El espiritu y la carne


San Mateo 26: 41 “Velad y orad, para que no entréis en tentación;
el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”.

Lo cierto es que esta máxima del evangelio no puede ser más correcta aunque no tanto su interpretación. Según la doctrina oficial de la Iglesia lo de velar y orar es un método para evitar el pecado pero en realidad se trata de un método de meditación, tal y como aquel que describí en “El poder del ahora”. El tuiteo de Jesucristo (si es que lo dijo realmente asi) lo que quiere significar es que tenemos que escapar de nosotros mismos de nuestro Yo e instalarnos en el Ser y la mejor forma de lograrlo (o al menos la mas barata) es a través de la mortificación del cuerpo: una via de autocuración que llamaremos la via ascética.

Más adelante volveré sobre esta via de restricción y su capacidad de sanación, pero en este post voy a referirme a la via del exceso, a la via dionisiaca.

Pasamos demasiado tiempo en compañia de nosotros mismos, nos autoevaluamos constantemente y nos intoxicamos con nuestro parloteo autoreferencial. De manera que tan beneficioso es orar como coser, de lo que se trata es de no pensar.

La via dionisiaca.-

Pero hay otra mentira en la interpretación canónica del evangelio y es que orar y velar son una solución para la evitación del pecado -caer en la tentación-, porque en realidad de lo que se trata es de pecar de vez en cuando. Sólo los pusilánimes y los puritanos se creen que es posible vivir en una continua virtud. Pues en realidad no es posible la virtud sin el vicio o sin el pecado -si queremos llamarlo asi- o con el más civil apelativo de transgresión.

Dioniso es la otra cara de Apolo.

La mejor forma de quedar anegado en los territorios del pecado es precisamente la de no pecar jamás de modo voluntario y consciente y hacerlo compulsivamente como si uno no tuviera nada que ver. Seguir siempre las reglas es la mejor forma de morir aplastado por ellas, casi tanto o más que transgredirlas constantemente. Lo que no es consciente acaba siendo compulsivo-adictivo o irremediable y alienado.

Tanto es asi que hoy sabemos que las experiencias de felicidad de tipo espiritual se computan en el mismo lugar donde lo hace el goce sexual, tal y como podeis leer en este post. Una vieja idea sufí que antes de que las religiónes oficiales nos la raptaran ya sabían que lo espiritual y la carne eran el haz y el envés de la misma experiencia, asi para Rumi, “la trenza de la amada era la cuerda que ataba lo espiritual o divino con el placer del sexo”.

De esta misma opinión es Roy Baumeister que en este libro  titulado “Escapando del Self: alcoholismo, masoquismo y otros vuelos en el limite de la autoevaluación” ,nos recuerda el valor de ciertas conductas de escape como el alcoholismo, la bulimia, el atracón, las autolesiones o ciertas actividades masoquistas de las que hablé en este post y en éste..

Lo cierto es que es dificil contemplar conductas como las anteriores en una perspectiva positiva, estamos acostumbrados a pensar el alcoholismo como una adicción, al suicidio como una enfermedad, la bulimia como un trastorno alimentario pero no estamos entrenados para ver todas esas conductas como un modo de escapar de uno mismo y de refugiarse en un placer estereotipado que a la larga se confunde con una enfermedad o con la misma muerte. Abusamos demasiado de la psicologización y con ello nos perdemos el valor antropológico, filosofico e incluso metafisico del dolor o el placer y de las operaciones que hacemos a fin de disociarlos de ciertas funciones corporales (ascetismo) o de erotizarlos (masoquismo).

En el placer hay algo que desborda nuestra capacidad para el mismo. Situarse más allá del principio del placer es el destino seguro cuando se ha rebasado la capacidad de goce del Yo y es entonces cuando Eros y Tanatos se encuentran.

Dioniso es un mito por sustantivación, es decir se trata de un divino personaje que representa  el exceso, la locura, la embriaguez, el éxtasis y la transgresión, el mito fue retomado por los romanos que le dieron el nombre de Baco aunque siguió con la misma función: recordarnos que de vez en cuando necesitamos todos echar una “canita al aire” a fin de mantenernos en equilibrio en un mundo presidido basicamente por recomendaciones, controles, obligaciones y renuncias.

Pero lo dionisíaco no es solo una escapatoria puntual de las personas con sentido común sino una estrategia psicológica que se encuentra -tal y como sugiere Baumeister- en las entretelas de muchas de las patologías psiquiátricas que se encuentran presididas por una busqueda del placer y que muchas veces se caen -al cruzar el borde- en patologias o adicciones precisamente por haberse situado más allá del principio del placer.

En realidad, nosotros los humanos tenemos un cerebro diseñado para buscar y encontrar comida y sexo. Todo pareciera indicar que nuestros sistema dopaminérgico y tambien otros sistemas excitatorios como el glutamitérgico se encuentran diseñados (a medio hacer) a fin de encontrar satisfacciones en nuestro medio ambiente relativas a esos dos grandes que llamamos sexo y comida.

Seria interesante preguntarnos a nosotros mismos ¿por qué comemos?. Es natural que a esta pregunta la gente respondiera que comemos para vivir, es decir apelando a la necesidad de supervivencia y que además de esta necesidad de alimentarse obtuviéramos alguna información adicional si investigáramos el hambre, cómo se regula y para qué sirve. Casi todo el mundo supondrá que nos alimentamos porque somos capaces de sentir hambre. Pero tal y como apunto Lorentz lo cierto es que ” la causa del hambre no es la necesidad de alimentarse sin embargo el propósito del hambre es la alimentación”.

