Vicisitudes del vínculo


Pero el dos no ha sido nunca un número
porque es una angustia y su sombra,
porque es la guitarra donde el amor se desespera,
porque es la demostración de otro infinito que no es suyo
y es las murallas del muerto
y el castigo de la nueva resurrección sin finales.
Los muertos odian el número dos,
pero el número dos adormece a las mujeres
y como la mujer teme la luz
la luz tiembla delante de los gallos
y los gallos sólo saben volar sobre la nieve
tendremos que pacer sin descanso las hierbas de los cementerios

(Pequeño poema infinito, Garcia- Lorca)

Tal y como dice el poeta el numero dos es un numero mágico para algunos y aversivo para otros. Es lógico pues el dos es el testigo mudo de nuestra incompletud. El dos es el Otro, ese otro que patrulla su mitad ofreciéndose a nuestro deseo.

Se trata de la consecuencia de la sexuación, solo podemos reproducirnos de mitad en mitad, un 0,5 que no obtiene complementación a través de la mitad del otro sino sólo a través de la unidad. Pues es en la unidad donde se agazapa la completud del 0,5, de cada mitad. Somos seres incompletos y deseantes que estamos y vivimos en Falta y eso que nos falta no puede ser completado más que imaginariamente por el otro.

Y ese otro es siempre inalcanzable en su incompletud. A ese fenómeno le llamamos inconsciente, hay algo del otro que esta velado, oculto y que no podemos ni siquiera rozar.

Continuidades y discontinuidades.-

Nuestro cerebro procesa la información de dos maneras, una a traves de un código binario (a través del 2), un codigo de sies y noes, de encendido y apagados. Asi construimos categorías que no son otra cosa sino entidades discontinuas.

Y otra forma de procesamiento es a través de continuidades y contigüidades, la continuidad de una serie de números naturales por ejemplo. Asi construimos dimensiones y matices quasi infinitos que no son otra cosa sino entidades continuas.

Obervemos por ejemplo estos dos pares de ideas:

  • Masculino-femenino.
  • Lealtad-traición.

El lector podrá observar que el primer par constituye dos categorias discontinuas, o se es hombre o se es mujer fenotipicamente hablando (sin considerar la inclinación sexual). Sin embargo abstracciones como la lealtad-traición forman parte de un continuo de actitudes, un continuo dimensional. Se puede ser leal ahora y con éste y traidor mañana con aquél. Podemos decir que el individuo se mueve por ese continuo a través del tiempo y sus circunstancias.

Cuando tratamos de categorias, hablamos de polaridad, y cualquier polaridad puede saltarse a través de la fluctuación. Como la fluctuación opera entre contrarios no hay más remedio que predecir que despues del dia vendrá inevitablemente la noche, es decir la polaridad solo puede transitarse con “saltos de altura” cada uno de los cuales predispone a dirigirse hacia su contrario en un momento posterior. Es por eso que existen en psiquiatria enfermedades bipolares y discretas, donde el sujeto después de un episodio depresivo alcanza (y es posible predecirlo inexorablemente) un episodio maníaco, pues todo parece dirigirse hacia su contrario en este mode de procesamiento binario. Los psicoanalistas llamaron a este fenómeno enantiodromia.

Pero existen tránsitos que no suceden entre contrarios sino entre vecinos o contiguos, por ejemplo los rasgos de carácter constituyen continuos, donde no hay una fluctuación extrema sino oscilaciones que contienen dualidades pero no polaridades, y es por eso que a este fenómeno se le conoce con el nombre de principio de no-contradicción. Se puede ser leal en un lugar y traidor en otro, no existe contradicción en este nivel de procesamiento.. La oscilación es como el movimiento browniano intrinseco de la psique, algo fisiologico que nos permite estar hoy aqui y mañana alli, una bilocalidad simbólica. ese es el destino normal de las opiniones por ejemplo. La coagulación de una opinión en un estado inmodificable es una patologia que conocemos con el nombre de fanatismo y aunque no todas las convicciones son fanáticas, es posible afirmar que una buena salud mental es incompatible con creencias demasiado solidifcadas y que en realidad nos separan y aislan de los otros pero nos proveen de ciertos argumentos de autoengaño.

