¿Están sobrevaloradas las emociones?


El azúcar es un hexágono de glucosa, un polvo blanco y un polvo dulce. (@pacotraver)

Lo cierto es que este libro de Damasio es probablemente el que cuenta con más partidarios entre los que -a partir de una lectura sesgada- han llegado a la conclusión de que las emociones son para nosotros los humanos casi tan importantes si no más que nuestra parte racional.

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Claro que las emociones son importantes, pero no hay que confundir su importancia con la hegemonía new age del emotivismo que es una forma de funcionar de bajo nivel, una especie de pietismo emocional que hegemoniza la experiencia individual sobre cualquier otra consideración. Los que dividen el cerebro en parte emocional y parte racional se equivocan, puesto que las emociones se encuentran siempre empaquetadas en el pensamiento, de manera que es imposible deslindar la parte emocional (mamífera) de la parte racional (sapiens). El cerebro funciona como un todo pero existen módulos que pueden funcionar independientemente por ejemplo en las intuiciones.

Pero ni siquiera las intuiciones son todas iguales, existen intuiciones del experto e intuiciones heurísticas (Kahneman 2012), obviamente las intuiciones del experto tienen más probabilidad de certeza que las heurísticas, tal y como conté  en “el ojo clínico”.

Y lo peor, una especie de idea delirante de que ciertas emociones (las negativas) son las responsables de malestares físicos concretos, aunque lo cierto es que no existen emociones positivas o negativas, se trata de una clasificación desiderativa. Así hay quien hace corresponder ciertas emociones con ciertas enfermedades (incluyendo el cáncer) sin ninguna evidencia a favor de esta idea.

Lo cierto es que es verdad que las emociones secuestran recursos físicos (materiales) pero no tenemos ni idea de como lo hacen. En este post voy a explorar precisamente este asunto. Lo que si sabemos es que  la mayor parte de las enfermedades mentales son enfermedades emocionales. Lo físico, lo emocional y lo mental son un edificio de tres pisos. Y la mayor parte de la humanidad vive en el segundo.

¿Que son las emociones?.-

Las emociones son movimientos plegados. Están diseñadas para mostrarse, para hacerse de notar, para señalizar a los demás nuestro estado interno y para prepararnos para la lucha o la huida. Tienen un propósito interpersonal y casi siempre se acompañan de un estado corporal, un marcador somático como propone Damasio, ¿como sabríamos que tenemos miedo sin taquicardia? ¿Como notaria mi interlocutor mi vergüenza sin rubor?

Para entender mejor este concepto de los movimientos plegados, me gustaría poner una analogía sobre cómo se organiza la vida en los organismos vivos (valga la redundancia). Para ello es necesario hablar de una palabra antipática, “la jerarquía”. Lo cierto es que la vida está organizada en una especie de pisos, donde el inmediatamente superior contiene alguna propiedad que no se encuentra en el anterior. Pondré el ejemplo del azúcar:

  • El azúcar es en realidad un conjunto de átomos de carbono enlazados.
  • En un siguiente nivel -el molecular- el azúcar es un hexágono.
  • Más arriba y ya en el nivel macroscópico, el azúcar es un polvo blanco (o tostado) y cristalino.
  • En el piso superior el azúcar es dulce.

Y asi sucesivamente podríamos ir subiendo de nivel hasta llegar a la diabetes si se quiere cuando se abusa del azúcar. Pero el ejemplo del azúcar me sirve tan solo con el propósito de decir que es absurdo ir a buscar el sabor dulce en el nivel de definicion de lo molecular. Un hexágono no puede ser dulce puesto que el sabor dulce es una emergencia del piso anterior. Una propiedad nueva que solo puede notarse en contacto con ciertas papilas gustativas adaptadas para detectar lo dulce.

Lo mismo sucede con las emociones: se situan en el segundo piso, entre lo material y lo mental. Pertenecen a un nivel de definición que está a medio camino entre lo material y lo puramente mental, hacen de puente y se manifiestan en el nivel físico o en el mental pero no existe una equivalencia entre emociones y malestares o enfermedades físicas, al menos por lo que sabemos hasta el momento.

