La teoría de las jerarquías (II)


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La aplicación de la teoría de las jerarquías a la organización social no está exenta de riesgos. Siempre habrá quien piense que la jerarquización social es un subproducto de la depredación del hombre por el hombre, de manera que voy a limitarme en dar por hecho que las sociedades humanas están estratificadas y que no existe organización humana que no sea oligárquica, incluyendo a aquellas ideologías que surgieron precisamente para liquidar esta cuestión.

Lo cierto es que podemos concluir que la organización social puede dividirse en tres sectores, uno la clase alta (los ricos para entendernos) y otro las clases bajas, lo que llamamos los pobres. La verdad del asunto es que los pobres son algo así como el triple de los ricos, de manera que si las clases altas representan en 10% de la población, los pobres son el 30%..

Lo interesante de esta disposición es que no se trata de jerarquías anidadas, los pobres no son parte de los ricos, ni los ricos son pobres, en este sentido la jerarquía que podemos contemplar en la organización social se parece más al ejército que a las muñecas rusas. No se trata de holones.

Los ricos y los pobres tienen pocos puntos de contacto, no viven en los mismos barrios, ni llevan a sus hijos a los mismos colegios, no compiten por el mismo tipo de bienes y es por eso que sus contactos son puntuales y poco frecuentes. Los ricos no tienen nada que temer de los pobres, no se encuentran en el mismo ecosistema.

Pero para las clases medias (que representan el 60% restante) la cosa es un poco más difícil, pues ellos si compiten con los pobres por los mismos recursos (colegios, ayudas sociales, trabajo, sanidad o educación) y resultan muy vulnerables al empobrecimiento. Algo así ha sucedido en nuestro país con la crisis económica que ha empobrecido a nuestras capas medias de un forma drástica y brutal.

Con el agravante de que son precisamente las capas medias las que abastecen al Estado de recursos en forma de impuestos. Suele decirse que “paguen más  lo que mas tienen”, pero ¿qué significa esto?. Lo ricos también pagan impuestos pero por su escaso número son las clases medias las que pagan cuantitativamente más impuestos en forma de IRPF, IVA y mantenimiento del sistema de sanidad y educación, junto con otros soportes casi parasitarios de los que prefiero no hablar.

Las clases medias son las que soportan el gasto del Estado y es por eso que cuando se empobrecen (se adelgazan) pasan a formar parte de los pobres y ahí viene el problema que podemos observar en Europa con la emergencia de la xenofobia y otros fenómenos de indignación por abajo en forma de auge de los partidos de extrema derecha. Pues son las clases medias las que han de soportar la competencia feroz de los pobres, incluyendo a los inmigrantes claramente favorecidos por las políticas de integración y de asistencia social.

Dicho de otro modo, hay clases sociales que pagan impuestos y no reciben lo mismo que los pobres. Es por eso que la solidaridad se resiente y emergen malestares nuevos. Todo parece indicar que las clases medias son el colchón de seguridad del sistema y que su empobrecimiento es la causa de desórdenes sociales y de perdida del PIB hasta tal punto que: una reducción del 10% de la clase media (por ejemplo del 50% al 40%) se traduce en una disminución del 0,5% del PIB.

De manera que cuando se dice que paguen los que más tienen lo que se está diciendo es : “castiguemos mas a las clases medias”. En realidad los que más tienen (cuantitativamente hablando) son esas clases medias.

¿Y el paro? ¿existe alguna relación entre el paro y la inmigración?

Todo parece indicar en los gráficos que cuelgo que existe una correlación siniestra entre los indices de paro y el número de inmigrantes que soporta cada comunidad autónoma. Desde el punto de vista sistémico es posible afirmar que: los equilibrios sociales son muy vulnerables y que estos equilibrios se ven desfavorecidos por la aparición de nuevas capas de población desfavorecidas que consumen recursos (de las clases medias) y que no aportan -a su vez recursos-más que de una forma puntual.