Pero si cuento todos estos pormenores es por una razón:

Lo hago para que el lector que haya seguido los argumentos de las dos entradas anteriores -donde me ocupé del apego y de los trastornos del vínculo- entienda que estas conceptualizaciones de ningun modo pueden considerarse causales de patologías concretas, solo son correlaciones, pues todo en psiquiatría son correlaciones por lo que mas abajo explicaré.

En realidad todos poseemos restos de apego que no fueron satisfechos o que fueron excesivamente satisfechos: no existe un apego seguro en terminos absolutos y por tanto no existe una madre (un cuidador) lo suficientemente perfecto para que contenga todas y cada una de las necesidades del bebé. Es por eso que Winnicot habla de una madre lo “suficientemente buena”, que es una manera incierta de hablar de en qué consiste esa suficiente bondad.

Pues cualquier desarrollo psíquico es incierto. Las vicisitudes del vínculo, es decir el desarrollo madurativo de un niño que ha sufrido un trastorno del vínculo -como el caso de Daniel- está presidido por la incertidumbre, se trata de un progreso no lineal y caótico (indeterminado) que en cualquier caso no tiene nada que ver con la causalidad lineal.

Significa que la red de acontecimientos que va a experimentar Daniel a lo largo de su vida son tan complejos, numerosos y diversos, unos benefactores y otros perturbadores que es imposible predecir qué cualidad de apego llevara a qué clase de patología. Es por eso que solemos decir que más allá de la vulnerabilidad y del estrés asi tomados de forma inespecífica no podemos construir una teoria causal de las enfermedades mentales.

Pues cualquier entrada -un trauma por ejemplo- puede ser causa y efecto de la patología posterior.

De modo que es posible afirmar que la trazabilidad de un itinerario clínico desde la lactancia hasta la edad adulta es una tarea incierta.

Pero además hay que contemplar las vicisitudes del vinculo y por tanto del apego a través de las transformaciones que este mismo apego va a sufrir con el despliegue de habilidades mentales en el niño, la primera y la mas fundamental es el lenguaje.

El lenguaje y la comunicacion verbal van a suplantar al contacto fisico que en la primera fase de la vida es vital para el desarrollo del cerebro del niño. El lenguaje con su colección de símbolos arbitrarios es el sustituto simbólico del lazo vincular y en sus enredos podemos explorar los propios enredos del vínculo.

Pero existe un orden en el caos, pues el caos no es el azar, sino lo que Searle ha llamado pseudoazar. En los procesos caóticos no podemos hablar de causalidad pero si de probabilidades. Es por eso que a propósito del caso de Daniel hemos construido una tabla donde el lector puede seguir un itinerario a través de ciertos ragos patógenos y síntomas segun la edad del niño.

Tabla evolutiva de vicisitudes del apego, vinculación y patología (cortesia de Teresa Querol)

19 pensamientos en “Vicisitudes del vínculo

  1. Un buen rato leyendo el último párrafo (“asdfsdafsadf”) después de “existe un orden en el caos, pues el caos no es el azar, sino lo que penrose ha llamado psudoazar”.

    El orden en el caos del “asdfsdafsadf” es el patrón de la desaparición de una letra de la serie cada vez, pero solo tiene sentido si se tiene en cuenta la disposición de las letras en el teclado.

    Brillante ejemplo de madre ambivalente 😉

  2. Vaya, cuántos torquemadillas por la red, que os concentráis en los fallos (banales) en vez de en la esencia. Hombre, Iván, podrías fijarte -con pensamiento positivo que lo llaman- mejor incluso, aunque fuera siquiera, en el poema del encabezado, que es mucho más trascendental que ese “asfd”, sobre todo según en qué tesitura se lea.
    Buen post, maestro, aunque aún estoy hilvanando ideas que me sugiere, que no son fáciles de poner en conciso, pero lo consultaré con la almohada 🙂

  3. Pues la verdad es que he estado pensando en quitarlo o en dejarlo, pero al final lo he quitado. Creo que no habia intención por parte de Ivan de criticar ese parrafito que s eme quedó olvidado y que suelo usar para marcar el final de una figura. Lo cierto es que la interpretación de Ivan me ha sorprendido porque era un buen ejemplo de patrones que se repiten en un entorno sin sentido. Una especie de patrón caótico, pero al final como veís lo he quitado.

