Una simulación antropológica


Supongamos una isla aislada del continente más cercano, allí se ha desarrollado una sociedad pulcra, ordenada y con una organización bien cohesionada y resistente a los embates del tiempo y las dificultades de la supervivencia.

Para hacer más fácil mi exposición que es un ejercicio de antropologia ficción, vamos a suponer que en esa isla hay 100 hombres y 100 mujeres en edad fértil y sanos. El resto de la población son niños, ancianos, climatéricas, y enfermos que no cuentan en términos reproductivos.

¿Cual seria el mejor método de emparejamiento en una sociedad así?

Obviamente aquel que asegure una pareja para cada individuo y dado que hay 100 individuos de cada sexo en edad fértil “cada oveja con su pareja” y todo resuelto. Es posible afirmar que en una sociedad así, la monogamia es la solución al problema del emparejamiento. Ningún niño sin padres, ningún hombre sólo, ninguna mujer con cargas de hijos y sin pareja. Una sociedad así habría optado decididamente por la monogamia y habría legislado o inventado una religión que diera cobijo a esta fórmula de emparejamiento.

Pero como el lector sabe esta solución tan razonable es una utopía social y no existe, no ya entre los hombres sino en ninguna especie animal. Sin embargo es preciso afirmar en este momento que la monogamia es una buena solución – aunque es rara entre los mamiferos- no solamente para nuestra especie sino incluso para las gambas, pájaros y otras especies exóticas.

Y es una utopía social porque existen los gustos y las preferencias individuales. Esas 50 parejas posibles han de conocerse, gustarse, elegirse y retenerse. Y aquí viene el primer problema: tanto en los hombres como en las mujeres habrá parejas de más valor que otras o dicho de otra forma: habrá especímenes mas cotizados que otros. Lo cual introduce una primera distorsión.

La segunda distorsión es la que procede del deseo masculino. Dado que los hombres tienen más deseos sexuales que las mujeres, es poco probable que este marco idílico funcionara eficazmente. Se impuso pues un cierto control social y ese control social vino impuesto en la educación de las niñas, favoreciendo que todas ellas fueran esquivas.

Una mujer esquiva es aquella mujer que solo cede ante un determinado precio, que no es otro sino la monogamia estricta. Sin esta restricción, los ancianos aseguraban grandes desastres para su comunidad, de modo que se imponía restricciones al deseo sexual. Naturalmente, las mujeres son mejores candidatas que los hombres a la reserva sexual, no solo por su plasticidad erótica sino también por las consecuencias indeseadas de sus escarceos sexuales: los embarazos no electivos.

Una mujer soltera y embarazada firmaba así su propia sentencia de muerte civil, ya no encontraría ningún macho dispuesto a  casarse con ella, de modo que el bien más preciado de estas mujeres era la virginidad. Llegar vírgenes al matrimonio.

Cuando todas las mujeres fueron esquivas el sistema se estabilizó. De este modo

esquivas

Véase que los hombres domésticos proliferaron mientras que los hombres merodeadores decrecieron en número (aunque no desaparecieron).

El sistema había encontrado teóricamente la estabilidad, lo que matemáticamente se llama una estrategia evolutivamente estable. Pero….

¿Qué sucede con los gustos individuales? ¿Y cómo se las arreglan los hombres (o las mujeres) que por las razones que fuere se encuentran deprivados a pesar de estar casados?

Naturalmente, en la práctica, una sociedad así es utópica y siempre sería posible encontrar trasngresoras que le facilitaran el acceso a ciertos merodeadores bien dotados de algún tipo de atractivo. Del mismo modo, la prostitución podría ser un negocio floreciente como válvula de seguridad social. Esto es lo que sucede con una sola hembra fácil (entendiendo como fácil a la que copula gratis).

facil

El sistema se pone a oscilar, aparecen cíclicamente hembras esquivas/machos domésticos y hembras fáciles/machos merodeadores que están sometidos a una oscilacion crítica, en el sentido de que el florecimiento de hembras esquivas lleva aparejado un mayor número de machos domésticos y un menor número de hembras fáciles que acaban siendo acaparadas por los merodeadores.

Lo interesante es entender que las 4 poblaciones se encuentran en un equilibrio inestable y cíclico.

Richard Dawkins en su libro “El gen egoísta” pone este ejemplo de hembras fáciles/esquivas, versus machos merodeadores/domésticos como paradigma de lo que sucede en la evolución de las conductas sexuales de distintas especies. De lo que se trata es de asegurar la diversidad genética mientras al mismo tiempo se garantiza la supervivencia de los propios genes en la siguiente generación al menor coste posible.La evolución no es estática sino dinámica y se parece mucho a los ciclos de la economía y por qué no decirlo, también guarda un cierto parecido con lo que sucede con los ciclos afectivos del trastorno bipolar.

Lo interesante de la ciclicidad es que una vez se ha entrado en ella es imposible salir porque cualquier “mutación” o cambio procura una nueva distorsión en el sistema que se caotiza mucho más. Y lo hace mucho más en la realidad de nuestra estructura social que en el modelo matemático pulcro que aquí se presenta con condiciones casi ideales. Por ejemplo, en nuestra sociedad hay que meter más elementos en la ecuación, el más importante de todos ellos es la variable de la anticoncepción.

Al desaparecer la carga de los embarazos por coitos con distintas parejas aparecen nuevos ciclos de inestabilidad en el sistema aunque esta complejidad no está matematizada que yo sepa. En esta entrada (de donde he sacado los gráficos anteriores) podeís descargaros un juego para construir vuestros propios modelos matemáticos sobre este tema.

La solución matemática al dilema.-

Hay que admitir que el ser humano ha desarrollado en mayor medida que otras especies una mayor capacidad de engañar (en este caso engañar con la apariencia), disimular los engaños y también discriminar las intenciones engañosas de los demás para con nosotros mismos puesto que lo mejor -según Dawkins- para un grupo humano en términos de estabilidad evolutiva es que las hembras sean esquivas las 5/6 partes del tiempo (o de la población total, en suma 83,3 hembras en el ejemplo que planteo) y fáciles la 1/6 parte (o población restante 16,6 hembras), siempre que los machos domésticos representen el 5/8 del total o del tiempo invertido en cooperar (62,5 machos) y los galanteadores sólo representen el 3/8 del total de la población o el tiempo invertido en merodear (37,5 machos). Es en este punto exacto donde el sistema se estabiliza hasta la próxima descompensación generacional (Dawkins, 2002).

Lo interesante de este punto de equilibrio que Dawkins describe es que es una abstracción matemática y que en ningún caso representa un equilibrio estable. El propio Dawkins rectificó este hallazgo después de haberlo sometido a prueba y que viene a enseñarnos que una vez que un sistema se ha caotizado es imposible volver atrás.

Algo que desde mi punto de vista tiene consecuencias políticas, económicas y de ingeniería social. Tiempos pasados, pasados están.

Bibliografía.

Richard Dawkins: “El gen egoista”

3 pensamientos en “Una simulación antropológica

Deja un comentario

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s