La histeria y el médico


La histérica es una esclava que busca un amo para reinar sobre él (Jacques Lacan).

charcot

La pareja histeríca-médico es una pareja perfecta, la pareja ideal. No es de extrañar que las mejores descripciones sobre la histeria procedan de medicos varones y de pacientes femeninas. Janet, Briquet, Charcot y Freud trataron cada uno de ellos a histéricas especializadas en un tipo de síntomas.

Briquet descubrió lo que hoy llamamos “conducta de enfermedad” o “sindrome de Briquet”, una especie de catálogo de quejas proteiformes y cambiantes que presentaban sus pacientes, procedentes del mismo pabellón del asilo de la Salpetriere donde Charcot -discipulo de aquél- conoceria otro tipo de histéricas mas teatrales: las de gran ataque histérico y que serviria en bandeja a Babinsky el conocimiento de su celebre “reflejo” que tanto ha servido a los neurólogos para diferenciar los sintomas histéricos de los otros, los verdaderos.

Freud fue el primero que se sentó a oir la verdad que la histeria escondía entre los repliegues de su sintomatología orientada precisamente a relacionarse con los médicos, pues ¿no es el médico el receptor obligado de las quejas de un determinado paciente?. Quejas y sintomas somáticos claro está. Freud descubrió al mismo tiempo dos cuestiones importantes, descubrió el amor de transferencia y descubrió que a partir de este amor la paciente podia curarse de sus síntomas, para agradar al médico.

Pero Freud no se contentó con eso, el buscaba en el inconsciente de sus enfermas la mentira que habitaba alli y que daba cuenta de esos síntomas. Tuvo que sortear para ello todas las pruebas de la seducción activa y pasiva que sus pacientes pusieron en marcha a fin de lograr capturarle, al principio contándole historias verdes con algun familiar y más tarde -cuando Freud abandonó la teoria de la seducción y la hipnosis- con otras historias, otras narrativas. Pues la histérica lo que busca es precisamente al médico, más que eso lo que quiere es ser médico. Es por eso que muchas de ellas declaran:

“A mi me gusta mucho la medicina, deberia haber estudiado eso”.

La histeria es pues una narrativa para explicar el malestar, pero no es una narrativa cualquiera sino una narrativa que enloquece al cuerpo de las histéricas. Es por eso que Freud trató de invertir aquella narrativa por otra mas acorde con el deseo de la paciente. Un deseo que nunca obtuvo en aquellos tiempos legitimación. Las mujeres no tenian deseos, eran sólo objeto del deseo de los hombres.

Dicho de otro modo, la histeria no es una enfermedad, sino una protesta, una reivindicación, una confrontación con el doble poder que ejercen médicos y hombres.Y que sólo puede “curar” el amor.

Es el secreto que hay dentro del secreto.

El amor de transferencia.-

La transferencia no debe ser confundida con la alianza terapéutica: ese contrato que dos adultos firman para llegar a un fin terapeutico entre médico y paciente por ejemplo. Transferencia no es el cariño entre dos hermanos, o la simpatía entre dos amigos, ni es el amor de pareja aunque probablemente la mayor parte de los desencuentros amorosos procedan de la transferencia, otros de la realidad. Transferencia es aquello que procede de otro tiempo o lugar y que como su nombre indica se reactualiza (transfiere) a otro objeto del aqui y ahora siempre que ese objeto se caracterice por la neutralidad, la no participación emocional y la escucha activa. La transferencia es motor y al mismo obstáculo terapéutico en el psicoanálisis donde la cura siempre ha de pasar por encima de la transferencia.

La transferencia casi siempre se contempla en términos de sentimientos antiguos reeditados por el tratamiento pero este punto de vista es superficial: en realidad la transferencia es un lugar, una posición, lo que se reactualiza es la posición que el sujeto adoptó con sus figuras de dependencia infantil, es decir su relación con el saber del otro.

