La persistencia del tótem


TOROS-CORREGIDA

Toros de Guisando (Avila)

Un tótem es usualmente un objeto o un animal que se considera el antecesor o protector del linaje de una tribu cualquiera, una especie de objeto sagrado, como un ídolo que preside y gobierna a través de ciertos atributos -fiereza, valor, etc- el destino de esa tribu que se encuentra bajo su protección e influencia. Es importante señalar que el tótem transfiere estos atributos a sus adoradores.

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Aviso totémico a navegantes

Los animales más totémicos son el halcón y el águila entre los indígenas norteamericanos quienes inventaron la palabra “tótem”, aunque lo totémico penetra e infiltra todas las culturas, también el león, el guepardo, el lobo y entre las culturas mediterráneas, el toro. Dicho de otra manera el animal tótem es casi siempre un animal peligroso, fiero, dotado para la depredación, sanguinario y atemorizador.

El tótem ha de dar miedo, de lo contrario no es tótem, es por eso que el perro o el gato, el cerdo o las gallinas no son tótems.

Para Freud, el tótem es el representante del padre en la conciencia humana y viene acompañado de un tabú: el tabú del parricidio. Al padre no se le puede matar sin que se sucedan desastres individuales y colectivos. Y es el padre porque el linaje de un individuo siempre remite a un padre temido, mucho más fuerte y que además es capaz de transmitirnos esa fuerza al contar con su protección. Pero todo parece indicar que las relaciones entre padres e hijos están infiltradas de una cierta ambivalencia, pues todo hijo (y todo padre) tiene o ha tenido o tendrá alguna vez mientras crece la tentación de matar al padre, bien por su tiranía sobre nosotros o bien por sus malos tratos pero también por codicia de su posición. Pues todo niño sueña ser tan fuerte como su padre y gozar de sus prebendas.

Pero para tener prebendas hay que correr riesgos y eso es precisamente los que hacen todos los niños en todas las culturas durante su adolescencia: son iniciados para ser hombres, porque ser hombre es algo que se ha de ganar, no viene de serie.

Tordesillas es un pueblo de la provincia de Valladolid de unos 90.000 habitantes que era conocido por los libros de historia por haber sido el lugar de reclusión y muerte de  Juana la Loca, la hija de Isabel y Fernando que se casó con Felipe el hermoso en una desdichada decisión de sus padres y que a la sazón fue la madre de Carlos I de España, el Rey Emperador.

Hoy sin embargo Tordesillas es más conocida por su fiesta conocida con el nombre de “Toro de la Vega”, una celebración que difiere y mucho del resto de festejos taurinos, casi siempre coincidentes con las fiestas patronales de los pueblos y algo bastante diferente a lo que entendemos por tauromaquia o “fiesta nacional”. La fiesta en Tordesillas consiste en soltar a un toro en el bosque y perseguirlo a caballo con el fin de alancearlo y darle muerte.

Los mozos del lugar compiten por este honor de ser los que den muerte al toro, bien a caballo o bien a pie. El vencedor es aquel que logra dar la ultima lanzada mortal al animal, pero ¿Por qué arriesgarse a esta peligrosa tarea si no hay nada que ganar?

Se trata de una iniciación, los mozos de Tordesillas se arriesgan para ganarse -ancestralmente hablando- su cualidad de hombres. Y lo hacen matando al tótem, pues el tótem, en este caso el toro, ha de morir para que la tribu siga viva, es una especie de rito que tiene que ver con la celebración solar (una vez al año) del “chivo expiatorio”. El toro expía con su muerte todas las culpas de la tribu, se trata de un ritual de purificación colectiva.

Los enemigos del totemismo.-

Pero hay también quien opina que este ritual es algo salvaje y trasnochado y se oponen a él en nombre de los derechos del animal. Es interesante señalar que PACMA es decir los militantes del partido animalista no son defensores de los mozos o preocupados por la salud de los mismos y de su integridad fisica, sino defensores del toro.

