¿Sick or disease?


No hay conversión sin disociación (Janet)

En inglés -a diferencia del castellano- hay dos maneras de referirse al hecho de sentirse enfermo: una posibilidad es tener una enfermedad (disease) y otra es sentirse enfermo sin enfermedad (sick).

Sentirse enfermo sin estarlo es mucho más frecuente que estar enfermo de verdad, lo que sucede es que la medicina actual carece de conceptualizaciones claras y comprensibles que den cuenta de esa grieta que separa mente y cuerpo. Es notable señalar que los médicos no hemos sido capaces de explicar a la población general ni a nosotros mismos y tampoco a nuestros enfermos el por qué podemos sentirnos enfermos sin estarlo.

Gran parte de la responsabilidad en este fallo a la hora de explicar nuestra dualidad fundacional procede del hecho de que es dificil separar la ficción del simulacro, por ejemplo escribir una novela es ficción ¿pero qué ocurre cuando uno habla de sí mismo en una especie de biografia novelada?. Lo que separa la ficciónde la no ficción es una linea muy delgada que traspasamos con frecuencia en nuestra vida diaria. Es difícil explicar que una persona puede sentir dolor, parálisis de un miembro, un defecto sensorial o un episodio convulsivo sin ninguna razón médica (material) que lo justifique. El dificil explicar que dolor no es lo mismo que daño.

O que ficción no es lo mismo que narrativa.

Y hasta la fecha las tentativas de explicación han fracasado. La palabra “histeria” cargada de condicionamientos negativos o peyorativos ha sido expulsada de los diagnósticos médicos y otras intentonas como el concepto de Smith de no enfermedad (no disease), no terminan de aportar la suficiente información ni para el publico en general ni para nuestros pacientes ni siquiera para los profesionales.

Lo que la gente entiende acerca de “lo psicógeno” es que si se padece una no-enfermedad es porque se quiere, por algun defecto del carácter o porque se es un mentiroso o un tramposo. Los médicos tambien abrazan en su mayor parte este prejuicio. Es imposible o parece imposible separar las no-enfermedades de la falsificación, la autosugestión o la búsqueda de prebendas.

Reconsiderando la disociación.-

Probablemente la disociación -aun siendo muy frecuente en la población general, al menos en sus versiones menores- es uno de los temas más desconocidos en medicina y psicología. La mayor parte de los clínicos saben identificar los fenómenos disociativos dentro de las entidades psiquiátricas más comunes. Por ejemplo en las depresiones, suele decirse que los ISRS son la opción cuando aparecen fenómenos disociativos en su curso. Pero lo cierto es que los clinicos han sido entrenados para identificar tan solo tres de los fenómenos disociativos más corrientes: la despersonalización, la desrealización y  o la heautoscopia.

La mayor parte de ellos, sin embargo no han oido hablar de la enantiodromia o metanoia de las experiencias cercanas a la muerte   ni por supuesto de los estados disociativos (hipnoides) de la psiquiatría clasica, ni de los estados segundos.  o la escritura automática.

La metanoia es una transformación de la personalidad que sucede sin explicación médica.No es posible encontrar una explicación con el único paradigma del cerebro, necesitamos saber algo sobre la mente (ese interface entre el cuerpo y el medio ambiente), necesitamos recordar que mente y  cerebro son y no son la misma cosa y que paradójicamente: una transformación de la mente no siempre lleva aparejada una modificación cerebral ni mucho menos puede decirse que esta transformación obedezca a una patologia determinada.

La disociación de la conciencia no debe considerarse de ningún modo un hecho patológico, se trata de un mecanismo primitivo de preservación, una especie de alarma neurobiológica diseñada para escapar de la intensa angustia que acompaña a ciertas experiencias que amenazan la preservación, la disociación es una alarma ancestral que compartimos con todos los mamíferos y que se encuentra filogenéticamente emparentada con la convulsión critica y con el freezing (congelación), sobre la que hablé precisamente en este post.

La histeria -comentada en el post anteriormente señalado- representaria el encendido (kindling) de estas alarmas primitivas en condiciones no relevantes para la vida aunque con repercusión emocional. Una especie de alarmismo excesivo e infundado: una hipérbole. Pues estos mecanismos fueron diseñados para aliviar el tránsito hacia la muerte, la verdadera, no las pequeñas muertes simbólicas que nos acaecen a lo largo de nuestra vida.