La transferencia es una metáfora del amor, un simulacro, una ficción y enseguida aclararé que ficción no equivale a mentira. Lo transferencial es verdadero pero no es actual, es la repetición de un recuerdo, de una secuencia de hechos que pertenecen al pasado, más una tópica que un evento. Representa la actividad intrinseca del cerebro despojado de objetividad y de objetalidad, el médico en este sentido no es un sujeto ni un objeto sino sólo un espejo en el que el paciente proyecta su necesidad de saber sobre el cuerpo y le atribuye a este sujeto al que ni siquiera conoce un saber, si ubica al terapeuta en este lugar de sujeto-supuesto-saber.

Un saber que se pretende desmentir o al menos socavar.

Lo que la histérica transfiere al médico no es sólo su omnipotencia mágica sino sobre todo: la incapacidad de satisfacer a la madre.

La mentira esencial.-

Imagínese a usted de niña (más adelante hablaré de la histeria masculina), imagínese a su madre criticando constantemente a su padre, devaluándole. hablándo mal o quejándose de él. Imagine una madre adusta, quejosa, enferma, vindicativa, poco afectuosa. E imagine a esa madre en un periodo de su vida esencial: la elección de pareja, usted está enamorada de alguien y decide iniciar una vida romántica con ese alguien. Su madre la empuja y presiona hacia el matrimonio y usted misma lo desea en parte por escapar de la presión de su madre, pero usted no acaba de entender la manía de su madre por emparejarla, a pesar de que también critica a su pareja. Usted nunca hizo esta pregunta:

-Si tan mal te fue con el papá, ¿por qué quieres casarme?

Dicho de otro modo, una madre así no es un modelo femenino adecuado como soporte de identificación. Y es por eso que la identificación histérica suele ser -en las mujeres- una identificación con el padre y de ahi la “masculinidad” de la histérica, su falicidad.

Unas palabras sobre la identificación.-

La histérica se identifica con la Falta del padre, es decir pretende ser la mujer que al padre le faltó.

La identificación tiene dos acepciones, uno fuerte y otro debil, el aspecto debil está relacionado con la identidad, asi:

Identificarse es -desde el punto de vista del concepto débil- adquirir una identidad, precisamente en este post hablé de qué es lo que sucede cuando un adulto no logra establecer una identidad concreta y separada de los demás, baste entender que la identidad es la sensación y la creencia -más menos ilusoria- que mantenemos acerca de nuestra pervivencia histórica y que tal y como nos legó Erick Erickson es (en palabras de la wiki):

Erik Erikson enfatiza que este esfuerzo por encontrar un sentido de sí mismo y del mundo es un proceso sano y vital que contribuye a la fuerza del ego del adulto. Los conflictos que involucran el proceso sirven para estimular el crecimiento y el desarrollo. Así, para alcanzar un buen nivel de autoestima se debe, antes que nada, descubrir la propia identidad.

En palabras de Freud:

“Proceso psicológico mediante el cual un sujeto asimila un aspecto, una propiedad, un atributo de otro y se transforma, total o parcialmente, sobre el modelo de éste. La personalidad se constituye y se diferencia mediante una serie de identificaciones”.

Dicho de otra manera somos una especie de conglomerado de identificaciones de aqui y de allá, una especie de puzzle de actitudes, gestos, pensamientos, creencias y parecidos con nuestros objetos de identificación. Somos grandes imitadores y plagiadores de todo aquello que vemos a nuestro alrededor y sobre todo somos copias de un original al que en un tiempo lejano, amamos.Es condición para elegir una identidad el amor. Es verdad que también podemos identificarnos con aquello que tememos (identificación con el agresor) pero vamos a seguir indagando sobre qué cosas elegimos en ese camino de bifurcaciones que es el amor.

Para un niño de 6 años cuando algo le resulta atractivo quiere parecerse a él o poseerlo. Es equivalente decir “me gusta esto” y “quiero ser esto” o “quiero tener esto”. Para un niño de esa edad, lo que desea es aquello que le resulta atractivo y le resulta atractivo porque posee o significa algo más que él mismo. No seria posible sentirse atraido por algo en déficit, por algo que nosotros ya poseemos o por algo que los demás consideran banal. Amamos aquello que es más grande, tiene más poder, belleza, bondad, valor o sabiduría que nosotros mismos, esta es la regla que nos ocupará durante toda nuestra vida. Y este es el concepto fuerte: la identificación es en parte consciente y en parte inconsciente.

