El nuevo desorden alimentario


setas

Hace pocos dias un amigo mio salió de excursión al monte en busca de setas. Iba acompañado de un asesor que al parecer tiene un restaurante y se declaraba experto en setas. No encontraron lo que buscaban, rovellones o níscalos pero si, otras setas de una especie -al decir del experto- comestible.

Al llegar a su casa mi amigo entregó el cesto a su esposa que se dispuso a prepararlas para la cena. El caso es que ambos se intoxicaron con ellas, llevando la peor parte mi amigo que no supo, pudo o quiso vomitar cuando empezó a sentirse mal, cosa que sí hizo su esposa.

Mi amigo terminó en el Hospital con una intoxicación por setas que afortunadamente no revistió mayor gravedad aunque permaneció en observación durante 24 horas.

Comer es pues peligroso, tal y como comenté en el post anterior. Y no sólo peligroso sino que es posible afirmar que la alimentación es una de las principales fuentes de sufrimiento psíquico, del mismo modo que supone el sexo, el trabajo, el dinero o la familia.

Sufrimos por tener demasiada comida y tambien -vale la pena recordarlo-  por lo contrario: por la falta de comida. Pero no son sólo los excesos o los déficits de comida las principales fuentes de sufrimiento ligados a la alimentación sino la dificultad que tenemos los humanos en saber qué comer.

Tal y como sucedió en el caso de mi amigo intoxicado por las setas, saber qué comer no es algo que nos venga de serie sino algo que hay que aprender. Es por eso que existen expertos (aunque se equivoquen), aunque lo mejor sería decir que es por eso que existe la tradición gastronómica de cada región o pais. Una dieta culturalmente transmisible.

Sin esa tradición, los humanos todavia sufriríamos más y nos hariamos un lío terrible sobre qué comer pues el dilema que se nos plantea a los omnívoros es que podemos comernos cualquier cosa y quizá por eso estamos dotados de un apetito insaciable pero que a diferencia del resto de los animales no sabemos reconocer los alimentos buenos de los malos, lo comestible de lo incomestible, lo nutritivo de lo tóxico.

El koala por ejemplo no tiene que plantearse este dilema: se alimenta de hojas de eucalipto. No sabe nada, ni tiene una cultura, ni una tradición anti o pro-eucalipto. No se plantea probar otra cosa, simplemente “sabe” que el eucalipto es su comida y eso hace: comerse su hojas sin plantearse una extensión de su dieta.

Y en el pecado está la penitencia: pues el koala está destinado a no salir de su nicho vegetariano ancestral, sus dias están, pues, contados. a partir precisamente de su extrema dependencia de sus eucaliptos. La diferencia con los omnívoros es pues abrumadora, baste recordar el éxito reproductivo de las ratas o de nosotros los sapiens, bien adaptados a cualquier tipo de hábitat precisamente a causa de nuestra disponibilidad infinita para alimentarnos de casi todo.

La desventaja de ser omnívoro, sin embargo procede de la dependencia cultural de nuestra alimentación. No podemos fiarnos nada del gusto ni del olor como hacen otros animales pues abandonados en manos de nuestro sensorio nos atiborramos de dulces y de sal. No deja de ser paradójico que nuestra alimentación no venga forzada por nuestras necesidades dietéticas sino por nuestras preferencias y aversiones que en cualquier caso no señalan en la dirección de nuestras necesidades sino de nuestra estereotipia alimentaria.

Probablemente porque en nuestra especie la comida no es sólo alimento sino también y sobre todo una experiencia emocional. No deja de ser curioso que el gusto y el olfato se encuentren tan relacionados: olemos los alimentos de forma anterior y de forma retronasal y alli los estímulos olfativos de los alimentos hacen un recorrido neurobiológico insólito.

A diferencia de los estímulos visuales no pasan por el filtro del tálamo, donde podemos identificarlos sino que van directamente al sistema límbico donde se asocian directamente con las emociones. De tal modo es posible afirmar que el gusto por un determinado alimento –como la madalena de Proust– nos desembala ciertos recuerdos agradables o desagradables, asi como las emociones vinculadas con ellos. Y lo hacen de forma directa, es decir sin filtros. Dicho de otra manera: el gusto por determinados alimentos o la aversión por los mismos no es de orden biológico sino simbólico.