Su objetivo es facilitar analgesia, tranquilización y anestesia emocional, es por eso que las descripciones de este tipo de experiencias cercanas a la muerte recalcan la beatitud, la tranquilidad y una sensación de felicidad teñida de luz, de túneles protectores y de hipermnesia (la brusca aparición de escenas de la vida pasando a una intensa velocidad), como si el individuo viera una pelicula de su vida proyectada rápidamente, un documental de su trayectoria. Un epílogo.

Ahora bien la disociación es un mecanismo que hunde sus raices en algo mucho más profundo y que nos viene de serie: se trata de la asimetria de nuestro cerebro, dos hemisferios no simetricos separados por una grieta fundamental la cisura interhemisférica y que contiene dos cerebros unidos por un grueso cordón que llamamos “cuerpo calloso”. Nuestro hemisferio izquierdo contiene estructuras vinculadas al lenguaje y al habla y aunque estas estructuras se encuentran también en el hemisferio derecho, en éste tiene funciones bien distintas a las originales del area de Broca izquierda.

Muy probablemente y según cuentan todos los psicólogos evolucionistas que han estudiado la adquisición en nuestra especie del lenguaje,  todo parece señalar en la dirección de que: el lenguaje está estructurado con una gramática interna que da cuenta de esta disociación. El lenguaje nos divide o profundiza aun más en esta dirección disociativa. No solamente porque lo que designamos con las palabras no es la “cosa en sí” (sino su representación) sino tambien porque el lenguaje es categorial y binario. Es dificil para nosotros pensar en terminos de dimensiones, que operamos por defecto en terminos de “si” o “no” o de “verdadero” o “falso”.

Dicho de un modo más claro: venimos de serie dotados para disociarnos, para escindir el mundo en partes siguiendo el principio del placer. Y lo hacemos desde nuestro nacimiento, asi en el primer año de vida nos espcializamos en escindir lo bueno de lo malo. Lo que nos aportan nuestros cuidadores (la madre sobre todo) de placentero o displacentero. En el segundo año de vida cuando ya sabemos que estamos separados de nuestra madre entonces abordamos el tema del poder y del control. Escindimos otra vez el mundo en dos partes, aquello que nos somete y aquello que hacemos para controlar a los demás. Dos partes,en una nos sometemos y en otra reinamos sobre los demás. A los seis años nos especializamos en otra serie de disociaciones relacionadas con la autoestima y la autoafirmacion y dividimos el mundo en dos partes: aquellas que favorecen nuestro autoconcepto y aquellas que lo cuestionan.

Todo aquello que amenace el principio del placer corre el riesgo de ser disociado de oficio, entre lo bueno o permitido que permanece en la conciencia y lo amenazante o malo que pasa al inconsciente y es sellado por la represión. Es por esta razón por la que lo “traumático” siempre va acompañado de fenómenos disociativos en el largo plazo.

Y merece la pena recordar que el alcohol es el disociador más usado en nuestra cultura.

Ahora bien, la disociación tiene costes, pues no cabe duda que es el proceso contrario a la integración. La disociación mantiene separados elementos que deberian ir asociados y bien cosidos, y puede afectar a los recuerdos (memoria) a las cogniciones (pensamientos) a las emociones, a la conducta, la personalidad y la identidad. La disociación al menos rompe la continuidad de nuestra experiencia yoica y añade irrealidades a nuestra comprensión del mundo. La disociación es un mecanismo burdo (robusto) que carece de la gracilidad de la reflexión y la historicidad. Y una vez puesto en marcha se comporta como un vórtice o una espiral: atrapa cada vez más cogniciones, emociones y memorias y lleva la personalidad y la identidad hacia una incierta deriva cuando no hacia una escalada de inadaptación.

Disociación y neurociencia.-

Otra forma de pensar la disociación es a partir de ciertos postulados o hipótesis que la neurociencia ha ido poniendo a punto desde Freud para acá. Me refiero sobre todo a la hipótesis de Fodor de que la mente está fragmentada o compartimentalizada. En este post de Pablo Malo podemos leer algunas cuestiones relativas a este hecho.

Lo más importante de la teoría modular de la mente son estas cuestiones relevantes:

1.- Los distintos módulos de la mente están especializados en cierto tipo de tareas, del mismo modo suelos órganos de cuerpo.

