¿Por qué somos tan frágiles? (IV)


antifragil

Nassim Nicholas Taleb es un matemático financiero americano de origen libanés que es  conocido gracias a un libro donde analizaba el impacto de los eventos altamente improbables en nuestra conciencia. Eventos que desde entonces conocemos como “Cisnes negros”. La hipótesis de Taleb es que estos eventos por ser extremos y raros son impredecibles, es decir nuestro cerebro no los computa precisamente por su improbabilidad. Y es por eso que resultan tan perturbadores cuando se producen. Un ejemplo de estos eventos son el 11-M en España, el 11-S en USA o la crisis económica y financiera que arrastramos desde 2011. La ola de refugiados que recorre hoy Europa es tambien un cisne negro

Segun Taleb nuestro cerebro se encuentra perfectamente preparado para ofrecer explicaciones de cualquier cosa, pero es incapaz de predecir un cisne negro, es decir es incapaz de representarse aquello altamente improbable, lo que hace que nuestras decisiones sobreestimen nuestra capacidad para acertar pero infravaloren nuestra capacidad del error. Esto es precisamente según Kaleb , lo que les sucede a los expertos: un experto es aquella persona que usualmente se equivoca cuando predice algo pero lo explica a las mil maravillas y de tal forma que siempre tiene algun argumento para explicar su equivocación. La tendencia humana es a atribuirnos la autoría de los aciertos pero atribuir a otros, o al medio la responsabilidad de nuestros errores.

Un cisne negro es un evento robusto. Es decir un evento antifrágil.

Después de este libro que fue un éxito, Taleb escribió otro donde explora “Antifrágil:las cosas que se benefician del desorden”, Para Taleb la antifragilidad es:

Lo que se destruye con facilidad es frágil… lo que no se destruye es adaptable, resiliente, robusto…
Creamos el concepto para definir aquello que mejora ante las situaciones que podrían destruirlo. Porque la fuerza que no ha destruido a lo que es o a quien es antifrágil, sí ha destruido otros.

Un concepto muy parecido pues al de resiliencia psicológica.

La ley de Yerkes-Dodson.-

Estudia las relaciones entre entre ansiedad, tarea y rendimiento

La compleja relación entre nivel de activación o ansiedad, dificultad de la tarea, y eficiencia o rendimiento fue demostrada por primera vez por Yerkes y Dodson (1908 ) en un estudio clásico sobre los efectos de la motivación en el aprendizaje discriminativo.

Primero se trabajó con animales y después con personas. Tanto con unos como con otros se vio que siempre hay un óptimo de motivación. En todos los niveles de dificultad, el rendimiento mejora hasta un punto de motivación y después empeora. Este grado de motivación es más débil cuanto más difícil es la tarea.

La ley de Yerkes-Dodson, en su versión original, puede formularse así: cuanto más dificultad presenta una tarea de aprendizaje, menor es el grado óptimo de la motivación requerida por el aprendizaje más rápido. Una ansiedad excesiva afectará negativamente al rendimiento.

Estas relaciones siguen la ley de Yerkes-Dodson y reflejan que los rendimientos se optimizan a medida que aumenta la activación hasta llegar a un punto máximo, a partir del cual cualquier incremento o activación exagerada coloca el organismo en el umbral del fracaso adaptativo. Se muestra un punto P crítico, a partir del cual los incrementos de ansiedad resultan disfuncionales.

En definitiva, una cierta cantidad de ansiedad, estrés o exigencia es deseable y necesaria para la realización de una tarea, para resolver un problema o para conseguir una acción eficaz.

La ley de Yerkes-Dodson es tambien conocida con el nombre de U invertida.

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Dicho de otro modo: los estresores son la clave de la antifragilidad. Para los seres vivos y los sistemas orgánicos el equilibrio no existe, salvo en la muerte. Así pues necesitan de esos estresores como claves para reforzar y mejorar en la superación del agente estresor. Nada hay más satisfactorio y refuerza cuerpo y alma que derrotar a un animal que te ataca, un estrés de alta intensidad y puntual, cualidades deseables para un agente estresante en un entorno vivo y, por ello, desequilibrado.

