Esencia y personalidad (y II)


imitación

Si usted tiene hijos ya sabe a estas horas en qué consiste la esencia. Y si no los tiene es seguro que ha podido hacer esta misma observación en sus mascotas. No hay dos individuos iguales.

Los niños traen en origen un temperamento especial, no son una tabla rasa, cuando venimos al mundo ya damos muestras de por donde anda nuestra esencia, asi hay niños plácidosy dormilones, otros demandantes y llorones, los hay agresivos y los hay que tienen miedo a hacer daño. Hay niños que no paran quietos y niños que prefieren jugar solos e “ir a su bola”. Hay niños que prefieren los juegos violentos, que exploran su entorno, que corren riesgos y que son temerarios y los hay miedosos, cobardes o pusilánimes.

 

Dicho de otra manera, cada uno de nosotros cuando viene al mundo trae consigo una constitución, podriamos decir una carga genética determinada, un recuerdo de nuestra vida fetal y una configuración epigenética determinada. Se trata de nuestra esencia, aquello que en verdad nos pertenece, lo que es nuestro. La gema de la que habla Hofsdadter, el bucle vacío.

Lo que es lo mismo que decir que eso que llamamos personalidad en realidad es algo ajeno a nosotros mismos. La personalidad es una construcción que vamos haciendo a lo largo de nuestra vida y que a veces opera en sinergía con nuestra esencia y a veces sucede todo lo contrario y se construye por antagonismo.

Un ejercicio psicológico fundamental y que todos debemos llevar a cabo con nostros mismos es precisamente lograr esta discriminación: ¿Qué es esencia y que es personalidad en nosotros mismos? ¿Sabemos diferenciar nuestra verdadera esencia de lo que son añadidos posteriores?¿Sabe usted discriminar en una persona cualquiera esta diferencia?

La esencia y la personalidad ocupan lugar, tienen -por asi decir- contenidos y un espacio propio. Lo interesante es que en las personas -al menos en las personas comunes de nuestro entorno- la personalidad ocupa más espacio que la esencia.

La esencia detiene su crecimiento muy pronto y su espacio es ocupado rápidamente por la personalidad. Sólo en los niños o en las personas muy incultas, simples o toscas podemos observar directamente la esencia, en el resto de nosotros -psicológicamente muy trabajados y deformados- la esencia es ocupada precozmente por eso que llamamos rasgos de personalidad.

El rasgo de personalidad es en realidad un constructo destinado a favorecer o a oponerse a los rasgos de la esencia en función de consideraciones de positivación o negativización del rasgo esencial. Obviamente existe una desabilidad social sobre determinados rasgos, una deseabilidad que viene definida por la cultura. En nuestros entornos por ejemplo se privilegian rasgos relacionados con la autonomía,el individualismo, el poder, la soberanía sobre el propio cuerpo, el éxito académico o económico, la delgadez, etc.

Estos rasgos privilegiados por la cultura pueden entrar o no en conflicto con nuestra esencia. Esta es la razón por la que percibimos que los rasgos de personalidad son una posibilidad de ser, una especie de creodo o camino preformado por los que discurre nuestra identidad y esta es la razón por la que las personas confunden el Ser con su personalidad y también explica la intensa adherencia que evoca ese rasgo que se defiende “como si” fuera en realidad el Ser.

En realidad un rasgo de personalidad es algo ajeno al Ser y se forma por imitación.

Pero no se imita cualquier cosa, se imita sobre todo aquello que ofrece menor resistencia al desplazamiento de la energía de una determinada emoción. Es por eso que las emociones (en realidad la motivación sigue creodos preformados, hasta que alcanzan el reposo (vertirse al exterior) y es por eso que la mejor explicación que tenemos a mano para ilustrar esta tendencia de los seres humanos a adherirse a lo conocido es la idea de hábito. En realidad un rasgo de personalidad se forma por hábito y su mecanismo de formación es la habituación y la sensibilización.

La sensibilización como mecanismo de aprendizaje, (la segunda memoria).-

La habituación es la forma como nos insensibilizamos progresivamente ante lo predecible, disminuimos nuestra dedicación -por asi decir- al estímulo que finalmente nos aburre y deja de provocar respuestas. Así nos sucede tanto con lo placentero como con lo irrelevante o lo aburrido, pero evolutivamente hablando tiene su explicación: la habituación nos permite excluir de nuestra conciencia los aspectos desagradables o displacenteros de nuestro entorno, por ejemplo nos podemos habituar a trabajar en ambientes ruidosos, simplemente nos habituamos al ruido y lo percibimos menos intenso de lo que es. Seguramente la habituación es un mecanismo que surgió para propiciar adaptaciones a ambientes tóxicos, es por eso que nos hacemos resistentes al alcohol o adictos a una droga (aunque aqui hay otros mecanismos implicados), simplemente necesitamos cada vez más dosis para conseguir el mismo efecto.