2.- Cada módulo evolucionó con independencia de sus vecinos por tanto es posible que un modulo lleve su tarea con completa ignorancia para su vecino.

3.- Ciertos módulos se encuentran en la conciencia o cerca de ella, mientras otros son inconscientes.

4.- Los módulos no ocupan un lugar determinado sino que se encuentran distribuidos por toda la red.

5.- Los módulos representan subrutinas del mismo modo que sucede en los sistemas operativos de los ordenadores, algunos colaboran unos con otros, otros compiten pero la mayoría ni siquiera se conocen.

Significa que un módulo puede operar competitivamente con otro, mientras otros pueden cooperar entre sí. Si un módulo desconoce las actividades de otro representaría una explicación de la disociación: sencillamente una parte de nuestros módulos querría una cosa y otra serie de módulos perseguiría otros objetivos y más sencillamente: lo que aquí es displacer allí puede ser placer. Lo que aquí se conoce allí es un insabido.

Engaño y autoengaño.-

No cabe duda de que si existe la posibilidad de sentirse enfermo sin enfermedad es porque poseemos módulos especializados en el engaño. Muy probablemente el engaño y la detección del engaño evolucionaron juntos y es también muy probable que -tal y como asegura Robert Trivrers- el autoengaño suponga una especialización relativamente moderna, una sofisticación del engaño, pues ¿existe una forma mejor de engañar que engañarse uno a sí mismo?

hipocritas

Es por eso que todos nos parecen hipócritas pues al fin y al cabo nuestros módulos de escrutinio de los demás son siempre más eficaces que los que nos autoevaluan probablemente porque son dos módulos diferentes.

La idea de Trivers es que el autoengaño evolucionó a partir del engaño: a fin de hacerlo más fiable en su propósito de engañar. Efectivamente los mentirosos con la repetición de sus mentiras corren el riesgo de ser descubiertos con lo que sus engaños resultarían cada vez mas ineficientes. Es por ello que la detección de mentirosos y la sofisticación de los engaños coevolucionaron.

Los humanos gracias a la aparición del lenguaje hemos refinado mucho nuestros métodos de engaño, hasta tal punto que Guidano supone que no hay conciencia humana sin autoengaño, o dicho de otra forma, el autoengaño parece ser la prestación por defecto de nuestro cerebro: de lo que se trata es de construir un mundo que encaje con el modelo original, un modelo coherente o de alta relevancia en relación con el contexto, hacer encajar un mundo cambiante con el modelo previo que el cerebro ya ha construido. Nuestro cerebro no está pues destinado a encontrar la verdad sino a hacer congruente lo que se encuentra ahi afuera con el mapa que tiene de sí mismo adentro: el autoconcepto.

La mejor forma de mentir es que los demás no detecten nuestras mentiras- a través de esas pequeñas señales psicosomáticas que delatan una falsedad- y la mejor forma de hacerlo es llegar a creerse las propias mentiras. Esto es precisamente el autoengaño, una adaptación destinada a incorporar nuestras mentiras y hacerlas inconscientes o poco visibles a fin de aparentar ser fiables pues todo engaño está destinado a la autopromoción.

Llegados a este punto parece que hemos llegado a un callejón sin salida. ¿Es pues sentirse sick (enfermo) una forma de engaño o autoengaño en ausencia de enfermedad real? ¿Es la disociación un mecanismo destinado a engañar a los demás y a nosotros mismos de un modo más eficiente?

La respuesta a esta pregunta es complicada, pero no imposible. Es evidente que nuestro cerebro evolucionó para hacernos  más valiosos para los demás y hacernos sentirnos a nosotros mismos más importantes de lo que somos, del mismo modo que evolucionó para captar recursos y no corresponder con nuestros esfuerzos, siempre será más cómodo robar gallinas que criarlas. De manera que siendo honestos con nosotros mismos hemos de admitir que lo más probable es que nuestro cerebro nos engañe.

Pero no nos engaña porque el sujeto (el Yo) quiera engañarnos sino porque es víctima de los engaños de su propio cerebro, algo que nos viene de serie y que es imposible hackear. Es por eso que es posible afirmar que podemos entrenarnos para desvelar no solo nuestras propias mentiras sino -más fácil aun-  las mentiras de los demás.