Aunque un sistema antifrágil puede disponer de elementos frágiles, cualquier tipo de crisis eliminará esos elementos afectados y por el contrario fortalecerá los restantes al hacerlos resistentes a ese tipo de crisis. Ese grado de aleatoriedad produce lo que podemos definir como “Evolución” aplicable a organismos vivos y, cómo no, esto es lo que ocurre en muchas organizaciones actuales. Esto es, los elementos saben, esperan, necesitan una fuerza que intenta destruirlos y que los destruye. Esa destrucción es la garantía de la permanencia, lo que resta, es más fuerte, eso es antifrágil. (Tomado de esta web).

El sistema necesita que haya agentes que emprendan, que se arriesguen, que hagan cosas diferentes que triunfen o que fracasen.
Muchas personas han preguntado sobre los mecanismos para la superación de los Cisnes Negros, un concepto complejo que a muchos se escapaba entre las manos. Taleb ha respondido: “siendo Antifrágiles”.

Dicho de otra forma, tenía razón mi abuela cuando decía que “lo que no mata engorda”. La mejor forma de aprender a ir en bicicleta es caerse de la bicicleta y rasparse muchas veces codos y rodillas.

Para Taleb de lo que se trata no es de aumentar lo favorable, entendiendo como “favorable” todo aquello que nos hace frágiles sino disminuir lo desfavorable.

El primer paso para la antifragilidad es la reducción de lo desfavorable antes de aumentar lo favorable, esto es, reducir la exposición a Cisnes Negros. Se trata de buscar la asimetría en lo que haya más favorable que desfavorable, la idea es no asumir riesgos donde haya que perder sino asumirlos donde haya que ganar porque así las pérdidas podrán ser limitadas y las ganancias enormes. Y, desde luego, antes de hacer algo más eficiente o modificar en busca de mejoras, hay que buscar hacerlo antifrágil.

Algo que desde luego tiene muchas aplicaciones en educación, en salud mental, en los negocios y por supuesto en politica.

¿Qué nos hace tan frágiles?.-

Como el lector ya habrá observado el mundo en el que vivimos es muy frágil, lo que nos convierte en individuos muy vulnerables psicológicamente hablando y lo es más desde que la tecnología y el conocimiento se divorciaron quizá definitivamente. Hay muchas cosas que podemos hacer sin saber para qué sirven, donde nos llevan o qué consecuencias tienen.

Por ejemplo una adolescente a la que aun no le han crecido las tetas puede difundir sus desnudos en Internet sin saber nada de sexo ni saber nada de la sexualidad de los hombres. Ya es posible y lo es gracias a la tecnología que podamos difundir nuestros desnudos sin saber nada del desnudo. Esta misma adolescente puede mantener relaciones con tres o más parejas a la vez sin deseo ni lubrificación vaginal simplemente por una cuestión de codicia comparativa o de autoafirmación.

La hemorragia simbólica de nuestro mundo.-

He definido en otro lugar al “zeitgeist” como “el espíritu de nuestro tiempo”, se trata de las verdades que aceptamos acríticamente porque nos vienen así desmenuzadas para su consumo desde los medios de comunicación de masas. Se trata de creencias que sostenemos, de estilos de vida que llevamos a cabo, de una enorme bolsa de imagineria colectiva que nos hace esclavos del “zeitgeist” al que solo podemos combatir con el pensamiento critico (robusto) que es precisamente el opuesto al pensamiento técnico que es grácil y nos hace vulnerables, sin ese colchón de seguridad que proporciona el conocimiento de las cosas.

No es que hoy seamos más violentos o tontos que los salvajes, sino que hemos perdido la capacidad de serlo y por eso reaccionamos con violencia ante situaciones “contagio” como en el fútbol, en el hogar con eso que ha venido en llamarse “violencia de género” o en nuestra vida privada, peor cuanto mas socializada se encuentre.

No se trata tan solo de que hayamos perdido las inhibiciones que ponían a buen recaudo nuestras pulsiones mas agresivas o asociales, es algo más profundo, se trata de una violencia anómica, estúpida, que no persigue ningún fin, la gente no se pelea por antagonismo, por dinero o por poder (los hay que también), sino por indiferencia. La gente se ha vuelto absolutamente indiferente a todo lo que le rodea incluyendo a las manifestaciones de la violencia, nos hemos hecho insensibles a la violencia, al dolor y al hambre, nos hemos hecho insensibles a casi todo lo que nos rodea puesto que no nos reconocemos ya en ninguna otra cosa sino en el impacto de lo real sobre nuestro deseo. En esa colisión vivimos y a través de sus intersticios nos desangramos simbólicamente, una vez despojados de todo lo humano que había en nosotros antes de la gran evasión que supuso el blanqueamiento del mal, el blanqueamiento o desdibujamiento de esa línea delgada que separa lo simbólico de lo real, nos encontramos exánimes, sin alma.

