¿Puede haber amor entre un humano y un zombie?


David Chalmers es un filósofo de la mente del que ya hablé en este post acerca del conocido “dilema del zombie”.

Lo que Chalmers plantea es lo siguiente:

1. Podemos imaginarnos un mundo con seres como nosotros, que hagan lo que nosotros, pero que no sean conscientes: los zombies (o autómatas).

2. La física no podría dar cuenta de la diferencia.

3. Por tanto, la consciencia es una propiedad fundamental y ontológicamente autónoma.

En realidad lo que Chalmers pretendía resaltar con el enunciado de su dilema era el hecho -para el irrefutable- de que mente y cerebro serian entidades autónomas e independientes, de tal modo que podriamos imaginarnos robots sin subjetividad (sin conciencia) y por otra parte espiritus descarnados.

En realidad, no voy a ocuparme de refutar este dilema que por otra parte ya está lo suficientemente refutado por la neurociencia (la filosofia de la mente) oficial sino que voy a servirme de él para construir o mejor iluminar un dilema psicopatológico de carácter obsesivo y hacer un comentario acerca de una pelicula titulada “Blade runner” cuyo guión puedes encontrar en la wiki si aun no la has visto.

Una viñeta clinica.-

Hace algunos años tuve ocasión de tratar durante un largo periodo de tiempo a una persona, por otra parte exitosa en su trabajo, que consultó movido por la necesidad de superar un patrón repetitivo de su vida que podia resumirse con esta pregunta ¿Cómo saber si nos quieren de verdad o se trata de un simulacro?

El cartesianismo de esta formulación solo puede acaecer en una persona con graves disfunciones caracteriales, mi paciente era una persona -que se habia casado tres veces y andaba por el cuarto intento- que presentaba un trastorno de la personalidad de tipo narcisista muy intenso que interfería gravemente en su vida llevándole de fracaso amoroso en fracaso amoroso debido a la escasa capacidad de empatía que mostraba con sus parejas que terminaban por abandonarle al poco tiempo de convivir con él.

Hasta que entendió que ese patrón procedía de lo que el definia como “inseguridad” en su propia valía personal en el terreno de lo afectivo. Pensaba que las personas que se unian a él lo hacian movidas por el interés, más claramente solía decir que le querian por su dinero, lo que le llevaba a una continua indagación sobre el otro movido por -al principio- sólo sospechas, que iban transformándose poco a poco en certezas. Llegaba a la conclusión con cierta celeridad de que en efecto, las mujeres que estaban en su vida eran unas “interesadas” materiales pero que en realidad ninguna le amaba.

No entendí bien la patologia caracterial de mi paciente hasta que acabé interesándome por el dilema del zombie. Esta es pues la aplicación práctica de este dilema que planteaba Chalmers a la clinica de cada día.

En realidad entre Yo y el otro existe un abismo de discontinuidad, no podemos saber lo que el otro piensa, ni podemos tener acceso a sus planes. No podemos saber si quien está con nosotros finge o si “todo se trata de un simulacro”, destinado al engaño. Pero si esto es asi ¿cómo nos las arreglamos las personas comunes para adquirir ciertas seguridades sobre las intenciones de los otros?

Lo que hacemos las personas comunes es entender que sólo podemos aspirar a un mínimo de certidumbre, entendiendo como incertidumbre dura al 50 (si)-50 (no). Dicho de otro modo: en una relación afectiva no estamos nunca situados en ese borde de “cara o cruz” sino que todos adoptamos -engañados o no- la certeza de que el otro nos ama por “nosotros mismos”, sin saber muy bien qué significa este “nosotros mismos”.

Nos conformamos con una certeza del 60 (si) -40 (no). Podemos afirmar que en este rango de probabilidades nos movemos las personas que no tenemos un trastorno de personalidad de este tipo. Y lo hacemos por dos razones:

  • Porque tenemos una teoria de la mente (ToM) esto es la posibilidad de tener metacogniciones. Adivinar las intenciones del otro y a través de la empatía profundizar sobre estas intenciones al comparalas con las nuestras.
  • Porque a la vez que escudriñamos sobre las intenciones del otro desarrollamos  emociones propias con respecto a ese otro, me refiero a emociones amorosas o positivas. Y dado que estas emociones son nuestras no las sentimos como un simulacro o engaño. Y estas emociones enactuan con las “intenciones” del otro fueren las que fueren y las modifican.