Las emociones pertenecen a  un nivel de definición bajo y comunican un estado de ánimo de una forma aproximada pero están presididas por el principio de contradicción. Significa que existen emociones que son opuestas (contrarias) a otras. Como no alcanzan el nivel simbólico adecuado a través del lenguaje dos emociones opuestas no pueden manifestarse simultáneamente, sólo pueden hacerlo cuando alcanzan la conciencia en términos de conflicto y entonces notamos la contradicción: ” por una parte quiero esto pero por la otra quiero aquello otro”.

Y esta simultaneidad de lo contrario tiene un comportamiento en cierto modo cuántico y utilizo esta palabra como metáfora. Están aquí y están allá, se corporalizan y se esfuman como si se tratara de un gas. Pero lo mas importante de las emociones no está en su propia existencia sino en el lugar (el entorno de definición) donde se manifiesten.

En el nivel propiamente emocional (que es mas bien el contexto de desarrollo de la conciencia de cada cual), las emociones opuestas entran en contradicción y precisan algún mecanismo de selección. Aquí en este nivel una emoción puede colapsar a su opuesta. Por ejemplo el orgullo colapsa a la humildad, la envidia a la admiración, el miedo a la ira etc.

Es por eso que parece existir ese constructo que llamamos “personalidad” que no es sino el hábito o el aprendizaje que cada uno de nosotros lleva a cabo con sus emociones. Por eso decimos que una persona es miedosa, orgullosa, envidiosa o cualquier otra cosa y que excluye además que el orgulloso pueda ser humilde, el envidioso una persona capaz de admirar o el miedoso capaz de una heroicidad.

Para que las emociones pierdan su capacidad ambigüa y su capacidad de condensar daños orgánicos es necesario que se volatilicen. Podríamos hablar también del mecanismo acuñado por Freud (Freud 1908) con el nombre de sublimación. Es necesario alcanzar el siguiente nivel jerárquico de la vida anímica: el piso de arriba, lo mental.

Cuando se alcanza el nivel mental suceden cosas muy interesantes con las emociones y suceden porque el individuo ha logrado ir mas allá de ellas. Ir mas allá de ellas no significa carecer de emociones solo que la conducta y las decisiones no se encuentran determinadas por ellas, lo cual no significa que dejen de influir en la conciencia mental pues recordemos que los pensamientos son emociones empaquetadas. En este sentido lo racional, lo que entendemos como raciocinio todavia mantiene una relación de vecindad con las emociones, solo que se ha añadido una propiedad nueva: el pensamiento formal que es más lento y consume más recursos que las emociones en estado puro.

Una persona desconectada de sus emociones es un psicópata, pero una persona poseída por ellas es un autómata del todo predecible. Ambos comparten ciertos rasgos psicológicos, las conductas poco inteligentes y las elecciones erróneas e ineficientes , la repetición de patrones equivocados cuando no destructivos.

Las emociones se subliman, lo que significa en que cuando llegan al tercer piso de este edificio se transforman en símbolos, en valores. Cuando esto sucede ocurre algo extraordinario, una persona puede ser soberbio y humilde al mismo tiempo porque el egoísmo o la humildad ya no se consideran a sí mismas antagónicas y pueden coexistir cumpliendo así su función adaptativa: ser egoísta cuando hay que serlo y humilde cuando conviene a la situación correspondiente.

Es muy posible además que ciertas características mentales vivan en el ático de ese edificio, la compasión, al altruismo o la empatía pueden ser inquilinos o propietarios de ese otro nivel que podríamos llamar “espiritual” para entendernos, algo que va más allá de las emociones y de los valores, la emergencia de una propiedad nueva que aun no tiene nombre, pero que se le parece mucho a la creatividad.

En mi opinión las emociones están sobrevaloradas por todos aquellos que piensan que la mejor forma de manejarlas es conocerlas o gestionarlas de una manera más razonable. Existen muchas terapias que se dedican a eso, pero para mi la mejor forma de lidiar con las emociones no consiste en “conocerlas mejor” ¿Que podría significar conocerlas mejor? Sabemos que las emociones pueden ser sustitutos del vacío que describí en el post anterior, ese rellenado artificial de emociones tóxicas destinadas a cubrir objetivos inalcanzables.

