El largo y sinuoso camino hacia lo femenino (y II)


La mujer es mujer haga lo que haga, pero el ser hombre es algo que se puede perder. (Will Storr)

el-doble-secreto

 

Decía en mi anterior post que el concepto freudiano de castración era algo mal comprendido, quizá peor explicado y aun: peor considerado en el ámbito de las neurociencias dominadas siempre por los conceptos aprehensibles, racionales por así decir.

Fue leyendo este articulo de Will Storr sobre el suicidio y su mayor prevalencia entre los hombres que me di cuenta hasta que punto el concepto de “castración” sigue vigente en el mundo de la neurociencia aunque -eso si- después de haber “blanqueado” el concepto hurtándole la mordiente literal con que Freud trató con el lenguaje. Para Freud, el temor del niño a ser castrado no era una metáfora sino un miedo real. Perder el pene era para el niño una posibilidad y para la niña un punto de partida. La niña se sabía castrada y el niño intentaba por todos los medios no perder el tan valorado órgano siempre y cuando permenezcan dentro del campo abstracto de la castración.

Podemos decirlo con otras palabras: el niño ha de aceptar la castración es decir su propia vulnerabilidad y la niña ha de aceptar la vulnerabilidad-en-el-otro. Lo que es lo mismo que decir que tanto unos como otros han de renunciar a su propia omnipotencia o a la omnipotencia del otro en sus relatos sentimentales sobre el propio o el otro sexo.

Lo cierto es que hoy ya no podemos negar que existan metáforas corporeizadas (embodied metaphors), algo que se conoce con el nombre del cuerpo en la mente. El lector interesado puede darse una vuelta por este post que el autor ha denominado metaestesias, un más allá de la sinestesia. Cuando la sensación fisica se vuelve abstracta:

En los últimos años, por otra parte, hemos asistido a una ampliación del fenómeno de las sinestesias hacia territorios más abstractos de la mente humana como consecuencia de los continuos descubrimientos de casos en los que la percepción de un estímulo -exógeno o endógeno- se traduce de forma subliminal en cambios de nuestra conducta, de nuestras decisiones, de nuestro estado de ánimo. El estímulo percibido es transformado por el cerebro, pero no en otro tipo de estímulo, sino en algo menos prosaico, en algo que trasciende lo sensorial y se interna en el terreno de la cognición, la moral y la estética. También en el proceso creativo y la originalidad.

La sensación física se hace abstracta, se convierte en algún tipo de metáfora de sí misma, de ahí el término metaestesia que he decidido usar aquí para designar ese fenómeno. Es cierto que en ocasiones la sensación desencadenante no afecta a un órgano en particular sino que es todo un contexto ambiental o un estímulo cognitivo/psicológico, pero la falta de desencadenantes “sensoriales” es a mi juicio un hecho secundario a estos efectos. Al fin y al cabo, cabe interpretar que las señales serían captadas en este caso por el “órgano” de la conciencia, y el carácter abstracto de esas señales no las descalificaría como input. Sin embargo, la traducción del estímulo cognitivo/situacional en una determinada actitud o decisión seguiría escapando a la conciencia, de ahí también el uso del prefijo “meta” en el neologismo acuñado. Los autores de los trabajos publicados sobre este tema usan en inglés la expresión “embodied metaphors”, cuya traducción literal seria algo así como “metáfora corpórea”. Se trataria del proceso contrario a la somatización. (Extraido de este post).

Un proceso que también podemos entender como un cruce de cables: algo destinado a procesarse como concreto se hace abstracto, un proceso bien distinto a la desaferentización (ausencia de cableado), algo abstracto se hace concreto.

El mito de Edipo.-

Probablemente el mito de Edipo sea el más conocido de la mitología griega y parte de esa fama se deba a que Freud le tomó como piedra angular de su teoría de la líbido. Para Freud, el niño pasaba por una fase que llamó “complejo de Edipo” donde real y fácticamente deseaba poseer a su madre y albergaba deseos de asesinar a su padre, razón por la que se sentía en peligro de castración.

El niño desarrollaba en esta etapa un miedo-deseo de ser como el padre para poder así poseer a la madre, un miedo-deseo que implicaba fuertes componentes de agresión y sexuales, que se saldaba con la identificación con el padre y la renuncia a la madre. En realidad, mi primera crítica a esta idea está relacionada con una lectura inexacta del mito: lo que sucede en el mito de Edipo nada tiene que ver con lo que Freud especula. En primer lugar, es Layo, el padre de Edipo, el que se deshace de su hijo cuando es advertido por el oráculo con la predicción de que su hijo le dará muerte.

En segundo lugar, Edipo, alcanzada la madurez, abandona la casa de sus padres adoptivos y asesina en un cruce de caminos a Layo, sin saber que está dando muerte a su padre verdadero al que sigue sin conocer. En tercer lugar, cuando entra triunfante en Tebas después de haber dado muerte a la Esfinge y se casa con Yocasta, no sabe que es su madre. Cuesta entender por qué Freud utilizó el mito de Edipo para ilustrar lo que según él acaecía en el interior de un infante desde los 4 a los 8 años. Más relevante o comprensible me parece si hubiera echado mano del mito de Cronos y Zeus: efectivamente en este mito es Zeus el hijo el que da muerte y castra a su padre Cronos con la ayuda de su madre Rea. Creo que esta historia se ajusta mejor a la intención de Freud de dar a entender que los niños pasan por una fase donde se dan cita en ellos este tipo de anhelos y afectos divididos.

