Hechizos y miradas


Poco se sabe de la mirada a pesar de que sabemos mucho del ojo. Ese órgano que -diria un materialista o un ingenuo- es el órgano que sirve para ver.

Y no es que no sirva para ese menester, pero sirve para otras cosas que usualmente no se contabilizan entre las funciones del mismo.

El ojo sirve para mirar y para ver si alguien nos mira. El ojo es una lente, si, pero tambien es un espejo.

De manera que al verbo “ver” hay que añadirle otro infinitivo el verbo “mirar”. Ambas funciones del ojo se realizan simultáneamente pero hasta un ciego sabe mirar si bien no puede ver.

Dicho de otra forma: la función del ojo, es una función disociada. Podemos ver y mirar cosas distintas. Podemos mirar sin ser vistos (espiar) podemos ser mirados sin percatarnos de ello, una inversión pasiva del acto “activo” del mirar y mirar al mismo tiempo. Más que eso: podemos tener la sensación ilusoria de que nos miran sin que, en realidad, nadie lo haga. Sucede porque percatarse de algo es bien distinto a saber-conocer algo. Percatarse y saber son dos funciones disociadas sobre las que ya hablé en este post sobre “Susana y los viejos”.

Hay quien mira y hay quien es mirado, aunque en la vida comun todos miramos y somos mirados (somos sujetos y objetos) sin caer en la cuenta de que existe un goce especial cuando se elige posición. Naturalmente no me estoy refiriendo al gusto por exhibirse o hacerse visible que presentan algunas personas histriónicas sino al gusto por ser absorbido (o absorber) que probablemente no está en el repertorio de los histerico@s sino en las actividades privadas que se realizan a solas. Es por eso por lo que en ciertos rituales eróticos se vendan los ojos al que hace de objeto mirado, a fin de que, a su vez no pueda mirar y quede a merced del mirador. Una disociación forzada entre sujeto y objeto, entre depredador y presa.

Fotografía de Helmut Newton

Lo cierto es que mirar y ser mirado son dos goces eróticos que reclutan una enorme cantidad de aficionados (a la pornografia o al simple desnudo) sin que ni ellos mismo sepan que en realidad su afición está considerada una parafilia conocida como voyeurismo, una perversión pues el hecho de mirar-ser mirado puede llegar a ser tan placentero que incluso puede sustituir a la cópula propiamente dicha.

Algo asi le pasa a James Stewart en “La ventana indiscreta“. Le interesa tanto lo que ve a través de aquella ventana que parece no prestar ninguna atención a Grace Kelly en la plenitud de su belleza y entrega.

Pero esto no debe preocuparnos porque voyeurs somos todos y es absolutamente normal, lo dificil del acto de mirar es convertirlo en una pulsión que vaya más allá del simple acto de percatarse de algo, usualmente un desnudo.

Lo dificil es convertirlo en una experiencia inusual de conciencia. Y que además sea placentera.

Con los ojos vendados una persona queda a merced del que la mira, no puede ver ,ni mirar y no tiene más remedio que someter su voluntad al que mira. Algunas personas han desarrollado incluso una sinestesia y son capaces de sentir sensaciones táctiles a través de esa mirada, pero para poder llegar a este estado de conciencia es necesario conocer qué es la fascinación, la alteración de conciencia que es condición para el obtener el goce de ser mirado.

“Fascinas”, es una palabra latina que significa encanto. Es interesante observar que seducción, magnetismo, atractivo, absorción, hechizo y fascinación son sinónimos y apelan a un estado de sobrecogimiento o succión que ha sido vulgarizado por fórmulas o sortilegios casi mágicos y a veces por estereotipos sociales banales como cuando decimos al conocer a alguien :”Encantado/a”. En realidad no estamos encantados y todo es una fórmula de cortesía. Estar encantado es algo asi como le sucede a la serpiente con la flauta del faquir, un estado de fascinación, un trance hipnótico.

Estar encantado es sentir que nuestra voluntad ha escapado de nuestro control a pesar de permanecer conscientes y de percatarnos de los estimulos sensoriales circundantes. Estar encantado es no poder escapar de la “posesión” o “seducción” de la voluntad del otro que nos tiene como absorbidos, es como si hubieramos abandonado nuestro cuerpo y habitáramos en un cuerpo o mejor una mirada ajena. Es como si hubieramos roto las barreras de discontinuidad que separan a los cuerpos. Es como levitar.

Los que tienen o han tenido experiencias de este tipo saben perfectamente que tienen mucho que ver con lo erótico, con la entrega sexual pero no de una entrega administrativa o banal sino una entrega bañada de devoción, algo que va más allá y trasciende al tosco amor terrenal y que elude todo el tiempo que puede la siniestra confrontación de los cuerpos y lo elude a través de la pasividad contemplativa, a través de la espera.

Alguién con carisma de santidad nos lo dejó bien explicado en esta frase:

Un dardo como de oro brillante y de fuego que me parecia meter en el cuerpo y arrastraba al sacarle, mis entrañas y me dejaba abrasada en amor a Dios. (Teresa de Jesús)

No cabe duda de que la santa estaba hechizada, fascinada, absorbida o seducida, ¿verdad?

