Jaspers y el destino


En el hombre su carácter y su destino son la misma cosa

Heraclito

En el año 2001 publiqué un libro que titulé “Pathos y Daimon” y que llevaba como subtitulo “Carácter y destino”. Este post es la historia de ese libro, su historia secreta, su historia motivacional.

En aquel entonces me encontraba fascinado por el concepto de “destino” muy cercano al de “repetición” freudiano. Un concepto que la ciencia habia abandonado por otros mas esotéricos y ambigüos aun como “vulnerabilidad”, debilidad constitucional, etc. Me interesaba escarbar sobre cómo las personas tejen y destejen sus destinos y alcanzar a vislumbrar ciertas coordenadas que permitieran entender como las elecciones que hacemos en nuestra vida configuran una serie de matrices que van a constelarse segun las edades, como fractales, en un ejercicio constante de repeticiones iterativas que llevaban una dirección concreta. A esta dirección le llamaremos -para entendernos destino-. Hoy sabemos algunas cosas más sobre el destino de las personas y su dependencia de las decisiones anteriores (dependencia de las condiciones iniciales) que rigen los sistemas abiertos y no lineales.

Algunos autores (Waddington) han hablado de creodos, una especie de itinerarios por los que inexorablemente nuestra vida discurre una vez que se ha configurado la matriz inicial. Los grados de libertad se reformulan en cada bifurcación, pero una vez doblada la esquina ya no hay vuelta atrás, en el sentido de que nuestra vida discurrirá a través de una path dependence del creodo configurado. Algo así dijo Heráclito en su celebérrima frase “el carácter es igual al destino”.

Heráclito no sabía nada de creodos pero sabía que la vida de los hombres son un puñado de supuestos y sólo un puñado. No se trata de un desarrollo infinito de posibilidades sino que nuestro destino (el que compartimos todos) no es sino uno, la muerte, pero antes de que está muerte suceda los lugares que hemos alcanzado se reducen a unas pocas posibilidades y siempre bajo la dependencia del creodo que configuramos en nuestra infancia: o hemos tenido éxito o hemos tenido mala suerte (tijé), o elegimos el bien o el mal, o morimos jovenes o somos longevos, etc.

Mientras me disponía a escribir mi “Pathos”, se me ocurrió la idea de tomarme a mi mismo, mi propia experiencia vital como ejemplo de las ideas que queria volcar alli, mi vida es la que mejor conozco -sin lugar a dudas- y aunque tenía riesgos me lancé a esa aventura sabiendo que debía  evitar el género autobiográfico por varias razones: la autobiografía no es un género que me guste, la considero casi siempre aburrida, autocomplaciente, y sobre todo -por lo general- suelen ser muy poco sinceras. Las autobiografias -incluso las de los grandes hombres- por lo general sirven para autojustificarse, pero sobre todo había un obstáculo dificil de salvar: yo era demasiado joven para escribir una autobiografía, de modo que lo que hice fue tomar algunos episodios de mi vida como pretexto y  escribir un híbrido entre ficción y ensayo que dió lugar a un libro bastante malo del que no recomiendo a nadie su lectura.

La idea se me ocurrió cuando supe que Karl Jaspers habia escrito un libro similar, que había titulado “Entre el destino y la voluntad”. Mis esfuerzos por hacerme con ese libro fueron infructuosos y sólo muy recientemente (hace un mes) he conseguido encontrar un ejemplar prestado por la Biblioteca de la UJI (aprovecho para darles las gracias).

Diez años después de la publicación de “Pathos” abordé pues la lectura del libro de Jaspers que leí casi de un tirón. Se trata de una joya literaria que se corresponde con las reflexiones de una de las personas intelectualmente de mayor nivel del siglo XX. El libro aborda recuerdos y circunstancias, de entre ellas el leit-motiv de su enfermedad pulmonar: su enfermedad “congénita” (una malformación bronquial, llamada bronquiectasias) que amenazó su salud hasta su muerte, una debilidad de salud que configuró sin dudas su matriz inicial: la de saberse diferente. La enfermedad determinó su vida y sus elecciones y en el libro se encuentran descripciones minuciosas sobre ella, asi como tambien sus esfuerzos por reponerse a esa limitación y compensarla. Las relaciones con sus padres, hermanos, escuela, amigos, amor, y sobre todo su vida y desarrollo intelectual en una Alemania destrozada por dos guerras me impresionaron por los comentarios certeros que contienen aquellas páginas y su valor intelectual y lucidez. Pero de entre todas las cosas que leí lo que más me impresionó fue descubrir que Jaspers y yo teniamos una vida , unos antecedentes, un creodo muy parecido.

