La enfermedad sagrada (y II)


Vimos en el post anterior algunas cuestiones de interés relativas a la relación entre los fenómenos epilépticos y los fenómenos psicóticos. También vimos que epilepsia y psicosis eran en parte enfermedades opuestas y vimos el mecanismo de la normalización forzada de Landolt pero aun nos quedan por señalar otras similitudes que esbocé en mi anterior post: me refiero a las relaciones entre epilepsia y trastorno bipolar.

Lo cierto es que el trastorno bipolar se considera hoy en psiquiatría una enfermedad (una entidad discreta) separada del resto de las psicosis aunque en psiquiatría hay una larga tradición de intuiciones en relación a que el trastorno bipolar y la esquizofrenia (y aun la paranoia) son primas hermanas, tanto más cuando que vamos conociendo mejor la epidemiología y la genética de ambas enfermedades.

El trastorno bipolar es una enfermedad de las emociones, de los afectos, mientras que la esquizofrenia es mas una enfermedad de los pensamientos, pero ambas patologias comparten buena parte de sus síntomas, es por eso que incluso se han descrito otras enfermedades a medio camino entre ambas: el trastorno esquizoafectivo, ni para mi ni para ti.

Pero lo más sorprendente de todo es que los fármacos anticonvulsivantes como la carbamacepina, el valproato, o el clonacepan, van bien tanto para la epilepsia como para el tratamiento y prevención de las recurrencias afectivas (maniacas o depresivas). No deja de resultar asombroso que mientras la psiquiatría considera ambas entidades (trastorno bipolar y epilepsia) como enfermedades separadas, los tratamientos que mejor funcionan en ambas patologías sean los mismos.

Paradójico resulta sin embargo que estos fármacos no sean útiles en la esquizofrenia donde los antipsicóticos mantienen aun hoy la esperanza de una vida mejor en una patología tan maligna como la esquizofrenia. Como curiosidad diré que los antipsicóticos disminuyen el umbral convulsivo, es decir pueden provocar convulsiones, el que más la clozapina, el que menos el aripripazol . Son por tanto epilptógenos en potencia, igual que ciertas drogas, el alcohol o la supresión de benzodiacepinas.

Con los antidepresivos sucede cosas igualmente asombrosas, no sólo son utiles en la depresión, sino tambien en el pánico y en el TOC, más concretamente los serotoninérgicos son utiles en el trastorno de pánico y el TOC, y uriosamente elevan el umbral convulsivo. (Usted mismo puede comprobar la dificultad para alcanzar el orgasmo si está tomando esos ISRS), pues el orgasmo es eso: una convulsión.

Caso especial merecen las psicosis marginales o psicosis cicloides descritas por Karl Kleist y que tambien han desaparecido de los manuales psiquiátricos aunque permanecen enclaustradas en los DSMs bajo rubros exóticos donde parece que toda la riqueza psicopatologica de sus descriptores se haya perdido por completo. Conceptualizadas por unos como formas esquizofrenicas y por otros como trastornos bipolares encubiertos, lo cierto es que su relación con la epilepsia fue sospechada por sus descriptores: Asi Leonard describe tres subtipos, siempre con una evolución fásica:

1. La psicosis de la motilidad, caracterizada por presentar fases de hipercinesia y/o hipocinesia que puede llegar a la acinesia, y que se encuentra al margen de la esquizofrenia no sistemática denominada “catatonía periódica de Gjessing”. En ésta última se encuentran crisis hipercinéticas muy particulares por sus rasgos paracinéticos (gran angulosidad y entrecortamiento motor) y crisis acinéticas sobre las que persiste un fragmento de agitación iterativa localizada, incluyendo verbigeraciones y ecolalias sobre un fondo de estupor.