El mito de Edipo señala en una primera lectura en otra dirección un poco más sutil: en primer lugar Edipo es un huérfano que ha sido abandonado a su suerte por su padre –temeroso de que le asesine según la predicción del oráculo– y que se educa en casa de Pólibo creyendo que es hijo suyo en unas versiones, y a sabiendas de que no es su padre verdadero en otras. Sin embargo, lo cierto es que Edipo al llegar a la adolescencia, como todos los héroes griegos, parte en busca de aventuras. Esta salida del hogar es interpretada por autores diversos como una búsqueda del principio paterno. Del mismo modo Parsifal, que sabe que es huérfano de padre y vive con su madre, también parte en busca del Grial en un periplo similar. Lo hace Teseo, y Perseo, Heraclés y Orestes, Jasón y Ulises, el héroe siempre sale, vuelve, da vueltas perdido, combate monstruos, acaba con una plaga o pone fin a una maldición; su misión es siempre la redención de algo que ha sido maldito por el pecado de alguien anterior. Los héroes del mito o de la leyenda parten siempre abandonando a sus madres, hermanas o padres adoptivos en busca de algo que al parecer no pueden encontrar permaneciendo en su hogar, pero añaden una novedad respecto a las aventuras de sus predecesores: en estos dos casos (Edipo o Parsifal) no hay aventuras bélicas, ni lucha contra el monstruo a brazo partido, ni fuerza bruta como método para enfrentarse a la desgracia, sino preguntas, conocimiento y sabiduría. Así, la Esfinge sólo puede ser vencida si el héroe resuelve los dilemas que le plantea y Parsifal sólo podrá acceder al Grial si hace la pregunta correcta al anciano guardián del castillo.

Al librar Edipo del monstruo a los tebanos, éstos le demostraron su favor y es cuando Edipo desposa a Yocasta, la viuda de Layo, al que el propio Edipo ha dado muerte en un enfrentamiento anterior a su encuentro con la Esfinge. Con Yocasta tiene una hija famosa: Antígona, una heroína a la que Sófocles eternizó en una de sus tragedias. Sucede entonces que se declara una peste en Tebas y, consultados los oráculos, predicen que la peste no cesará hasta que se encuentre al asesino de Layo. Edipo interroga al sabio Tiresias después de lanzar una maldición sobre su asesino (sin saber que está derramando su maldición sobre su propia cabeza). Tiresias, que por su condición de “ver más allá y más profundamente” conoce todo el drama, aunque trata de disimular sus conocimientos no puede evitar que Edipo comience a relacionar la manera en que murió Layo con su propio incidente en el camino. Comienza dudando sobre si él será el responsable del crimen, pero poco a poco van apareciendo las pruebas de que no es hijo de Pólibo sino de Layo. Edipo es culpable del parricidio y del incesto con Yocasta y, una vez desvelada la verdad, ella se precipita desde una almena de su palacio y él se perfora los ojos con una aguja quedando ciego.

Después Edipo es desterrado de la ciudad y comienza una existencia errante. Lo acompaña Antígona, su hija, porque sus otros hijos – Eteocles y Polinices– no han intervenido en su favor y él les ha maldecido. En este errar llega hasta el Atica, donde permanecerá hasta la muerte gozando de la bendición de los dioses.

El mito de Edipo parece orientarse y señalar más bien a un tipo de conocimiento que se inicia con dudas pero que puede alcanzarse plenamente a través de la razón; al fin y al cabo Edipo llega a la conclusión acertada aún a sabiendas de que no es lo más conveniente para él. Una vez alcanzado ese conocimiento que es la verdad histórica, los ojos ya no sirven para contemplar la realidad, más bien son un obstáculo para la visión interior: quedarse ciego no es sólo el castigo por haber pecado o transgredido una ley divina sino también un recurso para resaltar la visión interior y buscar dentro, a través de la introspección, lo que no se halló fuera. El otro ciego conocido de la mitología, Tiresias, había sido cegado por contemplar desnuda a la diosa Atenea –una transgresión intolerable en la mentalidad griega– , pero esta ceguera, más que un problema, parece que se encuentra en la base de sus habilidades adivinatorias. También en el caso de Tiresias parece que el haber sido mujer y hombre en dos secuencias de su vida añade a su conocimiento de la naturaleza humana una cualidad esencial.

En realidad el mito de Edipo alumbra la búsqueda del padre o, más bien, del principio paterno, pues la masculinidad no nos viene de serie y hay que ganársela. Una vez descubierto este principio abstracto, es para contemplar que en él se perpetró (como resultado simétrico de un crimen anterior) un asesinato ritual, el crimen sobre el que se funda precisamente la individualidad, pues algo viejo debe morir para que algo nuevo fructifique. Otra vez aparece el estribillo sacrificio-muerte-redención. Al mismo tiempo señala que en las familias existe una sustancia común, una herencia psíquica que sólo puede superarse a través de la transformación individual: la que realiza Edipo a través de su búsqueda de la verdad y la asunción de esta verdad como culpa de su estirpe.

