Heroísmo y maldad


“Principes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra”

(De las normas de la casa de la sidra)

efecto_lucifer

Todos somos héroes en espera de una oportunidad para demostrarlo.

Esa es la pedagogía que aplica el Dr Wilbur en el orfanato que dirige en la novela de Irving que más tarde se convirtió en pelicula: “Las normas de la casa de la sidra” protagonizada por Michael Caine. Una pedagogía que pretenden inculcar dignidad y resiliencia a los huérfanos que habitan en aquellos antros de antaño y que sirve al mismo tiempo como “salón de abortos” en función de la actividad del médico, muy orientada hacia la ayuda de personas en situaciones de adversidad o desgracia.

Uno de esos héroes cotidianos.

El tema de la heroicidad cotidiana es precisamente el que aborda Phillip Zimbardo en el video que cuelgo más abajo. Zimbardo es un psicólogo social que escribió uno de los ensayos más importantes sobre la naturaleza del mal “El efecto Lucifer”. Zimbardo sabe de lo que habla pues sus datos proceden de un experimento bien controlado (y tan controvertidos que tuvo que interrumpirlo) y que se conocen bien, tanto el de la prisión de Stanford como el que podriamos considerar su antecedente más conocido: el experimento de Millgram.

La conclusión de Zimbardo sobre la maldad es bien conocida: descontando las casos constitucionales conocidos como psicópatas, la linea roja que separa la bondad de la maldad es permeable y transitable, un camino de ida y vuelta. Cualquier persona corriente puede transformarse en un monstruo en determinadas situaciones en las que el poder se ve implicado. Es lo que se deducía del experimento Stanford, que el propio Zimbardo cuenta en el video y porqué tuvo que suspenderlo . En realidad el experimento era en cierto modo perverso y se situaba por fuera de las leyes de la bioética, hoy no seria posible obtener permiso para llevarlo a cabo. El experimento se llevó a cabo en 1971.

Quizá para redimirse de esa mala fama, Zimbardo vuelve ahora con un nuevo proyecto de signo contrario. ¿Cual es el antídoto de la maldad?

Precisamente esos pequeños heroísmos cotidianos que nos situan más allá del Yo y nos proyectan hacia el nosotros. Es necesaria una educación para el heroísmo, todo niño tiene que sentirse un principe de Maine, un rey de nueva inglaterra y saber que un dia será a puesto a prueba para intervenir en una pelea y separar a los contendientes, para salvar a un perro de la muerte, reanimar a un ahogado, ayudar a alguien que cayó en desgracia, desobedecer una orden injusta, tomar una decisión peligrosa y necesaria, abandonar a alguien que te quiso, incluso dar sangre, son gestos heroicos que neutralizan la maldad y el egoísmo del mundo.

Pues cabe no olvidar que si la maldad existe en nuestro mundo es porque los “buenos”, miran para otro lado. No se sienten héroes y Zimbardo nos da una buena receta para combatir el mal: no se puede ser neutral y hay que ser beligerante con la injusticia.