Causa y propósito son pues conceptos distintos.

La pregunta  tiene una dificil contestación: no comemos para vivir, ni comemos por instinto o porque tengamos hambre sino que comemos porque alimentarse forma parte de un programa participado y compartido con otras redes neuronales que tienen que ver con el precepto: creced y multplicaos y que seguramente mantienen entre si una relación de complicidad y amistad evolutivamente estable, es decir se trata de redes neuronales acostumbradas a salir de copas juntas y que cuando están de fiesta se invitan mutuamente.

Dicho de otra manera: no es posible hablar de alimentación sin hablar de placer ( o recompensa), comemos porque obtenemos placer en la comida bien por ella misma bien por los rituales que la acompañan, y además de eso: se trata de un emparejamiento fácil, siempre será más facil -en nuestro entorno- encontrar comida que encontrar sexo. Es por eso que la adicción a la comida es más frecuente que la adicción al sexo. Y es por eso que la obesidad es más prevalente que todas las enfermedades de transmision sexual juntas.

Pero además sucede otro fenómeno. Me refiero a que la obesidad se encuentra demonizada- estigmatizada- social, psicologica y médicamente. Estar gordo, no solo es algo de mal gusto que hace al individuo menos atractivo sino que además existe siempre la sospecha estigmatizante de que el obeso es una persona descontrolada,  indisciplinada o ineficaz. Para acabar de enunciar los refuerzos negativos de la publicidad, todo el mundo sabe ya del colesterol y los riesgos cardiovasculares y metabólicos de la obesidad. ¿Hay alguien que ignore eso?

Estar gordo (comer en exceso) tiene pues efectos secundarios pero si existe una compulsión a la comida es por el hecho de que comer es placentero, sobre todo para aquellos que han aprendido a que la comida les guste. O dicho de otra forma a aquellos que han emparejado la comida con el placer y que más allá de eso: abusan del exceso dionísiaco del placer que la comida les procura o lo que es lo mismo, han desbordado su capacidad de asimilación del placer, hablamos entonces de bulimia, trastorno por atracón (binge eating) u obesidad por cebamiento.

En este post hablé precisamente de la bulimia y su relación con la gula, un pecado capital. Nótese que a diferencia del pecado que se comete contra alguien, la bulimia (el constructo clinico) es una instancia alienada, sin sentido, algo que uno comete contra sí mismo de un modo incomprensible para sí mismo. Sucede asi precisamente por la naturalización de aquella conducta pecaminosa. Al quedarnos sin pecado y sin posibilidad de pecar nos hemos situado en un territorio biologico, donde se buscan genes y neurotransmisores pero el sujeto queda despoblado y alienado con respecto a sus propias dinámicas y recursos naturales. Ni que decir tiene que para tratar una bulimia hay que hablar del placer y sobre todo: qué otros placeres han sido obturados por la comida.

En el otro extremo nos encontramos con otro tipo de conductas que buscan precisamente lo contrario: disociar o desemparejar el placer y la comida, las podemos englobar en el rubro “operaciones ascéticas” cuya representante psicológica mas relevante es la anorexia mental.

Pero ese es otro post.

6 pensamientos en “El espiritu y la carne

  1. Muchas gracias, como siempre, por otro interesantísimo post…

    En el fondo, terminamos dando muchas vueltas a la misma idea, tan difícil de cumplir:
    “Pasamos demasiado tiempo en compañia de nosotros mismos, nos autoevaluamos constantemente y nos intoxicamos con nuestro parloteo autoreferencial. De manera que tan beneficioso es orar como coser, de lo que se trata es de no pensar.”

  2. Hago una pregunta que quizás puede resultar tonta, pero en mi experiencia es importante, sin caer en el anorexia ni en algún otro tipo de conflicto en relación al hecho de comer, ¿es la comida siempre placentera?. ¿No podemos considerar el acto de comer una simple necesidad para sobrevivir, que además podemos acompañar con cierto gusto por los alimentos, o un pretexto para compartir con gente agradable?

    Puedo ahondar en ejemplos, pero creo que la cuestión resulta comprensible.

  3. Esa es una pregunta muy interesante e inteligente porque comer es una actividad que para que resulte placentera precisa de un aprendizaje y solo resulta placentera cuando se trata de sobrevivir a una necesidad. Pero comer no es sólo una necesidad sino tambien un acto de consciencia y además de eso un acto social que precisa de ciertos rituales (como por ejemplo horarios) y estar con/compartir con alguien la comida (de ahi viene la palabra latina cum cudere). Se trata de un instinto que precisa socializarse y que además de eso ya Lorenz demostró que el proposito de comer y el impulso de comer son cosas distintas.
    http://carmesi.wordpress.com/2009/06/21/por-que-comemos/

  4. Menos comer por instinto, cualquiera cosa. Es la nueva religión pecaminosa. Si comes esto… si comes áquéllo. Si comes a horas o a deshoras. Con quién comes. En silencio o viendo la tele. Si comes mucho, poco o regular. Salvo escuchar a tu organismo todo está permitido. La matraca mental es impresionante. O si tiene pesticidas o los tomates de hace diez años eran mejores. (Hace veinte se decía lo mismo). Y si bebes agua de grifo, vas al infierno sin peajes. Me olvidaba. Si comes rápido o lento. La cháchara mental que acompaña a cualquier comida bastaría para iluminar cualquier ciudad durante años.

    Ya puestos, enlazado en http://unbosqueinterior.blogspot.com/2012/07/barro-o-arena.html por no haber puesto los cubiertos en el orden correcto (no queda bien en la foto).

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