Veremos en el próximo post que los individuos de hoy nos encontramos inermes frente a una disonancia fundamental: el mundo de afuera quizá uniforme, homogéneo, predecible e indoloro y el mundo de adentro, caótico, necesitado de apoyos, confuso, indiferenciado y donde cualquier deseo puede ser satisfecho a través de algún sucedáneo sin que ese mismo deseo llegue a tomar forma.

La disonancia perceptiva entre el mundo de afuera y el mundo de adentro es un subproducto de la distancia entre lo tecnológico y el conocimiento. Si construimos síntomas o alarmas artificiales es para conseguir disminuir esa disonancia:

Disminuir la disonancia entre nuestra percepción de un mundo externo seguro y opulento y un mundo interno vacío y desolado.

Dicho de otra manera: llevamos muy mal la distancia entre lo que percibimos ahi afuera y lo que percibimos aquí dentro y como siempre estamos cabreados, enfadados o enfurruñados tendemos a disminuir la distancia entre el afuera y el adentro. Es por eso que percibimos amenazas que no existen y ponemos nuestro organismo en guardia (aumentamos el arousal) frente a estímulos intrascendentes, aunque este proceso no es voluntario sino un condicionamiento clásico que sucede bien lejos de nuestra conciencia.

O dicho de otro modo, la comodidad de nuestras vidas contrasta con la vacuidad de las mismas.

Y es por eso que algunos optan por introducir cierta perturbación en sus vidas.

17 pensamientos en “¿Por qué somos tan frágiles? (IV)

  1. Creo que la última frase de este magnífico post resume también el sentido de las palabras de Stephen Hawking al decir que la humanidad debe colonizar ya nuevos planetas. Cuando veo en TV el éxodo de estos refugiados, pienso que de los supervivientes nacerán nuestros descendientes. Se lo están ganando a pulso.

    • Creo que somos extremadamente frágiles porque nos creemos únicos, e infundadamente superiores al resto de la vida en el planeta, cuando, paradójicamente, respondemos a las mismas reglas de supervivencia que cualquier ser vivo. Y más aún, la Vida continuaría sin problema alguno, y hasta quizás más aliviada, sin nuestra presencia. Aún no he conocido planta, animal o paisaje que nos necesite para sobrevivir. No somos indispensables para nada, sin embargo necesitamos de la Tierra en su totalidad para poder mantener nuestras vida, o mejor dicho “nuestros estilos de vida”. ¿A caso algún otro ser vivo sufre el síndrome de Diógenes o el de consumismo compulsivo? Somos gigantes de pie de barro, predadores por antonomasia, ávidos de recursos porque quizás, y en esto seamos realmente únicos, estamos muy conscientes de nuestra muerte. Y la única salida, la más gloriosa, es pensar en mudarnos a otro planeta… pero sin renunciar un ápice a ser lo que somos, por lo que no es baladí suponer que repetiríamos la misma historia, allí a donde vayamos. A nuestra especie, me parece, le resulta más sencillo volver sobre sus errores que intentar aprender de sus consecuencias. Será adaptativo, tal vez, y tal condición la trasplantaremos al supuesto futuro nuevo hogar. Así que no sé qué gran solución puede ser esta de salir a colonizar nuevos mundos, pues me resulta, más o menos, como decir que saldré a buscarme otra casa porque la mía está tan llena de m…, por no haberla limpiado nunca, que la vida se me hace imposible en ella. ¿Qué me puede hacer pensar que nunca tendré que salir a buscar otra, nuevamente, por la misma razón?

      La humildad jamás a sido nuestro fuerte como especie y, justamente su antítesis, la soberbia es, quizás, lo que nos hace cada vez más frágiles. Nos viene como anillo al dedo aquello de “Dime de qué te jactas y te diré de qué careces”.

  2. ¿Y qué podríamos hacer, salvo permanecer indiferentes al derrumbamiento social que sobrevendrá al entrelazamiento previo y continuo de entropías? Nada. La indiferencia es, justamente, lo único que nos fortalece. Lo que no mata, hace más fuerte.