La web del experimento Stanford

21 pensamientos en “Heroísmo y maldad

  1. “Precisamente esos pequeños heroísmos cotidianos que nos situan más allá del Yo y nos proyectan hacia el nosotros. Es necesaria una educación para el heroísmo, […] Pues cabe no olvidar que si la maldad existe en nuestro mundo es porque los “buenos”, miran para otro lado. No se sienten héroes y Zimbardo nos da una buena receta para combatir el mal: no se puede ser neutral y hay que ser beligerante con la injusticia”.
    Como propuesta de “un mundo mejor” no es descabellada la idea de educar a los niños en la creencia de que son ‘heroes-in-waiting’, héroes en potencia. Antes habrá que educar antes a los maestros, pero ¿de qué forma? Y sobre todo, ¿quiénes serán los encomenderos que los reeduquen? Tal como ahora dicta el mercado, no extraña que Zimbardo haya decidido abandonar el estudio del “mal” para decantarse por el del “heroísmo”, supuesto adalid del “bien”. Todo psicólogo estadounidense que se precie sueña con un best seller que lo popularice y enriquezca. Y muy bien que lo pretende en su conferencia de Puebla, citando incluso al siniestro y sanguinario padre Hidalgo -que ordenó matar sin piedad a miles de inocentes por el simple hecho de haber nacido en España- como abanderado de la libertad y “héroe del bien”; e incluso traer a colación las ansias de conocimiento de Sor Juana (una mujer) sin otro argumento que la muy particular visión suya de de la sociedad virreinal de su época, filón inagotable de la agudeza de la mujer para las cultas feministas de la nuestra. Sabe (o le han aconsejado) del valor icónico de Hidalgo y de la monja escritora como forjadores de la mexicanidad. Donde quiera que fueres, predica lo que oír quieren… Vender bien un producto no consiste en convencer al comprador de sus bondades sino impactarlo en su sensibilidad, o sea, convencerlo por la vía de la admiración y del embeleso. Recurso muy barroco, que Zimbardo despliega con maestría ante un público que sabe del efecto sedante y de la atracción irresistible que produce en el alma el verbo apantallar. Por otra parte, el experimento de 1971 no logra otra cosa sino demostrar en laboratorio lo acaecido a lo largo de la ya larga existencia de la especie humana, en la que las relaciones de dominadores y dominados son la pauta. Que personas sanas y alegres, o sea, “normales” se tornan, bajo determinadas circunstancias, en diabólicas encarnaciones del “mal” lo expresó con mucho acierto Stevenson, ya en 1886, en el mito del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. A esto lo llama Zimbardo, con indudable interés y talento comercial, “efecto Lucifer”, recodándonos el valor estadístico del experimento de Stanley Milgram sobre obediencia y autoridad, la soflama del gobierno Hutu de Rwanda (1994) y el consiguiente exterminio de 800.000 “cucarachas” o los más recientes casos de vejaciones en la prisión iraquí de Abu Ghraib por parte de soldados-carceleros estadounidenses, algunas de cuyas “tácticas” sometedoras fueron ensayadas con éxito en los campos de concentración o de exterminio de la Alemania nazi, donde “sanos jóvenes” guardias, de lo más corriente, dormían a pierna suelta tras accionar las espitas por las que brotaba Ziklon B; o tras sepultar en profundas zanjas, a la caída de la tarde, los montones de ceniza. Lo que llevaba a los oficiales “normales” de los ‘Einsatzgrüppen’ a tomarse, tan a la tranquila, el exterminio sistemático de sus víctimas no fue otra cosa sino fe ciega en el “ideal” inculcado por los ostentadores del poder, a los que Zimbardo llama the bad barrels makers. La reflexión, a ese respecto, acabada la guerra, de los acusadores de Nürnberg fue bastante ingenua, comparada a la mucho más profunda de los supervivientes o a la de los psicólogos que se ocuparon de las víctimas. La tesis de Zimbardo es de lo más maniquea: el “mal” existe, se encarna en el Poder y arrastra a los “buenos” a hacerse “malos”. “Evil is the exercise of power to intentionally harm (psychologically), hurt (physically), or destroy (mortally or spiritually) others”… Ante esto no hay sino la educación de los “buenos” -que, en potencia, como sostenía Rousseau, son todos- para que en un momento necesario se transformen en héroes, a lo Robin Hood, a lo Juana de Arco, a lo Don Quijote; o, en versión popular, a lo Diego Corrientes (en el cine español, Curro Jiménez). El bien frente al mal, Ormuz y Ahrimán, Dios y el demonio… El yang y el yin, que se funden y complementan. El haz y el envés de lo mismo. “No se puede ser neutral y hay que ser beligerante con la injusticia”. Sí, pero ¿a través de qué medios? ¿Predicando como Gandhi, quebrándose la crisma contra la Muralla China? Para que “lo bueno” domine es indispensable que posea más poder, más energía, más fuerza, que su opuesto. Lo malo y lo bueno, en fin: lo que debilita y lo que fortalece. “¿Qué es bueno? -Todo lo que eleva el sentimiento de poder, la voluntad de poder, el poder mismo en el hombre. ¿Qué es malo -Todo lo que proviene de la debilidad”.* Saber, sin el beneficio de la duda, que la Muralla China no se derrumba a cabezazos previene de una muerte prematura. Sí, es verdad: una idea generada por (auto)sometimiento, o sea, por debilidad. Pues siempre tendremos necesidad de “héroes”: ellos poseen ingenuidad suficiente para dar la vida por una causa. ¿“Justa” o “injusta”? Dependerá del modo en que a cada cual se le representa el mundo. El “héroe” como desfacedor de entuertos, y a la postre como salvador… Tanto los fundadores de religiones como los expertos en ‘marketing’ de Hollywood como los psicólogos lo saben; y no les ha ido, hasta ahora -sobre todo a los primeros y a los segundos-, nada mal. Por eso la religión, el cine y los autores de best sellers** tienen tantos adeptos.
    ——-
    * “Was ist gut? -Alles, was das Gefühl der Macht, den Willen zur Macht, die Macht selbst im Menschen erhöht. Was ist schlecht? -Alles, was aus der Schwäche stammt” (F. Nietzsche, ‘Der Antichrist’, 2).
    ** P. G. Zimbardo, ‘The Lucifer Effect: Understanding how good people turn evil’, New York, Random House, 2007.