Y de ahi la importancia de la tradición, es decir de que exista una dieta culturalmente establecida: una prescripción y una prohibición cultural para regular nuestra alimentación.

Prescripciones y prohibiciones alimentarias.-

Las dietas tradicionales nos dicen qué hemos de comer y si nos lo dicen es porque abandonados a nuestro gusto no hariamos otra cosa sino comer aquello que no debemos e intoxicarnos con glucosa, grasa o sodio. Pero la tradición no solo interviene en qué hay que comer, sino tambien en cómo hemos de hacerlo: no se debe picar entre comidas, comer solo, deprisa o en el coche. Hay que hacer tres o cuatro comidas al dia y variar la dieta durante el dia, si por la mañana comemos hidratos de carbono, es mejor dejar las proteinas para la noche, etc.

No debemos renunciar a aquellas cosas que más nos gustan como por ejemplo sucede con el chocolate sino consumirlos en pequeñas cantidades y no darse atracones nunca, a fin de intentar asociarlo con otras redes neuronales distintas a las ya organizadas. Si el hecho de comer depende tanto de las emociones y de las asociaciones proustianas que podamos establecer es obvio que debido a la plasticidad de esas conexiones podemos reescribirlas de nuevo, pues no hay que olvidar que cuando un recuerdo se evoca se reescribe. Restringir un alimento que nos apasiona solo consigue el efecto contrario: que lo añoremos hasta constituirse en una especie de “antojo”. Aqui hay un articulo que describe el “craving” que las ratas desarrollan con los pasteles de chocolate.

Los antojos representan precisamente esta asociación entre emociones y gustos. La embarazada que pide a las cuatro de la mañana un helado no tiene necesidad alimentaria alguna en comer dulces sino en sentirse querida y atendida por su marido, del mismo modo en que sintió querida por su padre aquella tarde en que papá le compró un helado. La complejidad emocional de los seres humanos aparece en forma de avidez, una paradoja para la neurociencia en el sentido de que el helado de la embarazada no representa ningun valor nutritivo especial pero desencadena una cascada de recuerdos y emociones.

Vale la pena recordar ahora el cuento de los Hermanos Grimm, titulado Rapunzel sobre las peripecias de un marido que roba las lechugas-antojos de su mujer embarazada a una bruja.

Lo cierto es que si nuestra alimentación depende tanto de la cultura puede predecirse que la alimentación de nuestros coetáneos estará presidida por un fuerte desorden, un desorden que procede precisamente de las amenazas que se ciernen sobre la tradición, sobre los alimentos que consumimos y la manera en que lo hacemos.

Un desorden que abarca tanto la patologia alimentaria (anorexia, bulimia, pica) como la preocupación por los alimentos que consumimos, la obesidad y las plagas de la hipertensión, la diabetes y todos los problemas cardiovasculares que se asocian con ella y la moralización secundaria a ciertos hábitos alimentarios de los que hablé ya en el post anterior.

Comer solos, comer comida muerta (procesada), congelada, comer deprisa, de pie o en el coche, picar entre comidas, atiborrarse de dulces. El microondas ha sustituido a la mamá tradicional y la comida precocinada (muerta) ha sido entronizada en hogares despoblados donde nadie oficia ya el rito de la alimentación y todos se sirven a sí mismos desde el frigorifico sin coincidir acaso nunca en la mesa con ningun otro miembro de la familia.

Este es el nuevo desorden alimentario que preside nuestros opulentos hogares. Si Freud viviera hoy es seguro que no le daria tanta importancia al sexo -que en realidad precisa siempre de un otro- como de la comida que se ha convertido en una actividad solitaria y masturbatoria para los ciudadanos opulentos.

La opulencia ha roto pues los mecanismos de regulación alimentarios, es posible explicar que exista mucha preocupación por las dietas, por la comida, por el ejercicio y la salud.