Superar o vencer simbólicamente al padre es la tarea del héroe, pero, más que eso, la tarea del héroe es transformar a través de la visión interior en qué consistió la culpa de su linaje; en esta tarea el padre real carece de importancia porque Edipo y Parsifal están luchando contra el arquetipo paterno, algo que realizan precisamente por su condición de huérfanos: tanto Edipo como Parsifal carecen de la oportunidad de confrontarse con un padre real al que desconocen.

Por otra parte, parece como si la presencia de las mujeres disminuyera o pusiera en peligro las aspiraciones masculinas del héroe; permanecer con la madre no es una opción para los héroes de la tragedia, que parecen estar diciendo que sin alejamiento de los arquetipos femeninos, aún siendo seguros y cómodos, no hay acceso a la masculinidad, algo que se encontraba en la mentalidad griega y que entronca con la prescripción saludable de las prácticas homosexuales en aquella sociedad y que en realidad tiene mucho que ver con la misoginia y el estatuto secundario de la mujer en la sociedad griega. Al mismo tiempo, parece señalar también que en esa tarea de alejamiento pueden cometerse muchos errores, y que el principio masculino, en cualquier caso, tarda mucho tiempo en encontrarse, no antes de la segunda mitad de la vida. Muchos son los obstáculos que se oponen a esa tarea; la primera es la imprudencia del joven que le hace susceptible a encontrarse con muchas oportunidades para perder la vida o arrebatársela a otros (recordemos el trágico encuentro en el camino entre Layo y Edipo o entre Parsifal y el caballero Rojo, dos muertos en realidad gratuitos que hablan de la impulsividad de la juventud, uno de los enemigos en la adquisición del conocimiento). Otro obstáculo es el sexo: ¿cómo acceder a un conocimiento abstracto de tal complejidad si se está disfrutando de los placeres de la carne? ¿Por qué Ulises no puede abandonar a Circe o a Nausicaa por sus propios medios? ¿Por qué no puede llevar a cabo su propósito de seguir camino hacia Itaca? Ulises tiene la suerte de contar con la ayuda inestimable de Hermes, quien le proporciona las claves para eludir los abrazos posesivos de estas diosas amantes. En el caso de Parsifal la tarea tendrá que ser acometida en dos ocasiones distintas: durante su juventud, y a pesar de haber llegado al castillo y haber reconocido al guardián del Grial, es incapaz de hacer la pregunta correcta; en la segunda ocasión, Parsifal opta por la castidad como método de no implicarse en lo humano, y es entonces y sólo entonces cuando consigue hacer la pregunta que desvela la ubicación del Grial.

Edipo y Parsifal sólo parecen encontrar lo que buscaban después de múltiples peripecias personales, sufrimientos y desgarros; al llegar a la ancianidad es cuando parecen recobrar la paz y son a la vez reconocidos sus méritos por los dioses, un mérito que tiene que ver con el hallazgo de algo por medio de la razón.

Edipo y el castigo correspondiente -la castración- es pues una metáfora corpórea. La masculinidad puede perderse si se es demasiado joven o imprudente.

Ya en Colono, Edipo parece haber llegado al punto de partida, al lugar donde hay que regresar por el camino largo, con las manos llenas de dones y los ojos vacíos en sus cuencas pues ya no necesitan ver, pues ya se pensó lo que nadie había pensado antes.

Edipo ha vuelto pues al origen de donde partió y donde está destinado a ser enterrado. Edipo ha vuelto a ese lugar donde ya todos hemos estado y del que guardamos un recuerdo borroso en forma de anhelo: ha vuelto a lo Femenino de donde huyó para hacerse hombre.

 

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29 pensamientos en “El largo y sinuoso camino hacia lo femenino (y II)

  1. Dr. Traver, son muchos los post que me han parecido francamente brillantes, desde hace años, pero este sin duda, bate el record. Sinceramente lo felicito.
    No tengo palabras…
    Además, le encuentro matices de una sutileza y riqueza pocas veces vista, por la forma en que entrelaza los temas y los relaciona.
    Me encanta su sincretismo.
    Tengo que hacer sucesivas lecturas para poder asimilar este néctar, y sacarle más provecho.

    Debo decir, que además de bello e inteligente, este post es muy, muy útil.

    • Pues muchas gracias por tu comentario Patricia, me ha gustado eso del sincretismo de mi pensamiento. Dices que te ha parecido muy útil, ¿podrias decir algo más de esa utilidad?

  2. Esto que Ud. pone, además de estar brillantemente explicado, es sencillamente verdad:

    ” La sensación física se hace abstracta, se convierte en algún tipo de metáfora de sí misma, de ahí el término metaestesia que he decidido usar aquí para designar ese fenómeno. Es cierto que en ocasiones la sensación desencadenante no afecta a un órgano en particular sino que es todo un contexto ambiental o un estímulo cognitivo/psicológico…”

    Y ” El estímulo percibido es transformado por el cerebro, pero no en otro tipo de est
    en algo menos prosaico, en algo que trasciende lo sensorial y se interna en el terreno de la cognición, la moral y la estética…”

    Y me hago una pregunta con respecto a esto:
    “Sin embargo, la traducción del estímulo cognitivo/situacional en una determinada actitud o decisión seguiría escapando a la conciencia, de ahí también el uso del prefijo “meta” …

    Me pregunto si ese “seguiría escapando a la conciencia” es en realidad, un escaparse a la conciencia “individual”, pues en el caso que existiera una “Conciencia Universal”… (y no me refiero a la conciencia colectiva de la humanidad, sinó a una conciencia que trascienda lo individual, lo colectivo y todo)…

    Hay modelos de pensamiento que interpretan que TODO es CONCIENCIA.
    Y eso es interesante.