Y todos los años recorren aquella localidad a pedradas, pues es con piedras como se defienden ciertas ideas. El “ethos” es en realidad eso, una lapidación.de personas, de infieles, de brutos y asesinos, de aquellos que no piensan como nosotros que somos los que defendemos ideas elevadas, ideas eticas. Y quien no las siga ha de ser apedreado.

No cabe duda de que los de PACMA han moralizado la fiesta del toro de la Vega de Tordesillas. Dicho de otra forma se ha convertido en un dilema moral para ellos y la moral como todo el mundo sabe ha de imponerse a los ignorantes equivocados que siguen con sus tradiciones transnochadas.

Se trata de una guerra entre kantianos (moralistas) y tradiciones mágicas. Parece que nos hemos lanzado a una loca carrera de santidad y pureza y nadie quiere quedarse atrás y que le acusen de inferior desde el punto de vista moral. Pero esto recuerda peligrosamente a los tiempos de la Edad Media, de la caza de brujas y la Inquisición.

¿Pero por qué esa mania moralizante que parece recorrer nuestro país?

La moral emergió -desde el punto de vista evolutivo- para controlar la conducta de los demás, pero no la nuestra propia. La moral es una forma de control del otro, una forma de regular los emparejamientos y una forma de castigar a los tramposos. Pero no una forma de someterse a sus dictados, la moral y el autocontrol son cuestiones distintas, primero surgió el castigo o la defenestración civil del otro y mucho más tarde la internalización individual de la norma. Eso explica que un animalista sea al mismo tiempo proabortista. ¿Se pueden defender los intereses de un toro pero no los de un embrión? Pues claro que si, no hay contradicción moral pero sí lógica.

La moral se expande con un modelo de deriva genética, va desplazándose de un lado a otro. se abandona hoy un nicho que fue moral ayer pero es seguro que mañana aparecerá otro nicho en un lugar diferente, a veces absurdo.

Dicho de otro modo: Se moralizan los toros porque en otro lugar se ha desnaturalizado al hombre o a determinados valores humanos.

En conclusión:

Para la moral, una conclusión que podemos sacar es que tal vez va a ser imposible desarrollar una teoría coherente y unificada de la responsabilidad y de la moral humana. Si la moral es múltiple, si es un racimo de módulos con entradas y salidas diferentes (la visión de Jonathan Haidt de varios pilares fundamentales para la moral, que responden cada uno a diferentes presiones evolutivas, va también esa línea) podría ser una utopía poder llegar a una visión unificada. (Extraido de esta web).

Matar y morir dan sentido a la vida. Y la moral lo que en ultima instancia decide es quien se lleva la pedrada por ser un infiel.

 

Bibliografía.-

Introducción a la tauromaquia

22 pensamientos en “La persistencia del tótem

  1. El temor a la relación social, el temor a la alteridad del ‘otro’ (temor aprendido en gran medida mediante la experiencia), comporta un desagrado que puede hacerse odio a la humanidad, y lleva a muchas gentes ―por reacción instintiva―a buscar refugio y seguridad en algún ámbito que se lo proporcione y que les resulte placentero: uno se hace eremita, se zambulle en juegos de ordenador o de relación virtual a través de Internet, o se hace místico o escritor o animalista. Los parámetros que determinan que el ‘temeroso’ escoja uno u otro de esos senderos son, entre otros, el perfil emocional de cada cual, su necesidad afectiva, las experiencias personales…
    En todo caso, lo que resulta relevante señalar del animalismo en cuanto a su repercusión social (y de paso para arrancarle la máscara de buenismo que lleva adosada) es:
    –Los animalistas creen estar en posesión de la verdad absoluta, y en ese sentido son integristas.
    –Agresivamente consideran a la humanidad un enemigo.
    –Se muestran totalitarios porque intentan imponer a los demás su reblandecida sensibilidad, y porque anhelan acabar con todo disfrute y satisfacción de las gentes que ellos no pueden alcanzar.
    –Naturalmente, no les guía la bondad, sino el egoísmo.
    –Carecen de base ética alguna razonada, pues lo que hacen es sacralizar el emblema ‘respeto a la vida animal’, sin más, sin atenerse a consenso social alguno.
    –Como señala Desmond Morris en El zoo humano, el animalismo es una aberración evolutiva; y una carga social, pues no solo detraen gran cantidad de recursos del acervo económico social, sino que muchos animalistas sustituyen el tener hijos por el tener mascotas.
    Respetando la libertad individual, se ha de respetar la vida particular de cada cual con su mascota, nada más.
    Yo suelo desconfiar de quienes no poseen en su credo o en su programa otra cosa que palabras rimbombantes y de apariencia hermosa. El marxismo gritaba por la libertad y acabó encarcelando a media humanidad. El animalismo grita por el respeto a la vida animal y, de triunfar socialmente sus tesis, caparían los instintos y los gozos de la humanidad. Todo aquello que los animalistas no pueden disfrutar, lo intentan prohibir.

