Tenemos que hablar de Kevin (I)


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Este post contiene spoilers, es decir revela contenidos de la novela y película homónima. El lector que quiera leer o visionar la película deberá detenerse aquí.

Suele decirse que las buenas novelas casi nunca son superadas por su versión cinematográfica, pero este no es el caso de “Tenemos que hablar de Kevin” una novela escrita por Lionel Shriver y recientemente llevada al cine por Lynne Ramsay que aguanta bien el versionado cinematográfico a pesar de ciertos datos que quedan oscurecidos en la película y más claros en la novela.

La dificultad de llevar una novela al cine procede precisamente de los distintos estilos narrativos que utilizan escritores y directores, unos con el uso que dan a las palabras y otros a las imágenes. Concretamente, la novela es un relato retrospectivo en forma de cartas que la esposa dirige a su marido después de que ambos se han separado y organizando sus recuerdos sobre Kevin. Sin embargo en la película los planos del ahora y el pasado aparecen tratados en forma de intermitentes y discontinuos flashbacks que iluminan hasta cierto punto algunos puntos oscuros de la novela a la vez que oscurecen otros.

Algo que deja al espectador colgado de la incertidumbre, pues en realidad somos obligados o bien a pensar que Kevin es un malvado innato (en realidad una especie de psicópata tal y como defienden aqui) o bien que se trata de una patología psiquiátrica atípica cercana al autismo o al síndrome de Asperger, tal y como sucedió con el reciente caso de Adam Lanza en Newtone que tanto se parece a esta película.

El espectador común se ve forzado a elegir entre estas dos dos opciones cuando se trata de explicarse lo inexplicable. ¿Cómo es posible que alguien en sus cabales entre en un colegio con un rifle de repetición y comience a matar indiscriminadamente a sus profesores y compañeros, sin mostrar ningún atisbo de piedad sobre seres indefensos como niños de corta edad? ¿qué clase de locura puede generar un monstruo así?

En realidad existen algunas explicaciones para este tipo de fenómenos tan comunes en la opulenta sociedad americana, pero no los queremos ver y preferimos adherirnos a ciertas teorías sobre el mal que hemos naturalizado a través de ciertas conceptualizaciones que llamamos psicópatas y antisociales, un cajón de sastre que nos impide ver lo que realmente no queremos ver. Es más tranquilizador creer en unos supuestos genes malvados que leer e interpretar una novela familiar. La novela que nos cuenta precisamente Shriver a propósito de Eva, la madre de Kevin.

El verdadero personaje central de esta historia.

Una historia que tiene en mi opinión tres ejes: el odio, una madre-nevera y un padre infantil, que trata a Kevin de “colega”.

La idea de la madre-nevera es una idea maldita de la psicología y la psiquiatría recientes. Se le ocurrió a Leo Kanner que fue el psiquiatra que describió el “autismo infantil” y que al mismo tiempo sugirió que el autismo podría tener su origen en un trastorno del vínculo entre madre e hijo, al observar que las madres de sus pacientes presentaban en común una serie de rasgos que podríamos denominar “frialdad emocional”, de ahí lo de “nevera”.

Lo cierto es que al menos en la película, Eva, la madre de Kevin interpretada por una hierática Tilda Swinton -en un papel excepcional- presenta no pocos de los rasgos que Kanner había identificado como propios de las mamás de los autistas. Lo interesante de la idea de Kanner es que su conceptualización fue un escándalo aun en su época y fueron muchas las voces que se alzaron contra esa idea: las madres no podían generar trastornos mentales en sus hijos, precisamente porque son sus madres y están infiltradas de algo sagrado y arcangélico: un amor sin limites. Mas abajo veremos como esta apreciación es de lo más sabia y que es además el eje de torsión de todas estas ideas sobre la supuesta imposibilidad de la maternidad de causar estragos en los hijos.

Pero la idea más potente que se lanzó contra Kanner (y más tarde contra todos los que han apoyado esta idea de la madre como causa de trastornos psiquiátricos) es que la acusación de “perversidad” culpabiliza a las madres, y por tanto no se puede decir. ¿De qué serviría culpabilizar a una madre que ha tenido la desgracia de tener un hijo enfermo mentalmente o haya criado a un asesino en serie?

Como el lector podrá observar el argumento se cae por su peso y el peso del poder ginecocéntrico de la sociedad actual. Pero si es cierto que la maternidad tiene efectos secundarios en el psíquismo de los hijos, si hay eso que se ha llamado “estrago materno” sobre el que volveré mas abajo,  la ciencia tendrá que abordarlo y no seguir escondiendo esta causalidad -aun incómoda- en el armario.

