Hacia una taxonomía de las emociones (IV)


Los que hayan leido el post anterior y los comentarios podrán ahorrarse ciertas explicaciones acerca de cuales son los fundamentos y los límites de la psicología evolutiva.

La psicología evolutiva no trata de explicar el comportamiento humano actual (de eso se ocupa la psicología) sino del por qué ciertos rasgos, conductas o cogniciones han sobrevivido a la marea evolutiva y nos permiten hoy pensar y ser como somos. Más bien la psicologia evolutiva nos permite conocer por qué no podemos ser de otra manera a cómo somos de acuerdo con esta “herencia ancestral” de rasgos adaptativos que han sobrevivido a la deriva evolutiva y sobre todo nos permite saber por qué no podemos ser de otra manera incluso aunque seamos capaces de imaginarnos esa “otra manera”.

Aquellos de ustedes que hayan leido (y visto el video de Helen Fisher que publiqué en este post) ya sabrán cuales son nuestras posiciones actuales acerca de esta fenomenal emoción que tantas y tan buenas prestaciones ha aportado a nuestro linaje. Sin embargo el video de Helen Fisher pasa por alto una cuestión fundamental, que para mí es ésta: ¿A quien benefició en su origen el invento del amor?

La misma Fisher está de acuerdo en que el amor es una emoción que evolucionó a fin de asegurar a las hembras un cuidado de ellas mismas y sus crías por parte de los machos proveedores. Si esto fuera cierto, habria que precisar un corolario: el amor benefició ancestralmente a las mujeres, a sus crías y a la supervivencia de eso que llamamos hoy, familia monógama. Sin amor seríamos una estirpe mas parecida a los monos que a los hominidos pues ninguna emoción ligada al apego hubiera evolucionado.

Lo cierto es que el amor es una emoción muy compleja y tal como podemos ver en el video de la propia Helen Fisher existen muchas clases de amor. Al menos tres: el amor de las madres hacia sus hijos (apego), el amor sexual (que tiene como fin la cópula) y el amor fraternal, que podria entenderse como la capacidad de los seres humanos de establecer lazos amorosos con compañeros, amigos, familiares, causas o proyectos colectivos.

Sólo el amor sexual es del que vamos a hablar en este post y un poco para poner en cuestión la idea de Fisher acerca del amor romántico.

¿Es posible discriminar el amor romántico del simple deseo sexual?

En mi opinión no es posible en los hombres, pero si es posible en las mujeres.

Y lo es por razones evolutivas. Para la mujer el amor es un ancestral seguro de vida (aunque hoy ya no sirva para nada en las mujeres autosuficientes), para los hombres una cruel atadura, que nos impide copular con otras hembras sin el “pago” adecuado. Lo que no significa que los hombres no podamos enamorarnos, lo hacemos. Pero lo hacemos menos que ellas y lo hacemos más bien como resultado de las cópulas que como pretexto para copular.

El soporte neurobiológico de esta diferencia, es precisamente el canal sensorial que se activa para tal fin: en los hombres la visión y en las mujeres la rememoración acústica. Los hombres tienden a enamorarse (aunque yo hablaría solo de deseo) a partir de la visión de la hembra adecuada y ciertas señales que se ponen de manifiesto de forma subliminal. Mientras que las mujeres que son más lentas para esta reacción precisan de una serie de eventos que pongan de manifiesto en su memoria que aquella es una buena elección en términos de su propia experiencia. En este sentido podriamos afirmar que el hombre “se enamora” más rapidamente que las mujeres (sin poder discriminar entre amor y deseo) y que las mujeres “se enamoran más tarde” sin que sea posible tampoco discriminar entre amor y deseo, lo que explica que los hombres deban y lleven en cualquier caso la iniciativa en todo lo amoroso. Lo cierto es que las mujeres declaran con más frecuencia e intensidad su amor por aquellas parejas con las que copulan que los hombres, mientras que en el largo plazo las mujeres dejan de hablar del amor, igualándose a los hombres. De hecho ninguna mujer casada se interesa ya por el amor y sí por otras cuestiones como se aprecia en las conversaciones que mantienen entre sí.