    Según parece, la conciencia lo va experimentando de distintas formas en cada momento, cual si fueran facetas de un mismo diamante, que adoptan formas con distintos matices, “realizations”, comprensiones, o “satoris”.

    Un autor que habla de esto, es un físico llamado Hameed Alí, cuyo trabajo e investigación en el plano de la conciencia, tiene un par de cosas interesantes. Y creó el “Diamond Approach®” .
    http://www.ahalmaas.com/bio/
    Lo que no sé, es si hay algo traducido al español…
    Pero viene a decir, entre otras cosas, que ese “todo” en forma de “conciencia”, a veces se presenta en forma de “Conciencia” otras en forma de “vacío”, (vacío que es plenitud, justamente por su condición de vacío, es decir, anverso y reverso), o Amor.
    Y muchas más,pues tiene precisamente, algo así como cierta plasticidad o movimiento. Un constante fluír.

    Y así, la Conciencia, podríamos decir “Universal” , se expresa en focos o puntos, Y este punto, es lo que sería la conciencia individual. Que es algo así como un fractal.
    Así, no habría en realidad, “alguien” que es conciente de “algo”, sinó la conciencia que es conciente de sí misma, y expresándose de infinitas maneras.

  3. No sé muy bien cómo expresarlo. Intentaré hacerme entender. En alguno de sus post como en otra literatura se dice que el feto debe masculinizarse en un preciso instante. Si en ese instante se falla, el feto “por defecto” será femenino. Cada vez que reparo en esto, y lo he vuelto a hacer con este post, me vuelvo a plantear la posibilidad de que en el cerebro del varón quede “grabada” esa lucha por alcanzar la masculinidad que en la concepción se le otorgó. Casi diría que lo masculino parece tener que pelear duro por abrirse camino desde su más primigenia posibilidad de existir. Y que esa sensación de “luchar para ser” se convierte en un flujo de fondo en la vida de todos y cada uno de los varones reales. Quizás por esos lindes esté el origen de la misoginia. Por un lado la envidia hacia lo femenino que percibe como lo que es sin necesidad de batallar para ello; y por otro, la añoranza de lo que placenteramente fue en un principio y, con cierta brutalidad, la naturaleza le obligó a abandonar a fin de cumplir con el mandato cromosómico de ser varón. Con ánimos de ciencia ficción, sería algo así como que el varón fuera una eterna mujer modificada genéticamente que no puede borrar definitivamente su condición de tal, pero a su vez sabe que ya no hay marcha atrás y debe, inexorablemente, ser varón.

    Sé que esta idea puede resultar sumamente descabellada, y asumo la crítica. No soy experta en el tema, sino una mujer que observa y se dice que, posiblemente, las dificultades que el varón enfrenta para convertirse en un “hombre”, según los mandatos sociales, que a su vez él mismo ha urdido; el desdén histórico hacia lo femenino con el climax en el patriarcado y el machismo; la tendencia a determinar qué es lo femenino para deducir, por contraposición, lo que será masculino; la necesidad de agigantar lo masculino frente a lo femenino…pueda tener, todo esto y mucho más, su origen en aquel preciso instante en que el feto es inducido a convertirse en varón.

  4. Bueno, no sé si a las feministas les agradaría mucho mi teoría sobre la hembra plus. Y seguro que tendría muchos inconvenientes para hacerles entender que, en realidad, en ella supongo cierta privación de algo al varón. Pero tampoco es para que se me tome muy en serio. Me gusta escribir y eso, a veces, empuja al delirio. Esta idea bien podría desarrollarla en un cuento raro donde un 50% de sus criaturas lamentaran haber nacido “femeninas” y el otro 50% añoraran el haberlo sido potencialmente unos momentos.

  5. “Yo Soy la Madre de lo que Es;
    Yo Soy la que Parí el Universo,
    Engendré el Espacio,
    Me preñé del Tiempo.
    Fui en mi gravidez Gravedad Indefinida;
    Mi Oscuridad, Fecundidad sin fin, Interminable.
    Miradme y Sabedme, oh Criaturas que pobláis
    la Anchura de mi Vasto Vacío:
    He aquí que soy la Muerte
    de donde nace toda Vida”.

    Un post tremendamente esotérico, Sr. Traver. No sé, he tenido la sensación de que con él no ha dado por terminado el abordaje del largo y sinuoso camino hacia Lo Femenino, sino que más bien este “y II” será arranque de nuevos senderos (post) que terminarán entrelazándose.

    La observación (e idea) que ha “plantado” Anne Duplat en su comentario me ha resultado muy interesante. Mucho.

    A mi me pasa como a Patricia Vallejos, que veo Metafísica por todas partes, y cuando leo sus comentarios es como si me leyera a mi misma. 🙂

    Voy a dejarle los divagos que han surgido al leerle.