Estas personas que han especializado algún tipo de módulo en chequear las mentiras ajenas se llaman psiquiatras o psicólogos, quizá psicoterapeutas o psicoanalistas, con una condición: han de haber pasado a su vez por una serie de procesos personales que borren los escotomas o áreas oscuras de su propio psiquismo. Es difícil decir como se hace y más difícil es reglamentarlo. Una profesión imposible.

Pero si no lo haces corres el riesgo de convertirte en un hiperempático que puede reconocer cuales son las áreas oscuras de los demás pero no las tuyas.

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12 pensamientos en “¿Sick or disease?

  1. Pingback: ¿Sick or disease? | bibliotecadealejandriaargentina

  2. Paco, este post que me agrada mucho leer, tiene – a mi juicio – un par de problemas epistemológicos que me gustaria comentar.

    Se trata de la cuestión de “la verdad” versus “la mentira” de la enfermedad.

    Es decir, la cuestión de si lo que se siente subjetivamente como “encontrarse – uno – malo” es o no equivalente a “tener” (o no) una enfermedad “verdadera”. Este juego con los términos “verdad”, “mentira” referidos a las así llamadas “enfermedades” me parece propio de una Medicina anclada en el cartesianismo operante aún por desgracia en las facultades de medicina, examenes MIR y praxis hospitalarias donde los llamados “enfermos” son conducidos en compartimentos estanco donde se estabulan por doctores hiperespecializados en la verdad de su organo, sistema o tarea exploratoria diagnostica.

    He tenido dos casos en mi práctica profesional reciente verdaderamente escandalosos en lo que se refiere a esta temática. Una es un mujer de 30 años, fisioterapeuta, con 42 “caidas” contabilizadas desde el año 2014 que acaba en mi consulta por ser yo “especialista en trastorno de conversión”, según los neurologos del hospital general que me la derivan.

    Otro caso es el de otra mujer de 52 años, profesora, con 22 padecimientos, listados por su médica de cabecera:

    ANTECEDENTES MÉDICOS:

    1. ENFERMEDAD DE HASHIMOTO
    2. ENFERMEDAD DE CROHN
    3. GASTRITIS HP
    4. HERNIA DE HIATO
    5. POLIPOS GÁSTRICOS
    6. EPISODIOS DE DISFAGIA SEVERA
    7. CÓLICOS BILIARES
    8. GASTROENTERITIS INESPECÍFICA
    9. CELIAQUIA
    10. POLINOSIS
    11. ASMA EXTRINSECA
    12. DERRAME PLEURAL
    13. FIBROMIALGIA
    14. OSTEOPENIA
    15. MIOPATIA DE MMII Y MMSS
    16. EPISODIOS DE NEURALGIA DEL TRIGÉMINO
    17. PARESTESIAS MMII, MMSS, CARA
    18. SINDROME SUBACROMIAL BILATERAL
    19. LUMBOCIATICA
    20. DERMATITIS ATÓPICA
    21. ALOPECIA AREATA
    22. PSORIASIS
    23. ANEMIA FERROPÉNICA
    24. DEFICIT VITAMINA D
    25. AMENORREA, METRORRAGIA, LEUCOPLASIA, MIOMAS UTERINOS
    26. INFECCIONES URINARIAS DE REPETICIÓN
    27. DISINERGIA VESICO – ESFINTERIANA
    28. TRASTORNO ANSIOSO – DEPRESIVO

    ANTECEDENTES QUIRÚRGICOS:

    1. MIOMECTOMIA
    2. POLIPECTOMIA GÁSTRICA

    La paciente llega a mi consulta derivada por una abogada que desea que le realice una peritación psiquiátrico – legal para obtener pensión de invalidez.

    Pues bien, parece mentira que 121 años despues de los “Estudios sobre la histeria” de Breuer und Freud, sigamos debatiendo estas cosas. ¿No sería la cuestión esencial a debatir, el porqué sigue disociando la ciencia y praxis médica de esta manera tan pertinaz y cerril lo subjetivo de lo objetivo?, y ¿cuanto tiempo más hace falta para integrar en la mente del médico que lo subjetivo es lo vivido por el paciente y lo llamado objetivo de la medicina es lo que el médico vive del / en el paciente? Ah!…, y que ambas cuestiones no son ni falsas ni verdaderas, ni mentiras ni verdades.

    Son formas distintas de expresar la misma experiencia. ¿No?

