Las voces masoquistas (II)


Si traduces un concepto de un campo para usarlo en otro donde es deconocido será algo siempre fresco y poderoso. Recurriendo a lo ajeno realizas un arbitraje intelectual, donde el único limite es tu voluntad en traducir continuamente, de forzar lenguas extrañas para hacerlas tuyas, de vivir entre medias, de estar en las dos partes y en ninguna.

Chandler Burr

El masoquismo tal y como conté en mi anterior post es una estrategia compleja que involucra mecanismos de defensa, aspectos cognitivos, emocionales, conductuales y sobre todo eróticos aunque lo importante es señalar que no se trata -por si mismo- de un rasgo, ni un estado, ni un trastorno o de una enfermedad mental sino de un cluster de tácticas -relacionadas con enlaces entre experiencias distintas- destinadas a lidiar con el sufrimiento y que se encuentra muy representada en nuestra vida cotidiana.

Puse como ejemplo el conocido supuesto de alguien que ama sin ser correspondido. ¿Por qué sucede esto? Lo lógico es amar a quien nos corresponde pues nuestro orgullo y nuestro autoconcepto se resentirían de lo contrario.

La mayor parte de las personas a las que les sucede tal cosa -y que acumulan varios episodios similares de amores desgraciados- pueden sufrir conscientemente por esta razón pero lo cierto es que amar en ausencia de correspondencia o de mutualidad es una estrategia que cumple una función económica en nuestro psiquismo. Puede suceder que una persona salga malparada de una relación, haya sido abandonada o traicionada y quede con un enorme montante de excitación amorosa en stand by junto con una autoestima herida y quiza con un enorme montante de rencor. Este tipo de personas necesitan un objeto sobre el que proyectar esos restos de amor y al mismo tiempo resolver su duelo. Y la mejor forma de resolver un duelo es la erotización del sufrimiento.

Y puede suceder tambien que queramos estar solos, algo que sucede con cierta frecuencia entre mujeres masoquistas -que optan por la soledad- aunque ellas mismas no lo hayan interiorizado. Y la mejor manera de estar solo es conseguir que no nos amen y podamos al tiempo amar.

Las personas que aman sin ser correspondidas en realidad lo que buscan no es tanto la reciprocidad sino poder redimirse de su anterior perdida. Y no habría redención si hubiera correspondencia, de modo que se las arreglan para no ser correspondidas, elegir a alguien con escasa capacidad para el amor o elegir a alguien inadecuado. Quien así se comporta puede ignorar lo que en realidad hace con su organización pulsional y que no es otra cosa sino la de amar a solas, con una especie de amor pasional muy parecido al amor cortés, a fin de conseguir vertir afuera ese sobrante que quedó congelado en la anterior relación y al mismo tiempo sufrir por la no correspondencia. La paradoja es precisamente que es la falta de mutualidad lo que persigue inconscientemente y lo que a fin de cuentas reparará el dolor.

Poner juntas dos magnitudes como el dolor y el amor es desde luego una buena estrategia de curación y reparación. Y eso es lo que hace la mayor parte de la gente por sí misma de forma espontánea. El peligro de esta combinación es naturalmente la posibilidad de obsesionarse con el amor no correspondido, algo que sucede con cierta frecuencia en las personas que carecen de la suficiente introspección para conocer las operaciones inconscientes que se libran en su psiquismo o no están dispuestos a aceptar las ventajas de su estrategia.

Esto mismo parece sucederle a Edith Piaff y que  nos cuenta en este tema ya mitico. Ne me quite pas.

Un poco lo mismo le sucede a Bogart en Casablanca cuando consigue que la Bergman siga a su marido hacia la libertad mientras el se redime de su rencor -por haber sido abandonado en Paris- al tiempo que se postula como un patriota redimiéndose asi de su cinismo. El gesto de Bogart es un gesto sublime de altruismo pasional que a su vez opera como un reconstituyente moral de un individuo depravado por el dolor.

Otro ejemplo de la vida cotidiana es lo que nos sucede en relación con la envidia. Hay una gestión evitativa y una gestión masoquista de la envidia. ¿Qué hacemos cuando envidiamos a alguien?