Aqui hay un post que relaciona el amor con la identificación.

En conclusión, para curarse la histérica ha de resolver dos cosas: la neurosis con su madre y su deseo de ser un hombre.

¿Y los hombres histéricos? ¿Donde están?

Desde luego no en la consulta de los médicos, ellos están mejor escondidos, alli donde nadie miraría.

Nota liminar.– Falo es el simbolo de lo que falta, la equivalencia del falo con el pene es sólo una posibilidad.

7 pensamientos en “La histeria y el médico

  1. Con el arrojo de los tímidos y con la osadía de los profanos ahí van algunos hilos:

    Hay una historia, una narrativa que la persona histérica anhela descargar,desgranar, arrojar fuera de sí. Es como algo a deshilvanar y si ha observado alguna vez la tarea de ovillar madejas de hilo o lana, vería que se necesitan dos personas y cuatro manos. Es necesario que una tenga ovilladas sus dos manos bien en alto y con las lanas haciendo una “O” de boca grande para producirles cierta tensión y para que la persona que se coloca enfrente y a corta distancia apure el hilo en un ovillo. Pues para deshilvanar, también. 🙂

    No hay narrativa, no hay cuenta-cuentos sin la escucha activa de otro. Esto es lo que pienso que necesita la histérica, pues tiene una vieja demanda y necesidad: la de ser escuchada. La invisibilidad también comporta esto, no es sólo ser vistos, sino también y muy importante, ser escuchados. No pienso que sea primariamente ganas de llamar la atención y agradar sino simplemente ser atendida, tenida en cuenta, tener eco en otro. Y ahí es donde entra ese “amor de transferencia”, y como la escucha, sin tiempo y sin deseo (ansia), sana … 🙂

    Ese “otro” no es cualquiera si el corsé se encuentra ya muy entretejido, debe ser alguien “que sabe”, un “testigo iniciado”, un doctor, a quien la persona histérica reviste de un ropaje significativo. Si el corsé todavía está en elaboración y no ha comprimido del todo a la persona, ese “otro” es lo que Alice Miller denomina un “testigo servicial”, una figura que actúa de contrapeso a esa invisibilidad y sordera familiar. Suelen ser personas de su entorno, un profesor(a), una vecina, un hermano, un amigo (a) …que van paliando esos rotos y descosidos que la histérica trata de remendar. Hay una frase en este sentido que dice que el mejor presente que podemos hacerle a una persona es regalarle nuestra atención. La sordera (y la ceguera) permanente es lo contrario del amor, y por esto mismo, la escucha atenta, puede curar. Este es el tema de temas, el secreto dentro del secreto. 🙂

    Es imposible satisfacer a una persona que ha hecho de la queja su bandera, su “leitmotiv”. En el caso de una madre insatisfecha, es arma constante de ataque aunque ella piense que es de defensa, pues su voz es no sólo un reproche y lamento permanente, sino que también sabe escupir veneno asestando buenos puñales … Y digo esto porque se me ocurre que la pregunta a formular a esta madre insatisfecha no es tanto “si tan mal te fue con papá, ¿por qué quieres casarme?”, sino otras dos que seguramente repelerá contestar. Y son: ¿por qué razón te casaste con papá? …y …” ¿por qué razón no te has separado de papá?.