    • Bueno, no pretendia llegar tan lejos, pero estoy de acuerdo contigo en una cosa: sin poder es imposible enfrentarse al mal, solo con el buenismo y apelando a los buenos sentimientos es inutil no ya socavar el mal sino reclutar a la gente mas o menos “neutral” para que se manifieste. Del mismo modo que vida y muerte se encuentran entrelazadas, el Bien y el Mal necesitan un poco de la influencia opuesta. No hace falta mas que ver lo que está pasando con la crisis de Siria, ni nos ponemos de acuerdo en quien es el malo y existe un cierto consenso en que no queremos guerras, lo que s etraducirá en un aumento de muertos y de horrores en aquel pais. Somos buenistas, el malo es Obama.

  2. En siria está teniendo lugar una guerra civil. En ella han perdido la vida 30 000 soldados gubernamentales (un poco menos de un diez por ciento de los efectivos de su ejército). Para mí está muy claro que las autoridades de esa república tienen motivos muy graves para servirse de la artillería, de la aviación y del gas, contra las ciudades y barrios desde donde reciben fuego de la insurgencia. No existe ninguna razón para pensar que si actúan de este modo ello se deba a que reciben alguna clase de placer sádico en gasear niños… Al menos no existe mayor razón para pensar eso de ellos que de la que existe para pensar eso mismo de quienes en 2005 ordenaron descargar sobre la ciudad iraquí de Faluya miles de toneladas de bombas de aviación, munición de obus, granadas de fósforo y proyectiles de uranio; o de quienes, entre diciembre del 2008 y enero del 2009 hicieron otro tanto con la franja de Gaza… a no ser que pensemos que las vidas de cien soldados estadounidenses (que fueron las que se perdieron en la ciudad iraquí), o los dos tejados deteriorados por cohetes artesanales lanzados desde Gaza (a los que la operación “plomo fundido” pretendía ser represalia) pesan más que las vidas de treinta mil soldados sirios. Cualquiera que sean las razones que asisten a las partes, en cualquier pleito que termine por ventilarse con las armas, nadie está obligado a dejarse matar; ni los soldados gubernamentales sirios, ni los israelíes, ni los marines estadounidenses (ni los miembros de la gestapo, si vamos a eso). Dicho de otro modo: un ejército no es un organismo de la Unicef,. En cuanto a las alegaciones del negro (muy parecidas a las que uso Hilter en 1938, cuando invadió Checoeslovaquia, bajo la alegación de proteger a los civiles de etnia alemana), no está de más recordar que entre 1860 y 1865 tuvo lugar en Estados Unidos una guerra sobre la cuestión de si era o no legítimo al gobierno Washingtoniano pasar por encima de la autoridad de los estados sudistas, para “ser beligerante con la injusticia”. Cuando esa guerra terminó, el vencedor se hizo cargo de todo lo que había destruido, y a los ciudadanos de los Estados que sufrieron la derrota les fue posible ejercer sus derechos políticos y reclamar sus derechos civiles, ante el poder que les había vencido. Es bajo esas condiciones que el jefe de un Estado soberano tiene derecho a “ser beligerante con la injusticia”. Si las condiciones no son esas, lo que tenemos entonces es una empresa colonial… Como las que tuvieron lugar a lo largo del siglo XIX, que desembocarían en tres grandes matanzas, a saber: la !ª Guerra mundial (choque de imperialismos); la 2ª Guerra Mundial (revancha de la primera), y las guerras de la descolonización. ¿Quién es el buenista, entonces?