De modo que no somos solamente actores pasivos en ese baile de parejas en que nos solemos invoucrar sino que además de recibir información del exterior volcamos información procedente de nuestro interior y modificamos asi la percepción que tenemos del otro y sus intenciones hasta llegar a ese 60-40 que disuelve la duda y entonces la obsesión queda sin función alguna.

El problema de mi paciente era su extremo narcisismo que le impedía precisamente ese volcado de emociones y le enjaulaba en una excesiva inversión en sí mismo, donde quedaba poco para repartir entre los demás. Lo cierto es que mi paciente era incapaz de amar a nadie “por sí mismo”, algo que se evidenció en la transferencia y donde quedó claro que sólo podia amar a aquellas personas que él entendía eran sus iguales, similares en su nivel intelectual.

El zombie, pues era él, carecía de afectos amorosos por los otros (sobre todo con las mujeres) a las que menospreciaba como seres inferiores. Era él, el que carecía de conciencia, pues toda conciencia es autorecursiva y se vale de las emociones propias para enactuar con el mundo. Al bloquear sus emociones esta persona quedaba prsionera de una hiperformulación cartesiana y se abismaba en el bucle diabólico -racional- de Descartes. Hay cosas que sabemos porque las sabemos y aunque podemos equivocarnos, no nos equivocamos en lo esencial, sabemos que nos aman por “nosotros mismos” porque sabemos que tenemos un valor y porque damos valor al otro.

Un caso de pelicula.

En el caso de “Blade runner” lo que sucede es otra versión del mismo dilema que aparece en otras películas y novelas de ciencia ficción y de las que hablé en este post sobre “Robots enamorados”. Harrison Ford se enamora de una “mutante” o zombie a sabiendas de que lo es.

¿Pueden los zombies amar?

Ya sabemos que no, puesto que están programados, bien, para trabajar, bien para el sexo o bien para discutir u obedecer. Si están programados significa que no disponen de libertad y la libertad es precisamente ese 10% que separa la experiencia de incertidumbre de la de sensata certidumbre. Un robot vive en la certidumbre total, nunca podrá hacer algo que vaya en contra de aquello para lo que fue programado, lo que le hace ideal para las tareas repetitivas o seriales pero incapaz para la improvisación afectiva que está presidida por la incertidumbre que no es otra cosa sino la libertad.

Pero a Harrison Ford esto no parece importarle demasiado pues el ha descubierto que ama a la bella mutante que le pusieron delante y acaba fugándose con ella sin un destino fijo.

Y es que en el amor no es necesaria la reciprocidad, sino que el que ama, ya tiene el suficiente “retorno” para ser feliz. Y quién sabe, aun no sabemos de la capacidad del amor para provocar mutaciones en los mutantes mecánicos.

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11 pensamientos en “¿Puede haber amor entre un humano y un zombie?

  1. La paradoja de ese David es que es humano, pues es capaz de sentir emociones, pensar como un humano y todo tipo de funciones que le humanizan. Esta es otra versión distinta del mismo dilema que se resuelve de la siguiente manera. ¿Se podria sentir amor por David, sabiendo que no es humano?. Tampoco mi perro es humano y tengo un verdadero afecto por él. ¿No es eso lo que sentimos por nuestras mascotas?

  2. Traté un caso muy parecido, y encontramos que uno de los problemas era además lo que hacía esta persona. Como bien dices, el “zombie era él”, y al actuar producía resultados predecibles. Curiosamente se valía del dinero para atraer a sus parejas, es decir, no dejaba opción a que la variable “dinero” no estuviera “contaminando” la relación desde un principio. Llavero “Mercedes Benz” siempre en la mesa, invitaciones a mansalva y ostentación generosa de recursos, así que efectivamente se producía una espiral diabólica, de la que por cierto, no era consciente. Así resultó claro que no era posible salir de la espiral a no ser que el mismo cambiara su modo de proceder. Tampoco esto era posible a no ser que cayera en la cuenta de las evidentes ventajas a corto plazo que esto le reportaba. Es posible sea una explicación simplista, pero funcionó.
    Cierto, lo que las personas piensan de los demás siempre es reflejo de su interior.