  2. ¿Qué opinión le merece el animalismo?

    “Totalmente disparatado. Hubo uno del PSOE, Garrido, que presentó la moción para reconocerles derechos. Decir que tienen derechos es un absurdo. Incluso, en el colmo, les quieren extender los derechos humanos. Claro, como nadie sabe lo que son los derechos humanos… Fundamentar los derechos humanos en el hecho mismo de su reconocimiento es como el gesto del barón de Munchausen de sostenerse agarrándose de los pelos” (Gustavo Bueno).

    http://www.abc.es/cultura/cultural/20150914/abci-entrevista-gustavo-bueno-201509141132.html

  3. “Los animales más totémicos son el halcón y el águila entre los indígenas norteamericanos quienes inventaron la palabra “tótem”, aunque lo totémico penetra e infiltra todas las culturas, también el león, el guepardo, el lobo y entre las culturas mediterráneas, el toro. Dicho de otra manera el animal tótem es casi siempre un animal peligroso, fiero, dotado para la depredación, sanguinario y atemorizador.”

    Dos observaciones. Parece ser que la preferencia por las aves como animales totémicos se relaciona con las experiencias chamánicas de los “estados alterados de conciencia”: la sensación de volar, y no tanto con que sean animales fieros.

    La otra observación tiene que ver con la sorpresa que se llevaron muchos antropólogos al estudiar las preferencias totémicas de pueblos muy primitivos (los aborígenes australianos fueron de los primeros en ser estudiados -y se los consideraba los “más primitivos de entre los primitivos”-) que no se sentían atraídos por los animales más espectaculares para el hombre civilizado, sino por otros que nos parecerían insignificantes. Es probable que esto cambiara al cambiar la perspectiva de los pueblos, al hacerse más organizados, poderosos y jerarquizados.

    En cuanto al dichoso “Toro de la Vega”, el rechazo a los espectáculos violentos forma parte del proceso civilizatorio y puesto que hay leyes contra el maltrato a los animales, es lógico que estos festejos “primitivos” generen polémica.

  4. Efectivamente todo es una cuestión de moral, pero ahí cabe preguntarse si en realidad: ¿existen profundas diferencias entre animalismo, especismo y racismo, o son totalmente intercambiables?

    En la página 24 del libro de Ariel, “Una herencia incómoda” de Nicholas Wade, puede leerse:
    La premisa central del racismo, que lo distingue del prejuicio étnico, es la noción de una jerarquía ordenada de razas en las que unas son superiores a otras. Se supone que la raza superior goza del derecho de gobernar a las otras debido a sus cualidades intrínsecas.
    Se sostiene la idea de superioridad inherente, que generalmente está ausente del mero prejuicio étnico, para justificar el maltrato sin límites de razas que se consideran inferiores, desde la discriminación racial a la aniquilación.
    “La esencia del racismo es que considera a los individuos superiores o inferiores debido a que se imagina que comparten atributos físicos, mentales y morales con el grupo al que se juzga que pertenecen, y se supone que no pueden cambiar estos rasgos individualmente” escribe el historiador Benjamín Isaac.