La perdimos cuando abominamos de la tradición como reguladora de nuestra dieta. Pues si la religión ni la tradición gobiernan nuestro apetito sólo queda una agencia para hacerlo: el mercado.

Bibliografia.-

Paul Rozin: The selection of food by rats, humans and other animals.

 

20 pensamientos en “El nuevo desorden alimentario

  1. ¡Qué excelente exposición de un asunto que a TODOS los humanos nos afecta! Una forma de “desahogo”, por tu parte, pues es obvio que cuantitativamente hablando se trata de prédica en el desierto. ¿Qué sucedería si, en vez de ciertos programas de masa en ciertos canales televisivos se realizara, a la hora de ese programa y en ese canal, uno con este contenido tuyo? Que esos televidentes cambiarían de canal y buscarían en el dial el más cercano a sus “gustos” del suprimido… Verdad es que el sillón-ball influye en la epidemia de obesidad. Sin embargo, conozco fontaneros, electricistas, albañiles, que se pasan el día moviéndose bastante… En éstos no parece que el sillón-ball sea muy determinante, sino las comilonas que se dan en cuanto no tienen que ganar dinero trabajando (= horas libres, fiestas, etc.). En ellos el trabajo posibilita la comilona; en depredadores como los leones, la caza (el esfuerzo que supone cazar) también la posibilita. Pero ¡ay!, los leones no se alimentan sino de carne; los humanos, de todo lo comible…

  2. Los seres humanos aún regulamos nuestra dieta por la cultura; lo que pasa es que la cultura se ha modificado para mal. La percepción lo es todo para el ser humano. La cultura tiene en el fondo un sentimiento colectivo. Nuestras compras y elecciones son procesadas por la emoción el sabor de depende de ella( emoción); de hecho la emoción genera cambios cognitivos( racionalizaciones para justificar nuestra compra). Eso lo saben los neurólogos y psicólogos ya desde tiempo. Consumimos por vacíos emocionales en muchos casos sublimanos la actividad sexual o su ansiedad a la compra por eso la adición a la compra. Hasta se podría decir que hacemos una regresión por medio de la compra de una marca asociada con la infancia.

    • Que “la cultura se ha modificado para mal” es una frase que no entiendo bien. ¿Quiere decir usted, con ella, que comer no patológicamente es “cultura” y que comer patológicamente es “cultura que se ha modificado para mal”?

      • Me refiero a que debido a que las sociedades tienen problemas psicosociales como las que pasan ahora. Ese temor al fin del mundo es una manifestacion de inseguridad ciudadana. El marketing ha aprovechado eso para vender productos modificando aún más las culturas. Las familias ahora son disfuncionales y eso genera que los hombres y mujeres tengan relaciones demasiado inestables( clubs swinger, amigos con derechos). La familia forma el superyo en la persona y el superyo esta relacionado con la cultura ahora se entiende mejor lo que explico.

    • Bueno yo creo que lo que dice Jose de la sociedad es un poco lo mismo que digo en el post. Una de las cosas que identifican la sociedad actual es la ruptura que se ha hecho con la tradición y la cultura alimentaria por tanto ha desaparecido o se ha socavado del tal forma por los cambios sociales que el individuo queda solo frente a una enorme oferta alimentaria que entra por los ojos. El individuo ha de aprenderlo todo “ex novo” y queda asi atrapado y vulnerable frente al mercado.

      • Ya, entiendo. El individuo ha de aprenderlo todo ‘ex novo’ porque carece de guías o patrones; y es el mercado el que, a falta de esto último, se adueña de su mente, al ser él tan vulnerable. Y como posee dinero para atiborrarse de comida y la oferta es tan variada como suculenta, pues a atragantarse de comer… A esto lo llamaban en el catecismo pecado de gula; o sea, desórdenes alimentarios por exceso con posible origen patológico. O sea, que vivimos en una época de ‘vacas gordas’ y a la vez inmersos en una extraordinaria crisis de todo, incluida la llamada “crisis económica”. Áteme usted esa mosca por ese rabo.

