Hacia una taxonomía de las emociones (VIIII)


De manera que ya sabemos que el narcisismo es el peor enemigo de los grupos sociales y el mejor aliado del egoísmo individual, es lógico pues que los grupos se hayan blindado -evolutivamente hablando- frente a la esperable tiranía del individuo versus el grupo.

Y relacionado con esta ultima afrimación me gustaria abordar ahora otra emoción, me refiero al asco o la repugnancia, quizá la emoción mas desconocida para la psiquiatría.

La razón de este olvido es probablemente la confusión que usualmente llevamos a cabo entre el miedo y el asco. Para lo cual les pondré un ejemplo,  a mi juicio muy claro para entender la diferencia.

Hace unos dias estaba yo guardando cola en la polleria donde suelo comprar un pollo a l´ast cuando un perrito de esos que van con una correa eterna -atado en la mano de su dueña- se puso a jugar con los zapatos de otra ciudadana que hacia lo mismo que yo: esperar turno. Ante el malestar evidente de la señora que recibia los lengüetazos del perro, la dueña del mismo le espetó: “No tenga miedo, no muerde”. A lo que la ciudadana contestó, “no me dan miedo los perros, me dan asco”, “simplemente no me gusta que los perros me laman la ropa”. La dueña del perro visiblemente ofendida por el asco de la otra se limitó a chasquear la lengua y a tirar del perro hasta dejarlo fuera del alcance de la anteriormente lamida.

Y yo me quedé pensado que efectivamente el asco es algo muy distinto al miedo, tanto es asi que incluso los circuitos cerebrales que regulan a ambos están en lugares bien distintos: en la amigdala el miedo y en la corteza cingulada el asco. No es sólo el miedo a la mordedura lo que hay que temer en un perro, hay otras cosas a temer, al menos en clave ancestral.

No cabe duda de que tanto el miedo como el asco han sido seleccionados positivamente por la evolución por los servicios que han prestado a nuestra especie. Aunque han seguido caminos evolutivos bien distintos, el miedo parece ser innato, mientras que el asco requiere ciertos aprendizajes basados en el pensamiento mágico pero asi y todo dotados de una enorme consistencia y muy dificiles de extinguir una vez establecidos.

El asco surgió como un mecanismo diseñado para eludir toxinas alimentarias y probablemente evitar el contacto con animales ponzoñosos, plantas venenosas, evitar las enfermedades transmitidas por insectos, ratas y otros parásitos. La nausea y el vómito parecen ser los mecanismos (los marcadores somáticos) de esta emoción que llamamos asco del mismo modo que la taquicardia es el marcador somático del miedo.

Hasta nosotros nos han llegado sus secuelas caracterizadas sobre todo por “manías” alimentarias muy frecuentes en los niños pero supervivientes en nuestros adultos en forma de “fobias”, intolerancias o “alergias” mas o menos justifcadas. La lista de alimentos “repugnantes” seria escandalosa y cualquier alimento puede según qué individuo ser un soporte del asco, lo cual exige ciertos aprendizajes sociales por mimetización. Asi y todo las visceras, el marisco crudo y la carne o pescado crudo son los alimentos preferidos por los aversivos consumidores que los detestan, no sin algo de razón. Nuestra especie procede un linaje de hominidos que comenzaron sus carreras alimentarias de omnívoros consumiendo carne cruda de cadáveres (Isaac 1978). La carroña fue nuestra iniciación a las proteínas hasta que se descubrió la carne cocinada y se abolió aquella practica no sólo por los riesgos asociados con su consumo como por el escaso valor energético de la carne putrefacta.

La hipótesis desde el punto de vista evolucionista es que el asco es un mecanismo de evitación de enfermedades diseñado por la selección natural para evitar objetos como heces, vómito y personas que pueden ser contagiosas. Steven Pinker considera al asco como una “microbiología Intuitiva”, como una Teoría de los Gérmenes innata, y verdaderamente es sorprendente que la gente ha evitado posibles causas de contaminación como si supiera que existen los gérmenes, cuando el descubrimiento de los mismos se realizó a finales del siglo XIX. Por lo tanto la ventaja evolucionista del asco evitando la transmisión de enfermedades parece clara. Se han estudiado las cosas que dan asco en diferentes culturas y evidentemente existen variaciones culturales, cosas que dan asco en una cultura y no en otra, pero existen también muchas cosas en común. Los principales disparadores del asco son:
  • Secreciones del cuerpo y partes del cuerpo ( las heces son las primeras en la lista en todas las culturas). No hace falta insistir en que las secreciones corporales ( heces, sangre, heridas, secreción nasal, vómitos…) son transmisoras de gérmenes.
  • Comida podrida ( también transmiten patógenos)
  • Ciertos seres vivos ( arañas, ratas,  gusanos…). Evidentemente transmiten enfermedades.

(Extraido de este articulo).