    Son éstas, preguntas que seguramente jamás ha osado realizarse porque teme responderse, hay cierta intolerancia por procesar y percatarse de que la persona que cree ser y la que es, realmente distan bastante de parecerse. Y quizá por esto, prefiere mantenerse sumergida en el desconocimiento ferreamente mantenido, quizá no le apetece limpiar el espejo pero sí opta a funcionar como “la” Mister Proper familiar, un buen ejemplo y simbiosis de Marimandona y Doña Perfecta. 🙂

    Esa madre es esa esclava que busca un amo sobre el que reinar, pero qué digo, no busca un amo, noo, busca un reino!!. Su hogar es ese reino y sus familiares sus vasallos. Está claro que no puede ser una reina pues ha desterrado al hombre de su corazón y de su trono, por lo que ejerce la función real “en solitario”, pues la autoritas de la que se ha investido ha seguido la forma de un golpe de estado en toda regla, y su reinado y gobierno será en todo caso una tiranía, pues como mujer fálica que a su vez es, ha tomado de la figura masculina lo que conviene a sus intereses. Como usurpadora, su reinado no será más que una caricatura, una parodia de masculinidad mal entendida y aprehendida en su reverso más oscuro y pervertido. Lo femenino no está ni se le espera. ¿Con quién se va a identificar entonces esa hija? Pues con el padre, “feninizado” por la madre-esposa o quizás ya “chapeado” por una madre sospechosamente parecida a su esposa.

    Y esto se convierte en un bucle en el que reina y vasallos giran y giran, bien hasta que uno de ellos da un golpe de estado y se establece otra tiranía o bien cuando uno de ellos … sana.

    Surgieron tantos hilos al leer el post que no sé si al final me lié y me salí del hilo. No tengo la sensación de haber hilvanado ni todo ni bien, pero ahí queda. Un saludo, Sr. Traver. 🙂

  2. Gracias. 🙂

    En el discurso de estas madres-esposas castradoras suele surgir a menudo el latiguillo de ser una “esclava” del marido y de los hijos y esto es muy chocante escucharlo porque su actitud y lenguaje es claramente de dominancia. Esto me resulta muy curioso, esa incapacidad que muestran para verse y escucharse. No sé si es autoengaño, que su ser está escindido o algún tipo de incapacidad para autoevaluarse (¿anosognosia?) … pero me llama mucho la atención. Y la frase de Lacan que principia el post me lo recordó.

    Siguiendo también a Alice Miller, pienso que si los hijos, incluyo también a los niños, no cuestionan a su madre, y hablo de algo más que rebelarse contra ella, si no la bajan de los altares a los que ella se ha elevado y proclamado como mártir, si no cuestionan ese “Todo es por tu bien”, en el que se ampara y escuda el reinado de terror, pienso que es entonces cuando ese bucle o constelación familiar sigue perpetuándose en forma vírica y la hija y el hijo recogerá el testigo y la bandera familiar, tratando de hallar ese “reino particular”, donde sólo ella o sólo él, obstenten la batuta. Una batuta que como en toda tiranía se caracteriza por no admitir la réplica ni ni tolerar en su ámbito voces disidentes al generalato. Este virus será neutralizado cuando alguien de esta progenie consiga heroica y honestamente limpiar el espejo.

  3. Excelente Isabel, a mi también me encantó tu comentario que es más bien un ensayo.
    Ya que mencionas a Alice Miller, quiero agregar que una de sus frases que también ponen de manifiesto este “reinado del terror” del que hablas: “Thou shalt not be aware” (No te darás cuenta), que también es el título del uno de sus libros.
    Aquí está el doble mensaje en la relación con la hija (y también con el hijo). La madre (y también el padre) puede imponer su maléfica autoridad con base en el “todo es por tu bien”, pero al mismo tiempo el hijo no tiene el permiso para darse cuenta que lo están maltratando, ni siquiera para suponer que todo el daño es por su bien.
    Frente a este vínculo la rebelión se hace prácticamente imposible, pues, ¿cuál es la razón del golpe de estado?. A veces la única alternativa es enloquecer para no morir.