  3. Ah! muy buen post Dr. Traver. Pero me entra una duda, las reacciones que tienen éstas personas en sus ejemplos ¿ Podrían relacionarse con aquellos estudios del “procesamiento no consciente de la amenaza”? (leí algo de eso en un articulo de aversión a unas arañas imaginarias) Que en realidad, el narcisismo sea como una capa, así sería facil no comprometerse como regularmente se hace, pues estaría 100% seguro de lo que piensa sobre su pareja, al igual que los que se enamoran de los “zombies” también tengan una capa parecida. Se supone que en los estudios del procesamiento no consciente de la amenaza, en lo conductual, concluyen y corroboran que parte de las emociones negativas patológicas se explican por aprendizajes implícitos, no disponibles a la conciencia, así su recuperación se produce en el comportamiento patológico de la persona; quien, si bien puede ser consciente del resultado final del proceso psicológico, no lo es de las asociaciones responsables del mismo, menos aún posee capacidad de controlarlo. ¿Podría relacionarse con eso?

    • Pues no lo se Patricia, no conozco esa teoria. Lo que creo es que ese paciente que señalo era un analfabeto emocional, una especie de zombie para las emociones, hasta cuando se hacia el gracioso ofendía, es decir carecia de una total habilidad para relacionarse con los demás, lo que me lleva a epnsar que cuando falta la guia de las emociones nos convertimos en unos cartesianos radicales, al fiarlo todo a los conceptos, el resultado es que el mundo en estas condiciones es tremendamente amenazante pues nos instala en la incertidumbre completa 50-50 y supongo que asi uno solo puede fiarse de sí mismo y de sus percepciones sesgadas, dándolas como buenas.

      • Maestro, gracias por la explicación, entiendo ahora que son dos amenazas (es consciente e inconsciente), no tiene que ver con el estudio que le comentaba. Entonces, a mi forma de comprender, en el síntoma del analfabeto emocional se representan dos jerarquías de poder contradictorias dentro de sí basadas en la paradoja de “el querer tener pareja pero desconfiar de ella y saber que por eso no funcionará la relación”. Me encanta el post, lo releeo y lo releeo ❤

  4. 1. Podemos imaginarnos un mundo con seres como nosotros, que hagan lo que nosotros, que sean conscientes pero carezcan de libre albedrio: A eso yo lo llamaría Zombie, los autómatas carecen de consciencia.
    2.
    3. La física no podría dar cuenta de la diferencia con la creencia de ser consciente con libertad de acción.
    4.
    3. Por tanto, la consciencia puede ser una propiedad fundamental y ontológicamente esclava.

    5. Es la especie humana una especie Zombie?.

    Estas proposiciones son en cierta forma la perspectiva que sostiene la mística, el ser humano es un zombi, no solo por que reza y cree que en todo momento se hace la voluntad de Dios, ” Hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo…. “, además la base que sustenta toda religiosidad se reafirma en el “Uno” o la unidad conectada de la multiplicidad, lo que imposibilita que ningún ser vivo con consciencia pueda actuar por libre, no porque sea una tara, simplemente es que no existe el individuo per se. Paso a continuación un texto de Wayne Liquorman, uno de los estandartes del Neo_Advaitismo que impulsa con sus palabras esta realidad. Fue discípulo de Ramesh Balsekar y está considerado un cuerpo-mente en el que se produjo la iluminación.

    La comprensión última es un suceso, no un estado. Esto que llamamos la comprensión final es la muerte de la falsa creen¬cia de que yo soy un objeto discreto con los poderes de Dios, que yo creo mi destino, que yo soy la fuente de mis pensa¬mientos, sentimientos y acciones. Esa creencia se viene abajo siempre, pero no es remplazada por otra creencia más exten¬sa, como, lo que verdaderamente soy es la Fuente. La falsa creencia de separación simplemente desaparece.

    Así que, lo que permanece es un organismo con carac¬terísticas y cualidades -con una personalidad-. Como ser hu¬mano, ese organismo tiene días felices y días tristes, días placenteros y días dolorosos. En ese organismo hay ausencia de sufrimiento porque es la creencia de su primacía como un objeto separado la que crea el sufrimiento. Podemos decir que en la ausencia de ese sufrimiento hay paz. Sin embargo no es una paz condicional; no es la paz que cambia, que se mueve de la inquietud a la paz. Más bien, como dicen las escrituras cristianas, es ” la paz que sobrepasa toda comprensión”. Es una paz incondicional. Es una paz que subyace bajo todas las respuestas del organismo. De tal forma que el organismo pue¬de estar enfadado, triste, decepcionado, aterrorizado; puede reaccionar de todas estas maneras, y aún así, bajo estas reac¬ciones está la paz que sobrepasa toda comprensión.