No se trata de un ejercicio de vanidad y el lector deberá darme esta licencia, pero no pude dejar de observar y sorprenderme de las coincidencias entre su vida y la mia, sobre todo la vida infanto-juvenil.

Al final he encontrado ese libro para caer en la cuenta de que yo escribí un libro muy parecido en el 2001 sin haber leido el de Jaspers y sólo conocer de su existencia a través de un comentario leído ya no se dónde. Se trata en ambos casos del destino de dos hombres que comparten una profesión, la psiquiatria y su amor por la filosofía, por el conocimiento, el saber y la Verdad (Jaspers terminó dejando la psiquiatria y hacerse catedrático de Filosofía debido a su mala salud).

Existe en el libro de Jaspers un pasaje sobre lo que podriamos llamar el dia de la elección. tanto él como yo tuvimos que elegir como sucede en Matrix en tomarnos la pastilla roja (de la consciencia) o la pastilla azul de la inconsciencia.

Lo cierto es que Jaspers pertenecía como yo a una familia rural, de pequeños propietarios agricolas, conservadores y prácticos. El, desde luego, era más rico que yo y su familia era más ilustrada que la mia. Yo me eduqué en un entorno tosco, de personas de una pieza pero en cierta forma ignorantes y atrasados que tenian sólo una ambición: un futuro brillante para mi. Como él me desenvolví en un entorno familiar presidido por el cariño y los suficientes cuidados. Y sin embargo….

Ambos crecimos con un sentimiento de anhelo de algo que no poseíamos. Un anhelo de saber, de ir más allá de encontrar respuestas a las preguntas que en nuestro entorno no se podian responder sin apelar a la conocida cantinela “porque lo dice tu padre”.

Mi anhelo como el anhelo de Jaspers era un anhelo intelectual, un anhelo de encontrar otras personas que fueran, a su vez, anhelantes.

Los niños que crecen con este anhelo se aburren en los entornos en que se crían y posteriormente se aislan. Se quedan solos. Ese fue el destino de Jaspers y el mio: quedarnos solos.

Y las personas que se quedan solos, es decir aquellas que no acaban de socializarse en el entorno que les ha sido dado, suelen ser rechazados por los demás (que les ven como bichos raros) lo que refuerza aun más si cabe su sentimiento de aislamiento. El aislado no tiene más remedio que encontrarse con los otros aislados.

Y fue asi que yo me encontré con otros solitarios (que cuento en el libro) y es por eso que Jaspers sólo tuvo un amigo en su vida que acabó siendo además su cuñado, pues Jaspers acabó casado con su hermana Gertrud, judia que pudo eludir el holocausto gracias a ciertas martingalas intelectuales de su esposo a quien la Gestapo le aconsejó el divorcio.

Pero Jaspers no aceptaba ninguna autoridad que no fuera la autoridad intelectual, la autoridad de la verdad. Quizá por eso siempre acabó de adulto solo, pues se negaba a seguir el espiritu de su época donde perdió todas las batallas intelectuales que emprendiera. Sólo reconocia la autoridad moral de Max Weber, y ninguna al Estado, a la Iglesia o a cualquier institución. Sólo Heidelberg, su universidad adquiría para él, la condición de un templo y sólo hasta que fue desmantelada por el nazismo.

Pues para Jaspers el valor más importante es la libertad, la libertad para poder pensar, decir. El librepensamiento. Por encima incluso de la Igualdad o la Justicia: todos tenemos un código de valores, una escala de medir. Personalmente me inclino tambien por esta opción: la libertad es para mi un valor superior, y sobre todo cuando hablo de libertad me refiero a la libertad intelectual, a mi derecho a pensar de forma lateral, trazando diagonales a lo que piensan la mayoria de mis conciudadanos. Pensar de forma herética según el momento en que hemos tenido que vivir.

Ya sabemos estar solos. Y ya no esperamos el beneficio de nuestros iguales.

Es entonces cuando se alcanza la libertad.

Karl Jaspers murió con 86 años a pesar de toda una vida de martirizantes toses, expectoraciones, hemorragias pulmonares y quien sabe si con TBC sobreañadida. Yo nunca he estado enfermo pero poseo muy escaso vigor fisico y desde siempre se me ha considerado perezoso en extremo (asténico de constitución), raro, en el sentido de poseer escasas habilidades sociales y un desinterés en lo material cercano al marasmo. Aun hoy me aburren las conversaciones con mis iguales y se me tiene por una persona extravagante. Cuando me aburro en sociedad (que es casi siempre) me repliego sobre mi mundo interior y me aislo de los demás que naturalmente lo notan y a veces o algunos se lo toman a mal. No soy antisocial, sino que no encuentro placer en los contactos sociales salvo si se dan ciertas condiciones.

