Hacia una taxonomía de las emociones (XI)


pieta

Contaba en el anterior post de esta serie, el duelo de Lucy frente a la perdida de Gorj, decía alli, donde me ocupé de los aspectos intrapsíquicos del vínculo y de su pérdida que:

“El dolor y la pena son una defensa del vínculo”

Sin embargo hay otras consideraciones que hacer con respecto al duelo, más allá de los aspectos individuales, lo primero es una definición: duelo es el proceso de desprendimiento de un vínculo afectivo significativo que se perdió definitivamente (bien por muerte o separación) y que se caracteriza por dolor mental, pena, insomnio, anhedonia, fatigabilidad, pensamientos constantes sobre lo perdido, pérdida de apetito y anergia. Dicho de otra manera el duelo es indistinguible de esa conducta de enfermedad que usualmente llamamos depresión.

melancolia

Lo que diferencia un duelo de una depresión verdadera no son pues los síntomas sino su propósito: el duelo tiene un carácter adaptativo, es decir sirve para desprenderse de los mapas cognitivos que guíaron nuestra vida en relación con el objeto perdido y a fin de resetear nuestra memoria para hacer hueco para que la vida siga desplegándose.

Luto y duelo.-

Es usual en nuestros entornos que hayamos renunciado a los lutos, entendiendo como luto al carácter social y demostrativo de los duelos. Acudir al cementerio a visitar a nuestros difuntos, vestir de negro, renunciar a las diversiones e incluso a oir música, asi como ciertos rituales relacionados con la comida (que aun se practican en ciertas culturas) nos parece a los occidentales una supercheria, una especie de superstición de los pueblos primitivos que nosotros ya hemos superado.

Efectivamente, nuestra sociedad no preserva ya los timings del luto tradicional, más allá del funeral, proceder a la cremación o la instalación de una lápida mortuoria nadie “invierte” ya recursos en “abrir” canales de comunicación con sus muertos, lo impersonal del tanatorio en un entorno aséptico ha sustituido la proximidad del velatorio encima de la mesa (como se practica en Rumania) recordando algun ritual canibalístico, o el enterramiento del cadáver en la misma cabaña donde los vivos comen y duermen; muertos y vivos conviven durante un cierto tiempo, algo que parece formar parte de los rituales de todos los pueblos. Entre nosotros, el que muere, muere el día en que se le entierra y ahi termina todo, con independencia de que se le siga recordando puntualmente y de por vida en el caso de que la relación tuviera aspectos positivos. ¿Pero qué sucede si la relación contuvo aspectos negativos o incluso tóxicos,? ¿Cómo manejamos la ambivalencia?

Una cuestión interesante es que los duelos se complican en ausencia de rituales sociales, hablamos entonces de duelo complicado, aquel que en términos clínicos dura más de seis meses que es el tiempo arbitrario que aceptamos como suficiente para resolver un duelo normal en nuestro entorno. Dicho de otra manera: el luto favorece el duelo y protege del duelo patológico, al sacarlo fuera de la mente y colocarlo en una dimensión social que favorece la restitución total.

Asi sucede por ejemplo en ciertas culturas del Este. En nuestro país donde tenemos inmigrantes (sobre todo de Rumania) de esta procedencia hemos llegado a considerar el papel de estos lutos prolongados en la psicopatología de estas personas.

Nuestra experiencia con los ciudadanos de estas culturas es que su inmigración a nuestro pais no sólo tiene consecuencias derivadas de la nostalgia (como creiamos hace algún tiempo) o de la aculturación o del trato desfavorable o discriminatorio, tampoco es un sindrome de estrés como el que se describe en el supuesto sindrome de Ulises. Tiene que ver con sus procesos de duelo interrumpidos por la emigración y es algo que todo psiquiatra o psicólogo debe considerar cuando tenga que asistir a una persona de esta procedencia sobre todo si aparecen sueños repetidos con el difunto, sentimientos de culpa o vergüenza o intentos más o menos elaborados de autolisis. El parasuicidio en un inmigrante es siempre sospechoso de un duelo interrumpido.

Los factores transculturales deben ser tenidos en cuenta y han de ser pensados en clave antropológica si queremos entender algunos procesos derivados de la deprivación del luto socialmente impuesto de aquellos que pasan de una sociedad del este, rural y creyente a una sociedad abierta, laica y occidental.

