Tipos de mentes y la hipótesis onírica


Daniel Dennet es un filósofo de la mente que en 1997 escribió un libro titulado “Tipos de mentes” que resultó un libro de culto para todos aquellos que investigan o pretenden explicar la conciencia desde un punto de vista evolutivo.

En uno de los capítulos más interesantes de su libro, Dennett se propone clasificar sistemáticamente los distintos tipos de diseño que ha generado la naturaleza para hacer frente a esa tarea que debe cumplir toda mente, la de -según él- “construir futuro” de forma intencional”. De este modo, los organiza en una “torre de la generación y la prueba” de complejidad creciente. Conforme ascendamos por sus pisos encontraremos mejores soluciones a ese problema, los organismos encontrarán los mejores movimientos de manera más satisfactoria. Vamos, pues, a comenzar nuestra ascensión desde la planta baja de la torre:

Las criaturas darwinianas son los organismos más sencillos desde el punto de vista del comportamiento. Su gama de conductas se reduce a un abanico poco variado y extremadamente rígido, grabado en los genes del individuo. Volviendo a la metáfora de la llave y la cerradura, ante un problema determinado (una cerradura), cada criatura darwiniana dispone de una llave (una conducta innata, obtenida mediante la herencia). Claro está, la llave puede ser la correcta o no, y esa diferencia decide la proliferación de unos individuos y la reducción del número de otros, los de las llaves “defectuosas”, mediante el proceso de la selección natural. Es esa selección natural la que va puliendo la conducta de las criaturas darwinianas (meros autómatas, como las macromoléculas o los seres unicelulares) a través de las generaciones, al escoger para la supervivencia a los portadores de los comportamientos mejor adaptados.

El segundo piso de la torre lo constituyen las criaturas skinnerianas, llamadas así en honor al psicólogo conductista norteamericano B. F. Skinner. Las criaturas skinnerianas presentan la novedad de poseer cierta plasticidad en su comportamiento. Ante un problema dado, pueden ir probando a ciegas -ensayo y error- las distintas variantes de conducta que son capaces de generar (es como disponer de un juego de llaves e ir introduciendo una tras otra en la cerradura), hasta que por casualidad dan con una que funciona y dispara el efecto deseado. Esto por sí sólo ya constituye cierta ventaja, pero es que además las criaturas skinnerianas cuentan con un sistema de refuerzo que hace que las conductas “correctas” aumenten su probabilidad en el futuro. Es decir, que la próxima vez que se enfrenten a la misma cerradura, podrán utilizar la llave correcta a la primera, sin tener que probar con todas las demás. Eso es una forma de aprendizaje. Los psicólogos siempre han hecho notar la interesante analogía entre el proceso de aprendizaje relatado por los conductistas y la selección natural, en tanto que ambos son mecanismos que operan sobre una materia prima (las distintas conductas o los genes) necesariamente variable, y seleccionan aquellos elementos más adaptativos para la supervivencia del ente. Parece ser que la mayoría de los animales son capaces de aprender en estos términos, es decir, que pueden modificar su pauta de comportamiento en función de la historia pasada y el entorno.

El aprendizaje que observamos en una criatura skinneriana no deja de ser útil pero tiene un riesgo evidente, y es que dado que el proceso de prueba y error es ciego, uno de los primeros errores que cometa puede matarla sin más. Necesitamos mayor refinamiento. Una buena forma de evitar ese peligro es realizar una selección previa de las posibles conductas, para descartar aquellas que claramente conduzcan al fracaso. Y esto es precisamente lo que hacen las criaturas popperianas (Dennett las llama así en honor al filósofo Karl Popper), permitir que sus hipótesis mueran en lugar de morir ellas mismas. Es como si las llaves fuesen probándose no en el espacio real, sino en uno imaginado.