Pero es muy poco probable que ustedes entiendan el enorme placer que he extraido de escribir este post que fui urdiendo mientras celebraba las fiestas de la madalena en un ambiente muy poco intelectual.

Bibliografia.-

Francisco Traver: “Pathos y Daimon: Carácter y destino”. Huerga y Fierro. Madrid 2001.

Karl Jaspers: “Entre el destino y la voluntad”. Guadarrama. Madrid. 1969.

Anuncios

20 pensamientos en “Jaspers y el destino

  1. Paco, humíldemente te comento que creo entender el placer que te ha proporcionado la escritura de este post. Aun antes de leer el último párrafo se percibe el entusiasmo de un hombre inteligente y a la vez sencillo, que a través de un proceso introspectivo muy profundo y una extraordinaria y franca capacidad de autocrítica, logra sentirse satisfecho de sí mismo.

    Intuyo que es una emoción que muy poca gente puede llegar a sentir e incluso transmitir. Presiento que más allá de haber conseguido la libertad, también te has acercado a lo que suponemos es esa felicidad que anhelamos y no conseguimos, y que de acuerdo a tu escrito puede encontrarse a pesar de nuestras pérdidas, nuestras imperfecciones y nuestra soledad.

    Paco este post me dejo sumamente conmovida.

    Te felicito y te agradezco el haberlo compartido.

  2. Yo diría que somos bastantes aquellos a los que nos aburren la mayoría de conversaciones sociales, los que nos replegamos a nuestro mundo interior (siendo tomado a veces a mal por muchos, o llamados -como a mí misma me llaman a veces- “poco sociable”), los que acabamos prefiriendo la libertad intelectual al gregarismo adocenado (con sus peajes subsecuentes), aunque también creo que hace falta cierta edad (y/o madurez) para cruzar la frontera, a pesar de haber elegido eso ya desde pequeños o adolescentes. Aquellos que gozamos en fin, como anhelantes, del encuentro con otros seres anhelantes.
    PS: pues a mí me gustó ese libro suyo, aunque a mi parecer no era aún el que es ahora y lo veo como huérfano de una segunda y definitiva mitad 🙂

    • Me gusta el término “los anhelantes”. Si el poeta mexicano Sabines describió a “los amorosos”, el neuropoeta Traver podrá hablarnos de los anhelantes.

  3. Me parece muy interesante que Jasper sólo reconociera a Max Weaber como autoridad moral, pero me extraña que no reconociera ninguna otra institución como autoridad, sobre todo en la época que le tocó vivr. Weaber en su estudio de las religiones pretendía buscar la matriz que generaban las mismas sobre el individuo para determinar cómo se origina la existencia de una sociedad más avanzada.

    No se puede prescindir de la religión pero no todas las religiones se sustentan sobre la misma validez filosófica que permite avanzar al individuo sobre una independencia moral e intelectual sin crear esclavos o gurús anhelantes.

    Curioso también que estando tan malito y solo toda su vida pudiera llegar hasta los 86 años, menos mal que no hizo caso a la Gestapo…

  4. Me ha gustado, Paco; incluso diria que estoy muy de acuerdo con tus reflexiones.
    A mi las relaciones del “jijijaja” tampoco me llenan…”Voy en la manada pero sé que no pertenezco a ella”… Estar con uno mismo…!Qué maravilla!

    Ah! Para mí la paella de ayer estaba fenomenal! ( ¿Será porque era muy tarde cuando comimos y tenia hambre?)

    Jeje.

  5. Gracias, Paco. A mí también me ha conmovido tu post, me ha tocado la fibra.. Gracias por la reflexión. Y sí, creo que a tu libro, efectivamente, le faltaba este post-postumo.
    ¡Qué bueno que encontraras finalmente el libro de Jaspers!

  6. Hay una porción de humanos que ha de sacrificarse por el resto. Son los buscadores, los que anhelan saber. Ellos llevan una pesada carga pero no pueden elegir, pues esa es su naturaleza. Han de procurar unirse con otros buscadores, no tanto para hallar aquello que buscan sino para poder soportar el impacto de la muerte en vida que el conocer les procura. Superado este impacto no volveran a ser los mismos, pero hay un camino estrecho de sabiduría, por el cual podrán volver de nuevo a ser hombres-niños.

  7. A mí también me gusta lo que escribes, Agustín. Me gusta y me impacta a la vez.
    Mirada la cosa tal como la ves tú, me impacta, sí. Gracias por la reflexión.

  8. No entiendo lo de extremadamente perezoso. ¿cómo una persona con ese denotativo puede lograr ser psiquiatra? ¿Cómo se ´puede ser extremadamente perezoso y lograr ser escritor y un asiduo lector?

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s