Y es por ello que inventada la estrategia los machos inventaron la contraestrategia: la mejor forma de copular con una mujer es hacerle creer que estamos profundamente enamorados de ella. Se trata de una estrategia para malas épocas y entornos represores de la sexualidad que sin duda ha favorecido a muchos machos que sin el engaño simplemente no habrian copulado jamás.

Lo cierto es que la palabra “amor” tiene distintos significados para machos y hembras y sobre todo varía según la edad. Para un macho joven de nuestra especie las posibilidades de cópula están hoy muy abiertas y más si se trata de un hombre de éxito o con atractivo (signifique esto lo que signifique), pero en un macho viejo o sin atractivo las posibilidades se cierran, del mismo modo que sucede en las mujeres. De manera que es en la juventud donde han de ponerse a prueba todas estas habilidades y poner toda la carne en el asador. Y eso es lo que sucede.

Las mujeres tratan de convertir al macho merodeador en doméstico compitiendo entre sí y los hombres tratan de convertir a su “princesa” en su propiedad sin renunciar a merodear de vez en cuando, pues en todo hombre hay un descuidero, de lo cual no debe entenderse que las mujeres sean monógamas por naturaleza; siendo verdad que la presión evolutiva de la monogamia sobre las mujeres ha sido muy potente, en toda mujer hay tambien un gorriona merodeadora con intención de ser infiel. Una adaptación social como la monogamia puede resultar profundamente inadaptativa desde el punto de vista reproductivo.

De manera que es posible predecir que en nuestra especie sobrevivirán tres estrategias reproductivas evolutivamente estables (EEE): la monogamia, la hipergamia y la promiscuidad (Maynard Smith, 1997).

El problema es que el enamoramiento como “amor romántico” que describe la Fisher en su video (y que cualquier persona corriente habrá podido experimentar alguna vez en su vida) no tiene nada de romántico y puede ser barroco, cortés o romano según la época y el entorno en que se desarrolla. Dicho de otra forma: el amor sigue patrones culturales en su expresión, pues no debe olvidarse que se trata de una creencia y no de un estado perpetuo y objetivo, de modo que hablar de amor romántico es solo una manera de describir el amor en el que creen las personas que comparten una misma época y valores. Por ejemplo el amor que ahora se lleva es un constructo postmoderno que sigue apoyándose, no obstante, en el amor romántico (al menos mientras dura): se trata de un desechable, de algo intercambiable, de algo sometido a las leyes del desgaste , la perentoriedad y la superficialidad. El amor postmoderno es aquel que lleva un código de caducidad como los comestibles, ya nadie cree en el amor para siempre del mismo modo que ya nadie cree en una ocupación para toda la vida o en la vida eterna. Hoy es todo intercambiable, superfluo y ocasional, todo lo cual no impide que seamos adoradores del amor romántico.

De manera que la consecuencia más visible de todo ello sea la monogamia sucesiva, es decir seguir creyendo en la monogamia pero cambiando de pareja, eso hace casi todo el mundo, incluyendo a la Fisher.

En todo caso el destino del amor romántico es convertirse en apego simple. El apego desde luego tiene poco de romántico y mucho de prosa, es por eso que de él nadie quiere hablar, pero en realidad es el apego el que mantiene unidos a personas, grupos, instituciones, colectivos, etnias y paises. El apego no es un cóctel embriagador como el amor, y no tiene tanto de recompensa dopamínica como los primeros escarceos amatorios que dejan una huella perenne en nuestra memoria, a cambio aumenta la serotonina y nos procura un placer bien distinto si uno no añora demasiado el estado de “enamoramiento” anterior o si uno ha dejado de creer en él. El apego está relacionado con los intereses a largo plazo, el dinero, los hijos, el cariño y todas esas cosas que carecen de interés poético pero mucho de intención adaptativa: en realidad esa es la función del amor (al menos desde el punto de vista evolutivo): que llegue a convertirse en una relación a largo plazo, entendiendo que para la evolución el largo plazo es el periodo de crianza de los hijos, nuestra expectativa de vida en tiempos arcaicos.