Lo usual es -siempre que podamos- evitar a aquellas personas que envidiamos, puesto que cuando estamos en su presencia nos sentimos mal. Se trata de un experiencia muy común, a los que envidiamos les evitamos con o sin racionalizaciones acerca de su carácter, sus defectos o su superioridad. Algo que nos permite salvar nuestra autoestima que vuelve a encogerse en su presencia.

Pero los masoquistas no evitan a quienes envidian sino que buscan su compañía, se pegotean a las personas que envidian a veces de una forma tan obsesiva que resultan pesados y repelentes. Y acaban siendo rechazados, que es precisamente lo que buscan.

Todos tenemos la experiencia de amigos o conocidos que no nos aportan nada y que nos vampirizan, ellos parecen ser refractarios a nuestras señales de incomodidad e insisten una y otra vez en acaparar nuestra atención. Naturalmente este fenómeno es mucho más frecuente en Internet donde existe un anonimato protector disfrazado de “discusión intelectual” o de defensa de las opiniones. El fenómeno troll es un fenómeno cibermasoquista donde la admiración y la envidia no terminan de ponerse de acuerdo en neutralizarse.

Transformar la envidia en admiración y que esa admiración se mantenga dentro de los limites de lo razonable -sin el desbordamiento de la idealización o de ponerse cargante- es un proceso de erotización similar al que describí más arriba como reparación de los duelos o las perdidas, sucede por una razón. La envidia puede manifestarse a través de dos circuitos que operan en paralelo:

  • Por una parte existe un dolor por el éxito del envidiado.
  • Y por otra existe un placer por los fracasos del envidiado (Schadenfreude).

El problema es que mientras el “placer por los fracasos” se computa como recompensa cerebral (es decir como placer), el “dolor por los éxitos ajenos” no se computa como placer-recompensa sino como algo aversivo que pertenece al Yo (a un Yo insuficiente) y no al otro. Esta dicotomía del procesamiento cerebral explica el porqué, la envidia (o la parte aversiva de la envidia) suele reprimirse o negarse, mientras que la parte apetitiva de la misma se siente como placer y permanece en el consciente y se manifiesta a las claras en la interrelación.

No existe una emoción tan fácilmente detectable como la envidia. Hay una psicología de la evidencia de la envidia tanto como sucede con el amor, ambos no se pueden ocultar y no precisan demostración.

La transformación de la envidia en admiración o gratitud es la solución para ese componente inconsciente destructivo de la envidia. Y como en el caso anterior se realiza a través de enlaces semánticos, si usted es capaz de enlazar la envidia con la erotización de la misma (y no perecer en el intento) habrá logrado neutralizar la carga negativa de esa emoción que por otra parte es tan normal como cualquier otra, a fin de cuentas la envidia sirve para señalar nuestra posición en una supuesta pirámide de valor comparativa con nuestros congéneres lo que resulta muy adaptativo.

Otro de los ejemplos que quiero utilizar para apoyar mi tesis de que los dinamismos masoquistas son muy frecuentes en la población general, es el tema de las dietas, del ejercicio fisico y de la mitologia de la delgadez.

Casi todas las mujeres que conozco se muestran de una forma u otra descontentas con su cuerpo. No se si habrá alguna mujer aun que no haya hecho alguna vez en su vida una dieta, pero como mi campo de conocimiento principal son los trastornos alimentarios he de decir que estas patologías son un magnifico observatorio para la observación del masoquismo femenino de nuestro tiempo.

Lo sacrificios alimentarios, el machacamiento de los gimnasios, la cirugía estética, las caminatas, la ortorexia y las dietas o las purgas por sí mismas son formas electivas de inducirse dolor, restricción y sufrimiento. No cabe duda de que la forma más frecuente de autosacrificio en nuestro tiempo es el deseo de mantenerse a linea. Y que este deseo es mucho más frecuente en mujeres.