La sensibilización sin embargo parece algo paradójico: ante lo nuevo o lo amenazante aumentamos nuestra respuesta refleja: el caracol de Kandel utiliza el sifón con más frecuencia incluso cuando el estímulo ha cesado o ha disminuido su intensidad. Dicho de otra manera: un estímulo que cuando apareció era nuevo o amenazante propicia una reacción a largo plazo en el sentido de que aumenta la respuesta cualitativamente relacionada con aquella señal. Bien pensado tambien tiene su lógica evolutiva: imagínese usted viviendo su primer año de vida en un ambiente deprivado, sin estímulos o empobrecido en su variedad de cuidadores, parece lógico que en un ambiente asi nuestro sistema nervioso haga algo por sí mismo a fin de neutralizar aquella deprivación ambiental. Lo que hace es sensibilizarse, es decir autoprovocarse una especie de estimulación artificial a fin de llenar el ambiente de predictibilidad, seguridad y sincronías.

Dicho de otra manera, un rasgo de personalidad es un hábito que se adquiere por imitación conductual y quizá por sensibilización o habituación -neuronalmente hablando- y una vez establecido funciona como un imán. Es decir un campo magnético que atrae hacia si las conductas, cogniciones y predicciones que le son compatibles.

Y es por eso que lo caracterial sólo atiende a sí mismo, un poco lo mismo que sucede con la memoria.

cocodrilos

Un buen ejercicio de salud mental es volver constantemente sobre la propia esencia, indagar qué de nosotros y de nuestra dientidad es un plagio (un bucle extraño) y qué pertenece a nuestra propia esencia y más allá de eso intentar coordinar ambos aspectos, como si de un matrimonio bien avenido se tratara. Hacer que nuestra esencia y nuestra personalidad se lleven bien, se conjugen y se coordinen en cooperación constante, que se complementen por asi decir. Más allá de eso hay que vigilar los tamaños -la ocupación de espacio-, ese conflicto eterno de figura-fondo, donde lo esencial es siempre desplazado al fondo del cuadro y lo contingente y accidental ocupa el centro del mismo.

Y no olvidar nunca que un rasgo de tu esencia puede ser el mejor aliado para tener éxito. Tus defectos pueden ser tus virtudes.

El sabio es aquel que es capaz de poner las circunstancias a su favor.

17 pensamientos en “Esencia y personalidad (y II)

  1. Dices: Un buen ejercicio de salud mental es volver constantemente sobre la propia esencia, indagar qué de nosotros y de nuestra dientidad es un plagio (un bucle extraño) y qué pertenece a nuestra propia esencia

    ¿Y cómo haríamos eso? ¿qué sugieres? ¿cómo saber qué es adquirido y qué innato e nuestro dia a dia?

    Por cierto que la frase “La esencia detiene su crecimiento muy pronto” me parece contradictoria con el resto del artículo… Si es genética ¿dónde está ese crecimiento? ¿qué lo provoca si no es un factor externo?

    No sé si conoces algo de Zen, en el Zen primigenio se enfatizaba en gran medida la espontaneidad, llegando los maestros a parecer personas toscas. Esta frase tuya me ha hecho pensar en ello:

    “Sólo en los niños o en las personas muy incultas o toscas podemos observar directamente la esencia, en el resto de nosotros -psicologicamente muy trabajados y conflictualizados- la esencia es ocupada precozmente por eso que llamamos rasgos de personalidad.”

    Un abrazo

    • Pues yo no veo la contradicción: la esencia detiene su expansión precisamente porque la personalidad, más bien los rasgos que tratan de compensar los posibles defectos autopercibidos toman el mando en la maduración. Por ejemplo un niño miedoso puede conformar una personalidad temeraria (el miedo deja de crecer y es sobrecompensado por la personalidad) para tratar de ocultar su propia esencia que es de hecho muy rechazada por su entorno.
      Naturalmente la unica manera de discriminar qué es qué es a través del autoexamen guiado, no conozco otra manera.