    Así pues, efectivamente todo depende de la vara con que se mire, la moral; y en este punto, no debemos olvidar, que los que nos autodenominamos como homo sapiens, somos también unos animales; y que las supuestas diferencias cognitivas y de sensibilidad entre los sapiens y el resto de los homínidos y animales, se muestran, con los avances de las investigaciones, cada vez más relativas y difusas, cuando no inexistentes.
    Ampliando el ámbito biológico, es también muy ilustrativo al respecto el libro “Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal” de Stefano Mancuso y Alessandra Viola.

    Todos somos seres vivos y merecemos el mismo respeto y trato sagrado que los inanimados, como el tótem. Es una cuestión de moral.

    • Eso de que todos somos seres vivos y merecemos el mismo respeto es el invento del tiovivo. La moral es un convenio entre humanos y para los humanos, y no afecta al resto de especies. Característico de los animalistas es el desprecio por el sufrimiento humano, así que, ese animalismo, irracional e inconsecuente, es una aberración moral, un reblandecimiento instintivo y un retorno a la Inquisición. La moral es otra cosa.

      • Efectivamente, como bien dice P.T., nos sobra moral, porque la moral es como los principios de Grouxo, según convenga nos sacamos una u otra de la chistera, eso sí es aberrante; pero somos humanos.
        El reparo a lo extraño, ya sea animal o prejuicio étnico, es algo irracional, y difícilmente evitable, mientras que la creencia de superioridad sobre lo otro, como en caso del racismo, es algo totalmente racional, donde mediante la moral que más convenga, nos damos patente de corso para lo que sea.
        Ciertamente, los mayores problemas surgen cuando aparecen daños irreparables por los crímenes moralistas perpetrados con alevosía y premeditación racional.
        Y con todo, seguimos sin poder definir ese extraño código cultural que denominamos moral. Quizás sea porqué así cada uno podemos tener la nuestra.

  5. Muy interesante el artículo y todas las reflexiones. Personalmente me produce rechazo el infringir dolor a un ser vivo. Me gustaría que la gente se divirtiera de otras formas, creo que puede haber múltiples maneras. Entiendo que el instinto de la caza está en los genes y se manifiesta de muchas formas, creo que una de ellas en la pasión futbolera, pero cada vez hay más opciones, cada vez somos más conscientes de qué somos marionetas de nuestros instintos y eso nos da miras de poder elegir y cambiar cosas, los valores cambian, los vamos cambiando, quizás también sin saber por qué…. Personalmente hubiera sido recolector más que cazador, pero gracias a los cazadores estamos aquí, es difícil argumentar que un instinto es totalmente “inadecuado”, siempre habrá lucha de contrarios, espero que pacífica.

  6. Pues mi postura es diferente: no es el toro, sino que matar a sangre fría y lentamente sea un espectáculo. Más oscuro aún es racionalizar lo que es simplemente tradición (las fantasías freudianas poco o nada explican, y por sí misma la tradición no es necesariamente un referente de principios objetivos ni racionales). Probablemente, la muerte-espectáculo sea más bien una manifestación de propensiones psicopáticas que pueden realizarse públicamente (porque existe el escudo de la tradición) en “blancos” fáciles y desprotegidos como los animales. El grupo eufórico, como bien demostrado empíricamente, puede tener unos cuantos protagonistas auténticamente psicópatas o maniacos que el resto de individuos sencillamente imita, más aún en medio de un contexto propicio. Esto es bastante más irracional que proyectar, del modo más ingenuo que se acuse, derechos humanos en animales..

