El dilema del omnívoro


el-dilema-del-omnivoro

Como su nombre indica, omnívoros significa comer de todo, lácteos, carne, pescado y vegetales, aqui en la wiki puedes encontrar los animales que pertenecen a esta familia adaptada a comer cualquier cosa incluyendo a otros omnívoros.

El caso de la leche es paradigmático de como la evolución ha presionado para hacernos tolerantes incluso a la leche de aquellos animales que pueblan nuestra ganaderia. Los humanos no estamos originalmente adaptados a la leche de vaca o de oveja por ejemplo y sin embargo hemos desarrollado adaptaciones para tolerarlas. Algo que se conoce con el nombre de efecto Baldwin.

No cabe ninguna duda de que ser omnívoro es una adaptación a ambientes cambiantes  y entornos poco predecibles en cuanto a recursos alimentarios y no cabe tampoco ninguna duda de que el medraje de nuestra especie acaeció precisamente debido a esta adaptación que nos permitió sobrevivir a ambientes ancestrales hostiles y bien distintos entre sí, desde el desierto hasta los glaciares. Solo asi pudimos abandonar los árboles y la selva, alli siguen aún nuestros antepasados los simios.

Nuestra dentadura está diseñada para cortar, desgarrar, triturar y desmenuzar la comida, descascarillar y pelar semillas de distinta dureza, de manera que no hay duda de que tenemos más relaciones de proximidad, -al menos en nuestras preferencias alimentarias- con las ratas o el cerdo que con nuestros ancestros los simios.

El dilema más importante que se le plantea a un omnívoro es éste: qué comer. Debido a que puede dar buena cuenta casi de cualquier cosa tiene que aprender “ex novo” qué cosas son comestibles y cuales no lo son. Y dentro de las cosas que son comestibles (como un congénere) tiene que aprender tambien a renunciar a un buen bocado si se trata de un humano, de eso se encargan los tabués.

Pero no es de los tabúes culturales ancestrales de lo que voy a hablar sino de la socialización de la comida.

No puede pasarnos por alto que la comida es un hecho social, que se encuentra regulado por una serie de prohibiciones -incluyendo las religiosas-, de prescripciones, de hábitos educativos, de reglas y costumbres, horarios y comportamientos en la mesa, cuando no de aversiones, o intolerancias. Pues comer es peligroso es por eso que no existe actividad humana más regulada que la alimentación.

Es por esa razón por la que nosotros junto con las ratas hemos desarrollado algo que conocemos con el nombre de neofobia. La neofobia puede definirse con el miedo, asco o repugnancia a probar algo que no conocemos. Algo nuevo. Naturalmente esta tendencia a rechazar lo nuevo está acompañada en otros individuos de la tendencia opuesta: la neofilia o la tendencia a encapricharse con lo nuevo.

Aquellos de ustedes que tengan hijos ya saben qué es una neofobia, esa manía que tienen los niños por rechazar sabores que nunca han probado y que rechazan o dicen “no me gusta” sin conocer su sabor. Manías que se establecen a veces de por vida, dependiendo de la educación que hayan recibido. Pues como todo el mundo sabe las fobias se curan con la exposición, es decir si no queremos que nuestros hijos carguen toda su vida con una de estas manías lo mejor es exponerles a las comidas que rechazan, una y otra vez hasta que el estímulo se extinga, contando, claro está, en que usted o su madre no tengan la misma neofobia, pues estas cosas se trasmiten a traves de la imitación.

Y si digo que comer es peligroso, lo es fundamentalmente para los omnívoros. El resto de animales vienen ya de serie equipados con un buen catálogo de alimentos a degustar y no traspasarán esa linea roja jamás. Nosotros sin embargo, los omnívoros estamos diseñados para explorar nuevas parcelas alimentarias (y de cualquier otra cosa).

Y de ahi, nuestra debilidad.