    Dice que …

    “Una vez alcanzado ese conocimiento que es la verdad histórica, los ojos ya no sirven para contemplar la realidad, más bien son un obstáculo para la visión interior: quedarse ciego no es sólo el castigo por haber pecado o transgredido una ley divina sino también un recurso para resaltar la visión interior y buscar dentro, a través de la introspección, lo que no se halló fuera”:

    Pues sí: Lo Esencial es Invisible a los Ojos. El Principito y su Doctrina Pueril. Y al respecto, recomiendo este artículo de Lourdes Rensoli: http://www.letralia.com/84/en01-084.htm

    Y me resulta buenísimo que el final del post lo remate así:

    “Edipo ha vuelto pues al origen de donde partió y donde está destinado a ser enterrado. Edipo ha vuelto ha vuelto a ese lugar donde ya todos hemos estado y del que guardamos un recuerdo borroso en forma de anhelo: ha vuelto a lo Femenino de donde huyó para hacerse hombre”.

    Y es buenísimo porque es tal cual el significado de la carta sin número del Tarot, El Loco, puesto que tanto abre como cierra el círculo …

    Para mí, esta Travesía que inaugura y finaliza “El Loco” (y que es también un Peregrino) está claramente contenida en ese texto que he puesto al principio como cabecera puesto que lo que Salió de lo Indeterminado (realizando con ello el Principio de Individuación), ha de Regresar a lo Indeterminado: la castración es condición “sine qua non”.

    Para el hombre profano, la disolución en la Mujer-Umbral se vive con algo más que miedo, con pánico y terror a que la propia identidad se pierda devorada y engullida en ese surco y sus meandros, ya que la mujer cuando es Umbral, viene a ser lo que se conoce en la tradición extremo oriental como “Las Rocas Entrechocantes o las “Cañas Danzantes”, que no es otra cosa que lo que señala el simbolismo de la vagina dentata: puertas en forma de mandíbulas. 🙂

    El Iniciado sabe hacer las traslaciones que corresponden … y sabe por lo tanto que se halla ante las Simplégades: Puerta Activa y Barrera Giratoria que conduce al Vientre y Útero Cósmico, y sabe por lo tanto, que a esa Puerta se entra desnudo y desnudado … pues sabe porque conoce que el acto sexual humano sólo es un reflejo del acto cosmogenésico primordial y que en el ámbito microcósmico humano el coito presenta una dimensión de ejercicio (y entrenamiento) de disolución de lo Micro en lo Macro …

    El problema o la dificultad que suscita este ejercicio y entrenamiento es saber manejarse en un territorio sin medida, pues sabemos que el hombre tiende a sistematizar y encuentra más fácil moverse en un sitio acotado y medido que “soltarse en los conjuntos abiertos de los cielos ilimitados”. Lo que no puede dominarse, ni cercarse, ni manejarse en su totalidad no es bien admitido y menos aún soportado por algunos hombres, para los que la mujer es lo extraño, lo ajeno, lo hostil : el adversario … : )

    El Hombre Iniciado es pues aquel que se arroja despierto y de buena gana en los brazos (y las garras también) de la mujer, puesto que ella no es otra cosa que un vehículo del Principio Femenino, y como este iniciado sabe de la interpenetración de los ámbitos, cuando se da permiso para dejarse arrastrar por la “Petit Mort, sabe que en el fondo está bailando con la Señora Muerte.

    Así pues, no por nada se dice que una de las Cualificaciones principales para la Iniciación es poseer la capacidad de Enamorarse, pues todo aquel que no anula el empuje hacia la mujer, aquel que no sabe dar el salto y sumergirse en el seno del abismo de una mujer y morir ahí … no está preparado (todavía) para Morir al mundo de la Manifestación, pues tanto “aquí como allá”, Amor y Castración van de la mano. 🙂

    Sumisión … 🙂

    “Una mujer es la hora de la verdad para un hombre, al punto tal que ella puede entrar y formar parte de su inconsciente y aparecer como su síntoma, sus sueños, algún acto fallido, un lapsus …”.

    Chi … 😉

    El hombre, como la mujer, no nace, adviene …

    “La paulatina caducidad de los mitos que hasta no hace mucho regulaban el perfil de la paternidad, y que han sido reemplazados por una anodina pedagogía “unisex”, que constituye la emergencia de algo más profundo: el harto conocido (pero no sabido, desde luego) “avance” femenino en la disputa por los valores fálicos con el hombre. Avance que, promovido por la histérica, termina por socavarle a ella su andamiaje retórico. Si, como decía con humor Lacan, la histérica necesita un Amo para poder reinar sobre él, es preciso, cuando menos, que este aspirante a Amo quiera serlo”.

    Esto no es la inversión de polaridades que el Tantra señala, no, esto es otra cosa …

    En una leyenda lapona, el hijo de un chamán, despierta a su padre que ha permanecido dormido durante largo tiempo, con las siguientes palabras:

    “¿Cuándo regresará mi padre de los recodos de las tripas del lucio, de la tercera curva de las entrañas?” …

    🙂

      • Ya los había leído hace tiempo pero qué bueno releerlos y ver que el tema tiene tantos desarrollos. En el del “Yo Urobórico” también estuvo sembrado. 🙂

        “La serpiente siguiendo el camino que no es de ningún orden ni destino, ella se yergue a la Altura que es su origen y evita todos los lugares por donde los hombres pasan. El entendimiento de todo, la fusión de los opuestos, la ciencia de la indiferencia del bien y del mal, la ciencia de la valía de la emoción como emoción y de la voluntad como voluntad, la igual ironía para con los sabios y para con los necios. Ella, la serpiente atraviesa todos los misterios y no llega a conocer ninguno, pues conoce su ilusión y su ley. Deja la cobra del Edén como la piel deshechada, y cuando sin tener camino llega a Dios, ella como no tuvo camino, pasa más allá de Dios, puesto que lo conoce todo ya que conocer es no existir”.