    • Hola Ety …

      Sí, la cosa no pinta nada fácil precisamente porque las figuras de las que hablamos, padre o madre, son figuras de referencia para el niño o la niña y esto tiene un hondo calado en la psique en formación … Pero precisamente Alice tiene un libro titulado “El cuerpo nunca miente”, y el cuerpo a falta de una psique ya conformada actúa, desde mi punto de vista, como un radar recogiendo y acusando esas disonancias que emiten las figuras parentales. Esas señales como bien dices pueden enloquecer o bien pueden actúar como piedras blancas para Pulgarcito …

      Esa rebelión de la que hablé es esa frase que escuché al Sr. Traver que habla de socavar el poder de la Gran Madre, y la concibo como un cuestionar el ejercicio que la madre o el padre concreto desarrollan, porque sino lo hacen, si no la cuestionan, facilmente pueden enloquecer como tú bien planteas. Esa rebelión que puede ser activa o pasiva puede presentar el aspecto de una rebelión histerizada ante el cúmulo de despropósitos, demagogia y abuso del que está a la cabeza del “clan”. Si el hijo o la hija comparte ya con el padre o la madre un buen ramillete de rasgos más narcisistas que neuróticos, su rebelión o socavamiento será furibundo y el riesgo a temer es que de ahí surja otro tirano, y así esto se convierte en un bucle que no parece tener visos de acabar. Si por el contrario, ese hijo es predominantemente menos “guerrero” o “guerrera” 😉 su lucha será más en las trincheras, en lo interior y tenderá a desarrollar la que yo llamo “fortaleza de los débiles”, que es esa resistencia ante lo que el bravo guerrero no es capaz de aguantar … 🙂 El riesgo de esta opción es la depresión, pues aquí hay lucha, vencer o ser vencido … y en esta opción el macho o la hembra alfa decapitan sin dejar rastros de sangre …: )

      Una u otra opción conllevan que Blancanieves, el alma o ser en formación, contenga en su seno un cesto de manzanas, algunas sanas y otras podridas. Y es que comer del árbol del conocimiento tiene estas cosas … conocer la sombra de la luz … 🙂

  4. Te dejo una anécdota Ety, y a ver qué te parece:

    Mi hermano mayor es maestro de primaria, y me gusta mucho que me cuente anécdotas de sus clases. Hace como unos tres años me contó una que me dejó meditando. Tenía un alumno de unos nueve años procedente de Cuba al que hubo que realizar muchas adaptaciones curriculares además de presentar problemas de conducta. Sólo al año siguiente y gracias a la asistenta social se enteró que el niño estaba siendo tratado en Cuba, algo que el padre y la abuela decidieron ocultar a la Orientadora del centro. Bueno, la anécdota es que el niño pidió permiso para ir al baño como otras tantas veces, pues es de naturaleza inquieta y le gusta levantarse del pupitre, vaya, que no para quieto. Suele venir sin sus útiles, tiene problemas para intervenir e interaccionar en el ritmo de la clase y con sus compañeros en el patio y gusta de asaltar a sus compañeras para que bailen salsa con él, pues aquí se cumple el cliché y sólo piensa en bailar, lleva el ritmo en la sangre. 🙂

    Bien, como tardaba en regresar mi hermano fue a buscarlo a los baños y se lo encontró mirándose en el espejo, junto a los lavabos, fijamente, y totalmente absorto, concentrado y embebido … diciendo en voz alta esta letanía que no cancioncilla de algún dibujo animado: “Yo soy el rey del universo, soy el rey del universo y a todos vosotros os someto” Y así unas cuantas veces. Mi hermano lo escuchaba ya por el pasillo mientras se acercaba a los baños y esta escena fue la que se encontró. Cuando me la contó me quedé pensativa, barruntado, y me quedó claro que este niño parece inclinarse ya hacia la casta de los guerreros. 🙂

  5. Una anécdota muy interesante, no se si el niño vaya por la casta de los guerreros o se convierta en un tirano, pero tiene opciones.

    Me gusta mucho la analagía con el cesto de manzanas, supongo que somos nosotros psicoterapeutas de niños y maestros de primaria los encargados de vargar una cesta de manzanas, incluyendo aquéllas que no son tan buenas, y ofrecérselas al niño. Es decir, a los niños con los que realmente podamos trabajar.

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