Ahora bien, en la organización social hay algo que añade una cuota de complejidad a las  relaciones que se establecen entre ricos, pobres y clases medias. Lo que se llama permeabilidad social: un rico puede descender de clase y un pobre puede ascender por sus propios méritos (aunque se trata de fenómenos poco frecuentes). Se llama permeabilidad social: una persona aspira a ascender en esa pirámide que es la organización social y puede hacerlo bien por azar, matrimonio o mejoras económicas en sus entornos.

Lo que no es tolerable que haya ascendido en base a latrocinios, pues en ultima instancia son las clases medias las que corren también con el gasto de los ladrones, ¿quién si no?

La estrategia de salir de la crisis subiendo todo tipo de impuestos especiales, la luz, el transporte, etc., imponiendo copagos y bajando pensiones es también una forma de diluir el sacrificio, una forma de negarse a señalar a ese pequeño porcentaje de ciudadanos que se han enriquecido de forma obscena durante la crisis y a los que debería someterse a impuestos ad hoc hábilmente diseñados para que no pudieran sortearlos. 

De manera que no son solo los impuestos abusivos o la inmigración indiscriminada los responsables de que las clases medias hayan adelgazado, es también la depredación individual y la codicia la que genera vulnerabilidades al sistema. La “facilidad” con que un “clase media” puede llegar a hacerse rico ha sido en España una empresa fuertemente reforzada en el imaginario colectivo, no es de extrañar que la corrupción haya levantado campamento en nuestro país, donde la política ha sido el vehículo más favorable para ascender de clase social.

Lo que es seguro es que el adelgazamiento de la clase media tiene consecuencias, no sólo económicas sino también políticas: la creciente desestabilización política en nuestro país procede de este hecho. No sólo somos un gerontocomio sino también un gerontocomio arruinado.

Un caso de ascenso social inventado.

Le llamaremos Ramón, se trata de un paciente que aterrizó en mi ciudad con su esposa y un hijo de corta edad, tuvieron que adaptarse a un entorno donde no conocían a nadie y donde las escasas oportunidades sociales de Ramón estaban ligadas a su trabajo. Ramón había sido trasladado a la fuerza por su empresa y se encontraba mi su ciudad -su obligado destino- completamente aislado, sin amigos, ni familia. Sin soporte social. Ramón no era feliz,  se sentía solo y añoraba su tierra, sus amigos y su familia, pero tenia una familia propia que atender y un empleo que defender.

Fue así, que a pesar de múltiples amarguras se las arregló para soportar su deseo de volver a casa, su casa ahora estaba aquí. Hasta que un día sucedió algo raro: Ramón, sin consultar a su mujer y siguiendo un impulso otras veces rechazado, se compró un coche caro, de alta cilinidrada, un coche fuera de sus posibilidades, un Mercedes deportivo, ultimo modelo. Firmó una enorme cantidad de letras y se hipotecó para los próximos años en lo que llamaba “el capricho de mi vida”.

Naturalmente la esposa no estaba de acuerdo en tal inversión e intentó por todos los medios convencer a su marido en que desistiera. Pero todo resultó inútil , la decisión estaba tomada y Ramón estaba cada día más excitado, irascible y no toleraba que nadie le llevara la contraria. Después de varias discusiones la mujer le abandonó y Ramón terminó ingresado en una unidad psiquiátrica diagnosticado de episodio maníaco.

El coche fue devuelto y la mujer volvió con él cuando supo que sus conductas estaban en realidad determinadas por una enfermedad mental en el contexto de un trastorno bipolar. Ramón gastaba más de lo que tenia y sus prospecciones de futuro estaban claramente comprometidas por su estado de ánimo. Se sentía capaz de soportar aquella deuda pero en realidad estaba arruinado y comprometido para los próximos años.

Su sentido común había sido vencido por su deseo: su deseo de aparentar.

Naturalmente este tipo de problemas aparecen sin necesidad de evocar a la psicopatología, pero son muy frecuentes en los pacientes maniacos, que evaluan siempre por encima sus posibilidades y minimizan los riesgos. La prodigalidad es muy frecuente en este tipo de pacientes que gastan por encima de sus posibilidades.