    • Una de las caracteristicas que tiene la moralización de ciertas conductas es la beligerancia contra los “inmorales”, es por eso que tirotean a las bañistas con bikini, apedrean a las adúlteras, o acuchillan a los infieles. Hoy mismo he visto a un paciente que acuchilló a su mujer por haber abortado sin decirselo a él.
      Efectivamente la mayor parte de los crimenes (90%) son “moralistas”, no se cometen por robar, venganza o ajustes de cuentes sino porque el perpetrador siente que tiene todo el derecho del mundo a tomarse la justicia por su cuenta.
      https://carmesi.wordpress.com/2015/05/11/crimenes-moralistas/
      A mi personalmente los toros no me gustan y para mi vale el slogan “sinotegustanovayas”, pero sucede asi porque no he moralizado a los toros,si los hubiera moralizado no me conformaria con no ir, sino que necesitaria ejecutar mi venganza contra los disidentes. Es precisamente este hecho lo que identifica a los moralistas frente al simple desagrado.
      El espectáculo de Tordesillas me parece cutre pero no inmoral puesto que la moralidad no incumbe a los animales sino a las personas. Me parece antiestético y por eso no voy a verlo. Es la estética la que se resiente pero no la ética.
      El problema de la moralización de las conductas es que una vez conseguido el objetivo de no maltratar a los toros, habrá que buscar un nuevo nicho para la moral. ¿Donde retrocederá? Mi opinión es que el proximo nicho van a ser las relaciones sexuales, volverán a ser inmorales fuera del matrimonio.
      Siempre nos quedará el jabugo, aunque no hay que hacerse demasiadas ilusiones con él.

  7. “A mi personalmente los toros no me gustan y para mi vale el slogan “sinotegustanovayas”

    Me parece que este principio “anti-moralizante” no está bien pensado. Implica una descomunal fe en el “libre albedrío”, según el cual todos podemos elegir libremente sin miedo al condicionamiento y a la influencia del entorno social. Eso podría funcionar si contáramos con una cultura ética desarrollada hasta tal punto que las contradicciones nunca pudieran darse. Pero el caso es que vivimos rodeados de contradicciones y que éstas tienen poder para influirnos. Seguramente Paco estará de acuerdo en que no se debe llevar a los niños a cierto tipo de espectáculos. Y esa forma de pensar solemos creer que implica que de los 18 años en adelante ya somos mayorcitos para juzgar lo que es bueno o lo que es malo. Pero no somos tan adultos. Esa cosa que se llama “embrutecimiento” puede afectarnos a todos. Si los espectáculos de violencia contra los animales no reciben, al menos, reprensión pública (por ejemplo: ¿por qué no se ha procedido a marginar a los toros de los medios de comunicación, como se ha hecho con el boxeo?), entonces tenemos una fuente de “daño psicológico” en circulación, un granito de arena más en el sentido de embrutecernos, con la indiferencia y la complicidad de quienes tendríamos en nuestra mano el hacer el favor a la comunidad de privarnos de ese tipo de espectáculos que desatan los peores instintos.

    • Yo no estoy de acuerdo en que los toros como espectáculo sean degradantes, una cosa son los toros en la calle, otra los toros en la tauromaquia y otra lo de Tordesillas. Hay que matizar.
      Yo he vivido en una cultura taurina, he vivido entre toros por asi decir desde que tengo uso de razón que los toros están en mi entorno, al menos hasta que me hice adulto. Nunca me he sentido embrutecido por los toros, ni por correrlos por las calles de mi pueblo. He tenido por asi decir una inmersión taurina desde mi infancia, cosa que es mas que probable que no hayais tenido algunos de los que meteis en el mismo paquete todo lo que sea “taurino”.
      Por otra parte el “sinotegustanovayas” es para mi el imperativo categorico social, es muy fácil de seguir y de entender. Mucho más complicado me parece el imperativo moralizante que implica un reproche inquisitorial.