2. La psicosis ansioso-extática o de angustia-felicidad, caracterizada por el compromiso tímico que se produce sintomatológicamente como el agrado del éxtasis ligado a vivencias de inspiración y/o el desagrado de la angustia paranoide con actividad ilusorio-alucinatoria y temor al propio asesinato. Esta forma se encuentra al margen de la esquizofrenia no sistemática denominada “parafrenia afectiva”, caracterizada por un delirio crónico que va desde la configuración paranoica exaltada o persecutoria hasta los estadios finales tan cargados de afecto como en la paranoia misma.

3. La tercera PC, es la psicosis confusional excitado-inhibida caracterizada por fases de excitación en donde prevalece una verborrea incoherente, y fases de inhibición que puede llegar hasta el estupor perplejo. La P. conf. se encuentra al margen de la esquizofrenia no sistemática denominada “catafasia” (esquizofasia), que presenta formas excitadas con una logorrea incoherente, afectividad y actividad pragmática conservadas y formas inhibidas que pueden llegar hasta el mutismo.

En resumen y aunque para Kleist  las psicosis marginales, son cuadros clínicos independientes del trastorno bipolar y la esquizofrenia y suelen clasificarse como “atípicas” lo cierto es que podríamos estar hablando de una misma etiología que se manifiesta con distintos fenotipos según el módulo cerebral comprometido, si es cognitivo el paciente presentará mas síntomas de esquizofrenia y si el módulo afectado es límbico serán los afectos los más comprometidos y aparecerán en forma de ciclogénesis.

Y luego están -claro está- las psicosis epilépticas que se clasifican dependiendo de qué clase de manifestaciones aparecen en la clínica: unas veces como manifestaciones ictales, es decir en lugar de ataques completos habría una serie de fenómenos parciales que pueden ser objetivados como psicóticos pero también oniroides, mientras que en otras ocasiones las manifestaciones serian interictales: el paciente desarrollaría una psicosis entre ataque y ataque. Es aqui precisamente donde Landolt describió su “normalización forzada”: las crisis pondrian fin a un desarrollo psicótico.

Estas coincidencias apuntan hacia algo: que es posible que exista un nexo común entre la epilepsia y las enfermedades mentales, mejor dicho que la epileptogénesis sea en realidad el mecanismo que comparten buena parte de las enfermedades mentales y otros estados mentales no patológicos.

Un ejemplo de estos estados no patológicos es el éxtasis.

El éxtasis es un estado inusual de conciencia, una experiencia mental de goce, claridad, lucidez y felicidad que dura muy poco tiempo, en este sentido es paroxística y nos coge por sorpresa y se vive de una forma pasiva, se trata pues de un rapto, de una experiencia de júbilo que podríamos denominar como una experiencia de captura, “arrobamientos” les llamaba Santa Teresa, y Javier Alvarez propone llamarles “hiperia”. En realidad el lector avezado ya se habrá dado cuenta de que las experiencias de éxtasis pueden darse también en ciertas psicosis, como las que más arriba describía como “psicosis marginales” de Kleist, pero existe una diferencia en las psicosis descritas por Kleist y los éxtasis misticos por ejemplo:

  • Las personas que presentan fenómenos místicos o extáticos carecen del rencor y de la hostilidad que parece presidir la emergencia de los fenomenos paranoides de tipo psicótico.
  • Los contenidos extáticos o místicos contienen experiencias de conocimiento mientras que las experiencias psicóticas rara vez presentan contenidos elevados alimentándose basicamente de conceptos extravagantes o estereotipados.
  • La lucidez, la comprensión y el júbilo con los que se manifiestan los estados de éxtasis contrastan con los sentimientos de horror y de embotamiento que se dan en las psicosis.
  • La experiencia fundamental en el éxtasis es la felicidad mientras que en la experiencia psicótica es de perplejidad y de autoreferencia.
  • Las alucinaciones -de existir- son predominantemente visuales en la experiencia de éxtasis o visionarias y acústicas en la esquizofrenia.