        Pessoa

        Un mito puede no ser verdad y ser verdadero … 🙂

  6. Si, como no.
    La consideración de estos temas, me inducen cierto estado “extático”, en el verdadero sentido del término.
    (“According to Plotinus, ecstasy is the culmination of human possibility. He contrasted emanation (πρόοδος, prohodos) from the One—on the one hand—with ecstasy or reversion (ἐπιστροφή, epistrophe) back to the One—on”) the other. (Wiki)
    (http://es.wikipedia.org/wiki/%C3%89xtasis)

    Sobre todo, eso.

    Tiene que ver con el deseo de investigar manteniendo cierta curiosidad, que a mi modo de ver, es permanecer abierto. Y por tanto inocente. (Me repito…)

    Me lleva a ciertas lecturas muy asiduamente recomendadas, o citadas, por ud., (también por Isabel, en sus comentarios), como son Mircea Eliade, Campbel, y Pessoa. Todos ellos muy interesantes, a quienes no había leído previamente.
    Y que remiten al “Círculo de Eranos”, a la exploración de los vínculos entre Oriente y Occidente, la conjunción de opuestos, la comprensión de las polaridades en especial “las polaridades del símbolo”.

    Para todos estos pensadores, ( por lo visto también para ud.), el símbolo aparece como un principio configurador de lo real.

    Y esto me resulta interesante.

    Me recuerda a lo de “al principio era el Verbo”, (en el Antigüo Testamento), refiriéndose a la creación del mundo.

    Es que yo, siendo compleja, (como somos los humanos en general), transito estos caminos enredados y complejos, para librarme de ellos, y vivir algo así como un retorno a lo simple. Que es lo que me sienta bien.

    Así que si tuviera que identificarme con un autor de todos estos citados, elegiría a Fernando Pessoa, con su heterónimo de Alberto Caeiro, (que era en la ficción de Pessoa un campesino sin muchos estudios formales, que “pregonaba una no-filosofía, y que creía que los seres simplemente SON y nada más”).
    Así que me quedo con una cita de él:

    “Hay suficiente metafísica en no pensar nada”

    • Patricia, hace tiempo encontré una definición de extásis que me resultó muy significativa por referirla como una “detención”:

      “Suspensión temporal de las funciones corporales, de todos los sentidos y de la mente”.

      La mente deja de discurrir, los lazos corporales y sensitivos se aflojan y el telón de acero del Teatro del Mundo desaparece y es así como “Lo visto y el ver no son dos”, y “la ilusión y el despertar no son dos”. 🙂

    • Volviendo una vez más a la pregunta que me hace, Sr. Traver, en cuanto a la utilidad.

      Le respondo que me ha gustado mucho lo de las “metaestesias”, que va más allá de las sinestesias.

      Me ha gustado también, que haya puntualizado que el mito de Edipo, utilizado por Freud, no corresponde mucho con lo que pretendía ilustrar, y sí lo hace el de Zeus y Cronos.

      Lo que dice: ” en estos dos casos (Edipo o Parsifal) no hay aventuras bélicas, ni lucha contra el monstruo a brazo partido, ni fuerza bruta como método para enfrentarse a la desgracia, sino preguntas, conocimiento y sabiduría. Así, la Esfinge sólo puede ser vencida si el héroe resuelve los dilemas que le plantea y Parsifal sólo podrá acceder al Grial si hace la pregunta correcta al anciano guardián del castillo.”

      Así que entiendo que ya no son héroes o valientes por “luchar”, sinó que son valientes por desarrollar sabiduría, y por hacer la pregunta correcta.

      Y eso me ha gustado.

      Sabiduría y erudición son dos cosas diferentes.
      (Según el Taoísmo se oponen).
      Pero lo cierto es que, taoísmos aparte, la erudición, es tentadora. Es un bien de consumo, una “adquisición”.
      Algo a poseer, algo ajeno, algo adoptado, como añadido, que siempre tiene algo de prótesis.

      La sabiduría es un despliegue, de un estado natural. Más que añadido, ya está ahí, si no se cubre, si no se oscurece con lo aprendido. Si se sigue la intuición.

      Por eso, muchos han dicho que la sabiduría está más en el corazón , aunque lo atraviesa todo: mente, corazón, estómago.

      En mi opinión, la sabiduría es más un des-aprender, y quitarse cosas. Un de-construir.
      Sócrates iba un poco por ahí. Justamente con preguntas, y situándose en un no-saber.

      Estoy más interesada en esto de la sabiduría que en lo de la erudición.