Si traigo este caso a colación es para alumbrar algunos hechos relacionados con este tema de la jerarquización social:

1.- Casi todo el mundo quiere mejorar su nivel de vida y su estatus, de manera que es predecible que cada individuo disponga de ciertas estrategias para hacerlo: algunas veces de forma moral y esforzada, otras de forma claramente inmoral y a veces de forma psicopatológica. Los pobres aspiran a los bienes de la clase media y la clase media aspira a los bienes de los que disfrutan los ricos.

2.- Casi todo el mundo sufre cuando percibe un descenso en la jerarquía social. usualmente reaccionamos con una depresión cuando perdemos dinero, trabajo, contractualidad social, prestigio o nos vemos arrastrados en esa pendiente vertiginosa que es la pirámide social. Algunos autores como John Price sostienen la idea de que la causa de la depresión es precisamente esa. Basta la percepción de descenso, no hace falta que se caiga uno con todo el equipo. En un post que titulé “A prueba de fallos” hablé precisamente de esta teoría de Price; la teoria de la competencia social.

3.- Las personas evaluamos los costes/beneficios de los riesgos que tomamos cuando pretendemos medrar y lo hacemos con nuestro cerebro racional, la estructura más alta de nuestra conciencia. Simplemente seguimos adelante si creemos que tenemos posibilidades o renunciamos si creemos que hay demasiados riesgos.

¿Desde donde tomó Ramón la decisión de comprarse un Mercedes?

Es evidente que la tomó desde su cerebro emocional, dando prioridad de paso a su “ilusiones” y desatendiendo las razones de sentido común, el que mantenía por cierto su esposa.

Y ahora tenemos que hacer una incursión al post anterior donde hablé de las reglas que gobiernan estas relaciones entre planos de definición, esta vez dentro de lo que llamamos conciencia.

Decía allí que:

Los niveles superiores están por encima de los niveles más bajos en virtud de: 1) son contextuales del nivel subordinado, 2) Ofrecen limitación al subordinado, 3) Se comportan con mayor lentitud que el subordinado 4) Está poblado por entidades con una mayor integridad y mayor resistencia de la unión de entidades paralelas (no subordinadas) y 5), que contiene (abarca) y emerge de ellos (de niveles más bajos) .

Consideremos ahora el plano mental-racional ese donde se asienta nuestro sentido común, y desde donde tomamos decisiones reflexivas. Obviamente si Ramón hubiera atendido este nivel de su conciencia (que recuperó cuando mejoró su estado maniaco) no hubiera tomado aquella decisión de comprarse un Mercedes. Simplemente no podía pagarlo, sin arruinarse él mismo y su familia.

La ilusión de tener un Mercedes no estaba bien encajada en la imposibilidad fáctica de tener un Mercedes.

Se trata de un ejemplo muy iluminador de como funcionan estos niveles jerárquicos, en este caso relacionados con la decisión:

Los niveles superiores limitan a los niveles inferiores, estos representan el limite de lo posible.

Dicho de otra forma: la restricción (de tener un Mercedes) procede del sentido común y del nivel adquisitivo de cada cual, pero tener un Mercedes no es imposible. En este caso restricción y posibilidad se encuentran en una lógica difusa, en permanente devaneo. No hay una linea roja clara que separe la posibilidad de la imposibilidad.

Ramón tomó la decisión con las tripas (con sus emociones) y su cerebro racional no pudo imponerse restringiendo los grados de libertad de su nivel emocional.

¿Porqué estaba maniaco? ¿O se volvió maniaco precisamente para eludir este conflicto de restricciones-ilusiones?

Bibliografía.

Koestler, Arthur. 1967. El fantasma en la máquina . Macmillan, Nueva York.

Whyte, L.. L.., AG Wilson y D. Wilson (eds.). 1969. Las estructuras jerárquicas . American Elsevier, Nueva York.

.. Pattee, H. H. (ed.) 1973 La teoría de jerarquía: el desafío o sistemas complejos . Braziller, Nueva York.

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