Lo que Lacan le diría a Stendhal


Seminario de metaformación de ayer día 29 de Mayo a cargo del Dr Francisco Traver. “Cerebro y belleza”, “síndrome de Stendhal” y “patologías de la identificación”.

3 pensamientos en “Lo que Lacan le diría a Stendhal

  1. Hola Sr. Traver …

    Ha estado muy bien este seminario y me ha gustado mucho como ha enlazado las temáticas. El título que le ha puesto me ha resultado no sólo muy sugerente sino también muy acertado. A lo largo del seminario ha ido arrojando muchas palabras-clave con significativos ecos que han quedado retumbando en mi.

    Ecos como:

    Petrificar, Congelar, Belleza Atroz, Fascinación, Mujer Fatal, Deglución, Incorporación, Muerte, Destrucción …

    A mi estas palabras-eco me llevan a pensar en muchas cosas, pero en este caso concreto, me conducen a un ejercicio de entrelazamiento con otras palabras que son algo así como primas hermanas de las primeras y que me permiten tomar tierra en este asunto a través de la noción de Impacto, Encandilamiento, Rapto … que toda esta entramado genera, dado que en todas ellas, primas y hermanas, encuentro en común “el gen” de la Candela/ Kandela, el brillo, la inflamación, el resplandor …

    El síndrome de Stendhal dice la Wiki que es el temblor, el vértigo, la confusión que sucede o irrumpe ante la contemplación de obras de arte particularmente bellas y por estar aquellas expuestas y concentradas en gran número en un mismo lugar …

    Este vértigo sucede por el impacto que la belleza provoca, más si esta se presenta Regia y Señora, Pasiva y Pétrea como Florencia se le presentó a Stendhal, ya que este arrobamiento genera o puede generar en el veedor el ansia de aprehensión de todo eso que le está cautivando y el querer posesionarlo para sí, resultando o pudiendo resultar de esa aprensión. iMpReSiOnAdO o directamente embotado/empachado. 🙂

    Por otra parte también pienso que quizás este fenómeno, que se extiende a más ámbitos que el estético, se puede tornar más caníbal y territorial cuando en vez de mano deviene garra por cuestiones de gula, lujuria o codicia, y que serían aquellas situaciones en las que este ejercicio de apropiación transitaría, como usted dice, por las notas más bajas del asunto, pues ya no se trataría tanto de engullir para incorporar, sino más bien de atesorar para apresar y retener cautiva “a la candela” como es que pienso hace el Golum en El Señor de los Anillos, resultando así que lo que puso los ojos chiribitas, que es la manera popular de referir algo o alguien que nos ha encandilado, pasa entonces, por no saber soltarlo a enfermar-nos y a consumir-nos más que a alumbrar-nos.

    El estimulo de apropiación surge ante un objeto significativo que lo es por poseer unos atributos que despiertan o producen en nosotros el deseo de poseerlo. Es la fuerza del Impacto. Ante la Belleza se nos despierta el hambre y se nos afila el colmillo … 🙂

    Y pienso que esto último es el fenómeno en su octava más baja porque en otra escala, pienso que el Veedor y lo Visto son ya uno, dado que, y siguiendo a Platón, sólo lo semejante puede conocer lo semejante, sólo que el viajero fascinado y pasmado en Florencia no lo sabe todavía y trata de retener para sí todo ese eco que le llega y le sacude, ya que en este eco también hay música …

    Este impacto no sólo opera a través de los órganos de la visión, sino también de la audición y por eso me pareció muy adecuado cómo intercaló en el seminario el tema sobre la Música.

    Como yo también soy neoplatónica, me gustaría traer al caso unas palabras de Federico González de su artículo “Arte Musical, Arquitectura del Cosmos”:

    “El sonido y la audición configuran un hecho idéntico, un proceso que se conjuga sin fisuras, hasta el momento que interviene la dualidad de la mente y los divide en uno y otro, sujeto y objeto.

    La verdadera audición es la identidad con la vibración sonora del plano sutil, increado, pero tan real que constituye el origen de lo audible, lo cual es sólo un símbolo de la auténtica percepción intelectual, equiparable a la audición metafísica, originada por esa diosa o entidad llamada Inteligencia, capaz de presentar valores por nuestro intermedio y presentarse ante la Sophia universal. (…) Saber es escuchar la música cósmica. Saber es acceder a la audición metafísica.”