Las criaturas gregorianas toman su nombre de Richard Gregory, psicólogo que advirtió la importancia de lo que él llama inteligencia potencial. Según Gregory, una herramienta, como un hacha o unas tijeras, no sólo es un fruto de la inteligencia de su creador, sino que constituye una fuente de inteligencia adicional para aquel que la usa. Cuando le damos unas tijeras a alguien, multiplicamos su capacidad de hacer movimientos inteligentes (aumentamos su inteligencia potencial). Cuanta más inteligencia haya en el diseño de una herramienta, mayor será la inteligencia potencial confiada a su usuario (un hacha sencilla y tosca no es el tipo de herramienta más adecuada para cortar el papel, pero las tijeras, con un diseño más inteligentemente dirigido a ese cometido concreto, permitirán a su usuario mayor habilidad). Vemos así cómo las herramientas (su fabricación y su uso) constituyen un salto importante en la capacidad de los seres vivos para realizar tareas cada vez más complejas y útiles con más eficacia.

Dennett resalta nuestra costumbre como seres gregorianos de descargar en el medio (exocerebro) la mayor parte de nuestras tareas cognitivas, a través de marcas, claves, disparadores de costumbres (la escritura también sería un tipo de estos dispositivos o recordatorios externos), de modo que nuestro cerebro queda libre para trabajar en otra cosa, y siempre puede recuperar esa información que queda almacenada en el entorno para reprocesarla o representarla (por usar otra de las metáforas del libro, nuestro cerebro albergaría sólo unos índices que nos permitirían acceder a la información que hemos ido diseminando en el exterior, en la biblioteca, los cuadernos de notas… la mente humana no se restringiría a las limitadas fronteras físicas de nuestro cerebro, sino que abarcaría todos esos dispositivos externos en los que descargamos nuestras tareas y sin los cuales nos veríamos muy disminuidos).

La idea de Dennet no es sin embargo nada nueva sino que tal y como conté en este post ya Mc Lean habló de un cerebro reptiliano, un cerebro mamifero -al que se habia referido tambien Le Doux en “El cerebro emocional” y un cerebro propiamente humano. En suma un cerebro tripartito. Por otra parte las tesis evolucionistas han ido más allá de esta conceptualñización y han instalado definitivamente la idea (Wilber, Maslow) de que la conciencia humana se expande abriéndose por sus bordes y escalando niveles de complejidad creciente y abandonando modos de funcionamiento automático o semiautomático, como nos sucede en los sueños o en los estados disciativos de conciencia.

Respirar, hacer el amor, comer, o andar en bicicleta son -en este sentido- aprendizajes no inteligentes en donde la corteza cerebral interviene muy poco, pero conscientemente y voluntariamente podemos mantener la respiración, hacer el amor de una manera o de otra, comer o dejar de comer, andar o correr y hacer malabarismos con la bicicleta. Es decir, nuestra corteza cerebral puede hacerse cargo de determinados aprendizajes subcorticales y modificarlos hasta cierto punto: por ejemplo sólo podemos contener la respiración durante algún minuto más allá del cual la respiración exigirá seguir siendo automática.

Conducta e inteligencia son pues propiedades distintas de nuestro cerebro que se encuentran conectadas en paralelo. La conducta es el output, la salida de información del sistema, mientras que la inteligencia es la forma que damos a ese output en cierto modo, pero también podemos desconectarla de toda conducta de todo output como cuando dormimos o reflexionamos.

Es posible afirmar que la inteligencia hace estas tres operaciones con la conducta para hacerla inteligente:

  • Dar intencionalidad y sentido.
  • Ser informativa para otro.
  • Proporcionada y ajustada a la realidad (adaptada).

