Eros, Ananké y la psiquiatría


Como todo el mundo sabe la psiquiatría es una disciplina que se ocupa de las enfermedades mentales, mientras que la neurología se ocupa de las enfermedades del SN (sistema nervioso), sea central o periférico. Dicho de otra manera la psiquiatría se ocupa de las enfermedades de la mente y la neurología de las enfermedades del cerebro. ¿Podemos -no obstante- diferenciar amba epistemologías?

Lo cierto es que tenemos una epistemología algo arbitraria a la hora de deslindar el territorio de una u otra disciplina, por ejemplo la enfermedad de Alzheimer es una enfermedad que compete a la neurología aunque sin embargo los sintomas psiquiátricos de esta enfermedad son muy frecuentes, lo mismo sucede en otras enfermedades neurológicas como en la esclerosis en placas, los tumores cerebrales o la epilepsia: muchas veces estas enfermedades debutan con síntomas psiquiátricos aunque su origen sea orgánico.

La dificultad procede pues de una división arbitraria de los campos de conocimiento de nuestras especialidades, pero más allá de eso se encuentra plegada la pregunta dificil de las neurociencias: ¿cómo hace  lo material para transformase en mental?

De manera que ante la dificultad en contestar esta pregunta el conocimiento se ha fragmentado en al menos tres grandes áreas de conocimiento que coinciden con los mundos de Popper: el mundo uno, es el mundo de lo material, objeto en este caso de la neurología, el mundo dos es el mundo de lo mental y de ello de ocupa la psicologia y la psiquiatría y el mundo tres es el mundo de la cultura, el mundo de los artificios sociales humanos y de ello se ocupan la sociología, la antropología y la filosofía.

El problema que acecha en esta división de los saberes es que cada una de esas disciplinas no pueden escapar de sí mismas. Son inmanentes y solo atienden a sus propias propuestas y paradigmas. Asi es que por desgracia los hallazgos de cualquiera de esas disciplinas carece de interés para sus vecinas y no aportan nada para la práctica diaria de la medicna. Al menos eso parece.

Lo que nos faltaría, -si pudieramos pensarlo como una carencia- sería una metadisciplina que abarcara a todas ellas en una nueva teoría que diera cuenta de los hallazgos del mundo tres o dos para llevarlos a la práctica en el mundo uno poperiano.Si esto fuera posible y dado que nosotros vivimos en el mundo dos (el mundo de lo sensible) podriamos transformar cualquier suceso mental en un suceso biológico o material, algo que parece suceder espontáneamente aunque lejos de nuestra voluntad. El espíritu (lo mental o lo social) ejercerian presión sobre la materia y podria resultar en una fuente de salud y bienestar para nosotros los humanos.

Según la epistemología poperiana y tal y como podemos ver en el esquema de arriba esos tres mundos no son compartimentos estancos sino que existe una influencia de cada mundo en su predecesor que a su vez es evolutivamente un pariente circular. De tal modo que tal y como nos cuentan los neoplatónicos el mundo tres (mundo de las Ideas) puede influir en el mundo uno o mundo de lo material que a su vez da lugar e influye en el mundo mental que a su vez está “imaginando” un mundo desde las sombras que conocemos como mundo de Universales.

La mejor forma de contemplar esta idea es a través de este cuadro de Escher que se titula “Liberation”. Escher concibe que la forma de los pájaros (contingente) se libera de sí misma tendiendo a una forma universal (necesaria) en este caso un triángulo que es una forma euclidana ideal. Ideal en el sentido de que no existe en la naturaleza ningún triángulo perfecto sino que el triángulo pertenece al mundo de las Ideas, al mundo de las relaciones matemáticas y formales, algo que preexiste al propio pájaro real, algo atemporal e inmaterial que no puede verse y que no tiene existencia real en el mundo uno pero al que tienden todas las formas conocidas.

El mundo en este sentido seria un continuo devenir de las formas.

Un continuo devenir entre aquello que es necesario y aquello que es contingente.