  3. Si un muchacho de quince años atraca un banco, con la finalidad de procurarse dinero con el que socorrer a los niños etíopes víctimas de desnutrición o de cólico miserere, no podré menos que sentirme conmovido por esa acción, por cuanto, aún cuando la considere digna de censura, por desordenada e irreflexiva, en atención a sus motivaciones ingenuamente bienintencionadas… La cosa cambia si la acción la ejecuta un cincuentón, hombre de mundo,
    fogueado en el tipo de trajines a los que se refería Bismarck cuando dijo aquello de que “las
    leyes como las salchichas es mejor no saber como fueron hechas”, y buen conocedor de la historia reciente de su país y del mundo. Si es esta la situación (y lo es, por lo que respecta a Obama), yo, por lo menos, si soy capaz de señalar a un “malo”: la persona que, en servicio a cualquier turbio interés, finge ingenuidad respecto a las implicaciones de una acción que pretende hacer pasar por humanitaria o justiciera. La ética del político, la ética del poder (y ahí es, señor Traver, donde falla su ese postulado suyo de que “sin poder es imposible enfrentarse al mal”) es la ética de la responsabilidad (eso dice Weber, al menos), y eso yo lo entiendo en el siguiente sentido: la repugnancia ante la injusticia es un sentimiento loable, pero impreciso. Al igual que el saludable sentimiento de miedo ante la irrupción de un lobo, puede llevar al rebaño entero a despeñarse por un barranco, el saludable sentimiento de repugnancia ante la violencia y la injusticia, puede conducir a consecuencias más indeseables que la injusticia que se quiere remediar. Dicho de otro modo: de la gente del pueblo (como de los niños de quince años) no hay que esperar cosa mejor sino que les repugne la injusticia, pero con quien está en posición de conocer con precisión que consecuencias se siguen de esta o de aquella otra decisión no sirve este criterio… Y Mr Obama está en posición de saber (y más, después de en lo que se ha convertido esa Libia, objeto de su último arrebato de “beligerancia con la injusticia”), y como está en posición de saber, esa acción que pretende humanitaria y justiciera (y que lo sería, si un chico de quince años la emprendiese), no es sino una acción inhumana e injusta, más inhumana y más injusta que esa de la que se quiere hacer responsable al dirigente sirio.

    • Planteas un dilema neurofilosófico de mucho interés y sobre el que me parece entender que te manifiestas claramente identificando a Obama como el malo de esta película. La verdad es que no acabo de entender tu argumento filosófico y moral pero me parece entender que no se basa en un mundo real sino en cierto modo imaginado o deseable cuando hablas de “ética de la responsabilidad” y se la exiges a unos pero no a otros dando por bueno al atracador del banco de 15 años que actúa por altruismo.
      Con esa manera de pensar evidentemente ¿cómo castigar a los que gasean al personal? ¿qué hacer con ellos?
      Y algo que a mi entender es aun peor. ¿Por qué no condenarlos a ellos -a nivel de opinión- en lugar de a Obama que aun no ha gaseado a nadie?
      De todos modos te diré algo, yo si fuera Obama dimitiria y le dejaría el mando a alguien con esa “ética de la responsabilidad” que se hiciera cargo de este envenenado asunto, donde no hay nada que ganar y mucho que perder, yo solo soy un psiquiatra de pueblo y no entiendo de política internacional a pesar de que ya se que todo el mundo tiene una opinión bastante hecha en estos asuntos.