    • Que barbaridad esa paciente tuya!
      La verdad en mi opinión es que no disponemos de una palabra que de cuenta de esa verdad que para ti y para mi es una verdad que pocas veces sabemos trasladar a nuestros compañeros y a los mismos pacientes. Fíjate en una cosa: “sick” es un adjetivo, uno puede estar sick pero no disease. Porque disease es un sustantivo. Sin embargo en castellano uno puede ser epiléptico o esquizofrénico. Esta es una verdad que parece flotar en la semántica de las palabras, siempre remiten a otra cosa y la conversión-somatización remite por razones evolutivas al engaño.
      Ahora bien el engaño no es equivalente a la mentira, si bien pueden haber engaños tras algunas diseases como por ejemplo los trastornos facticios. La verdad es que nada en la histeria es mentira, si bien la capacidad para la disociación puede proceder filogenéticamente tanto del deseo de engañar como del trauma psíquico como tu sabes. Necesitamos otra palabra que no remita al teatro, al simulacro o a la ficción. Quizá esa palabra pudiera ser el “como si”?

      • Ahora, si me permites, un par de comentarios sobre la disociación propiamente dicha…eso sí, actuando ” a sus anchas” y “engañando” como un mago al público creyente, a una masa de médicos etc. y “volviendoles” loc@s…,aunque est@s no quieren dejarse “engañar” y contraatacan instaurando costosos procedimientos diagnósticos uno tras otro…a ver si “cazan” algo…como si quisieran fotografiar al monstruo de lago Ness…¡en 2016!

        En fin, la disociación “salta”, se pone en marcha ante cualquier alerta, sensación de peligro o amenaza…como es por ejemplo cualquier enfermedad, naturalmente. Ya solo la sospecha del: “¿Me pasará algo?…, esto nunca lo habia tendido…¿será un cáncer como el del tio Pepe o la abuela Manolita?, piensan los que van – a – ponerse enfermos? Se alertan y empiezan a disociar el dolor, la propia alerta y el miedo. El miedo, Paco…

        Pues bien, la disociacón regresa si entra la seguridad y/ o tranquilidad. Es reversible. No es un mecanismo patológico, como bien dices en el post.

        Solo se cronifica y se hace eventualmente estrés postraumático, con embotamiento emocional incluido, cuando no puede revertirse el mecanismo de alerta y “tienen que quedarse encendido”, dia y noche. Años, si los traumas que siguieron a las disociaciones primarias son infantiles. Entonces nos encontramos con histerias consagradas, perennes, cronificadas e irreconocibles de su lugar de origen…, pues están envueltas en anosognosia, anosodiafória y amnesias eficacisimas por mencionar solo algunos síntomas.

  3. David Kessler propone en su nuevo libro “Capture” una teoría unificada de las enfermedades mentales, que podría extenderse a las psicosomáticas, y quizás a casi todas. Kessler considera que en todos los casos existe un proceso neurológico en común, el cual llama “captura” y lo define como una atención selectiva que se enfoca -a menudo obsesivamente- en uno o en una serie de estímulos y no en otros (de entre los millones de estímulos que nos bombardean cada instante). Es decir, algo nos captura y esto desencadena un circuito de respuestas neurales que con el tiempo se convierten en una enfermedad. Esto sugiere que una enfermedad mental es, sobre todo, una forma de ver el mundo, una perspectiva que al reforzarse, al fijarse obsesivamente y recibir el peso de una atención psíquica constante, nos encasilla y encierra en un estado determinado.

    http://pijamasurf.com/2016/04/cientifico-sostiene-que-todas-las-enfermedades-mentales-tienen-esta-misma-causa/

    http://www.amazon.com/Capture-Unraveling-Mystery-Mental-Suffering/dp/0062388517

    • Muy interesante ese concepto de “captura” que tanto se parece al termino medieval de “posesion” y tambien al concepto de hiperia y a viejas teorias psiquiatricas como la de la “psicosis unica”.