Los hombres disminuyen (como los hámsteres y otros mamíferos) su actividad hormonal cuando son padres, probablemente el sentido de esta disminución sea la de inhibir la agresividad, sin embargo las mujeres sufren un aumento de la misma durante el puerperio, seguramente como señal para defender el nido de invasores. Del mismo modo que la testosterona masculina puede dispararse viendo a una hembra desnuda o simplemente hablando con ella, nuestro organismo sufre ciertos menoscabos cuando tenemos descendencia y estamos en periodo de crianza y las mujeres saltan como leonas cuando sus crías son amenazadas. Todo parece indicar que la evolución se ha dedicado a regular y modular el deseo masculino según las circunstancias, es por ello que en el amor es necesario hablar del corto y el medio-largo plazo, tanto en hombres como en mujeres pues en ambos hay objetivos bien distintos.

Sin embargo, es necesario entender otra cuestión que no es ya evolucionista sino ontológica: una persona sólo puede llegar en el amor tan lejos como su estructura narcisista le permita, pues amar es reconocer a un otro separado con sus propias necesidades y deseos. Dicho de otra manera: tan lejos como pudo llegar en la relación con su madre, con el objeto primordial. “Dime como resolviste y cómo fue el apego con tu madre y te diré hasta donde puedes amar”, no tanto en el corto plazo que parece estar conservado en casi todo el mundo sino en ese más allá donde cada uno tiene que inventar nuevas razones para amar y no caerse en los abismos del amor: los celos, la dependencia y el odio.

Del amor, sus destinos y la teoria del apego hablaré en el proximo post y también de sus patologias asociadas.

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13 pensamientos en “Hacia una taxonomía de las emociones (IV)

  1. ¡Oh, es usted un crack! Antes de releer y de ultra-analizar su poliédrico escrito, no se incomode si lo alabo hasta el paroxismo. ¡Ha cerrado la semana cómo un guerrero intelectual! Estoy embriagado por su texto,pero quiero seguir brindando y releyendo hasta que de la madrugada. Muchas gracias, por invertir tanto tiempo en proponernos un camino para salir de nuestros laberintos espirituales. Eduardo Gómez.

  2. ¿No le parece qué la poesía ha potencializado y ha hecho una gran industria del amor romántico? ¿Acaso hasta la poesía romántica está en crisis? ¿No le parece qué muchos libros de auto-ayuda han distorsionado el amor,haciendo creer a la masas que se puede amar incondicionalmente; y que te proponen que se debe amar hasta los enemigos? Aunque debo reconocer que muchos han considerado el amor de una manera muy supersticiosa y que les ha servido de placebo para mantener una matrimonio feliz y eterno. Entonces puede ser que los libros de auto-ayuda actúen como un placebo supersticioso y auto-engañador para personas que vivan en esa mentira pero que les ayuda a ser felices . Un gran ejemplo de ese amor es el que tanto proclama el inefable Jodorosky (en mi caso lo considero un adicto a las mentiras y cuasi-charlatán)Y de igual forma las biblias han hecho su gran labor, y pues la ciencia a ha venido a equilibrar esas ideas del amor. Su escrito ha venido a matar las supersticiones y a poner en claro que no se debe vivir en la quimera del amor eterno e incondicional.

  3. Me agradaría aportar algún argumento en beneficio de esta tesis; o poder discrepar de algún punto, o matizar alguna idea… Nada de esto es posible. Estoy por completo de acuerdo tanto en el todo como en todas y cada una de las partes. Es justo así como yo lo “veo” también,

    • No obstante a que yo lo “veo” así también, por ser hombre… No podríamos caer en el error de creer de manera absoluta que lo que con tanto tino has escrito sea “la” verdad, pues ésta depende muchas veces desde el punto de vista del observador; no hay Verdad, sino nuestra pequeña verdad. Es muy posible que en este intercambio intervengan pocas mujeres; si lo hacen será muy interesante reflexionar sobre sus puntos de vista. De momento, las respuestas obtenidas proceden todas de hombres, si no estoy equivocado; y, a su forma o en su estilo, son unánimes. Pues en el fondo, para hombres y mujeres “amor” es un concepto distinto. “Por amor, escribía Nietzsche, las mujeres llegan a convertirse enteramente en aquello gracias a lo cual viven en la imaginación de los hombres que las aman”. Es un eco que suena a repetido, a sabido. ¿No es así?