Ahora bien, el asco en nuestros dias parece más bien una emoción sin mucho sentido debido a las normas de higiene, limpieza y asepsia casi quirúrgica en que vivimos, asi pues el asco ha ido evolucionando (como veremos con el miedo) y colonizando otros resortes más simbólicos que reales. Por ejemplo, hoy se considera que la xenofobia y la homofobia están mas relacionadas con el asco que con el temor a pesar de que el sufijo “fobia” señale hacia el miedo. Igual sucede con la visión de la sangre o el horror a las jeringas o a las enfermedades, hospitales o instrumentos médicos; el cáncer, la locura o el SIDA son sus principales perchas, aunque algunas de ellas no sean contagiosas, ya he dicho más arriba que es el pensamiento mágico el que gobierna el asco y no la razón. Las reglas de la magia simpática que describiera Frazer en su “Rama dorada“, un libro ya de culto.

Efectivamente, los extraños o gente diferente pueden ser portadores de enfermedades, algo que los españoles sabemos a través de nuestra propia experiencia: la de haber llevado al nuevo mundo enfermedades que en Europa eran casi banales y que fueron mortales para los indígenas americanos que no disponían de defensas frente a ellas.

Existe además una sensibilidad particular al asco, las mujeres son más sensibles que los hombres y las mujeres embarazadas todavía más pues existe una relación entre la hiperemesis del primer trimestre y el asco. Algo de lo que hablaré más adelante.

Lo que quiero señalar a continuación es que segun Paul Rozin (1987) existirían tres niveles en el asco: uno relativo a lo concretamente ponzoñoso, otro relacionado con nuestra propia naturaleza animal y detritus propios y otro asco que pertenece ya a un nivel puramente simbólico: el asco moral.

Para lo que no tenemos más remedio que salir en busca de Jonathan Haidt, el autor que más ha investigado sobre este tema del asco y del que ya hablé aqui a propósito de la moral desconcertada.

¿Se comería usted a su mascota?.-

Esta es una de las preguntas que suele hacer Haidt a su concurrencia para hacerles reflexionar acerca de la hegemonía del asco en nuestra vida racional. Lo que Haidt plantea es que algunas cuestiones no pueden resolverse desde el raciocinio, puesto que hay algo, más concretamente un cluster de sentimientos viscerales que son previos a la decisión cognitiva. Cualquier respuesta a la pregunta anterior no podria ser coherente, el caso es que no nos comeriamos a nuestro perro y no por ser de nuestra familia (como suele responder la mayoria), sino porque algo en nuestras tripas se revolveria contra nosotros, algo innombrable o mejor intragable.

Para Haidt la moral es cualquier sistema de valores relacionados entre sí, prácticas, instituciones, y mecanismos psicológicos que trabajan de forma conjunta para suprimir y regular el egoísmo y hacer posible la vida social. Y ahora volvemos al principio del post, las relaciones entre el asco y la moral.

Recordemos brevemente del post anterior una cuestión: la selección natural opera no sólo sobre la especie y los individuos sino tambien sobre los grupos y es obvio que el asco evolucionó como una emoción interpersonal, una emoción fundamentalmente social, destinada a revelar los contactos peligrosos y a disminuir los riesgos del contacto con otros. El asco está destinado pues al control social de los que pueden representar una amenaza contra los grupos, concretamente los tramposos, los parásitos o los egoístas y dado que estas emociones evolucionaron en entornos ancestrales mediadas por una elevada competencia y donde el engaño era la regla, desconfianza y asco suelen ir de la mano.

Es por eso que podemos sentir asco por ciertas practicas sexuales, con el abuso de menores, por la corrupción politica, por la violencia anómica, por la ignorancia activa o por cualquier otro asunto que implique a la moral, es decir a lo que entendemos por una conducta sancionable.

Para entender mejor el pensamiento de Haidt y de las relaciones entre el asco y el orden social es mejor que el lector lea este post, donde precisamente Haidt analiza en clave politica la composición de los grupos sociales y cómo se defienden y el papel del asco en el oden social.

Bibliografía.-

Rozin, P y A, Fallon (1987): «A perspective of Disgust», Psychological Review, nº 94,pags. 23-4.

Isaac, Glynn: ¿Cómo compartían su alimento los homínidos protohumanos?. Investigación y ciencia, nº 21 (1978)

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4 pensamientos en “Hacia una taxonomía de las emociones (VIIII)

  1. Quizá sea el ‘asco moral’ el sentimiento de repugnancia peor de todos. Pues cuando el comportamiento de los dirigentes de una sociedad asquea, ¿dónde podría uno refugiarse, siendo parte de esa sociedad?

  2. Confieso: regularmente me da asco hacer cunnilingus. Hay hombres que gozan el cunnilingus pero aparte disfrutan saborear el culo femenino. Hay mujeres que les parece un manjar la felación y a otras les da asco :moral y biológico. De igual forma hay pocas mujeres que gozan al chupar el culo masculino y la mayoría les da asco. ¿Cómo podrían explicarse estas preferencias?

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