Freud decia que las mujeres eran “naturalmente masoquistas”, o dicho de otra manera el masoquismo de la mujer era según él consustancial con la condición femenina. Se apoyaba en el hecho de que la vida sexual de la mujer discurría entre privaciones, partos, amamantamientos, dolor y preocupación constante por los hijos. Para Freud la maternidad era el eje del masoquismo primario, consustancial de la mujer, algo que venía de serie. Naturalmente esta idea está pasada de moda y ha quedado obsoleta desde que la maternidad es un hecho electivo, lo cual no significa que las mujeres hayan dejado de ser masoquistas sino que su masoquismo se manifiesta de otra manera, aunque lo cierto es que el masoquismo erógeno era -en época de Freud- mucho más frecuente en los hombres, algunos de ellos grandes hombres como Baudelaire, Swinburne, Socrates o Rousseau.

El masoquismo femenino en la actualidad se manifiesta a través de eso tan valorado como la delgadez. ¿Pero por qué quieren las mujeres estar delgadas?

La mayor parte de ustedes pensarán que las mujeres quieren estar delgadas para ser más atractivas, pero esta idea es falsa o al menos no representa toda la verdad. Las mujeres no quieren adelgazar para ser más atractivas (al menos no primariamente), sino para competir con sus iguales en el terreno de la seducción, se vaya a utilizar o no como estrategia de emparejamiento.

Del mismo modo que sucede en la envidia, el par dialéctico que aqui se halla en fricción es el par atractivo-rivalidad. La paradoja de este conflicto es que tal y como señalé en este post que ser más atractiva no significa linealmente tener más éxito con las iguales con las que se miden las chicas jovenes (sino quizá menos, asi como resultar un frecuente blanco de agresión), mientras que tener escaso exito con la siguales no invalida a una muchacha para ser muy atractiva para el sexo opuesto. En realidad la delgadez es un valor femenino al que los hombres prestamos poca atención. Asi se puede adelgazar por:

  • Disfrutar del éxito del atractivo para vencer imaginaria o realmente en la competencia con otras rivales y que se computa como placer.
  • Alegrarse por el fracaso de las rivales en una competición donde se ha salido perdedora se tenga o no atractivo.

En un post anterior exploré precisamente las relaciones que existen entre los trastornos alimentarios con la rivalidad intrasexual.

En conclusión: las estrategias masoquistas que he descrito hasta ahora formarían parte de lo que Freud llamó “masoquismo moral”, es decir formas de autosacrificio o renuncia destinado a reparar las consecuencias imaginarias de ciertas tendencias destructivas inconscientes, envidia, rivalidad, rencor, perdida, etc. Estas estrategias son muy frecuentes en la población general y forman parte de un muestrario de tácticas destinadas a eludir el sufrimiento, a reparar ciertas emociones que quedaron huérfanas en nuestro inconsciente y desde donde nos amenazan provocándonos malestar. A pesar de tratarse de claras tácticas masoquistas no son identificadas como tales por el conjunto de la sociedad sino que más allá de eso son privilegiadas como valores morales a seguir. Ha sido descrito por Gordon (Gordon, 1972) que estos valores normalizadores de una cultura determinada son la fuente de un difuso malestar étnico que se termina manifestando en ciertas enfermedades que tienen que ver con la cultura donde se presentan y los valores que abrazamos consensuadamente.

No sucede lo mismo con el masoquismo erógeno que sigue considerándose una perversión sexual, algo abyecto y comparable con la necrofilia, el bestialismo o la pederastia.

En el próximo post me ocuparé precisamente de quién o quienes y por qué recurren a  estas formas de masoquismo erógeno y me ocuparé además de distinguir estos emparejamientos pactados de la sexualidad forzada o la victimización inducida.

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11 pensamientos en “Las voces masoquistas (II)

  1. Se deduce por tanto que el abismo masoca se abre cuando se introduce uno en la vorágine de la competitividad a la vez que se nutre la propia identidad de la identificación, es decir la materia prima de la que se nutren nuestra sociedad. La envidia seria un subproducto de todo ello, pues la identificación con un equipo de futbol, un producto de mercado, una religión, una nacionalismo, una mujer, obtener dinero, prestigio, atención, son en sí objetos a conquistar que tienen diversos pretendientes, por eso se disfruta el dolor del adversario derrotado, pues hacerse con la pieza por la que se ha competido indirectamente aumenta la auto_ estima, de aquí a la envidia solo hay un pasito, y entrar en todo esto en si, es ser bastante masoca, porque es la semilla del sufrimiento, de la insuficiencia de un yo que se nutre de objetos.