Pero en realidad el diagnóstico de “autismo” está en este caso descartado. Eva lleva a Kevin al médico que no observa ninguna patología reglada en él, pero no importa demasiado el diagnóstico porque la conducta y la afectividad de Kevin ya indican desde su época de bebé que algo no anda bien en el desarrollo de su personalidad.

Para empezar Kevin es un llorón, un niño difícil, exigente, que rechaza la interacción social y que nunca devuelve un gesto de cariño. Es oposicionista, burlón, se niega a interactuar con la madre y la somete -podríamos decir- a un dominio y desafíos constantes tratando de sacarla de quicio. Lleva paquete hasta una edad bastante insólita y se niega a hablar a pesar de que lo entiende todo. Su rostro impenetrable es una mueca, una mueca de odio ¿Qué le sucede a Kevin?

Para saber qué es lo que le sucede a Kevin tenemos que preguntarnos que le sucede a Eva. Veamos.

Es una mujer de un relativo éxito, que se dedica a escribir libros de viajes (como en el Turista accidental) que tiene una empresa editorial y que viaja bastante (eso se ve mejor en la novela que en la película) y casada con un fotógrafo de cierto éxito que viven una vida sosegada y práctica. El caso es que un buen día decide (a los 40 años) quedarse embarazada, una decisión que no consulta con su marido salvo cuando la decisión ya había sido tomada.

No sabemos qué la induce a tomar esta tardía decisión pero lo cierto es que un poco más tarde vuelve a quedar embarazada, esta vez de una niña.

El caso es que -en la novela se puede ver mejor- la madre Eva no se aclara demasiado con su hijo y su interacción con él podría decirse que es una prueba constante a la que Kevin somete a su madre en un juego de poder que acaba siempre por ganar el hijo.

En la película Eva aparece más solicita, aunque siempre melancólicamente fría, de calmar los llantos del niño, de abrazarlo y sostenerlo en sus brazos (algo que el padre es capaz de hacer), como si le tuviera miedo o asco, más tarde incapaz de poner limites a las exigencias del niño o de responder a sus llamadas de amor y más aun: incapaz de imponerse aun a la fuerza. Y todo sucede en un entorno de deprivación social: no hay amigos, ni abuelos, ni familiares o vecinos. Kevin no juega nunca con niños y no tiene ni un solo amigo. Se trata de una familia que destaca por su aislamiento.

La ineptitud para la crianza de Eva no es menor que la puerilidad del padre para relacionarse con su hijo desde una posición de autoridad. El padre tiene una actitud negligente en el sentido que minimiza la escalada de agresiones que Kevin va cometiendo tentando los limites de su propio poder y parece instalado en una especie de nebulosa ignorante sobre lo que sucede en su propia casa. Si la madre es incapaz de ofrecer amor y/o de poner limites a su hijo no menos ineptamente se comporta el padre relativizando todos sus comportamientos como “cosas de niños”, en una actitud cuanto menos de complicidad indulgente con el hijo.

Lo interesante de este tipo de casos -que son por otra parte muy frecuentes en la sociedad actual- es que no vamos a encontrar abusos, malos tratos, abandonos o negligencias graves en el cuidado de los padres hacia sus hijos, todo sucede en un territorio mucho más sutil que esos trazos groseros que identificamos como malos tratos. Se trata de otra clase de malos tratos, de algo intangible que no podemos cuantificar.

fuerzaLa fuerza, arcano XI del Tarot expresa la intensidad del arquetipo de la femineidad abriendo la boca a un león. Observese que la figura es femenina y que está tocada con un sombrero en forma de infinito.

Pero existe y además existe en un mundo donde el poder de las madres es incuestionable. El poder femenino. El poder de la Gran Madre.

¿Pero, entonces de donde procede el odio de Kevin?

El odio de Kevin procede del hecho de que ha sido rechazado por su madre que es el amor por el que suspira. El amor del padre no le interesa, Kevin busca desesperadamente llamar la atencion de su madre. Busca ser amado.

¿Y que le pasa a Eva? ¿Qué le pasa en relación a Kevin? ¿Por qué le rechaza aun inconscientemente?