¿Qué queremos decir cuando decimos que el duelo es una adaptación?

Las emociones que se ponen en juego en un duelo son múltiples: es usual que se reaccione con pena, indefensión y rabia. ¿Pero qué sucede cuando las emociones no pueden tramitarse de forma normal?¿Cómo se tramita la culpa? ¿Hice todo lo que pude? ¿Tengo alguna deuda con el difunto?

Naturalmente todos podemos caer dentro de este epígrafe, todos en este sentido cuando perdemos a alguien significativo podemos sentirnos “culpables” por algo que hicimos o no hicimos, avergonzados o responsables de no haber prestado la atención suficiente a los signos que presagiaban la muerte o la desaparición de alguien. De modo que las sociedades han elaborado fórmulas de distinta naturaleza para administrar los recuerdos y las emociones que no mueren con la muerte de un ser significativo. El luto se inventó para proteger a los vivos de la toxicidad de ciertos recuerdos.

¿Pero por qué consideramos al duelo como una adaptación? ¿Por que este proceso interno se seleccionó positivamente por la evolución?

¿Por qué perder tiempo en los cementerios, gastos en invitaciones o celebraciones o suntuosos funerales? ¿Qué se puede ganar en esta inversión?

“Tiempo, energía, esfuerzo, recursos” se están desperdiciando en los muertos. ¿Para qué?

Se trata de un “costo de oportunidad” que debe ser pagado por aquellos que lloran.

Precisamente por su caracter prosocial, externalizar emociones de pena después de la perdida de un objeto significativo es una buena señal de honestidad, se trata de “alguien de fiar” al tiempo que garantiza a todo el grupo la posibilidad de congraciarse con el difunto y “hacer las paces con él”. De este modo el duelo no es sólo el duelo de sus familiares sino el duelo de todos y que favorece la cohesión social.

En este sentido el duelo es un certificado social de honestidad (Winegard , Baumeister et al, 2013) y fue seleccionado porque dio ventajas a los que eran capaces de llevarlo a cabo al tiempo que señalaba y estigmatizaba a los antisociales que no cumplían sus deberes con los suyos.

Bibliografía.-

Winegard, B. M., Reynolds, T., Baumesiter, R. F., Winegard, B., & Maner, J. K. (in press). Grief Functions as an Honest Indicator of Commitment. Personality and Social Psychology Review.

S. Freud (1917): Duelo y melancolia (en pdf)

2 pensamientos en “Hacia una taxonomía de las emociones (XI)

  1. Muy interesante y lúcido tu comentario, que de algún modo recupera ese luto que mi generación eliminó radicalmente y que marcaba de negro pueblos y viudas y parecía atar al muerto a las mujeres, con esa negra cadena del ostracismo social. Sin embargo su eliminación, así sin más ha dejado más hueco que aportación a un pretendido progreso, que pierde por el camino las emociones, especialmente la tristeza. Esta se encuentra en el centro de todo el artículo y su planteamiento positivo, su reivindicación tal como haces, se hace especialmente urgente y necesaria hoy. Y yo me planteo también un hecho del que no hablas: la generalización de la cremación, que ahora si en muchos casos cierra todo vínculo a los vivos con los difuntos pues hasta se pierden el contacto con pocas cenizas y lo que no estaba cerrado se queda sin cerrar y los vivos parecen vivir como si no tuviesen raíces, ni tampoco continuadores… es un cambio muy fuerte en las culturas, con una impronta racionalista, que parece anacrónica en este nuevo resurgir social de la emoción.

    • Pues mira, sobre la cremación, yo creo que es -desde el punto de vista racional- un punto y final. Conozco casos de personas que se “enganchan” también a las cenizas de sus difuntos de tal manera que al no saber qué hacer (por falta de un ritual adecuado) no terminan de desprenderse de ellas y presiden el “comedor familiar” en una especie de culto neopagano. Naturalmente eso tampoco les resuelve el duelo, puesto que en mi opinión en la sociedad actual es indistingible la cremación de un rito impersonal y sin sentido. Toda la retórica de los cementerios es para el hombre de hoy algo vacío de sentido, de manera que está por inventarse un ritual que dote de sentido a las despedidas y que encaje mejor con la vida moderna.

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