  8. Sin ánimo de molestar, respecto a las frases:
    “La moral es un convenio entre humanos y para los humanos, y no afecta al resto de especies.” De J. Joya.
    Las distintas morales humanas si afectan, de manera colateral si se quiere, al resto de las especies y al planeta, de ahí la propuesta de llamar como antropoceno a la era actual, debido a la gran afectación de nuestras acciones sobre la Tierra, siguiendo las directrices morales de nuestros dirigentes.
    “El espectáculo de Tordesillas me parece cutre pero no inmoral puesto que la moralidad no incumbe a los animales sino a las personas.” Del genial P. Traver, autor del blog.
    Totalmente de acuerdo en lo cutre. Respecto a lo inmoral, si lo fue para los animalistas, pero no para los que participaron en la penosa muerte de Rompesuelas, algunos incluso incumpliendo las normas. Sobre a quién incumbe la moralidad, dejando aparte la moralidad animal, al menos la comprobada entre los chimpancés, remitirme al comentario sobre la frase anterior. Ciertamente la moralidad incumbe a las “personas”, pero puede tener efectos colaterales sobre el resto de lo que sea. Solo hay que observar la moral de la OTAN y sus efectos con los refugiados.
    Los estudios genéticos parecen sugerir que es probable que la moral pueda tener un sustrato genético producto de la selección natural para cada ambiente determinado, lo que produciría las distintas culturas e instituciones pertinentes. Las morales estarían entonces relacionadas con todo ello.

  9. “Nunca me he sentido embrutecido por los toros”
    “el “sinotegustanovayas” es para mi el imperativo categorico social, es muy fácil de seguir y de entender. Mucho más complicado me parece el imperativo moralizante que implica un reproche inquisitorial.”

    Lo primero es una experiencia personal, que se contradice con la opinión generalmente aceptada de que deben rechazarse los espectáculos embrutecedores. Si los gladiadores (o boxeadores) quieren luchar en el ring voluntariamente, allá ellos (Wikipedia informa de que por cada dos alpinistas que suben con éxito al Annapurna, en el Himalaya, uno muere en el intento, así que la reprensión de los espectáculos de luchadores no tiene que ver con que la sociedad intente salvar las vidas de quienes la arriesgan voluntariamente). Y los espectadores, pues lo mismo: “sinotegustanovayas”. Pero la convención social (o “reproche inquisitorial”) es que ese tipo de espectáculos deben ser eliminados (lo que contradiría ese “imperativo categórico social” que se menciona). El imperativo moralizante, me parece, forma parte del progreso social (en el sentido de que contribuye a la promoción de la prosocialidad y al autocontrol del egoísmo y la agresividad). Ese “imperativo”, por otra parte, no requiere de policías y represión necesariamente. Bastaría con el reproche moral socialmente organizado.