Será en el próximo post donde veremos cómo los niños no se relacionan solamente con sus madres reales sino tambien y necesariamente con el arquetipo materno. En este sentido trataré de explicar las razones por las que una mujer puede rechazar a sus hijos y al mismo tiempo no ser considerada moralmente perversa,indagaré sobre los vericuetos del deseo materno y sobre los estragos de las madres en sus hijos.

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14 pensamientos en “Tenemos que hablar de Kevin (I)

  1. “La fuerza, arcano XI del Tarot expresa la intensidad del arquetipo de la femineidad abriendo la boca a un león. Observese que la figura es femenina y que está tocada con un sombrero en forma de infinito” “Porque hembra es la vitalidad que nutre y gesta, y hembra es eternamente aquella que nos fuerza, aquella que nos alimenta de sentido.”

  2. Hola Paco,

    ¿Un padre le regala ese arco mortal a un adolescente con el que ha convivido, y por fuerza
    debe conocer?… ¿No ha visto los síntomas anteriores? su hostilidad, odio, etc… ¡¿Solo
    los ha pasado por alto porque es “infantil”?!

    Kevin, que termina siendo un asesino múltiple, no se hace asesino de un día para otro,
    como bien dices. Para eso hace falta mucho más que un padre meramente “infantil”,
    y una “madre nevera”. Ambos están situados bastante fuera de la realidad, sea lo que esta sea. Parece más bien algo border-line, casi psicótico…no simplemente infantil o nevera.
    Es muy interesante lo que escribes. Pero con todo respeto, no estoy de acuerdo con
    algunas de las cosa que propones.

    Sus padres tienen una capacidad notoria para negar la realidad, disociarse de
    sus sentimientos, y ¡no enterarse de nada!. Están completamente descentrados con
    respecto a sus sentimientos.
    Cuando era bebé y lloraba, la madre lo cogía lejos, y lo miraba intentando hacerle simplemente “muecas”, que se le hacen más bien a un adulto y no a un bebé recién
    nacido que llora. Eso lo sabe cualquier persona (hombre, mujer, madre, no-madre, padre
    o no-padre). Los bebés, bien sabrás que enamoran al ser humano, si este funciona
    más o menos normal y el resto es instintivo…
    La psiquiatria y la psicología con sus diagnósticos… bien… como decirlo, son aproximaciones…. intuiciones… pero como bien dice la filósofa madrileña Consuelo Martín
    se han construído de espaldas a la Sabiduría. Y agregaría yo de espaldas al Amor,
    que es el mejor diagnosticador.
    Ese amor a lo que ES, no filosófico, experiencial, lo puede experimentar cualquiera.
    En un punto, también un enfermo mental puede….Hablo del Amor. No tiene
    opuesto y no tiene causa. No tiene interés, ni recompensa, porque no surge desde la necesidad, ni de un sentimiento de estar separado, o privado de algo.
    Amor por el mero hecho de Ser. No es ese amor que ama algo o alguien porque es blanco o negro, porque me gusta o me irrita. Está por fuera de eso.
    Un iletrado lo puede experimentar. Cualquiera. En un punto, también un enfermo mental puede.
    Habría que intentar ser un catalizador de esto, desarrollar recursos para que esto ocurra.
    Y la persona encuentre ese “lugar” en el que todo está bien, (aunque no lo esté).
    Porque todo es como es , y existe una natural inclinación humana a aceptar “lo que simplemente es”. Aunque en apariencia no sea así, (que las personas lo aceptemos),
    nuestro ser más profundo, ya lo está aceptando y ya lo está “amando”.

    • Pues no se por qué dices que no estás de acuerdo con lo que digo, yo por el contrario estoy bastante de acuerdo con lo que dices tu, con una salvedad: el Amor no es un curalotodo: para empezar algunas personas no pueden digerir ni metabolizar el amor. No creo que kevin pudiera haberse ·curado· con amor pues el daño ya estaba hecho. Por otra parte (y de eso hablaré en el próximo post) los amores no son todos iguales. Hay amores éticos y amores naturales. Por ejemplo el amor de madre es un amor natural pero nada ético, puesto que el amor ético es aquel que ama lo que merece ser amado. Amar a alguien porque es nuestro (hijo), se nos parece o tiene afinidades con nuestra forma de ver el mundo es muy natural pero nada ético.
      El problema y el estrago del amor materno está precisamente ahi, el amor de madre no tiene nada de ético. Es el padre el que ha de introducir esa variable y es precisamente el padre de Kevin el que es incapaz de introducir ese corte.