  4. Usted dice, señor Traver, que no me baso en un mundo real, “sino en cierto modo, imaginado o deseable”, cuando hablo de la ética de la responsabilidad. Yo tengo exactamente la opinión contraria cuando lo oigo hablar a usted de “Castigar a los que gasean al personal” y pregunta “Qué hacer con ellos”. En términos de lo que yo entiendo por “mundo real”, el castigo es un recurso que se utiliza para remedio prevención de ciertos males (por ejemplo, que se roben coches, o evitar la generalización de la violencia a causa de venganzas privadas); esto quiere decir que el castigo deja de tener sentido cuando causa mayores males de los que evita. A eso me refiero (y pienso que es a eso a lo que se refiere Weber) cuando hablo de “ética de responsabilidad”, referida al político. La interpretación que yo hago de esto es la que sigue: como la gente del pueblo no tiene acceso a los conocimientos específicos que permiten hacer con precisión ese cálculo, se conceptúa como bien motivadas (aunque no necesariamente correctas) aquellas decisiones que toman inspirados por el sentimiento de repugnancia ante la injusticia, en tanto no se sigue el mismo criterio con el príncipe, que está en posición de conocer las implicaciones de lo que decide (y no unicamente si tienen un sentido genérico de “beligerancia con la injusticia”). Referido al asunto de actualidad que vd ha sacado a colación, lo antedicho se traduce en lo siguiente:
    -a) Castigar no es necesariamente la conducta que se debe seguir con una conducta inadecuada.
    -b) Ya que los hechos sean como nos los cuentan, hay que considerar la posibilidad de que la decisión de arrojar gases sobre ese suburbio damasceno hubiese sido la decisión política más correcta, después de todo, considerando las alternativas que debía considerar el dirigente político o militar que tomó la decisión.
    -c) Supuesto que castigar sea lo adecuado, hay que hacer la evaluación de que manos pueden hacer eso (castigar) sin que resulten de ellos mayores males de los que resultarían de no castigar (supongo que usted no defiende que cualquier hijo de vecino pueda construír una cárcel en su finca, y encerrar en ella a los que considere merecedores de ello).
    En cuanto a la pregunta de porque no castigarlos a ellos en la opinión, en vez de al americano, se me ocurren dos razones:
    a) El poder del dirigente sirio termina en su país. El poder del americano, como jefe de Estado en la nación imperial (imperial de facto, pero imperial), abarca todo el mundo, y, por lo tanto, sus decisiones, nos conciernen; si actúa arbitrariamente en perjuicio de los potestades, derechos y preeminencias de los dirigentes sirios, también puede usar esa arbitrariedad en su perjuicio y en el mío.
    b) El dirigente sirio está luchando para que su cabeza (y la de un montón de gente a la que está obligado por parentesco, amistad, reciprocidad, etc.) no termine ensartada en una bayoneta, y -en lo que alcanzo- creo que eso no es lo que ocurre con mr Obama (por lo que no puede alegar “fuerza mayor”, “estado de necesidad”, o concepto equivalente, como justificación para sus violencias, ilegalidades, etc.)

  5. “Si yo fuera Obama dimitiría y le dejaría el mando a alguién con esa “ética de la responsabilidad” que se hiciera cargo de este envenenado asunto, donde no hay nada que ganar y mucho que perder”, Dice Traver. Y, por cierto que no entiendo lo que quiere decir. ¿En qué parte de la constitución estadounidense, de la carta de las Naciones Unidas, de cualquier tratado internacional que Estados Unidos pueda haber firmado, o de cualquier otro texto legal que defina las obligaciones del ocupante de la Casa Blanca, se dice que tenga alguna responsabilidad respecto a lo que pueda hacer u ordenar hacer el jefe de Estado Sirio, dentro de su territorio, en el marco de una guerra civil? Es evidente que nada le obliga a meterse en este asunto; si usted quiere creer que el espíritu que lo inspira en esto es el que podría mover a un niño de quince años, a atracar un banco, para socorrer a los hambrientos etíopes, es libre de creerlo, pero a mí esa hipótesis no me acaba de convencer. En cuanto a que no gana nada, pues no se que decirle: cada misil de crucero (de los ciento veinte que dicen que van a tirar) vale un millón de dólares… y conviene recordar que los Bárcenas estadounidenses -lobistas los llamán allá- están especializados en promover intereses de la industria armamentística (y no de obras públicas como aquí). En cuanto a que no entiende de política internacional, pues no entenderá, pero yo veo que opinar opina como todo el mundo.