Y para ello la conciencia humana ha de llevar a cabo síntesis entre las necesidades del organismo y las necesidades del individuo, asi nosotros desde GMS (Global mind squeezing) planteamos la idea de la existencia de al menos dos distintos cómputos cerebrales en el tratamiento de la información, asi existiría un codigo máquina que trajinaría con los algortimos en gran parte inconscientes de nuestra supervivencia, un lenguaje automatizado que presumíamos que podría tratarse de borradores atemporales:

Estos borradores atemporales son el lenguaje máquina manejado por nuestro cerebro profundo: el lenguaje del tronco cerebral o del inconsciente, un lenguaje enfocado a la supervivencia, el lenguaje del organismo que no pocas veces entra en colisión con el lenguaje formal del individuo: la base sobre la que posteriormente se sustenta el pensamiento y el lenguaje, herramientas estas mucho más refinadas, pero también mucho  más burdas en cuanto a la representación de la realidad externa e interna, sujetas a errores de “traducción” de las necesidades internas. Lenguaje y pensamiento son herramientas para hacernos estándar y mutuamente compatibles pagando el precio de la esclavitud que supone que todos seamos copias solapadas y redundantes de un sistema que quiere perpetuarse (Ver el post completo aqui)

El propósito de esta entrada procede de una observación de la vida cotidiana que me vino a la mente hace pocos dias y relativa al modo de funcionamiento “por defecto” de nosotros los humanos. Lo cierto es que el “mode máquina” no es tan raro como pudieramos pensar sino que en realidad es el mode por defecto d ela mayor parte del tiempo en que estamos despiertos. Todos operamos en vigilia como si estuviéramos durmiendo, funcionamos de un modo automático,cuando pensamos y sucede por una razón:

Existen personas que más que pensar operan con la realidad no a través de su inteligencia sino de sus conductas reptilianas, es asi que hablamos de ritualización, de pensamiento operativo, de manías o de preferencias, llevamos a cabo constantemente la misma secuencia de hechos y los identificamos precisamente por su reiteración, por la repetición.

El código máquina se manifiesta a través de la repetición.

Y la baja definición.

Un ejemplo de baja definición es lo que nos sucede en los ensueños. Los ensueños están cargados no sólo de contenidos absurdos sino tambien de emocionalidad,es como si no pudieran separarse o estuvieran muy cercanos a las emociones, es por eso que durante los sueños tenemos miedo, rabia, nos sentimos culpables, indignados, tristes o avergonzados por cuestiones que en estado de vigilia no nos preocuparían lo más mínimo. Aqui hay un post sobre el comportamiento del código máquina durante el sueño.

Mi hipótesis es que soñamos porque tenemos la necesidad de contemplar las cosas de otra manera, soñamos para considerar la experiencia a través de otra dimensión, no necesariamente más verdadera que la verdad de la vigilia como creen los psicoanalistas, sino otra verdad que duermevela en la consideración alternativa de la dimensionalidad de la realidad y que por mantenimiento de nuestra salud mental debemos considerar al menos como hipótesis onirica.

La realidad tiene siempre un haz y un envés y puede ser procesada de dos maneras al menos, es por eso que existen los sueños: para garantizar un equilibrio entre organismo e individuo. Cada cual exige su parte en el botín.

Bibliografia.

Parte de este post (la teoría de Dennet) ha sido extraido de esta web:

http://paginaspersonales.deusto.es/matute/psicoteca/articulos/blanco04b.htm

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Un pensamiento en “Tipos de mentes y la hipótesis onírica

  1. El sueño es un creador de símbolos, y el mismo símbolo un unificador conciliador de contrarios que organiza sistemas complejos entre lo físico y lo metafísico, aquí la emoción tiene mucho que decir. Por el contrario la vigilia de una mente humana en los tiempos que corren está viciada por la visión mecanicista, dícese de hacer trozitos_dividir la totalidad en partes mediante la necesidad de conceptualizar, etiquetar, inventariar, clasificar, que no es más que ir a la des_unificación de lo físico mediante lo dialectico.

    Esto me lleva a pensar “Hipótesis onirica” que el individuo que trasciende a la mente tipo Gregoriana, es aquel que eleva la toma de conciencia haciendo lucidos los sueños, mientras en la vigilia unifica lo que percibe como una totalidad simbólica.

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