      • También estoy de acuerdo.
        ¿Como se establece a tu entender, una relación terapéutica con una “persona-nevera”?.
        Quizá ya lo hayas comentado en otro post…

      • Bueno, una cosa es una persona-nevera y otra una madre-nevera. En este caso se trata de este segundo supuesto: este tipo de personas no suelen funcionar mal de adulto-adulto, solo tienen dificultades para expresar su amor con los niños y no con todos. Mañana subiré el post prolongación de este donde espero contestar algunas cuestiones.

  3. Yo pienso que la relación madre-hijo comienza ya a elaborarse cuando estamos en el vientre de nuestras madres, en esa esfera líquida a la que imagino como toda una caja de ecos y resonancias. Dicen que el cuerpo tiene memoria y que en el estadio fetal se van acumulando una serie de sensaciones o improntas que ese cuerpo embrionario va a recibir como gratificantes o desagradables sin que la consciencia intervenga para nada para conceptuarlas como buenas o malas, simplemente gustan y disgustan al cuerpo en formación.

    Algunos apuntan que esta relación materno-filial comenzaría incluso a gestarse en el instante misma de la concepción, en el sentido de que el estado psicológico y afectivo de la madre (y padre) durante ese coito que “insemina” influye o importa para configurar la carga que con-formará el nuevo ser … Y así el término “hijo deseado” adquiere cierta relevancia, o si no fue buscado, el ser bien “recibido”, es decir, bien acogido …también tiene su miga, dado que la madre y sólo la madre será la encargada de “acoger” al hijo en su vientre durante nueve meses, y eso es muuucho tiempo si lo pensamos detenidamente para que comiencen las resonancias … La madre ha de acoger la noticia de que está embarazada como una “buena nueva”, y esto no es lo que más abunda, porque aún en los casos en que ha sido buscado, en ese “deseo deseado” habría que saber qué es lo que desea con ese embarazo y ahí podríamos topar con muchas nieblas …

    En mi tierra, era costumbre hasta casi mediados del siglo XX decirle al recién nacido que se visitaba “bós ollos te vexan” (buenos ojos te vean). Con esta frase no sólo se le daba la bienvenida a ese ser a este mundo sino que también se subrayaba con ella la importancia de que “buenos ojos” lo contemplaran. La mirada de la madre a su hijo durante los dos primeros años es importantísima para que sienta “que es, que existe” y sobre todo que es bien recibido.

    En mi tierra había una frase para referirse a la gente malvada, ahora ya casi en desuso pero que todavía recuerdo y que era “malparidos” …pues es cierto que en el proceso de parir se necesita que el hijo comience a dar señales inequívocas de querer salir y la madre también ha de querer “alumbrarlo” y no sólo “expulsarlo”, ha de querer dar a luz, como se decía antes que es una buena metáfora… y aquí ya puede haber “retenciones” en el canal, por parte de uno y por parte de otro …

    Creo que es en Sudamérica donde a las neveras se les llama “congeladoras”. Respecto a las madres-nevera hay algo en ellas “congelado”, sí …y es que la madre auténticamente “mamífera”, la que acoge, nutre y sostiene (“la buena madre”) no viene de fábrica por el mero hecho de ser mujer, quiá!!. El nacer mujer no nos convierte en “Mujer”, esto es un proceso de construcción, de incorporación de arquetipos, concretamente de ciertos arquetipos … La mujer no nace, se hace.

    La madre ha de incorporar al arquetipo de Eva, el arquetipo maternal, dador y que implica cierta servidumbre y sacrificio. La modernidad ha reducido las evas propiciando más las lilith, como mujer independiente y sexualmente soberana, pues esta figura resulta más atractiva y potente para la realización profesional pero como todo arquetipo tiene su reverso y como tal despliega muchas sombras en la labor de maternaje a poco que observemos a nuestro alrededor … Lilith ya sabemos que no es una madre ni esposa especialmente cariñosa, es casi una guerrera, activa o pasivo-agresiva que no está para recoger las necesidades filiales ni para darles un cauce bien-hechor…

    No sé de dónde viene esta mistificación o santificación del estado de madre, no sé de dónde arranca el situar esta categoría de intocabilidad de más allá del bien y del mal porque la madre antes que nada … es persona, y como tal, como humana y no como diosa ni santa, está sujeta al error, no es infalible ni “naturalmente buena”, no es el maternaje un paquete de acciones que te carguen en el disco duro y hala, ya está …!!!