  6. La habrá cometido en el momento en que lleve a cabo sus amenazas… Y, por cierto, que esa ilegalidad no es ninguna pecata minuta: el tribunal de Nuremberg envió a gente a la horca bajo la (única) acusación de emprender o promover una “guerra de agresión”; esto es: iniciar hostilidades contra un país, del que no se ha recibido ataque previo. A él no lo van a ahorcar (ya lo sabemos) pero el carácter legal de lo que (por lo que ha declarado) tiene pensado hacer, es indiscutible.

  7. La verborrea del señor Ramon es un cliché. La hipótesis del REY CARMESI es una osadía, Paco Traver es el primer valiente que defiende la posición de Obama. Me fascina que siempre rompa paradigmas y mitos. Un abrazo, neuro-poeta.

    • Cuando hay verborrea en un texto, se puede demostrar. No hay más que exponer que palabras son las que sobran. Si usted ha encontrado en mis comentarios, palabras o expresiones que carecen de contenido o de función, no tiene más que decir cuales son. Si una idea es trillada también se puede demostrar (es cuestión de decir cuales son los círculos de opinión por los que menudea tanto), y si está mal fundamentada en hechos o en argumentos no hay más que decir donde están los datos erróneos y donde se contienen las falacias. En cuanto a eso de “romper paradigmas y mitos”, yo no veo que Traver haya roto ninguno. Existen mitos de diferente signo político, y el dueño de este blog se ha limitado a oponer mitos de determinado signo a los mitos de signo contrario, sin lograr superarlos en ningún momento. Dicho de otro modo: no se supera una oposición de posiciones estereotipadas (políticas o de cualquier otra materia polémica) diciendo “yo estoy por encima de esto”, hay que hacer algo más. Yo lo he hecho, el señor Traver, no.

  8. …Zimbardo tiene influencias de la corriente conductista, también debió subrayar que el determinismo aunado a una “heredabilidad ambiental” y a la doble determinación genética son las causas que determinan si se construirá el puente hacía el heroísmo. ¿ usted qué opina? ¿será cuestión de genes, de cómo te educaron tus padres, la cultura en la qué viviste,de las amistades qué te influenciaron, de tus ideales,etc? ¿Cómo lograr crear una época de “héroes”?

    • Ahora estoy leyendo un libro muy interesante de Fowler que te recomiendo, se llama conectados y es una explicación bastante sencilla de las leyes de las redes sociales, es decir analiza ciertos fenómenos (como la obesidad) desde una perspectiva sistemica, la maldad es otro de esos fenómenos que no se entienden en clave de psicología individual, pero si a través de los enlaces que establecen los individuos entre sí.

  9. Ahora ando con el libro ” la trama de la vida” de Fritjof Capra, gracias a que usted lo colgó en su blog lo ando leyendo gratis. Un libro gordo y profundo. Por cierto: él defiende y promueve la “perspectiva sistemica”. Voy a ver onde consigo el de “conectados”. La “obesidad” ¡menudo tema!

  10. Volviendo al tema del mal, acabo de ver la película “Hanna Arendt”, que apenas se está proyectando en México. Para quiénes no la conozcan, trata sobre la crítica que la filósofa hizo al juicio de Eichman en 1961 y la reacción que sus opiniones provocaron una vez que éstas se publicaron y difundieron. Hablar sobre la “banalidad del mal” es un tema que a mi en lo personal me interesa mucho, pero quisiera saber Paco, que piensas al respecto. Aprovecho que este post sugiere un recorrido por las entrañas de la maldad.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s