      • Pues parece que sí, que Kessler está resonando con Areteo de Capadocia y la psicosis única.
        Personalmente entiendo la captura de David Kessler, más bien como una autocaptura del propio individuo, aunque involuntaria, que reduce su grado de libertad mediante una hiperia que lo enferma. Mientras que la posesión seria una intervención de una voluntad externa sobre el individuo, algo mucho más esotérico, que no necesitaría de la captura, aunque podría ser también facilitada por una captura.
        Como indica el post de la rueda kármica, parece que los multiversos son un inmenso Samsara. Pero aunque nos cuesta abandonar nuestra zona de confort y cruzar el borde, parece que disponemos de ese grado de libertad. Según la Teoría del Desdoblamiento del Tiempo, cuando se acaba un ciclo, podemos escoger repetirlo o cambiar de escala y atravesar hacia el pasado o el futuro. La vida está llena de ciclos, cada día es un ciclo. Quizás por eso existen las remisiones espontáneas.

    • Deseo hacer un comentario a este concepto de “captura”.

      Hace unos años, en otro post cuyo nombre no recuerdo ahora, se trató el tema del “atractor”, del “agujero negro” de la mente y del cerebro. Esta aportación que presenté y que databa originalmente de una conversación con P.T., sentados en un banco en Benicassim, pretendia conceptualizar con esos términos / conceptos lo que a mi juicio supone un impacto traumático importante en la mente / cerebro.

      A semejanza e isomorfismo con un lugar que ha quedado excluido del contexto, como un meteorito que rasga un punto gigantesco en la superficie de la tierra, el agujero que una gran traumatizacíon genera en el tejido tridimesional mental es un lugar de no – captación, una necrosis.

      En este sentido quiero señalar que tan “capturador” es un gran imán como lo contrario. Es decir, un espacio vacio y aperceptivo, incapaz de captar abosolutamente nada, al contrario desviando hacia si todo el silencio, todo lo no dicho, lo negado, lo denegado, lo reprimido y, finalmente, lo que se ha de evitar a toda costa: el trauma propiamente.

      Este “agujero negro” (bis) de máxima fuerza de atracción gravitatoria en la escala de lo mental, se constituye en el gran atractor alrededor del cual se construye una gran parte de la dinámica de la mente. Miles de conductas evitativas de ese lugar mantienen la funcinó mental alejada de la reexperimentación y la hiperalerta que genera la cercania al gran vórtice.

      Naturalmente, la caida de nuevos “meteoritos” traumáticos retraumatizantes, la compulsión adictiva a repetir y la muy real hiperalerta hasta lo paranoide que genera el eco – ruido de lo traumático, se constituyen y expresan en una grande grave o en varias patologias más leves que subsumen todo el cuadro de las enfermedades físicas y mentales.

      So far.

  4. En relación a las enfermedades ‘imaginarias’, la experiencia me enseña (naturalmente, mi experiencia de la vida carece de cualquier valor científico) que tales enfermedades son harto frecuentes en quienes por una causa u otra han reprimido fuertemente su acción instintiva: quienes huyen de la relación social por temor a la alteridad del ‘otro’, quienes sofocan su sexualidad, quienes se refugian en la soledad o en los animales, los hipercompasivos, quienes se horrorizan ante cualquier crueldad, los que temen todo cuanto huela a competición, los hipersensibilizados contra todo lo ‘fuerte’, los que carecen de un itinerario de vida o de un propósito vital…
    Renegar de lo instintivo por miedo a sus consecuencias, querer matar la parte ‘animal’ de uno, es, de forma inconsciente, querer matar la vida. Los impulsos instintivos se dirigen entonces, no a satisfacerse, sino a acciones descompensadoras en los diversos órganos del cuerpo que provocan alteraciones cambiantes que se toman por enfermedad.
    En cuanto al autoengaño, ¿no es una ilusión?, ¿no son las ilusiones producidas con el propósito evolutivo de hacer inteligible y previsible la realidad, aunque errando como en el caso de los que creen en la astrología?
    Resulta difícil creer en un conjunto de rutinas y subrutinas de independiente funcionalidad. El hecho de que en el cerebro se edifique sobre lo ya construido, y de que cualquier adaptación de cara a la supervivencia requiera de una amplia interconexión funcional, hacen poco concebible el desacuerdo que proclama la teoría modular. Si pensamos en una adaptación tal como la capacidad de comunicarse, parece obvio que resulta necesario íntimas imbricaciones –y colaboración—entre diferentes áreas del cerebro, y también parece del todo necesario que para su desarrollo y afinamiento funcional han tenido que caminar unidas armoniosa y paulatinamente todas las áreas y sistemas que lo integran y haber estado interconectados desde el principio.

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