      Y dice: “aparece el estribillo sacrificio-muerte-redención. Al mismo tiempo señala que en las familias existe una sustancia común, una herencia psíquica que sólo puede superarse a través de la transformación individual”…
      “la tarea del héroe es transformar a través de la visión interior en qué consistió la culpa de su linaje”.
      Y también: ” parecen estar diciendo que sin alejamiento de los arquetipos femeninos, aún siendo seguros y cómodos, no hay acceso a la masculinidad, algo que se encontraba en la mentalidad griega y que entronca con la prescripción saludable de las prácticas homosexuales en aquella sociedad y que en realidad tiene mucho que ver con la misoginia (…) Al mismo tiempo, parece señalar también que en esa tarea de alejamiento pueden cometerse muchos errores, y que el principio masculino, en cualquier caso, tarda mucho tiempo en encontrarse, no antes de la segunda mitad de la vida”.

      “Edipo parece orientarse y señalar más bien a un tipo de conocimiento que se inicia con dudas, pero que puede alcanzarse plenamente a través de la razón; al fin y al cabo Edipo llega a la conclusión acertada aún a sabiendas de que no es lo más conveniente para él. Una vez alcanzado ese conocimiento que es la verdad histórica, los ojos ya no sirven para contemplar la realidad, más bien son un obstáculo para la visión interior”.

      “Edipo y Parsifal sólo parecen encontrar lo que buscaban después de múltiples peripecias personales, sufrimientos y desgarros; al llegar a la ancianidad es cuando parecen recobrar la paz y son a la vez reconocidos sus méritos por los dioses, un mérito que tiene que ver con el hallazgo de algo por medio de la razón”, (aunque yo prefiero llamarle “aceptación”, rendirse a la sabiduría de “lo-que es-como-es”, que implica un dejar de luchar, una actitud interna más pasiva que un razonar).

      Gracias!

      • Así es Patricia, la erudición desde un punto de vista tradicional no es sabiduría, es más, se opone a ella, porque la Sophia y la Phrónesis son reflejos respectivamente de la mente superior (Intelecto, Espíritu, Corazón) y de la mente inferior (Razón, Ego, Mente), y es por eso que se la supone, a la erudición, como un escollo muy gravoso en el camino hacia la sabiduría si lo que anima a su adquisición se basa más en la soberbia del saber, la codicia adquisitiva y la posesión acumulativa y avariciosa de parcelas del saber. Ellos son los “necios” de los antiguos escritos de filosofía clásica.

        La sabiduría implicaría no tanto una extensión de saberes horizontales sino mayormente una profundidad vertical de entendimiento … Y ahí volvemos al símbolo de la Cruz.

  7. Personalmente, llego a la conclusión, de que al final, tanto hombres como mujeres, tienen casi los mismos miedos… a que la propia identidad sea engullida o devorada, y se pierda en ese “Umbral” que no sólo es lo femenino.
    O lo misterioso, o lo desconocido, o “lo otro”.
    No sólo es lo sagrado, (como en los templos y sus gárgolas), sinó que ese Umbral,
    es ese encuentro con el otro.
    La aventura es descubrir, que al final “lo otro”, siendo infinitamente diverso, es también lo mismo.

    Y aunque hay diferencias en cómo esos miedos se abordan, según el género, al final, es un miedo a la disolución de la identidad. A “perder” a “ser castrado”. A caer en un “agujero negro”, del que poco se sabe.
    Porque no sólo, el “otro”, es el gran desconocido, sinó nosotros mismos, y la realidad que nos circunda.
    Y en ese “Umbral” nos encontramos con el misterio.
    Bien dijo Isabel, que ese Umbral es una “Petit Mort”, (no sé, si tan “petit”).
    Pero como el Dr. Traver bien expuso, no en vano, en casi todas las tradiciones y religiones está presente ese tríada de “sacrificio-muerte-resurrección”, como metáfora de que se re-nace NUEVO, después de esa “pequeña-gran-muerte”.
    Para la tradición oriental en general, no hacer “ese sacrificio” es simbolizado como “echarse a dormir”.
    El polisémico “Umbral”, el echarse a dormir, un poema de Rumi:

    “No te vayas a dormir
    Debes pedir lo que realmente quieres
    No te vayas a dormir
    La gente va y viene a través del umbral
    donde los dos mundos se tocan
    No te vayas a dormir.”
    (Rumi)

  8. Excelente post Paco, junto con los comentarios de Isabel y Patricia y su mirada metafísica con la que nos brindan otra visión de lo que para nosotros parece cotidiano.

    Tengo muchos años trabajando con el tema de la orfandad temprana y sus vicisitudes, es decir, las consecuencias posteriores de estos traumas. Al principio mi punto de vista era totalmente psicoanalítico, hoy en día cuestionó algunos puntos pero también confirmo con más datos la importancia de las teorías freudianas en el desarrollo.

    El post me hizo recordar la situación de algunos varones que pierden a la figura paterna en la etapa edípica (no sólo por muerte, sino por abandono, divorcio o bien por la decisión de la madre de formar una familia monoparental). Hablo de niños que por lo general son hijos únicos al lado de madres posesivas y que dan la impresión de estar enamoradas de ese hijo. Llegada la adolescencia muchos de ellos, al igual que Edipo, buscan liberarse (a veces desesperadamente) del yugo materno y abandonan la casa en busca de su masculinidad, como dices Paco, buscando el camino del héroe. El trayecto (la separación) es muy dura, complicada y a veces peligrosa. Así, y ahora sí, hablando metafóricamente, son pocos los que logran descifrar el enigma de la Esfinge y se pierden en el camino. El encuentro con el padre no puede darse y la masculinidad se ve afectada. Por lo mismo, lo que llamas “retorno a lo femenino” no puede completarse y se manifiesta en la incapacidad de establecer un vínculo sano y creativo con la mujer, basado precisamente en la introyección e integración de la propia masculinidad.