Es mejor idea trascenderlas, ir más allá de ellas, transformarlas en actitudes, aptitudes y valores, cuando alcancemos ese nivel mental que al parecer solo un 10 % de la población ha logrado.

Bibliografia.-

Sigmund Freud. “La moral sexual ‘cultural’ y la nerviosidad moderna». Ensayos sobre sexualidad.

Daniel Kahneman: “Pensar rapido, pensar despacio”. Debate 2012

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7 pensamientos en “¿Están sobrevaloradas las emociones?

  1. “Una persona puede ser soberbio y humilde al mismo tiempo porque el egoísmo o la humildad ya no se consideran a sí mismas antagónicas y pueden coexistir cumpliendo así su función adaptativa: ser egoísta cuando hay que serlo y humilde cuando conviene a la situación correspondiente”

    O en el caso de una persona colérica e igualmente sosegada, en donde no hay antagonismo sino adaptación de una u otra ‘pulsión’ a las circunstancias. En casi todos los estados depresivos subyace una ira contenida. Por eso “sentir y expresar la ira en forma saludable es realmente la antítesis de la demencia” (Rubin 1987). ¿Existen datos compulsados o estadísticos de ese 10 % poblacional?

      • ¿Me disculparías si expreso que la intuición me indica que es menor, en cantidad, a ese 10 %? Quizá sea pesimista al expresar esa rebaja; o igual ronda ese 10 % que has estimado.

  2. Sí, considero que en términos generales están sobrevaloradas las emociones, tanto las placenteras como las no placenteras, muy sobrevaloradas por el niño(aunque es natural), y no tanto pero también, por el adulto, supongo que debe de existir una relación entre madurez y sobrevaloración de la emoción, cuanto más inmaduro emocionalmente es el individuo más sobrevalorará las emociones.
    Yo las emociones puras, las veo como pintura tal cual, en el sentido que cada emoción es como un pote de pintura, una emoción, un color. Gestionar más la emoción es coger el pote de pintura y tirarlo directamente al lienzo, gestionarlo bien, sería hacer con esa pintura un bello paisaje.
    Es decir lo mejor para no cegarse con las emociones, es dosificarlas, a través de la sublimación, aunque claro eso es un proceso inconsciente.

  3. Excelente post, felicidades. Completamente de acuerdo en la sobrevaloración de las emociones y de la supuesta especialización de los hemisferios y me encanta que lo haya escrito un maestro de la mente. Con las emociones, como con los instintos primarios, hay que ir más allá: solo trascendiéndolas podemos gobernarlas.
    Hace años que lidio contra esa enorme corriente, new age la llaman algunos (particularmente odio las etiquetas, ya que la realidad acostumbra a ser mucho más compleja), que se empeña en meterlo todo el saco emocional… por no hablar de cómo fuerzan -a veces hasta el absurdo- su relación con las enfermedades. Ignorancia la llamo, y oportunismo, si se me permite, ir a lo que vende, a lo fácil: explicar cosas que no se han digerido bien, tomadas de fuentes poco potables…
    Que la vida se construye de forma gradiente o jeráquica en la que el grado inmediatamente superior contiene en sí todas las propiedades de la escala inferior, a las que se le añaden las nuevas estruturas que emergen, con nuevas propiedades… es una verdad cada vez más admitida. De manera que -y dicho desde la humildad- creo que lo que toca para formar parte de ese 10 por ciento, es asumir responsabilidades y empezar el trabajo de tomarnos un poco más a risa, distanciarnos jugando con las situaciones a veces como espectadores y otras como actores… y ser más humildes: no tenemos todas las respuestas, aunque sí tenemos a nuestro alcance mentes brillantes que nos hacen reflexionar sobre ello y a dilucidar algunas sombras. ¡Gracias maestro!
    Lourdes

  4. Totalmente de acuerdo con este articulo, transcender las emociones, SI, pero no ignorarlas ni menospreciarlas, forman parte de nuestro mecanismo psiquico por defecto y nos ofrecen la posibilidad de conocer y reconocer la realidad desde otra vision.
    Tambien convengo con usted, que el emotivismo, con el cual se colorea todo pensamiento racional y se da prueba de veracidad a todo “lo que se siente” “es que lo siento así”, me da lastima y un poco de asco.

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