Se trata de un estado inusual de conciencia que tiene su cara y su cruz. Muchas personas pueden tener este tipo de experiencias “contemplativas” y pasarlo muy mal,  tal y como comenté en este post. El sindrome de Stendhal es un claro ejemplo de lo mal que lo podemos pasar cuando no sabemos a qué carta quedarnos, si queremos ser activos (y mirar) o queremos ser pasivos (y que nos miren), si queremos entregarnos o luchar, si queremos someternos o dominar. Es por eso que el sindrome de Stendhal es un trastorno disociativo y no una psicosis.

Lo que se disocia aqui en estos casos de captura icónica es la posición que queremos ocupar en relación con ser sujeto u objeto. El cerebro se hace un lio y se cuelga como un ordenador mareado.

En realidad todo este fenómeno está explicitado en la mitología, a través de la historia de rapto de Perséfone. Hija de Demeter y de Zeus, Perséfone explicita la inocencia de la virginidad y de la adolescencia, algo que se caracteriza por una percatación que no sabe. Pues la doncella no sabe de la intensidad de deseos que convoca en los hombres y es asi que mientras recogía florecillas por el campo, la tierra se abrió y Hades irrumpió raptándola y llevándola consigo a su reino: El Hades que es el equiivalente griego de nuestro infierno.

La historia de Perséfone se caracteriza por explicitar la idea de rapto o paroxismo. Alguien es transportado a un lugar inaccesible para los mortales y es llevado por la fuerza, a través de un episodio ictal como un ataque epiléptico. Demeter, la madre de Perséfone hace todo lo posible para que su hija le sea devuelta y pide ayuda a Zeus a fin de que Hades devuelva a Perséfone al reino de los vivos. Pero Hades no está dispuesto a renunciar a su joven y bella esposa y la misma Persefone parece que le ha cogido gusto a ser la reina del subsuelo.

Perséfone ya no es una doncella: ha atravesado la linea sexual que divide el mundo de los niños de los adultos y ya no puede volver. Perséfone ha sido fascinada por su esposo y Demeter no tiene más remedio que tratar de calmar su duelo a través de nuevos maternajes y de su bulimia divina.

Se trata de un mito donde observar las claves de la fascinación, de los hechizos que penden de la mirada. En este caso de la mirada lasciva de Hades que transforma la candida niñez de Persefone y la convierte en una experta de la belleza, es por eso que desde entonces los mortales acuden a ella en busca de filtros de seducción. Algo así lleva a cabo Psyché durante sus pruebas de femineidad.

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6 pensamientos en “Hechizos y miradas

  1. Algo asi le pasa a James Stewart en “La ventana indiscreta“. Le interesa tanto lo que ve a través de aquella ventana que parece no prestar ninguna atención a Grace Kelly en la plenitud de su belleza y entrega. Me gustó esta observacion, sutíl, ¿Verdad?.

  2. La mirada espejo del alma, expresión de afectos, el carácter, lo que contacta con el medio ambiental, también con el otro. Es la minusvalía de internet que carece de mirada, olfato y tacto, por eso Internet es la metáfora de Matrix, unos cerebros enchufados a unos tubos recreando un mundo virtual, sin miradas como espíritus ciegos. Los ni-nis dicharacheros de un barrio sésamo tecnológico, ni tacto ni contacto.

    Miradas atrapadas por la socialización de las Gorgonas, miradas esclavas petrificadas. Por eso el nacimiento del vidente es la muerte del “Ego”, pues siempre miramos a través de la memoria, viendo un pasado insertado, una imagen cristalizada, poseídos el mundo se torna aburridamente conocido.

    Meditar seria ver lo real, por tanto nuevo a cada mirada.

    Don Manuel camina por las calles del pueblo. En el pueblo lo tienen por loco. EL lleva un pequeño espejo en la mano y se mira con el ceño fruncido. No quita los ojos del espejo.

    Qué haces, Don Manuel?

    Aquí,… dice, controlando al enemigo.

  3. “Eso no está en mí” es utilizada cuando se quiere justificar algo que se ha hecho o se ha dejado de hacer y en lo cual el sujeto no quiere verse involucrado, responsabilizado. Si eso no está en él muy poco puede hacer por evitar lo ocurrido. Entonces es cuando se impone la pregunta: ¿En quién está si no es en usted?, con la finalidad de hacer consciente al individuo que efectivamente él es el responsable de lo sucedido. Acto seguido, pronuncia la siguiente para justificar lo hecho (de nuevo) y también por no darse cuenta de ser él el máximo protagonista: “Yo no quisiera ser así”, a pesar de que hace todo lo posible por ser de esa manera que no desea. Se impone la siguiente pregunta: ¿Quién le obliga a usted a ser así? Es evidente, nadie le obliga. Es así porque lo desea. Si yo no deseo ser impaciente, me llamo a la calma, intento mejorar mi capacidad de espera, trato de caminar y hablar despacio.

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