    Pues sólo en el silencio más profundo se comienza a oír …

    Y es justamente esto mismo lo que usted dice al final del seminario en la rueda de preguntas sobre los efectos que provoca en nosotros la dieta trapense del silencio.

    Conclusión, a mi modo de ver …

    Que Lo que Se escucha y Lo que Se ve no son dos …Y por esto mismo, yo soy la música que me conmueve, yo soy el ritmo que me mueve, yo soy el cuadro que me hipnotiza …

    Y después de todo esto es cuando Lacan en un diálogo imaginario con Stendal, arropado el primero en su batín rojo chinés, cuando Stendhal le cuenta que …

    “Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme”.

    A Lacan, con la irreverencia propia de un trickster-burlador, me lo imagino callado, aspirando el tabaco de su pipa en grave (y burlón) silencio diciéndole que la sesión ha terminado …

    Pero a mi sí me gusta desbarrar, y a ello voy:

    Se me ocurre decirle a Stendhal, para calmarlo en toda esa turbación, que ante el esplendor de ese cuerpo regio y pétreo que la Belleza ha desplegado graciosamente para él en Florencia, la tome, a Ella, a la ciudad, como el cuerpo de una mujer histérica, es decir, un cuerpo que sólo se le ofrece como un espectáculo escópico, para ser mirada y admirada, y que se despoje ya y de una vez de ese tierno intento de apresarla, pues el alma de ese Cuerpo Bello, es fugitiva y escurridiza … dado que la Belleza como la Histeria no viene para darse, no se entrega, sólo se deja ad-mirar …

    Para gozar se necesita de un cuerpo, y “tener un cuerpo” no es lo mismo que morar en un cuerpo en el sentido de un cuerpo como morada del sujeto, que es lo que también (y tan bien) apunta usted al final del seminario, ya que, si he entendido bien, nadie puede gozar si no es por la vía de la castración, el goce tiene pues una dimensión de descenso hacia la muerte.

    Y es aquí donde entraría, creo, la necesaria acotación del goce y su necesaria discriminación del placer, ya que saber discriminar ante el menú aparentemente desplegable “a la carta” que una ciudad monumental como Florencia contiene … nos sirve o nos vale para saber discriminar ante la otra multitud de objetos y de posibles goces parasitarios que el capitalismo incita a descubrir y a consumir, pues es precisamente esta producción excesiva de bienes y sw objetos la que satura y empacha el deseo al diseñar un circuito sin fin, casi un laberinto, en el que la persona, confundida, ya no sabe distinguir lo principal de lo accesorio, la corteza del núcleo, el deseo de la necesidad ..

    Un circuito del que se sale, pienso, sabiendo acotar lo mortífero, distinguiendo entre el goce y el placer, sabiendo coser un borde-frontera a lo indefinido sin caer por ello en soluciones drásticas que toman la vía del adormecimiento del deseo o en su salvaje mutilación a machete … o bien aquellas soluciones que toman la vía de la perversión al precipitarse en el hedonismo más superficial que en su cinismo confunde el capricho con el deseo y no distinguen la necesidad del deseo …

    Esto es lo que se me ocurre que diría Lacan a Stendhal, pero tengo la sensación de no haber interpretado del todo bien muchos conceptos lacanianos, especialmente los de goce y placer. Lacan me resulta más hermético que la alquimia. 🙂

    *Aunque no lo parezca, intento sintetizar las ideas que surgen después de leerle, pero me desparramo demasiado. Tengo que aprender a coser dobladillos. Está claro.

    • Le he preguntado a mi mujer qué es un dobladillo y por lo que he entendido es eso que hacen las modistas para acortar los pantalones. Pero hay cosas que no se pueden acortar sin perder algo de su alma.
      LO que vienes a decir aqui:
      “Un circuito del que se sale, pienso, sabiendo acotar lo mortífero, distinguiendo entre el goce y el placer, sabiendo coser un borde-frontera a lo indefinido sin caer por ello en soluciones drásticas que toman la vía del adormecimiento del deseo o en su salvaje mutilación a machete … o bien aquellas soluciones que toman la vía de la perversión al precipitarse en el hedonismo más superficial que en su cinismo confunde el capricho con el deseo y no distinguen la necesidad del deseo”
      Y la mejor manera de manteenr el deseo sin que este perezca en el intento es la sublimación, es decir la transformación por elevación de eso que en su octava más baja no es sino perversión o locura.

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