Dicho de otra manera, los fenomenos extáticos no son una psicosis pero pueden compartir con ciertas psicosis algunos contenidos. Todo parece indicar que el fenomeno extático es como una psicosis recortada a la que le falta algo, usualmente la parte negativa de la experiencia, el miedo, la rabia, las alucinaciones aterradoras, las ideas de perjuicio o de persecución, lo apocaliptico, las experiencias desgarradoras o atormentadas etc. Lo que le falta al fenómeno extático es pues la parte desagradable de las psicosis, aunque con ciertas excepciones como las experiencias de Simone Weil, experiencias depresivas reconvertidas en metafísica..

Y la duración es probablemente el vector más importante: su duración es corta, como un paroxismo y no induce conductas o pensamientos delirantes posteriores. Seria algo asi como una micropsicosis benévola donde el individuo no termina bifurcando su mundo y construyendo una alternativa imaginaria, es como si se recobrara bien pronto la normalidad y el sujeto volviera -despues de todo- a sus quehaceres habituales.

Como un ataque epiléptico pero sin epilepsia.

Epileptogénesis y epilepsia.-

Hay ciertas evidencias de que la epileptogénesis y la epilepsia que conocemos en la patología humana no son la misma cosa. Los epileptólogos hablan de crisis ictales (a la epilepsia como enfermedad) e interictales a la epileptogénesis como fenómeno fisiológico. En realidad la epleptogénesis es un fenómeno asociado al aprendizaje y que se lleva a cabo a través de lo que Jackson llamo hipersincronía neuronal.

La hipersincronía es un fenómeno absolutamente normal que es absolutamente indispensable para la consolidación de los recuerdos, es por eso que durante el sueño aparecen salvas de neuronas hipersincrónicas que tienen como función consolidar recuerdos y memorias a largo plazo. Se trata del sueño REM.

Dormirse es desincronizar el cerebro que trabaja en un ritmo alfa durante la vigilia y ponerlo a funcionar en una frecuencia más baja (3 Hz más o menos que corresponde al sueño profundo). En este enlace hay una buena descripción de las fases del sueño.

La pregunta es ésta. ¿Si dormir es desindronizar nuestra actividad cerebral, qué necesidad tenemos durante el sueño de volver a resincronizar nuestras ondas cerebrales para tener una sueño REM?

Parece ser que el sueño REM es fundamental para nuestra salud. En un ya celebre experimento financiado por un laboratorio con intereses en la venta de hipnóticos se demostró que la privación global de sueño terminaba con la salud mental de los sujetos experimentales, algo que se producía de igual manera si lo que se deprivaba no era toda la arquitectura del sueño sino simplemente el sueño REM.

En este sentido sabemos que lo importante del dormir no está en todos los segmentos del sueño por igual sino que depende sobre todo de la fase REM del sueño.

Dormimos pues para soñar.

Y soñamos para abstraer realidades, para crearlas, o para inventarlas, no es de extrañar pues es en el sueño cuando aparecen hiperideas, hiperimágenes, hipermnesias, hipermúsica, etc.

Y no cabe ninguna duda de que los sueños son en algunas personas momentos esenciales de inspiración como el sueño de Kekulé. Soñar es pues una actividad epileptogénica que llevamos a cabo todos los días y que sin embargo nada tiene que ver con la epilepsia como enfermedad.

Del mismo modo existen intrusiones de la fase REM del sueño tras el despertar es por eso que existe ese fenómeno llamado “parálisis del sueño” y el sonambulismo.

Fenómenos hipéricos al decir de Javier Alvarez, fenómenos excesivos de hipersincronía neuronal.

5 pensamientos en “La enfermedad sagrada (y II)

  1. «Es aqui precisamente donde Landolt describió su “normalización forzada”: las crisis pondrian fin a un desarrollo psicótico» Jaja, de ser cierto ésto último, resulta extraño por qué no les recetaron follar con más frecuencia e “intensidad”.

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