La reina roja y el toxoplasma gondii


Alicia miró alrededor suyo con gran sorpresa.

-Pero ¿cómo? ¡Si parece que hemos estado bajo este árbol todo el tiempo! ¡Todo está igual que antes!

-¡Pues claro que sí! -convino la Reina-. Y, ¿cómo si no?

-Bueno, lo que es en mi país -aclaró Alicia, jadeando aún bastante, cuando se corre tan rápido como lo hemos estado haciendo y durante algún tiempo, se suele llegar a alguna otra parte…

-¡Un país bastante lento! -replicó la Reina-. Lo que es aquí, como ves, hace falta correr todo cuanto una pueda para permanecer en el mismo sitio. Si se quiere llegar a otra parte hay que correr por lo menos dos veces más rápido.

Lewis Carrol, Alicia a través del espejo

La hipotesis de la reina roja es una hipótesis de la teoria evolutiva que toma su nombre de un relato de Lewis Carroll, donde Alicia entra en un mundo donde por más que se mueva parece que no avance en absoluto debido a que el mundo a su alrededor -a su vez- tambien se mueve. Se trata en realidad de un libro escrito por Matt Ridley en 1993 donde el autor publica sus ideas respecto a ciertas cuestiones relacionadas con la coevolucion de algunas especies y la influencia del sexo es la evolución.

El cuento de  Lewis Carroll es en realidad una metáfora de lo que sucede en la evolución de los organismos vivientes, sobre todo en lo relativo a sus carreras armamentísticas (estrategias de ataque y defensa) aplicables a depredadores-presas y a huespedes-infectantes y tambien de complicadas estrategias desarrolladas por algunos descuideros que utilizan a los demás para infectarlos y “poseerlos” a su voluntad o bien para devorarlos o esclavizarlos. Pero antes de meternos en el mundo de los parásitos será mejor que ustedes vean como este depredador y su presa tienen una velocidad parecida, tanto es asi que en campo abierto es predecible que la presa escape del depredador si aquel no pone en marcha alguna estrategia de acecho que le proporcione alguna ventaja en la persecución.

Si el cheeath y la gacela tienen una velocidad parecida es porque sus estrategias armamentístico-evolutivas , la una de escape y la otra de persecución evolucionaron juntas, lo que es lo mismo que decir que coevolucionaron.

Coevolucionaron como los insectos y las flores tal y como conté en este post.

Coevolucionar significa que no hubo gacela antes de cheetah ni cheetah antes que gacela sino que sus armamentos aparecieron simultáneamente, el uno como adaptación para el otro, son coetáneos evolutivos asi como sus prestaciones velocistas y es por tanto predecible que exista una cierta ventaja en la velocidad de la presa frente al depredador, pues la una está defendiendo su vida mientras la otra está sólo defendiendo su comida. Este fenómeno ha sido bien estudiado por Richard Dawkins aqui y teorizado con el nombre de: principio vida-cena (life-dinner)

Nuestra especie ha tenido que vérselas con bacterias, parásitos, animales ponzoñosos, virus e insectos (vectores) transmisores de enfermedades desde los albores de los tiempos. Si hiciéramos un recuento de las causas de muerte de todos aquellos individuos que el mundo han vivido nos encontraríamos con que las enfermedades infecciosas, las traumáticas (causadas por otros depredadores de nuestra especie u otra), las hemorragias subsiguientes al parto o las heridas y accidentes y las enfermedades parasitarias han sido la plaga mas importante de nuestra especie a pesar de que hoy nos preocupe más el colesterol que los protozoos.

En el libro de divulgación escrito por Ridley éste argumenta que el sexo contiene una ventaja que ha sido tenida poco en cuenta por los investigadores: la selección sexual y la diversidad genética propiciada por la sexuación incluiría una ventaja a la hora de defendernos de los parásitos que por razones idénticas a la gacela que huye de la cheetah irian un paso por delante de la evolución de sus huespedes.

Eso parece suceder con las bacterias y nuestros antibióticos, apenas sale un antibiótico nuevo los microbios ya se han adaptado a él.

El toxoplasma gondii es un protozoo parásito cuyo reservorio final es el gato y que provoca en el hombre enfermedades leves aunque si afecta al feto puede provocar una encefalopatia letal. Lo curioso de este protozoo es que tiene una vida muy ajetreada y va saltando de huesped en huesped a través de su ciclo vital. El sueño de todo toxoplasma es volver a su gato original pues es allí y sólo allí donde puede reproducirse sexualmente que es seguramente la parte más divertida de su vida.

La pregunta es si este toxoplasma puede afectar de forma sutil a la conducta humana y la respuesta la proporciona este señor de rostro draculinico que es Jaroslav Flegr, un investigador checo que se ha pasado la vida investigando, sin medios y casi clandestinamente poblaciones de personas infectadas con el toxoplasma y comparando sus conductas con las no-infectadas.

Sus conclusiones son muy sugerentes y podeis leerlas aqui. Segun Flegr el ser portador  del toxoplasma correlacionaría con una conducta impulsiva, riesgosa, y desinhibida, tal y como hoy conceptualizamos algunos desórdenes de personalidad como el TLP (trastorno limite de la personalidad), con el suicidio y con los accidentes de tráfico.

Pero lo más curioso es que la parasitación por el toxoplasma tendría efectos distintos en el hombre y en la mujer. A los hombres les haria más susceptibles a la introversión y al “escape social” con conductas antisociales o disociales. mientras que en las mujeres aumentaria sus conductas de desinhibición aumentando su sociabilidad. A mi como psiquiatrra me recuerda mucho a los desórdenes del cluster B de la personalidad y me viene a la memoria una investigación de Lilienfeld en 1986 donde el autor concluía que lo antisocial y lo histriónico eran la expresión de un mismo gen o grupo de genes que tenian distintos efectos según el sexo. ¿Y si en lugar de genes se tratara de toxoplasmas?

Robert Sapolsky ha chequeado no sólo las conclusiones sino también la metodología empleada por Flegr y ha llegado a la conclusión de que su investigación es correcta. Aqui hay una entrevista al propio Sapolsky donde podemos leer su opinión sobre la “toxo” y sus correlatos conductuales. Lo que nos lleva a dos preguntas esenciales:

¿Estamos controlados o poseidos por parásitos que nos determinan conductualmente?

¿Si esto resultara cierto, cuantos virus y parásitos desconocidos puede llevar a cabo este control?

Un tema fascinante.

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