      • Pues significa que no puede hacerse solo ni a solas, es necesario -como diriamos hoy- un terapeuta aunque a mi me gusta mas la palabra “maestro” porque carece de consideraciones sanitarias y muchas más de pedagógicas al proceso

  2. El controvertido Julius Évola nos deja otra terminología, otro traje, bastante interesante para referir Personalidad y Esencia: Máscara y Rostro …

    “Todo ser humano se compone de dos partes. La una externa, racional, social, práctica; la otra profunda, esencial. La una podría definirse como su máscara, la otra como su rostro. La primera se trata de algo en gran medida construido y adquirido. La misma se define con dotes ‘neutras’ y generales. La segunda es la naturaleza propia de cada uno, su verdadera personalidad.

    En los individuos, una u otra parte de su ser puede ser en mayor o menor medida desarrollada. Pero ello no se encuentra sin relación con el tipo de civilización en la cual ellos viven.
    Existen en efecto civilizaciones que dan preeminencia a todo lo que es práctico, exterior, cerebral, adquirible, no cualitativo. En tal civilización es fatal que por una hipertrofia del aspecto ‘máscara’ (de la individualidad externa) en detrimento del ‘rostro’ (la personalidad verdadera) siempre menos en la misma sean requeridas las cualidades condicionadas por el propio ser más profundo, de aquello que hace en modo tal que un determinado ser sea propio de aquel ser y no de otro; en suma, justamente lo que es relativo a la ‘personalidad”.

    • Ese concepto de mascara/persona está tambien en Jung y efectivamente los entornos culturales modifican y generan a través de sus privilegios determinados rasgos que se ofrecen como mercancias a consumir a amplios grupos de población. Piensa solo en la delgadez, ¿que hacen aquellos que son gorditos por naturaleza, tienen hambre o no se acoplan al estereotipo que promulgan los medios de comunicación?

  3. Llegar a ser lo que se es. Ni más ni menos. Pero ¡cuánto teatro, cuánta “personalidad” -cuánta hipocresía- se interpone a ‘serse’, a llegar a ser lo que se es! Pues serse, en muy alta medida, conlleva vivir en soledad. ¿Quién podría ‘serse’ en sociedad, o sea, en compañía? Hablo de quienes no somos ricos… Incluso de quienes ni lo son ni lo desean.

  4. A veces se me ocurre que para poder entender el alcance que encierra la máxima tan conocida como “Hombre, conócete a ti mismo”, pienso que anteriormente la persona ha de haber conocido necesariamente un quiebre en su identidad, una quiebra tal que le lleve a formular la pregunta “¿Quién soy yo? … Todo un punto de inflexión que sobreviene cuando las certezas o ciertas certezas acerca de uno mismo explotan o implosionan y comienzas a confrontar. Es una pregunta clave, como una “pregunta-llave” que abre y que posibilita emprender la travesía del autoconocimiento,

    Cuando topo con este tema, la diferencia entre esencia y personalidad, sea con la terminología que sea, siempre me viene a la memoria una película intrascendente titulada “La máscara”, que en su momento me ofreció alguna secuencia que me hizo pensar. En la película vemos como el personaje utiliza una máscara que parece tener “vida propia” y que “engulle” al que la porta, en el sentido de que supone un giro o un cambio radical de personalidad. También se ve que a medida que más uso hace de ella más se va incrementando el tiempo con que permanece con ella puesta, y que cada vez conlleva más esfuerzos quitarla como si un super- pegamento la “encostrara” al rostro.

    ¿Qué pasa aquí? …La máscara engulle a la persona y el “personaje” acaba imponiéndose y llevando la voz cantante, literal y figuradamente.

    Pienso que para llegar a la “desnudez mental” hay que ser minero de uno mismo, y esto implica no sólo bajar a nuestro sótano sino también subir al desván, atravesar la jungla de lo espeso y caminar en la oscuridad.

    Quizás esa travesía sea algo así como emprender un camino de vuelta y de desandar y deshacer ciertos pasos, de pelar todas las pieles de la cebolla, las envolturas, las imposturas, las corazas … y alcanzar con ello el corazón mismo de la manzana, arribar así al “punto cero”, aquel punto donde no se sentía distinción entre uno mismo y el mundo, cuando todavía no se había construído la línea entre el testigo y lo observado. ¿Será algo así? …

    Sospecho, intuyo, pienso que algo así lo hemos vivido-sentido todos-todos en nuestra infancia y que lo hemos perdido, que se pierde, que es inevitable. Por veces, se me ocurre pensar que quizá se deba al influjo de una fuerza que busca la expansión, y que bajo un cierto principio de individuación, al llegar a su límite, tuviera que retornar, y que para ello es como si tuviera que desprenderse de lo todo lo experimentado en ese recorrido, de todo lo adquirido, de todo lo aprendido y que en esa vuelta de retorno, en ese giro, fuera inevitable despojarse de lo acumulado, quizá por superfluo o quizá por artificial.