    Lo que ocurre que la inercia social de la competitividad y la identificación esta antes de poder visualizar sus efectos, y de alguna manera se ha de pasar por ello y verlo, y es aquí donde encontramos la ganancia en conciencia, en evitar el sufrimiento y en entender que uno puede ser masoca por ignorancia, sucumbir a la envidia, e inflar la falsa identidad, pero es en esa lucha donde uno aprender.

    Para mí por tanto la solución no pasa por transmutar la envidia en gratitud u admiración, no deja de ser una solución parcial. Tal vez la solución pase por encontrar y descubrirnos en toda nuestra dimensión, que no somos nuestras creencias, ni nuestros pensamientos, ideologías, necesidades, estados mentales, biografía, errores pasados, deseos futuros, ni sueños, condicionamientos o memorias.

    Eso le llamamos despertar a “Ser”, al “Ser”…..y entramos en el entramado de la “Espiritualidad Humanista”, entendida esta como un retornar al origen de nuestra perdida inocencia.

  2. Pues yo creo que la envidia no es nada más que una incapacidad de ser feliz dentro de los propios recursos. Esa incapacidad a la felicidad hace que el sujeto busque en el otro no los objetos que posee, no importa si es un coche, una casa, un título, una mujer o un hombre… aunque el sujeto posea todos esos objetos no estará satisfecho porque no es el objeto lo que busca en sí sino la satisfacción que parece tener el otro. Por eso el envidioso tiende a destruir el objeto que envidia que no es realmente nada material, sino la felicidad que parece sentir la otra persona, destruirlo en un intento de equipararlo con su propia infelicidad o incapacidad para poder disfrutar y saborear lo que se tiene. El envidioso se alegrará de las pérdidas o desgracias ajenas porque es en el dolor donde tiene encuadrado su sistema de recompensa, tanto en su propio dolor como en el de los demás. No sé dónde leí que cada persona tiene una cuota de felicidad, es decir, no todos percibimos ese sentimiento de la misma forma, que está relacionado además con la capacidad de disfrute o de goce,aunque se tenga lo mismo o se sufra de la misma manera unos recuperan el sentimiento de felicidad, la capacidad de goce, mucho antes que otros debido no sé a qué mecanismos pero que son inherentes al individuo y no externos a él.

    Las personas envidiosas suelen estar siempre insatisfechas tengan lo que tengan, porque su insatisfacción es inherente, interna y no externa. No sé cuál es el camino para eliminar la envidia pero desde luego debe pasar más que por la admiración o la gratitud, eso sería una envidia sana, por quererse uno mismo… ¿cómo era aquello?… Quiere a tu prójimo como a ti mismo, pues eso, si uno está incapacitado para amarse cómo va amar nada más,si uno está incapacitado para gratificarse o se niega dicha gratificación. Por supuesto el envidioso es masoquista, no sé por qué pero encima es masoquista…. ¡sufren tanto¡ Creo que lo mejor que se puede hacer si uno tiene un envidioso cerca para no sufrir su embestida mortal es hacerle ver que uno sufre tanto como ellos, a pesar de haber alcanzado un logro, para así calmar su ira, porque me parece que la envidia es realmente ira. Ira hacia uno mismo proyectada sobre la felicidad de los demás.

    Por supuesto todos sabemos lo que es la envidia porque todos la hemos sentido, pero el envidioso profesional es como el masoquista, entra en una dialéctica de dolor-goce de la que le es muy difícil escapar por eso, me parece, masoquista suele ser al mismo tiempo sádico y no al revés, el masoca es sádico con sí mismo y al final acaba siendo sádico con los demás.

  3. Como ya he comentado en FB, me parece uno de los post del año. No solo explica el enigma masoquista sino que generaliza la solución.