Y es por eso que aun hoy existan dietas y la gente se preocupe por comer de forma “natural”, inteligente o saludable y otros que cobren el peaje, los dietistas o endocrinólogos. Diría que hoy más que nunca y a través de Internet podemos comprobar que comer es algo que nos preocupa, unas veces a través del pretexto de los contaminantes, los plásticos que envuelven la comida, los pesticidas o cualquier otro elemento que identifiquemos como peligroso y que dan lugar a doctrinas casi religiosas sobre qué comer, como mezclar las distintas comidas y cómo ser un buen omnivoro casi siempre con el pretexto de la salud.

¿Cómo hacemos para protegernos pues de los venenos, o los alimentos tóxicos o a aquellos que pueden estar en mal estado o contener gérmenes peligrosos para nuestra salud?

Lo hacemos a través de dos mecanismos bien distintos entre si: uno es el asco y el otro la moralización de la alimentación. Y lo cierto es que ninguno de los dos es de fiar.

Del asco ya hablé en este post a propósito del valor evolutivo de ciertas emociones, de manera que sólo diré ahora sobre él que es un mecanismo analógico que opera por aproximación y que no reconoce por sí mismo lo comestible de lo incomestible salvo en casos extremos. Pues el asco ha evolucionado del tal modo que cualquier cosa aun comestible puede producirnos asco. Se trata de un aprendizaje, uno aprende a tener asco por ejemplo a las almejas por razones bien distintas a la almeja en sí. Usualmente se le tiene asco a los animales vivos y el marisco que se consume crudo es un buen candidato a convocar rechazos o aversiones naturalmente irracionales.

Lo interesante de la comida es que no podemos dejarla al albur de las restricciones de la repugnancia, ni de las prescripciones sociales. Por ejemplo, ¿alguien renunciaria hoy a la carne de vaca o a la de cerdo por más que ciertas religiones hayan abominado de ellas?. ¿Alguien renunciará al vino, a pesar, ahora si, que el vino puede hacernos alcohólicos?

Lo cierto es que aun en una sociedad laica como la nuestra hay mucha gente que sigue manteniendo estos tabúes alimentarios si bien ya no lo hacen por prescripcion religiosa, sino como se dice ahora: ética. Ya no lo hacen en nombre de Dios sino de otras cosas.

Tal y como conté en este post la comida ha sufrido un fuerte proceso de moralización, si bien las grandes religiones monoteístas mantuvieron estas restricciones en el plano de lo teológico. Recuerdo ahora -por hablar de la religión católica- la prohibición de comer carne los viernes, el ayuno de 4 horas antes de comulgar y el estigma que la gula (un pecado capital) o el vino ha recibido en nuestro pais, a pesar de ser uno de los principales productores vitivinícolas.

Todo parece señalar que las restricciones alimentarias que las religiones llevaron a cabo fueron -con la excepcion del alcohol- arbitrarias. De lo que se trataba era de imponer ciertos sacrificios a los fieles a fin de recordar el peligro de comer alimentos “impuros”. Y no creo que la prohibición de comer carne de cerdo tuviera como propósito prevenir la contaminacion de la triquinosis, como algunos autores piensan como si el origen de la triquinosis fuera algo conocido desde la antigúedad.

Si esto fuera cierto en la India deberia prohibirse el consumo de agua, el principal vector trasmisor de enfermedades.

Todo parece indicar que el peaje que pagamos los omnívoros por nuestra novedad evolutiva de caracter alimentario es que aunque podemos comer de todo, no sabemos qué comer pues no podemos reconocer -salvo en los casos extremos- lo peligroso o tóxico. Y este no saber impone restricciones y autorestricciones que requieren complicadas intelectualizaciones para rechazar ciertos alimentos y no nos tomen por locos.

Y lo que hacemos es lo mismo que hacemos cuando tenemos miedo: el detector de humos de nuestras alarmas se encienden aun sin amenaza concreta y cuando fallan el asco y la moralización aun nos queda una ultima trinchera: la intolerancia.