    Yo pienso que las madres nevera, las madre-lilith sí pueden causar estragos en sus hijos en el sentido de conductas y actitudes antisociales, pues si el “colo” que ha de sostenerle está frío o permanentemente ocupado, si la madre no lo configura con su mirada, el infante percibirá el mundo como un lugar frío, hostil e inerte … y seguramente en su adultez afirmará frases como “poblada soledad es el mundo” y similares …

    Por la contra, pienso que el malvado nace, no se hace. El des-almado puede nacer en cualquier hogar, deprivado material y afectivamente o no … Y este “azar” causa mucho desasosiego, a los propios padres, a la sociedad … porque no se encuentran razones a lo irracional … Y es que lo irracional, lo impredecible, opera justamente así: irracionalmente …

    Como bien apunta y si lo he entendido bien, en nuestro mundo actual, parece que “el problema del mal” ha intentado relegarse al ámbito de categoría psiquíatrica, como un trastorno más o menos tratable o como incurable pero trastorno al fin y al cabo.

    No sé por qué cuesta tanto admitir a esta sociedad que aunque paradojicamente y mayormente resulta atea … muestra un peligroso, mojigato, beato y papanato “buenrrollismo” hacia los malvados como si fueran locos o pobres enfermos a los que ayudar conmiserablemente… y esta actitud de relajación ante el tigre sólo hace que aquel afile más sus colmillos y que salive gozosamente cuando intuye a su presa perdida en los vericuetos de la buena moral y ayuda al prójimo …

    El mal existe, el mal es, el mal se da … y negarlo es como andar en bragas por el mundo …

    El psicópata nace, no se hace, no es permeable y todo el amor del mundo no lo cambiará … Nace con un determinismo titánico, a prueba de bombas de afecto y consideración. Va a su rollo, y lo que es más importante, sabe muy bien quién es y cómo es, se conoce mucho y profundamente, a diferencia de muchos otros que creen conocerse…

    Me gustaba más cuando a los psicópata se les denominaba des-almados, los sin alma. El desalmado no está sujeto a persuasión, sólo sigue sus propias directrices, a las que nunca será infiel y a las que nunca traicionará, trae muy clarito su mapa de ruta y no se desviará ni un milimetro. Su orientación, es una, clara y plena: orientación a sí-mismo, y no hay más, no hay dobleces. No hay un “por mí y mis compañeros”, él es el lobo del juego y los demás somos sus presas, sus víctimas, su naturaleza es depredadora, es un cazador y para él somos caperucitas por el bosque, cuánta más ingenuo sea el cervatillo más se agudizan sus colmillos … Y si es un depredador sofisticado, que ha sublimado lo abyecto, goza todavía más con el desconcierto, la incredulidad y la herida que infringe a los cervatillos desprevenidos .. Al lobo le gusta disfrazarse de “abuelita” 🙂

    En fin, que para estar bajo la buena luz del arquetipo materno, de Eva, antes hay que haber transitado bajo la buena luz del arquetipo de la hetaira, que no era una prostituta, sino alguien que hacía un buen uso de sus luces y cuerpo femenino, una mujer que no teme, ni asquea ni evita la penetración, es más, la desea sin sentirse invadida ni profanada por ella… La mujer que tiene problemas con coger y acoger el falo masculino en su caverna vaginal puede presentar problemas para acoger primero en su vientre y después en su colo …”el fruto” de la unión … Y el hombre que teme caer en el abismo vaginal y que controla “su caída” pensando que quedará adherido o perdido en ella (castrado), supeditando su entrega “a plazos” …pues otro tanto de lo mismo … estaríamos ante un hombre de virilidad débil con hondo temor a sumergirse de lleno en el misterio femenino, y de ahí a un paternaje infantil sólo hay un trecho …

    Amores líquidos, sexo líquido, calderilla … 🙂

    “Sólo el fuerte no teme parecer vulnerable”

  4. En mi opinión creo que La madre lo concibe como “maligno” en su mente y por ende lo trata como tal . Si a una criatura lo tratás como si fuera malvado, lo aislás de todo el mundo para que no lastime a nadie y encima en el único momento de la crianza en que interactuás o sentís algo por el chico es cuando le rompés el brazo, no me parece poco lógico que la única forma de relacionarse del chico sea la violencia.
    Además la madre solamente le muestra afecto una vez que él se convirtió en el monstruo que ella veía desde que era un bebé ( lo abraza únicamente cuando cumple 18 años y está por ser llevado a una cárcel de adultos).
    Es como si lo abrazara porque le demostró que todo ese tiempo ella había tenido razón.