    Visto desde fuera, la gente puede decir, “quiero eso”, pero visto desde dentro, el sabio no lo tiene. El sabio no experimenta su posesión porque el sabio lo Es. Cuando se pregunta: “¿Qué sentido tiene esta comprensión?”. General¬mente, lo que se quiere decir es: “¿Qué beneficio sacaría “yo” de esta comprensión?”. Yo diría que el beneficio que sacarías “tú” de esta comprensión es nada. Si adquieres la compren¬sión no hay absolutamente ningún beneficio para “ti”, porque cuando se adquiere la comprensión, el “tú” ya no está.

    Curiosamente, lo que la gente escucha es que el sabio no tiene deseos; el sabio no duerme como, el resto de la hu¬manidad; el sabio es algo como un súper ser que nunca ha nacido y nunca morirá. Escuchan esto porque relacionan estas declaraciones con el organismo, pero el hecho es que NO es el organismo. No estáis limitados al organismo. Sois Consciencia. El sabio dirá: “Yo soy Eso”. Lo que la gente escucha es que este trozo de carne conoce la Verdad, pero eso no es lo que se está diciendo. No está siendo dicho desde el punto de vista de la carne. La carne no puede conocer su verdadera naturale¬za; la carne es carne. La carne nació, morirá, tendrá experien¬cias espirituales y, cuando duerma, dormirá. Pero aunque la carne sea dualista y transitoria, el sabio nos recuerda que la verdadera naturaleza de la carne es la Consciencia.

    En los casos en los que la comprensión genuina ocurre, lo más habitual es que la reacción ante la vida sea meramente la ordinaria. Los despertares espirituales, o las experiencias que los buscadores experimentan, son extraordinarios. Lo que caracteriza estas experiencias es que un suceso profundo le ha ocurrido a “alguien”, o que “alguien” ha adquirido un enten¬dimiento increíble. Ese tipo de experiencia es transitoria… po¬derosa, dramática, potente, emocionante, increíble, repleta de entendimiento, pero sigue siendo transitoria. La experiencia que crea al sabio es sencillamente la caída de una falsa idea. Nada ha cambiado. El universo sigue siendo exactamente como siempre ha sido, porque lo que se “revela” es que nun¬ca hubo un “yo” separado. El sentimiento de que “yo” estaba separado nunca fue cierto.

  5. ¿ Sueñan los androides con ovejas eléctricas ?
    En Blade Runner aparecen unos personajes hablando la Interlingua, una neolengua que es capaz de comunicar a todos los hablantes. Los replicantes toman conciencia de quiénes son y para qué son utilizados. La nueva generación de replicantes, mucho más perfeccionados tienen una bateria de recuerdos asociados a imágenes que les da la certeza de que son humanos con un pasado, una infancia, una familia que así lo atestigua.
    Cuando Harrison Ford le demuestra a su amada – Sean Young- que es capaz de predecir cuáles son sus recuerdos porque han sido implantados siguiendo un protocolo para replicantes, para esclavos Blade Runner, ella empieza a dudar y es cuando toma conciencia de su verdadero SER.

    Sin embargo Rick se marcha con Rachael porque el YO, la conciencia que da origen a la persona es un continuo que va formándose con cada uno de los contenidos que el sujeto adquiere a lo largo del tiempo. Por tanto la conciencia no es una propiedad fundamental y ontológicamente autónoma, está siempre en relación con…

    Un Blade Runner, no es un zombie.

    http://carmesi.wordpress.com/2007/11/02/los-muertos-vivos/

    • Bueno, aclaro lo del zombie. Se trata de un dilema de filosofía de la mente, planteado por Chalmers y da igual llamarle zombie, avatar, “engendro mecánico”robot o replicante. En realidad en todos esos casos se trata de lo mismo: apariencia humana pero no son humanos pues carecen de autoconciencia.
      Lo que se plantea en Blade runner (y por eso una peli de ciencia ficción) es un paso más allá pues la chica aunque de forma programada tiene recuerdos,
      emociones e introspección. De modo que Raquel es humana.
      Y ahi está la gracia de la pelicula.

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