  10. Para nadie es desconocido que los espectáculos taurinos son el alma de las fiestas en los pueblos. También es sabido que son festejos ancestrales en donde no se celebra el dolor del toro sino la satisfacción del riesgo por parte de las gentes. Otra cosa que aparece clara es que quienes pretenden que se prohíba no actúan por compasión ni movidos por ese lema que pretenden dotar de contenido ético: ‘respeto a la vida de los animales’. No actúan por compasión porque de ser así evitarían tales espectáculos como todos solemos evitar, por la perturbación que nos crean, los hechos de crueldad explícita que nos mueven a la compasión. Actúan con carácter moralizador, de hecho, tal como aparece en varios comentarios, con carácter inquisidor; con un resentimiento violento hacia las gentes que no comulgan con su invento ético.
    El Jainismo, una secta nacida en la India que profesa un respeto sacro por la vida animal, tiene la decencia de no tratar de imponer sus criterios morales a quienes no pertenezcan a su religión. El animalismo en España es opresor, quiere imponer a los demás sus dictados morales, quiere plegar la satisfacción de las gentes a sus criterios. Tampoco son honrados ni veraces cuando proclaman el ‘respeto a la vida animal’ (muchos hablan de derecho a la vida de los animales, lo cual es rizar el rizo del absurdo), pues de darse tal respeto desaparecerían los animales de granja. Y han demostrado esta incoherencia de sus pretensiones en muchas ocasiones, como cuando han ‘liberado’ a animales en cautividad sabiendo de que enseguida morirían en libertad.
    Otra falacia es la del pretendido buenismo de sufrir con el dolor de los animales (dolor, que no sufrir, que el sufrimiento se produce en el escenario de la conciencia, cosa dudosa en éstos); pero presentar tal argumento con pretensiones éticas es hacer uso de un egoísmo extremo, pues lo que nos dice tal argumento es ‘quiero prohibir la libertad de las gentes y su disfrute en atención a que yo sufro por ello’.
    Si se examina el desprecio que aparece en las manifestaciones animalistas hacia las personas, así como su desinterés hacia el sufrimiento humano, se ve su carácter antisocial, su temor a las relaciones humanas, su resentimiento, su ánimo represor de libertades, su nula sensibilidad hacia el sufrimiento de las gentes.
    Siendo que el sufrir de la sociedad humana es inmenso y que en la vida social encontramos cientos de casos diariamente para compadecernos y para poder luchar en su defensa, el que un grupo cargado egoístamente de sensibilidad hacia los animales quiera imponer agresivamente a la sociedad sus reblandecidos valores, además de ser una aberración evolutiva, más parece cosa del teatro del absurdo que del sentido común. Pero ahí están, amedrentando a las gentes y saliendo en la televisión como salvadores.
    En cuanto a lo que dice Francisco Martín, “El imperativo moralizante, me parece, forma parte del progreso social (en el sentido de que contribuye a la promoción de la prosocialidad y al autocontrol del egoísmo y la agresividad). Ese “imperativo”, por otra parte, no requiere de policías y represión necesariamente. Bastaría con el reproche moral socialmente organizado.” La moral no tiene por qué formar parte del progreso social, puede ser –y de hecho en la mayor parte de los casos lo es—represora y terriblemente egoísta. Lo triste de los tiempos es que se establecen las nuevas morales desde programas como Sálvame o los mismos noticiarios venidos a ser el antiguo caso, en donde preguntan a cuatro analfabetos de la calle sobre temas éticos clave y ensalzan el valor moral de esas respuestas como si fueran verdades inobjetables, o moralizando a la sociedad a golpe de emociones.
    Y, por otra parte, ya me contarás qué de autocontrol del egoísmo y la agresividad tiene la moralina animalista, cuyas acciones van dirigidas a provocar enfrentamientos, a coartar libertades y a dar rienda suelta a su egoísmo. ¿Ha vuelto la Santa Inquisición?

    • Estoy completamente de acuerdo con lo que dices y de ello rescato este párrafo:
      “La moral no tiene por qué formar parte del progreso social, puede ser –y de hecho en la mayor parte de los casos lo es—represora y terriblemente egoísta”.
      Efectivamente, el progreso ha venido de la mano de la tecnología y de la ciencia nunca de la moral ¿Que tiene de moral no comer cerdo?¿Andar por la calle oculta detrás de un velo? ¿Qué tiene de moral ayunar en Cuaresma o salir en procesión descalzo? ¿Que tiene de moral renunciar al sexo?
      ¿Ya no nos acordamos cuando follar era no sólo un gran pecado sino también una transgresión social intolerable?
      Digamoslo claramente: la moral es una forma arbitraria y trasnochada de regular los emparejamientos y la conducta de los demás, no la nuestra.
      Imponer nuestra moral a los demás es la forma que adoptan aquellos que pretenden desplazar su inmoralidad hacia otros fenómenos donde ellos mismos no se reconocen como victimas. Es una forma de paranoia acusatoria que toma el lugar de lo persecutorio.