En el mundo de las Ideas que en este momento nos compete como médicos y psiquiatras, no cabe ninguna duda de que La Necesidad (Ananké) es la forma ideal a la que tienden todas las proposiciones humanas que conocemos como afecto, Eros, amor o cualquier estrategia de acercamiento antre el Yo y lo Otro. En este sentido cualquier amor sería contingente aunque puede imaginarse un amor que contiene a todos los amores que el hombre puede pensar como un triángulo perfecto. El hombre no tiene más remedio que vincularse con alguien si quiere sobrevivir, en este sentido hay un amor que no es elección sino una necesidad que nos viene impuesta por la cualidad deficitaria de nuestra naturaleza, le llamamos vinculo, apego o como queramos pero es el principio del placer algo que nos viene de serie y sin cuyo concurso ninguna forma humana ni animal seria posible. Hay algo en lo vivo que procede y nos remite a la Necesidad.

Todo Eros es concreto y toda Necesidad (no me refiero a las necesidades reales de nuestro mundo imperfecto) abstracta. El amor necesita hacerse concreto para contribuir al despliegue de la vida, pero el amor en origen es abstracto o dicho de otra manera es dual.

Pues sólo lo abstracto puede ser dual, vida y muerte, Eros y Tanatos. Freud alcanzó a intuir este fenómeno en “Más allá del principio del placer”. Y es por eso que Necesidad preside la mente de las patologías mentales pues lo “anancástico” es decir la falta de libertad aqueja a todo enfermo mental de una forma fundacional: la enfermedad mental es la hegemonia tanática de Ananké en el psiquismo humano, pues no hay que olvidar que Ananké es al mismo tiempo nudo y al mismo tiempo beso.

El nudo de Isis

Todo Eros se encuentra penetrado pues de una forma u otra por Ananké, lo conocemos con los nombres de apego, dependencia o “amour fou” celos, destino, etc, una especie de infiltración del absoluto (en alguna de sus modalidades de nudo) en lo más intimo, lo concreto. De manera que entre Ananké y Eros existen miles de maneras de vinculación, unas de ellas destructivas y otras benéficas de tal manera que siendo cierto que Eros se deshace de la dualidad de Ananké, al hacerse demasiado concreto elimina los vinculos trascendentales que le ligan a la totalidad y ciega el túnel que el mundo dos estableceria con el mundo tres. Un Eros demasiado concreto es tan destructivo como una Ananké demasiado abstracta.

El túnel que nos lleva de cabeza más allá del espejo ,lo que es lo mismo que decir lo que nos aleja del Ego y sus necesidades póricas (vease la otra version de la necesidad) es precisamente lo que Freud llamó sublimación.

Pero eso es otro post.

10 pensamientos en “Eros, Ananké y la psiquiatría

  1. Hola Paco, con respecto a los mundos de Poper, recuerdo que Blegger también planteó las diferentes áreas de desarrollo del Hombre. Para mi gusto, de un modo más integral. Pero tomando el esquema de Poper, lo que creo que subyace a los tres mundos y a las relaciones entre ellos es su naturaleza “vincular”, interactuante. Más adecuado sería quizás imaginar estos mundos o esferas, como sistemas entramados y fluidos, incluidos unos en otros, intercambiando entre ellos materia-energía-información…
    Creo que el nuevo enfoque en Salud viene de la mano de la Eco-Psico-Neuro-Inmuno-Endocrinología… término largo y poco claro, necesario por ahora para darle un marco científico a esas realidades evidentes, que desde tiempos inmemoriales nos han ido dejando como señales en el camino quienes nos han precedido.

  2. Sin duda pero el principal problema con el que nos econtramos es cómo hacer con los pacientes individuales para que consigan tunelizar estas estructuras que cuando resultan alcanzables devuelven salud y lberan vigor y pasión.

  3. Érase una vez tres mundos. Érase una vez el relato mítico como arquetipo universal. La salud es un relato. Vale. Pues dígase con todas las palabras. Érase una vez el diagnóstico. Érase una vez la terapia.

  4. Escribía Pessoa en “Autopsicografía”:

    El poeta es fingidor.
    Finge tan completamente
    que hasta finge que es dolor
    el dolor que en verdad siente.

    O mejor aún, en “Ulises”:

    El mito es la nada que lo es todo.
    El mismo sol que abre los cielos
    Es mito brillante y mudo:
    El cuerpo muerto de Dios
    Vivo y desnudo.

    El que a puerto aquí arribó
    Fue, por no ser, existiendo.
    Sin existir nos bastó.
    Por no venir fue viniendo.
    Y nos creó.

    Así la leyenda se escurre
    De entrar en la realidad
    Y a fecundarla va yendo.
    La vida, abajo, mitad
    De nada, muriendo.

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