    Quizá el “volverse como niños” no signifique “infantilizarse”, quizás la pureza, la mirada inocente que se asocia al niño, consista en deshacer los velos que hemos interpuesto y volver ser uno con el mundo, que lo observado y el observador sean uno y lo mismo …

    No sé si es el refranero el que dice que “la mentira mucha ropa lleva, y la verdad desnuda va”.

    • Como dice Sannio, llegar a ser lo que se es. es decir volver a la esencia, y desprenderse de todos los añadidos de la personalidad, al menos aquellos que entran en colisión con la esencia. Hay en nuestro tiempo una hipertrofia de la identidad a base de eso que Foucault llamaba “la diseminación y legitimación de todos los goces”. Si todo está ahí para ser gozado y yo no puedo acceder a ellos es porque tengo algún fallo lo que nos lleva de facto a más hipertrofia. El termino “Conócete a ti mismo” es efectivamente muy ambigüo, incluso diría que hoy la gente se “conoce más y mejor” a si mismo que nuestros abuelos, lo cual no conlleva una vida más feliz. Todo parece indicar que ese bucear constante en la propia subjetividad tiene algo de maligno.

      • Pero sucede, en la mayor parte de los casos, que cuando colisiona la ‘personalidad’ con la ‘esencia’ triunfa la primera. ¿Es posible ‘serse’ -dicen- sin estar loco o ser ‘siempre’ un niño? Pues vivir la esencia, en muy alta medida, es vivir en la propia verdad (= subjetividad), no en la hipocresía o en la mentira. ¿Y hasta qué punto puede vivirse en sociedad sin la mentira? Por eso dice Terencio que la verdad engendra odio (Veritas odium parit [‘Andria’, 68]), pues se opone a la máscara del disimulo, de la hipocresía, de la mentira. Se oyen frases corrientes como “tiene una fuerte personalidad” o “es de una personalidad arrolladora”, donde “personalidad” significa ‘carácter’ o ‘esencia’. En lo profundo, o sea, en lo etimológico, ‘personalidad’ proviene de ‘persona’, que era la máscara de actor, en el teatro latino, que por la parte de delante imitaba un rostro humano (Ex persona ardent oculi histrionis – “en su máscara brillan los ojos del histrión” [Cicerón]). ‘Persona’, además, es el papel que desempeña un actor en una obra teatral, y, por extensión, el papel que representa cada uno en la sociedad (Quam magnum est, personam in republica tueri principis! – “¡Cuán difícil papel en un estado el de jefe!” [Cicerón, ‘Filípicas’, VIII]). Finalmente, ‘persona’ significa ‘actor’, ‘personaje’ (dramatis personae – “los actores [personajes] del drama”). A ‘persona’ corresponde en griego la palabra ὑποκριτής, que significa, precisamente, ‘actor’, ‘intérprete’, ‘el que finje’; incluso, ‘declamador’.
        Sin embargo, la verdad no es sino su búsqueda, o un tenue reflejo; pues el conocimiento, asentado en la memoria, varía de cuando se lo saca de su arca a cuando se lo regresa. Sí que tiene todo ese buceo en la subjetividad su “algo de maligno”. El ‘sapere aude!’ kantiano frente al ‘Vivere aude!’ de Nietzsche en definitiva… El árbol de la Ciencia frente al árbol de la Vida. “Tú habrás leído que en el centro del Paraíso había dos árboles: el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal. El árbol de la vida era inmenso, frondoso y, según algunos santos padres, daba la inmortalidad. El árbol de la ciencia no se dice cómo era; probablemente sería mezquino y triste” (Pío Baroja, ‘El árbol de la ciencia’, IV, 3). La ‘esencia’ (el ‘serse’) está relacionada con el conocimiento, al menos con el conocimiento de uno mismo; la ‘personalidad’, con el papel que el individuo-persona juega (=desempeña) en la sociedad. ‘Ser’ frente a ‘estar’. La etimología, como el algodón del mayordomo, no engaña.

  5. Un autoexamen guíado, o la búsqueda de un terapeuta o un maestro, requiere de una persona que en verdad sepa hacer su trabajo en un amplio sentido de la palabra. Lo que digo resulta demasiado obvio y hasta tonto, pero quizás sea una de las cosas más difíciles de hallar.

    Agradezco el post y los comentarios posteriores, todos me parecen sabios.

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