  11. “el progreso ha venido de la mano de la tecnología y de la ciencia nunca de la moral”

    Para empezar, no queda claro lo que se llama “progreso”. Si por progreso se entiende lo que yo he afirmado de promover la prosocialidad (básicamente, los comportamientos altruistas que permiten la plena cooperación), entonces no veo qué tiene que ver la tecnología y la ciencia con eso. La Alemania nazi estaba muy interesada en la ciencia y en el progreso tecnológico. Por otra parte, sin un cambio moral (que tuvo lugar al mismo tiempo que la lenta evolución filosófica en la Baja Edad Media y el Renacimiento), ni a Newton ni a Pasteur se les hubiera permitido descubrir nada.

    Para los interesados en la evolución (biológica y de todo tipo) hemos de tener en cuenta que el “progreso” no toma la forma esquemática y simple de un perfeccionamiento constante. La evolución (también de la moral) toma la forma habitual de procesos de “prueba y error”, de “dos pasos hacia delante y uno hacia atrás”. Los judíos prohibieron el consumo de la carne de cerdo pero también establecieron criterios de justicia y responsabilidad individual (la culpa)l que fueron innovadores. No se puede hacer un examen ingenuo del progreso moral ni de ningún proceso evolutivo en general.

  12. “La moral no tiene por qué formar parte del progreso social”. Bien, es exactamente al revés como mostrado al buscar el origen de las filosofías moralistas modernas: las sociedades moralizantes son justamente las más sólidas (la llamada Era Axial) y resultantes de un mayor consumo energético, o sea, creciente sofisticación social, política y tecnológica (Baumard 2014: http://www.sciencedaily.com/releases/2014/12/141211124528.htm). El progreso (moralista) secular más reciente no es sino una extensión, y uno de sus componentes sustanciales es la censura de la violencia en el ámbito público, por lo menos, y como espectáculo. Tal ha sido el devenir histórico, lo que condiciona a la desaparición a la tauromaquia. Por otro lado, pretender aislar el sentimiento moral de lo que fuere que concierne al ser humano y su sociedad, es una idea sin pies ni cabeza: la sociedad misma se construye sobre bases de intuiciones morales filogenéticas, cuya realidad se ha demostrado empíricamente, así que asuntos como la muerte y la tortura pública estarán, especialmente, bajo la mira del escrutinio moral. El solo hecho de, dramatizando por cierto, acusar de moralizante el rechazo a la tauromaquia, es en sí mismo aún más moralizante, y como había comentado, sospechoso de ser una mera racionalización de fantasías psicopáticas y/o maníacas, dado que, aún, existe cierto amparo social y político de puntuales casos de violencia pública, reprimida finalmente con humanos (en el anonimato y en privado el psicópata, vigilado públicamente, sigue realizando su sadismo), pero prolongada en animales.

  13. Tal vez la polemica surge de las distintas formas de reconocer el mismo hecho. Para los moralizantes, el toro de la Vega es un divertimento y como tal no tiene sentido, obviando por accion u omision, el transfondo de rito iniciatico. Se que es algo que suena muy pimitivo pero si analizamos el comportamiento humano, nos daremos cuenta que en la actualidad siguen habiendo muchos. La novatadas de la mili ya desparecida, eran la manera en la cual los veteranos iniciaban a los reclutas en ese nuevo mundo, que a su vez ellos cuando sean veteranos se encargaran de perpetuar, exactamente lo mismo que ocurre cada otoño en las Universidades, se hace un rito de traspaso, una rotura con el pasado y el paso a una nueva etapa vital, a traves de la superacion de una prueba dolorosa o humillante, por lo tanto peligrosa.

    El tema de la moral del acto en si, va muy en funcion de los ojos con que se miran y si se ve como un mero divertimento, es mucho mas facil de censurar. Supongo que nadie se atreveria a moralizar sobre otro rito iniciatico como el dia en que una madre le compra a su hija sus primeros tacones o el primer tanga, aunque si lo pensamos bien, no deja de ser un rito iniciatico que inicia el paso de la adolescente a una nueva vida, en la que es muy importante ser vista, toda una pureba dolorosa y humillante.

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