    En la envidia, pej, tenemos una pulsión tanática o destructiva y es solo mediante la aplicación de su contrario erótico (la admiración) que puede ser resuelta.

    En el caso aun más complejo del masoquismo en las relaciones, la pulsión tanática la provoca el duelo no resuelto, y erotizar este duelo mediante una relación que no puede ser correspondida es una manera de eliminar el componente destructivo o al menos atenuarlo.

    Esta solución que se propone en el post, aparece además como la más económica. Por ejemplo si queremos trascender la envidia por otra vía tendremos muy posiblemente que pasar por esta. Una “Espiritualidad Humanista” como la que propone Juanjo implica el paso previo de transmutar lo tanático en erótico.

    Enhorabuena por este magnífico post.

  4. Bueno AGustin, muchas gracias por tu aportación erotico-tanática en el mejor estilo freudiano. En realidad este no es un tema nuevo, ya lo abordó Gregorio el Magno cuando encontró que las pasiones (pecados capitales) tenian cada uno de ellos un antidoto. ¿recuerdas el catecismo?
    Contra ira paciencia, contra perza diligencia, contra envidia caridad, contra lujuria castidad,
    Yo no creo que estos antidotos se encuentren bien formulados psicologicamente (en realidad lo que hace es oponer una virtud cristiana a un pecado o pasión emocional. No creo que podamos combatir la ira con la paciencia o la envidia con la caridad. Aqui hay una web donde un tal Bernardo Levy da algunas pinceladas para la buena gestion emocional.
    http://autoasistencia.com.ar/Videos/Index.html

  5. Lo curioso de toda gestión emocional u pasional estriba en la perspectiva del que la sufre, pues la vive sobre unas bases que varían según la peculiar cosmo_vision que le mueve.

    Ahora bien el desarraigo cósmico apunta al “Ser”, la insuficiencia ontica apunta al “Ser”, y es desde esa carencia de “Ser” donde los pecados capitales y las emociones disfuncionales beben, que digo se embriagan. “Gula y Vacio”, “Envidia y Carencia”, Orgullo e Insuficiencia”, “Placer a falta de Amor, buenas son tortas”, y todo eso a donde nos lleva, si no a descubrir la falta de profundidad en la experiencia vital. A la falta de trascendencia del individuo disfuncional.

    Leo interesantes ensayos, pero no yo destacaría con perdón Paco este precisamente como interesante, porque carecen de “Ser”, de la raíz. Cosa que me desconcierta porque leyendo otros ensayos de ti, supuran “Ser”. A la vez que no conozco nadie mejor que tu para darle un empujoncito al tema de temas, el “Ser”.

    Es una opinión.

    • Bueno uno no puede estar en el “Ser” todo el tiempo, yo me dedico a la psiquiatria y mis clientes (y por lo que llevo visto en la vida, no solo mis clientes) no están en el Ser sino en el Ego, y este post está precisamente dedicado a describir mecanismos fáciles de usar con ciertas inversiones mentales por casi todo el mundo. Sin embargo, fijate, convertir la envidia en admiración aunque es un mecanismo del Yo (que ti te parece poco relevante), que está ahi a disposición de todo el mundo no es tarea fácil. Nadie puede llegar al ser mientras disponga de energias acumuladas en el inconsciente y no disponibles para una primera operación dialéctica.

      • Poco relevante no es el significado que yo le atribuyo a solución parcial, de la misma forma que valoro la estructura de un Ego fluido como algo necesario pero parcialmente incompleto, de forma que la totalidad no excluye el magnífico trabajo que desarrollas. No se trata por tanto de eliminar ni de cambiar nada, sino de completarlo. La psicología del Ego, y que conste que yo soy un mero aficionado lector, por eso hablo de meras opiniones, restablecen la identidad, pero le falta el reforzamiento que la transforme en una nueva y fuerte identidad trascendente, por tanto hablo de añadidos y anexos a lo que ya escribes, y muy bien por cierto. Aunque claro no deja de ser una idea valida a mi peculiar forma de ver las cosas.

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