      • Bueno, yo no creo que en mi post me haya decantado por una visión que favorezca a los hombres, más bien he señalado las entrañas psicobiologicas en clave evolucionista de por qué las cosas son como son. Claro que todo esto no es la verdad, pero es una verdad que conviene oir y difundir, pues la otra verdad ya ha penetrado lo suficiente en el cuerpo social y ya vemos cuales han sido las consecuencias.

      • Sí, desde luego. Es un deber que nos nace y al que nos debemos. Ahora bien, la mentira y la estupidez de “lo políticamente correcto” ha permeado amplísimas capas sociales. ¡Miedo da saber qué y cómo se enseña en los “centros educativos” en la actualidad! Enseñar a buscar la verdad -o simplemente a saber discernir lo verdadero de lo falso- es algo que no se lleva porque no vende. “Veritas odium parit” [la verdad engendra odio], decía Plauto. Sé que peor aún es quedarse de brazos cruzados. Al predicar en el desierto nos reconforta saber que nuestra voz encuentra, en alguna ocasión, su eco. Me anima constatar que bogamos en la misma dirección y en el mismo barco.

      • No creas que somos minoría los que bogamos en esa dirección, cada vez somos más gracias a los cambios que ha provocado la comprensión de la Neurociencia critica

  4. Para los alemanes la mujer es el sol y para los franceses la mujer es la luna. No me cabe duda que usted tiene razón al decir que el amor varía en las culturas. Y otro detalle: es verdad que se utilizan un sin número de artilugios para engañar a la mujer, con el objetivo de enamorarlas y así poder follarlas. Pero en base a mi experiencia le puedo decir que una mujer enamorada te va tratar como César en la alcoba. Y eso de la monogamia sucesiva más qué una teoría es una ley…

  5. Muy muy interesante, saber que unos no son unos cerdos ni las otras unas furcias, que unos no son unos calzonazos ni las otras unas estrechas, que todo son estados químicos y socioculturales.

  6. Soy mujer y opino que en otras culturas no se da la monogamia. La fidelidad no es ningún valor, ni se castiga la infidelidad. (De hecho hay una cultura en la cual se cree que el niño se va a haciendo progresivamente con sucesivas relaciones sexuales, con lo cual garantizan que varios padres colaboren en la crianza).
    En otras culturas no hay ese sentimiento de posesión del cuerpo o la totalidad de una persona. Y me parece lo mejor. Pero sigo siendo romántica, y creo en el encuentro entre dos seres humanos, sean del sexo que sean. Algo que va más allás el amor fraternal, una comunicación que no se produce con cualquier persona y que en palabras de Erich Fromm sería “superar la separatidad”. Creo en la entrega, lo cual no quita que crea en la independencia y en el respeto hacia la individualidad de cada miembro de una relación. No creo que hombres y mujeres se guíen únicamente (o especialmente los hombres) por la intención de follar, ni que las mujeres busquen seguridad económica. Creo que para ambos es una búsqueda del otro, de sí mismos, cada relación te enseña cosas, cada persona te enseña cosas… Y a veces una relación muere porque solo te aporta compañía, no aprendes, no te aporta nada. Por mucho que folles.
    Uno avanza por la vida y a veces cada uno avanza en un sentido y a veces uno avanza y el otro se estanca. Y encuentras otras personas con las que prefieres seguir tu camino.
    Al fin y al cabo, para mi lo importante es eso, la compañía profunda, no la superficial. Tampoco el sexo, que es un ratito. Sí la comprensión, la ternura…
    En fin, seré una loca romántica…

  7. Bueno, supongo que esas culturas de las que hablas serán primitivas, tambien las hay poligámicas pero hasta donde yo sé la monogamia es la estrategia reproductiva mas representada en nosotros los sapiens.
    Por otra parte y siendo mujer es lógico que hayas asumido esa idea del amor romántico. Es lo más adaptativo. Ahora ya no importan tanto las razones económicas pero el linaje del que procedemos es nuestro destino. Ah! por qué costará tanto entender las diferencias entre causas proximas y causas remotas?
    https://pacotraver.wordpress.com/2010/09/19/causa-proxima-causa-remota/

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