que atendia Charcot albergaba a las histéricas que no eran sino mujeres campesinas, analfabetas que habian sufrido enormes malos tratos, abusos sexuales, explotación y toda clase de atrocidades en su vida hasta llegar a aquel lugar de asilo. Vivir alli, era para ellas un seguro de vida dado que el alta de aquella institución era una condena a muerte segura. No es de extrañar que estas mujeres se hallaran tan dispuestas a prestar sus servicios al teatro de Charcot.

Un teatro donde acudieron a estudiar Psqiuiatría grandes médicos como Babinsky, Briquet, Janet o el propio Freud. La historia de la histeria comenzó siendo idéntica a la historia del trauma puesto que Freud se llevó de Paris esa idea: la histeria es una enfermedad causada por un trauma usualmente sexual.

 

2 pensamientos en “Histeria del trauma (I)

  1. Estimado Paco: en mi opinión, que guía mi trabajo con los Trastornos de la Personalidad, Janet fue quien mostró cómo se codifican los recuerdos traumáticos en el cuerpo y cómo estas memorias traumáticas se manifiestan en experiencias sensoriomotoras y componentes afectivos.
    Para Janet, serán las emociones intensas las que impiden la asociación. De ahí su conocido aforismo para describir el fenómeno de la histeria como “la enfermedad de la síntesis” donde expresa la idea de que el trauma sobrepasaría la capacidad de la mente para sintetizar.
    Pierre Janet, es sin duda quien representa el relato más detallado y articulado de la conexión entre la división de la personalidad o de la conciencia (disociación) y la histeria. Sea como fuere, sin duda todos los teóricos, Janet, Freud, Ferenczi y Fairbairn, desarrollan por caminos diferentes teorías de la disociación que hoy necesitamos volver a recuperar para la comprensión de la psicopatología actual.La importancia del trabajo pionero de Janet consiste en comprender cómo en el origen de la disociación se encuentra el trauma que supone sentirse aterrorizada por una emoción extrema que el sujeto no es capaz a asimilar dentro del marco mental del que dispone el sujeto, por lo cual es incapaz de asimilar esta experiencia abrumadora dentro de su historia personal. Bromberg define la disociación como una experiencia que secuestra patrones incompatibles de auto-experiencia, lo que limita su comunicación.Estas emociones podrían ser gravemente intensas como en los abusos sexuales que podrían dar lugar a fenómenos disociativos, pero también ser emociones menos intensas, sentidas éstas en relación con los otros significativos, que comenzarían a conformar al sistema self, y que por consiguiente, estarían en la base de los llamados Trastornos de la personalidad. Y ya sabemos que los trastornos de la Personalidad estarían en la base de todo aquello que llamamos síntomas eje I entre los que se encuentran los fenómenos conversivos. Aprovecho la ocasión para felicitarle por sus entradas de blog tan estimulantes.

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