24 pensamientos en “El dilema del omnívoro

  1. Muy interesante, visto en perspectiva evolutiva. La no certeza es, desde luego, el peaje que pagamos por comer “de todo”. Me hizo pensar en el gen de la insulina, en el hipotálamo y en la regulación de la saciedad. Hace casi veinte años “vi” por primera vez, en Estados Unidos, la enorme cantidad de obesos por metro cuadrado en aquella sociedad, cuando en países como España, la epidemia era aún casi imperceptible (o no había llegado). Ahora, dos décadas después, sonrío al comprobar que se ha extendido, y que es cosa de lo más normal. ¿Por qué esta epidemia de gordos mórbidos, que antes no existía? ¿Será porque, tal vez, ocho de cada diez personas se preparan a consciencia para la época, que sobrevendrá, de vacas flacas? Si así fuese se entendería mucho mejor la existencia de giba en camellos y dromedarios. Entre otras muchas cosas.

    • Bueno, hay tres razones para esa epidemia: la primera es que el 75% d ela poblacion mundial poseemos ese gen de resistencia a la insulina que nos vendría bien en epocas de hambrunas pero fatal en entornos de opulencia. la segunda es el consumo de alimentos procesados, es decir muertos. La tercera es que la gente hace demasiado sillon-ball.

      • ¡Claro, claro! Vida muelle se la llamaba… Yo es muy posible que sea de los que no poseen ese gen. Ciencia (probado) vs. intuición (sabido). En “entornos de opulencia” florece la gordura, ahora y siempre; y además no puede ser de otra forma. No obstante, yo diría más bien “en entornos donde abunda la grasa barata”. Pues hay países con una renta per cápita mucho más baja que los europeos y una gran cantidad de gordos, niños incluidos, desde luego. Claro es que suelen ser países a varias velocidades, donde la grasa es abundante y barata.

  2. Yo creo que la prohibición de comer carne de cerdo entre los musulmanes y judíos debe tener un origen relacionado con la economía. Tal vez producir cerdos era mucho menos rentable que producir bueyes, corderos o aves. No dan leche ni huevos, por ejemplo. Tampocon sierven para el arraste. Además requieren sombra, bellotas, barro para revolcarse… Tal vez en las cálidas, secas y deforestadas tierras que habitaban no era rentable esta crianza por lo tanto, mejor prohibir comer su carne. No lo digo yo, lo dice Marvin Harris en p 159, Nuestra especie, Alanza Editorial.

      • Obviamente no lo explica ahora, pero explica su origen. Su mantenimiento es como tantas cosas, son memes culturales, que se adueñan de los cerebros y se transmiten de generación en generación, como un padrenuestro o la creencia en el más allá.

      • La tesis de Dawkins. defendida por sus seguidores, es sugerente. Pero habrá que demostrar ahora la existencia real de esas unidades culturales transmisibles, o memes, para que lo sugerente cristalice en algo más concreto y convincente.

      • Pero esto es un debate? El meme cultural surgió como necesidad y arraigó como precepto religioso. Por qué prendió? Por las mismas razones que prenden todas las religiones: El pensamiento mágico, el miedo, la sumisión, la esperanza en una vida mejor… No lo sé. Si tuviera estos conocimientos y otros por el estilo, tal vez escribiría yo también un blog. Solo soy un simple comentarista que atracó es este puerto y dejó un comentario al respecto. Y nada más.

      • Bueno, creo que hablar de memes es innecesario, las prohibiciones religiosas proceden de un hecho evolutivo incontestable: la comida es peligrosa, pero curiosamente no sabemos discriminar cual es la buena de la mala, solo las sociedades pueden acumular ese conocimiento. Vease lo que sucede por ejemplo con las setas.