  3. Magnífico post Maestro. El goce es transferible pero no anulable, del sexo pasamos a la comida. Me ha recordado esa paciente que compraba una caja de barras de granolas para contar calorías, termino por decir que al menos tenía una buena razón para existir, “cuidarse”. El problema era que se sentaba a ver su novela y se acababa en una hora la caja de barras de granolas.

  4. Paco, también pienso que tu trabajo es excelente. felicidades y gracias.

    No estoy muy de acuerdo con que lo expuesto sea un “nuevo” desorden alimentario. Pienso que este tipo de disfunciones siempre han existido, pero los especialistas en estos temas se han referido mucho más a la anorexia, la bulimia y la obesidad, como trastornos de la alimentación, y han dejado de lado muchas de las ideas que ahora mencionas, pero me parece que el tema de la comida siempre ha dado mucho de que hablar, incluyendo los espacios psiquiátricos, psicoanalíticos y psicológicos en general. Sin hablar del auge gastronómico de nuestros tiempos, y la facilidad, a través de las redes, de conocer la comida más sofisticada del mundo.

    Lo que tal vez resulta más novedoso son los enfoques que la sociedad le ha dado en los últimos años, ya que es imposible soslayar el hecho de que las formas de alimentarse (sanas y patológicas, siendo difícil discernir entre las primeras y las segundas) van de la mano con los acontecimientos sociales y éstos varían constantemente y en los últimos tiempos con una rápidez que nos impide incluso corroborar teorías.

    Comer está ligado con sobrevivir, por lo que pienso que tanto el alimento que ingerimos (o que dejamos) así como la forma en que los hacemos tiene un contenido mucho más profundo que la situación económica, la moda o el marketing. Incluso sabemos que dejar de comer es también una forma de emprender un suicidio lento cuando no se tiene acceso, (o conciencia) a terminar con la vida de manera más rápida. Pero esto es material para otro post.

    Mi intención es enfatizar el hecho de que estos trastornos no han sido los suficientemente bien estudiados ni tratados, por lo que nuevamente te agradezco Paco, por introducir luz en un tema, aparentemente de moda, pero tremendamente desconocido, a pesar de que hoy por hoy, mucha gente supone que posee la verdad absoluta sobre el tema.

    • Ety: Es nuevo en el sentido de que el mundo en el que vivimos ha socavado las tradiciones alimentarias de tal modo que ahora nuestros jovenes han de experimentar “ex novo” cualquier alimento. Han de convivir con los alimentos procesados, congelados e industriales y es muy poco probable que las comidas se oficien segun los ritos de antaño con la familia reunida dos veces al dia por lo menos para compartir mesa y mantel. El hogar ya no es lo que fue, y solo es un lugar de paso. En este sentido apunto en el post que existe un nuevo desorden alimentario.

  5. Me ha gustado particularmente esta frase suya: “Dejar de comer es también una forma de emprender un suicidio lento cuando no se tiene acceso, (o conciencia) a terminar con la vida de manera más rápida”. Así lo considero yo también, aunque esta conducta -el suicidio, en este caso por inanición- no es exclusivamente propia de los humanos. Yo la he corroborado en animales. Nuestro excelente mantenedor del blog, a cuyo contenidos tengo gran aprecio, no estaría de acuerdo, pero… Por otra parte, señor Kupfermann, me gustaría saber qué ideas sobre el asunto del ‘post’ han ideo dejándose de lado por ciertos analistas y por qué causas. ¿Tal vez por “extemporáneas”? Que haya mucha gente que crea o asegure “poseer la verdad absoluta” no es, desde luego, rasgo propio e identitario de nuestro “hoy por hoy”. ‘Nil sub sole novum’

    • Pues no, no estoy de acuerdo en que dejar de comer sea una forma de suicidio. Es mas, creo que dejar de comer (la anorexia en sentido estricto) es una forma de conservar la vida dejando al cuerpo bajo minimos de consumo. ideal para los malos tiempos, una especie de funcionamiento “a prueba de fallos”. La anorexia, con la fiebre y la ferropenia son defensas de nuestro organismo frente al ataque de muchos patogenos biologicos y mentales.
      Por otra parte la Sra Kupferman es eso, una señora y no un señor. 🙂