  3. Redescubrir su blog ha sido fantástico y muy corrector. Tendré que reajustar algunas ideas.
    “No es la educación sino la civilidad, pues no se puede educar en valores en los que la civilización no cree”.
    Supongo que parte de lo que hablas tiene que ver con la obra de Christiakis y Fowler, sobre el contagio .social.
    Ansioso por leer el siguiente post

  4. Efectivamente seguramente ahí se encuentre el motivo de los deportes de riesgo y del éxito de reclutamiento del Estado Islámico.
    Frente a un cisne negro la respuesta instintiva natural debería ser luchar o huir. La indiferencia, equivalente a la parálisis, posiblemente producto de la disonancia cognitiva de la razón, evidentemente no es una estrategia sostenible evolutivamente hablando.
    Afortunadamente, toda población presenta variabilidad y por lo tanto individuos antifrágiles, inadaptados o maleducados sociales, no afectados por el “zeitgeist” o “el espíritu de nuestro tiempo”.
    Toda evolución nunca es lineal, está afectada por eventos de cisnes negros, y es más bien serreteada. Los designios de la evolución son inescrutables.
    Quizás la repuesta a: ¿Por qué somos tan frágiles? Sea que nos educan para saber más de menos.

  5. “La gente se ha vuelto absolutamente indiferente a todo lo que le rodea incluyendo a las manifestaciones de la violencia, nos hemos hecho insensibles a la violencia, al dolor y al hambre, nos hemos hecho insensibles a casi todo lo que nos rodea puesto que no nos reconocemos ya en ninguna otra cosa sino en el impacto de lo real sobre nuestro deseo.”

    Parece más bien lo contrario. Nunca como ahora se ha desarrollado tanto la sensibilización al sufrimiento ajeno. El proceso empezó mucho antes y llegó a su apogeo en la modernidad del siglo de la Ilustración (por ejemplo, campañas contra el consumo de azúcar en Inglaterra al relacionarlo con el mantenimiento de la esclavitud http://abolition.e2bn.org/campaign_17.html)

    La insensibilización a la violencia ha exigido un “trabajo cultural” de todas las sociedades desde la época ancestral. Así, se ha enseñado a los niños a jugar a la guerra o a “endurecer el carácter” en todos los pueblos conocidos. No es algo natural y en modo alguno se ha potenciado en la cultura actual (nuestro “Zeitgeist”, sino todo lo contrario.

    “reaccionamos con violencia ante situaciones “contagio” como en el fútbol”

    Lo del fútbol, gracias-a-Dios, es solo un pálido sustitutivo de lo que era antes organizar un progrom para matar judíos y otras situaciones “de contagio” parecidas, mucho más frecuentes y descontroladas en el pasado…

    “tenía razón mi abuela cuando decía que “lo que no mata engorda”. La mejor forma de aprender a ir en bicicleta es caerse de la bicicleta y rasparse muchas veces codos y rodillas.”

    Sí, y también había abuelas y abuelos que zurraban a sus hijos y nietos “para que supieran lo que es la vida”. Yo prefiero ser “frágil” incluso a riesgo de ser relativamente vulnerable a los “cisnes negros”. Las estrategias de cooperación y racionalidad siempre dan mejor resultado para afrontar los imprevistos que la vieja historia de “formar el carácter” de los individuos. Dijo alguien una vez que “una persona de carácter suele ser una persona de mal carácter”. Yo lo suscribo.

  6. Parecería, según Dabrowski y la teoría de desintegración positiva centrada en el estudio y observación de la evolución personal de los individuos hacia estadios psicológicos más avanzados, que la fragilidad se correspondería al estado de la fase de desintegración uninivel que no permite ver las cosas tal como son, sino tal como han sido inculcadas. Este hecho resta libertad en el individuo, ya que, en lugar de pensar por sí mismo, es pensado por la sociedad a la que pertenece o por su “Zeitgeist”.
    La solución, como antaño, pasa por buscar la antifragilidad en nuestro interior, para así avanzar en las distintas fases dentro del crecimiento personal que postulaba el psicólogo Kazimierz Dabroswki.
    http://es.sott.net/article/10915-Dabrowski-y-la-teoria-de-desintegracion-positiva

    • Pues te agradezco que me hayas puesto en contacto con ese Dabrowsky sobre el que no habia oido hablar. He de releerlo mejor pero me da la impresión de ser uno de esos psicólogos teleológicos que creen en la perfectibilidad del hombre y que nuestra conciencia se dirige inevitablemente hacia una mayor perfección.

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