Placer, deseo, saciedad


“Nihilista es la persona que no se inclina ante ninguna autoridad, que no acepta ningún principio como artículo de fe”. (Turgenev)

“La ciencia puede hacer avanzar el saber humano; lo que no puede es hacer que la humanidad sienta aprecio por la verdad” (John Gray)

perros de paja

Lo inalcanzable no siempre se corresponde con lo incognoscible, se trata de registros diversos: podemos imaginar y gozar de placeres que en realidad solo se activarian en determinadas condiciones. Es por eso que podemos trasplantar un placer a un objeto neutral. Freud habló de desplazamiento y condensación.

La condición para el placer es la saciedad. Más allá de la saciedad el placer cesa pero no el deseo, pues el deseo puede ser despertado por una promesa esencial, una promesa casi religiosa de inmortalidad. El deseo puede ser incitado desde lejos . El deseo se alimenta de publicidad.

El nihilismo es la doctrina de nuestro tiempo y supone la muerte de todos los ideales que sostuvo la modernidad. El nihilismo es la filosofia que niega el sentido de la vida, cualquier sentido, los nihilistas rechazan y abandonan, en nombre del progreso, todo lo que no podía ser justificado científicamente, como supersticiones, prejuicios y costumbres, incluyendo a las religiones y sus promesas factuales de una vida eterna.

Los nihilistas creen en el progreso. Hay en ellos pues una consciencia animista que se manifiesta a través del argumento pseudoracional

Lo importante es retener esto: aunque la vida carezca de fundamento de sentido, venimos diseñados de serie para encontrarle alguno. Es por eso que la libertad humana es un espacio intermedio entre la anarquía y la tiranía y no una entelequia alcanzable. La libertad es inalcanzable, el libre albedrío probablemente también. La conciencia humana es un diseñador de sentidos que trabaja en unas condiciones deplorables: sabemos que somos finitos y moriremos. Urge pues negar la muerte.

La negación es una interesante prestación de nuestra mente y dejo aqui el lector la posibilidad de averiguar cuantas formas tenemos de decir “no”.Voy a ocuparme del “no” más moderno, desde el punto de vista ontológico, el de Freud en la Negación:

La  negación  es seguramente un repudio ontológicamente evolucionado. La negación es una especie de supresión de baja intensidad, lo negado no está oculto en el inconsciente sino semienterrado. Usualmente lo que negamos es aquello que entra en contradicción con nuestras expectativas o nuestra autoestima. Se trata de datos precintados que no queremos computar pues entran en conflicto con algo de nuestra personalidad que queremos preservar. Al contrario del repudio -con el que sin embargo se relaciona por continuidad-, la negación no afecta a la simbolización sino a la resonancia afectiva de lo negado. Lo que se niega no es algo que rechacemos en sí sino porque entra en confilcto con nuestro autoconcepto o con el principio del placer.

La negación ha prestado enormes ventajas a los negadores, piensen ustedes en la negación más importante: la negación de la muerte. Me refiero a la propia. Si no tuviéramos esta prestación ¿cómo viviriamos? ¿Sería posible levantarse por la mañana, ir a trabajar y aun tener deseos de algo si continuamente desfilara nuestra propia muerte por ese escenario que llamamos mente?

Afortunadamente no somos capaces de “saber nada de nuestra propia muerte”, solo por las referencias que nos llegan de ella, la muerte de un familiar, los desastres de la guerra que dan por televisión, la desaparición funesta de un amigo con el que compartimos cama y canelones, etc.

Pero la muerte no tiene remedio y lo mismo sucede con la enfermedad, es por eso que:

Si no tenemos un remedio para una enfermedad lo mejor es negar su existencia.

Pero en realidad vivir de una forma sensata implica aceptar la muerte de buenas maneras, como tambien la enfermedad, como dice John Gray: “la vida buena significa hacer pleno uso de la ciencia y de la tecnología, sin sucumbir a la ilusión de que puedan hacernos personas libres, capaces de raciocinio o, siquiera, cuerdas. Significa buscar la paz sin esperar un mundo sin guerra”.

Esta es la clave.

Sin embargo todos tenemos ese fondo animista y estamos insertados en una cultura cristiana. Esta cultura -con independencia de nuestra creencias personales- nos ha modelado para creer en nuestra salvación, o lo que es lo mismo en el progreso, en que la voluntad humana será capaz por sí misma de vencer todas las dificultades, que algún día encontraremos la solución para el cáncer o la locura. Es la Ciencia pues la heredera directa de la religión:

“En el fondo, su fe en que el mundo puede ser transformado a través de la voluntad humana es una negación de su propia mortalidad.” (John Gray)

¿Pues sin religión ( o sin criogenia) podríamos seguir creyendo que somos inmortales?

El deseo no se detiene jamás, nunca se derrama por los bordes. Solo el placer puede agotarse en sí mismo a través de la saciedad. Y ya no es más placer sino asco, repugnancia, vacío y sin sentido. Pues no puede haber sentido sin limites al deseo.

Y puesto que ya no creemos en la salvación, ni en nuestra redención, lo único que puede animarnos es que alguien azuze nuestro deseo. Cualquier deseo es posible. Vivimos en un mundo donde un diseñador de deseos, un publicista nos legitima constantemente: lo inalcanzable ya no existe, cualquier cosa que desees puede ser conseguida a través de la cirugía, la tecnología o la meditación. La enfermedad no existe, ni el dolor, ni por supuesto la muerte. ¡Que ruede la rueda!

“Allí donde la riqueza es la norma, la amenaza principal es la pérdida del deseo. Ahora que las necesidades se sacian tan rápido, la economía ha pasado a depender de la manufacturación de necesidades cada vez más exóticas” (John Gray)

Nos hemos olvidado que somos unos simios con consciencia, hemos renegado de nuestra consciencia animal. Y nos hemos instalado en el mercado del deseo sin ese toldo protector que es el símbolo y el sentido.

“Quienes reniegan de su naturaleza animal no dejan de ser humanos: simplemente, se convierten en caricaturas de lo humano. Por fortuna, el grueso de la humanidad venera a sus santos y los desprecia en igual medida” (John Gray)

“Hoy, hemos convertido la libertad de elección en un fetiche, pero está prohibido elegir la muerte”.

Lo cierto es que esto de la libertad de elección es el mayor timo de la humanidad.

 

Bibliografia.-

S. Freud: “La negación”, 1925 (aqui)

John Gray: “Perros de paja”. Paidós

3 pensamientos en “Placer, deseo, saciedad

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