  3. Las prohibiciones alimentarias en las religiones, no son ni mucho menos arbitrarias.Desconozco la religion musulmana pero respecto a la judia y catolica (los ayunos de cualquier carne en ciertos dias, el cerdo concretamente entre los judios) tienen un sentido muy especifico y tambien relacionado con el contenido de este articulo. El cual consiste, en que la persona se de cuenta al ayunar o evitar un alimento que su cuerpo protesta, se queja y pide, como buen omnivoro que es, el alimento. Y de esta manera aprender, que de la misma forma que sin alimento el cuerpo perece e incluso, a veces agoniza (lo se por mi experiencia con las dietas) de esta misma manera nuestro espiritu, nuestra dimension trascendente, no puede vivir sin estar en contacto con Dios, aunque nos lo parezca y hagamos gala de nuestra autonomia e independencia, el que no se religa con Dios, lo hace con la superticion y la idolatria del cuerpo, la salud,la imagen la dieta, etc..

    • Al decir arbitraria me refería a la elección del animal impuro.por qué el cerdo o la vaca y no el pollo o el conejo?. Por otra parte estoy de acuerdo contigo en que esas prohibiciones tienen como propósito recordar a los hombres su sumisión a Dios que les impone restricciones y sacrificios. También es verdad que hay mucho de culto idolatrico en muchas actividades humanas aparentemente laicas pero no estoy de acuerdo en que eso sea necesariamente así. Se puede ser ateo y no idolatrar nada ni necesitar un Fundamento para orientar la propia vida.

  4. Es cierto, pero no todas las personas tienen ese nivel de valores y principios (laicos) bien jerarquizado (para que les pueda sostener), y tampoco durante todo el tiempo de su vida, pues la vida aprieta, en ocasiones, y no podemos quedarnos en nosotros mismos, nos asfixiamos, es demasiada responsabilidad. No llegamos a tanto control. Tenemos una dimension trascendente lo queramos o no, que nos hace preguntarnos por el sentido de nuestras acciones, para que sirve mi vida, porque estoy aqui y me pasa esto o aquello.
    En personas enfermas, se nota una gran diferencia si tiene ese Fundamento o no. Tanto en el proceso morboso (o muerte) como en la calidad de la recuperacion.
    Dr. Traver, me gustaria saber su opinion, si tiene tiempo. Gracias.

    • Brisa: Dices que “tenemos una dimension trascendente lo queramos o no”. Bueno depende de a qué llames “dimensión trascendente”. Tampoco necesitamos para nada el “control”. Ahora bien es cierto lo que dices acerca de la ayuda de ese Fundamento. Eso está demostrado. Un psiquiatra llamado Victor Frankl que estuvo internado en Auchswitz observó que de entre los prisioneros los que mas supervivencia gozaron fueron los “creyentes” en algun tipo de religión y los comunistas. Es decir aquellos que podian explicarse la barbarie y su adversidad en terminos comprensibles, en terminos de sentido. Esto es verdad, parece que la religiosidad del mismo modo que la creencia en algun tipo de ideologia nos fortalece mentalmente y nos hace menos vulnerables al estrés.
      Pero esto no significa que Dios exista o que el comunismo sea la panacea de la humanidad. Son dos cosas distintas.
      Por otra parte yo tambien creo en la dimension trascendente de los humanos, pero para mi la trascendencia no es un señor barbudo, ni un codigo de leyes entregadas a mano en el Sinaí, ni un “fantasma en la maquina” que sobrevuela la materia dotándola de “alma”. Para mi la trascedencia es esto, lo más aproximado:

      • A mi tanta belleza, me remite a mi Creador y me siento afortunada de ser su creatura, de pertenerle y ser acreedora de sus cuidados.