      • Ya sé que no estás de acuerdo; justo por eso lo recordaba: porque no estás de acuerdo. Quizá dependa, sólo, en que nuestro concepto de suicidio difiere. Sin más. Para mí suicidio consiste en matarse a si mismo, sin que importe el tiempo necesario para efectuarlo: ya sea de un certero balazo en las sienes -raudo-, por un progresivo y moderado desangranse -medio- o por inanición -lento. Que hay animales que se dejan morir por inanición -con o sin consciencia, que al caso nada importa- es un hecho comprobado. A eso lo llamo yo “suicidio animal”, para distinguirlo del “suicidio humano”, por aquello de que, supuestamente, los primeros carecen de “consciencia”…, entiéndase ‘humana’. Señora Kupferman, mi más sentida disculpa por haber desconocido su sexo.

  6. En lo que estamos todos de acuerdo es en que soy mujer. Además, soy mexicana y psicoterapeuta psicoanalítoca. El título de señora me suena demasiado “sofisticado y serio” para un blog entre amigos, así que aquí soy simplemente Ety y no hacen falta disculpas estimado sannio.

    No acostumbro usar ideas definitivas y menos en temas ligados a la conducta humana donde cualquier comportamiento es, desde mi punto de vista, multivariable. Si me ha tocado saber y ver en gente cercana, sobre todo con padecimientos terminales y en estados de depresión grave, utilizar la innación como una opción “relativamente fácil y aceptable ” para terminar con su vida, y lo lograron. Esto no implica que todos las personas con anorexia sean suicidas potenciales, también coincido con la propuesta de Paco de la misma manera en que hay quienes afirman que la psicosis es la mejor opción que tiene una persona para no perder la vida, aun a riesgo de enloquecer. Pero nuevamente, este es otro tema.

    Sannio, tengo la formación psicoanal{itica pero mi experiencia personal y la vida misma me han hecho entender que el Psicoanális ni explica ni mucho menos cura muchas psicopatologías. La idea de reconocer que en el inconsciente se encuentran las claves de muchas disfunciones es válida e incluso extraordinaria, no puedo negar la existencia de un aparato inconsciente, pero éste no puede abarcarlo todo o más bien somos nosotros los que aun no lo conocemos bien. A esto me refiero cuando digo que en aras de explicar la anorexia desde el punto de vista psicoanalítico, muchos profesionistas han dejado a un lado otras causas como las que nos ha señalado Paco en los últimos posts sobre este tema. Asimismo sabemos que los trastornos alimenticios son mucho más variados que los tradicionalmente mencionados, pero en el ámbito analítico no se ha hablado mucho de ellos.

    Estoy de acuerdo Paco que en la actualidad las formas de comer o de llevar a cabo los ritos alimenticios, así como los contenidos de las comidas han variado mucho, pero me parece que la simbología con la que se maneja el acto de comer es y será la misma, es decir, siempre existirá un vínculo muy semejante entre el individuo y el objeto, es decir la comida, lo que ha cambiado se manifiesta en el medio social

    Es mi opinión tomada de mis propias observaciones y vivencias, pero no pretendo ser definitiva. Al contrario, la participación de los compañeros y de Paco me enriquece muchísimo.

  7. Pienso que el hecho que la familia, ya no pueda reunirse ni una vez al dia para comer todos juntos, puede llegar a desembocar en un trastorno alimentario o en otro tipo de trastorno psiquico. El problema, es la alteracion de la dinamica familiar, que impide que la familia interactue el tiempo necesario y suficiente, para que cada uno de ellos se conozca, sepan las alegrias, preocupaciones, acontecimientos sencillos, que si no se comparten en la familia (ante la mesa casi siempre, comidas, banquetes, cumpleaños, etc…) ésta se queda sin contenido. La familia, se convierte en una serie de personas que viven juntas pero NO conviven, no comparten, entre ellos y con otras familias. Entonces matamos nuestra dimension social y vamos empobreciendonos a nivel personal.

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