    (No se si mi comentario quedó claro, o estoy equivocada, pero esto es lo que he pensado tras la lectura del post y he querido compartirlo. Se valen objeciones=

  9. Cierto, Etykupferman. Muy interesante lo que dices.
    Y me pregunto que nuevas cosas, podremos hacer en un futuro, – si evolucionamos lo suficiente-, para ayudar a esas madres posesivas, que están como “enamoradas” de sus hijos.

    Me parece terrible, asfixiante.

    Y muchas veces me he preguntado en estos casos, como en otros, que tipo de acción preventiva necesitarían estas personas-situaciones- madres.

    Parece ser un tema que trasciende lo psicológico, aunque por supuesto, lo es. ( Me he formado en clave de psicoanálisis durante 5 años…).

    No digo que sea un tema “moral”, ( menos en el sentido “moralista” del deber ser), pero si implica una cierta “integridad” de parte de la madre.
    Al menos, así lo veo yo.

    Una renuncia.
    A su ego?, su aspecto narcisista?, su inmadurez?.
    Algo así como generosidad, desapego.

    Pero si no hay una cierta madurez, se hace difícil.

    La propia dinámica neurótica de la madre hace que los mismos factores que -según su visión-, preservan, nutren y aman al “niño”, sean los que también lo castran, asfixian, y conflictúan.
    Inhabilitándolo, en mayor o en menor medida , para llegar a la plenitud, o madurez afectiva.
    (Si es que realmente alguien, en esta cultura llega).

    Socialmente, hay tantísimas falacias en torno a esto.
    Como los que se teje en torno al “amor”,(de madre, de pareja etc.)
    Amores que matan y dan la vida por partes iguales. (En el mejor de los casos).

    Y estoy muy de acuerdo cuando dices que, entonces el ” “retorno a lo femenino” no puede completarse y se manifiesta en la incapacidad de establecer un vínculo sano y creativo con la mujer, basado precisamente en la introyección e integración de la propia masculinidad.”

    ¿Se podrá conseguir esto en un futuro lejano, con la educación, sobre que es, y que no es, el “amor”?
    ¿Es el amor y el apego la misma cosa?. ¿Se puede amar con todo el corazón, y sin embargo no cultivar un epego enfermizo?,
    no cultivar “apego”, sin más, aunque amando?
    Hago estas preguntas, porque personalmente, he experimentado que sí.
    (Siempre hablo desde lo que experimento personalmente.)

    • Seguramente hay caminos para superar estos amores que matan, el primero, pienso, debe estar basado en el reconicimiento y en el insight que debe tener la mujer para darse cuenta como ella misma, con su gran amor, está deteniendo el desarrollo sano del hijo. Y allí nos enfrentamos con las primeras resistencias. Trabajar el narcisimo es muchas veces una tarea imposible, aunque el mismo Freud decía que las tres tareas imposibles son: educar, gobernar y psicoanalizar.

      Pienso que cada caso es diferente, pero cuando la mujer llega a tener un asomo de conciencia de que su actitud no es sana, puede irse desenredando la madeja.

      También he aprendido, con mi experiencia a aceptar mi impotencia frente a casos que, a pesar de que desean modificar su situación, tampoco quieren cambiar nada. No es fácil enfrentarse a si mismo.

      • Todo está inventado: la mejor manera de que una mujer tenga un marido interno es que tenga un padre interno y si tiene un marido interno no desarrollará ese enamoramiento con los hijos, que es fruto del apego y del nepotismo. No hay que olvidar que el nepotismo de la mujer es innato y que de alguna manera el apego evolucionó para que madre y crias tuvieran un vinculo solido al que agarrarse. Pero el gatillamiento de este mecanismo se produce en mi opinión por falta de un macho que corte el cordon umblical simbolico.

      • Yo en este caso pienso como el Sr.Traver: si la mujer no tiene internalizada la figura del padre “suficientemente bueno”, “se decepciona” pronto y rápido del marido, de los hombres, y deja de ser mujer para pasar a ser madre 24 horas “no stop”, sin festivos ni noches libres, ya que necesita toda su energía y furor para levantar un proyecto de gran envergadura: convertir a su hijo en su novio “ideal” (lease sin sexo) al paso que sutilmente intenta cincelarlo “a su imagen y semejanza Ideal”. Por lo que supongo que en casos así el parto biológico de ese hijo no coincide necesariamente con el Día de su Nacimiento en este universo … 🙂

        Como dice Ety, no debe ser nada fácil en el curso de una terapia levantar esas cartas y romper el juego. Las resistencias deben ser fortísimas.

        “Para nacer hay que romper un mundo”.

        Hesse.

  10. Ha! sinó, desarrollaríamos la patología del “ayudador”,( y sus proyecciones sobre los demás), no?
    Me refiero a la impotencia que se puede experimentar, como “frustación”, por no poder “ayudar”.

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