  5. En las tres grandes religiones, las religiones de la revelación como se las ha llamado, las prohibiciones o sacrificios personales tienen un carácter fundamentalmente simbólico. En un principio, en el algún momento de la historia de los pueblos, estas religiones evolucionaron, entre otras cosas, mediante la sustitución del sacrificio original de las religiones primitivas -la inmolación de un chivo expiatorio humano, cuyo ritual en muchas ocasiones terminaba en la antropofagia- por otro más benigno, el de animales. El sacrificio de animales supone la superación del asesinato ritual, que la divinidad condena, estableciendo así uno de los primeros pilares de la moral en las sociedades: no matarás (esto se ve en distintos pasajes como el de Abraham e Isaac o, quizás con menos contundencia pero paralelamente, en el sacrificio de Ifigenia por Agamenón). Un segundo paso consiste en revertir el sacrificio hacia uno mismo, evitando comer ciertas cosas o todas ellas (como ocurre con el Ramadán) durante un periodo de tiempo determinado. En ese momento no se mata animal, la violencia se invierte y lo que se ‘mortifica’ es el espíritu, si bien de manera simbólica, es decir, como voto de humildad. Estos sacrificios son asimismo exigidos por la divinidad, cansada de que el pueblo realice rituales con los que intente comprar su beneplácito: lo que se pide entonces es un corazón puro y no una serie de rituales hipócritas. Así pues, en la medida en que estos rituales señalan la importancia simbólica de lo que subyace detrás de ellos, tienen un efecto beneficioso. Si lo que se hace es, sin embargo, una lectura literal de los mismos (en eso es en lo que consiste el fundamentalismo, en una interpretación literal y no simbólica de los textos religiosos) se provocan nuevos males y se regresa al primitivismo. Existen en nuestra cultura muchos sacrificios simbólicos que no tienen forzosamente un significado religioso. La buena conducta es, por ejemplo, un conjunto de pequeños sacrificios que se hacen con la intención de ‘mortificar’ el egoísmo y, de la misma manera, cuando lo que se sigue con ellos no es el espíritu, sino la letra, nada se consigue entonces, sino que se cae de nuevo en la hipocresía. Fuera de este significado simbólico no tienen ni sentido ni razón, como tampoco lo tiene por ejemplo no comer carne los viernes, o infinidad de comportamientos sociales si no es por lo que se significa simbólicamente en ellos, y hasta el más simple de los alumnos de secundaría podrá cuestionar su utilidad (¿de qué sirve dejar pasar primero a los mayores, ceder la palabra o comer con la boca cerrada?). Los sacrificios simbólicos tienen asimismo la virtud de prevenir la caída en rituales también primitivos disfrazados por las costumbres de los tiempos. Así pues, la preocupación por el cuerpo, la vida sana o la salud alimenticia pueden y de hecho traspasan en ocasiones el umbral de lo sensato y se convierten en ‘cultos’ primitivos, en los que lo simbólico ha dejado de existir. El culto al cuerpo perfecto no es simbólico por muy utópico que pueda resultar; por el contrario, parece poseer en todo caso ciertos rasgos arcaicos, aunque se halle inserto y adaptado a las costumbres de nuestra moderna cultura laica, y su mensaje se lee de la manera más literal posible, por mucho que resulte esperpéntico: ‘no engordarás’; su ‘dios’ es la estética dominante y actúa casi tan implacablemente como los antiguos dioses babilonios, exigiendo sacrificios que llevan a enfermedades como la anorexia, y que en algunos casos suponen la ‘autoinmolación’, es decir, la muerte.

      • “Visión” del asunto desde lo que se llamaba -tal vez ya tenga otro nombre- “antropología cultural”. Da igual como ahora se llame. Es agradable, pero a mí no me convencen esos argumentos. Quiero decir que hay otros argumentos que me parecen más fundados en ciencia; y tienen que ver con el cerebro -o si se quiere con las neuronas.

      • Los aportados en el ‘post’ son suficientes y bastantes. Me gustaría tener tiempo para escribir con detenimiento, pero no lo podré hacer sino a partir del 24 próximo. Hasta entonces estoy en Bélgica y sin ordenador propio.

  6. Pingback: El dilema del omnívoro | mm

  7. Pingback: Seligman: ratas y hombres- Consulta de Psicología | 91 496 38 00 | 661 51 52 31 | Psicólogo Leganés Carabanchel Alcorcón Móstoles Getafe Fuenlabrada

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s