  5. Si, creo que los padres podían haberlo gestionado mejor, pero yo ahí lo que veo en Kevin es un psicópata. Quién haya conocido a uno de ellos, sabrá de lo que hablo. No todos son violentos ni llegan a matar. Los expertos aún no saben cual es la causa de este “transtorno de la personalidad antisocial”, pero esta claro que diferentes factores intervienen. Yo interpreté lo que le pasaba a Eva como una depresión post-parto, parece que es algo que no le pasa a pocas mujeres y no creo que sea la causa directa de la actitud del hijo. Aunque repito, no lo han sabido gestionar y el padre es totalmente irresponsable al regalarle un arma mortal.

      • Hola Dr Traver. No acostumbro formular mis deseos objetalmente, es decir en voz imperativa. Sin embargo, te considero mi semejante y por eso haré aquí una excepción: No le respondas a ese tipo más cosas, Paco. Por su lenguaje interpreto (a saber mío con gran margen de certeza) que no tiene vuelo intuitivo. Perderás tu tiempo y harás hígado en vano.
        Por otra parte, ese tipo, en su limitada humanidad (ya está bien!! no lo joderé más!! 😉) ha resucitado este post, cosa que me parece meritoria de aprovechar. Un psicópata (un perverso) ¿Nace o se hace? Con esta pregunta ingenua (a estas alturas, siendo lector habitual de tu blog..oh, por Dios, de hecho que es una pregunta ingenua) me propongo explicar a modo de una crónica cómo resulta que tengamos a un esquizofrénico alrededor: «La esquizofrenia, hasta donde puede ver gracias a mi inteligencia y a lo que todas las figuras significativas de mi vida me han compartido; consiste en que un bebé nacido con una sensibilidad particular para hilvanar significados (talento mentalizante) sea críado por una madre neurótica obsesiva (Una mujer con mucha necesidad de ser amada por un padre que ha transmutado esta obsesión en un goce desenfrenado por tener un falo, ser el único Sol que alumbre esa pequeña promesa de humanidad.
        Años más tarde ese bebé, una vez niño, sufrirá aislamiento por su lenguaje y su modo de jugar (inentendible para otros niños, debido a que los otros tienen muy limitada su capacidad de imaginación y de hilvanar significados, y a que él/ella habla otro lenguaje: para él/ella la voz de su madre “aún” es sinónimo de Ley); aislamiento que probablemente la madre no busque solucionar, ya que ella, neurótica, se siente en parte agradecida por poder tener a su falo, a su retoño, más tiempo con ella. Por su parte el niño no intentará jugar con los otros cuando lo rechazen, tendrá a su imaginación para divertirse.
        Una vez adolescente, y privado de aprendizajes que los demás ya desarrollaron, chocará con una realidad muy distinta a la que su madre le describió. Una realidad donde La ley no es La madre, un mundo que se rige por hipocresías, mentiras, y desacato encubierto a la autoridad; un mundo de apariencias donde nada es cómo se lo pintó su madre. Entonces, empezará a odiar a esa Madre-Ley y maldecirá a los histéricos que tratan de ser serviles y caer bien, y a los torquemadas por ser tan imbécilmente ingenuos de tomarse en serio reglas que para él sólo son imaginaciones producto de su debilidad. Empezará a odiar La Ley. La forclusión se ha manifestado.

      • Con los psicopatas pasa algo parecido. Es la otra cara del narcisismo que se juega en este eje: acercamiento-rechazo. Asi como el esquizofrenico en este primer bucle adopta una posición dócil frente al objero (de acercamiento) en el segundo circuito, (eje dominio-sumisión) el futuro esquizo optará por la sumisión. El psicopata todo lo contrario, elige rechazo y elige dominio. Cuando llega a la impronta del cuarto circuito el socio sexual, es donde se encuentran con los mismos problemas, ¿como establecer contactos sociales o sexuales con ese bagaje de extremos en que se forjaron sus anteriores desarrollos?
        Respecto a la pregunta de si se hace o se nace, estoy persuadido de que solo se hace aquello para lo que s enace. Tal y como dices hay personas que están más cerca de la “mentalización” y otras más cerca de la “sistematización”, uno no elige sino aquello que está en su paleta de “elegibles”, hay una cierta preparación genetica para ser lo que somos, pues un sistematizador no puede elegir la mentalización, pues es algo que escapa a su registro de elegibles.

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