  4. Nada más lejos de mi intención que intentar corregir al Rey Carmesí en su propio castillo. Además, difícilmente podría dármelas de tal-iván ortográfico con mis serios problemas con acentos, comas y puntos-comas 🙂

    Al leer el “asdfsdafsadf” primero pensé que era una marca para recordar rellenar después, pero en el contexto de orden y caos (o todo lo contrario 😉 no pude evitar darme cuenta de que no era un “asdf-asdf-asdf” simétrico y repetitivo normal. Es un “asdf-sdaf-sadf” que pasado a números y utilizando la disposición del teclado de ordenador (aquí entraría lo sistémico y Palo alto) se queda en :1234-2314-2134. Es una serie regular en la que se mantiene el orden, pero el 1 va cambiando de posición; apareciendo y desapareciendo del lugar que le corresponde. Eso solo puede saberse y encontrar un orden-explicación desde “fuera del sistema” (al modo de Bateson-Watzlawick).

    Se me ocurrió que en el caso de Daniel con las ambivalencias vinculares de su madre Lucía, podría ser un ejemplo. Él no puede entender las idas-venidas de su padre José y los consiguientes cambios de Lucía: solo podría entenderlo saliendo de su propio sistema, algo para lo que le haría falta la madurez-experiencia-conocimientos, que evidentemente no tiene y sustituye el patrón-explicación que podría poner orden en su vida-vínculo con sus síntomas.

    Pero probablemente el Dr. Traver estaría escuchando Réverie y tamborileando pianísticamente con los dedos mientras tecleaba. Pararefraneando: “donde manda Rey Carmesí, no manda patrón”.

    Pido perdón por mi falla básica y solicito la confianza básica hacia mis mejores intenciones. Y desde luego no haber creado un problema endemoniado con los vínculos blogeros 😉

    En palabras del poeta gnóstico:

    “Estuve allí

    una larga temporada

    en cuclillas contando tallos de hierba
    
desarrollando teorías acerca de la nubes

    y de su composición y textura.”

  5. Al margen de esto, tenía un pensamiento que exponer, incitado por el post:
    Quizá, y a título de mera improvisación patafísica, podría contemplarse también la posibilidad (sólo una posibilidad) de que la distinción entre fluctuación y oscilación pendular tenga como clave una cuestión de escala temporal, es decir, que dependa de en qué “zoom temporal” contemplemos el par de opuestos/contiguos. Visto así, significaría que el elemento crucial para distinguir polaridades de dualidades contiguas sería simplemente el tiempo: en una sola vida es imposible ser hombre o mujer, pero tampoco es posible ser santo y delincuente en el mismo instante (sólo en momentos separados aunque sí dentro de la misma vida o incluso el mismo día). Como bien dice en el post, todos podemos mostrarnos leales o traidores, pero siempre dentro de un margen de tiempo suficientemente amplio (distintos momentos dentro de la misma vida) pues no podemos ser leales y traidores en el mismo instante igual que no podemos ser hombre y mujer en la misma vida.
    Otro posible elemento que se me ocurre que distinguiría entre unos pares y otros sería la limitación física del cuerpo sexuado, la cual no nos es dado trascender al menos en nuestro (relativamente) corto transcurrir ontológico (me ciño al supuesto idea de que sólo vivimos una vida), mientras que el estado de ánimo, predisposición y emocionalidad, así como los pensamientos, y por tanto también sus consecuencias -en obra o palabra-, por ser estos últimos de naturaleza volátil sí son susceptibles de estar “hoy aquí y mañana allá” y por ello podemos ser en un instante serios y profundos y al siguiente cómicos, o humildes y soberbios, pensar hoy así y mañana asá, etc.
    Según esta posibilidad, entonces la distinción entre fluctuación y oscilación que tenemos por categorizable podría ser más bien un asunto de enfoque escalar (de tiempo) así como de materialidad. Bueno, improviso, ya sabe 🙂

  6. Muy sugerente Ana, si el tiempo real es aquello que transcurre en un instante, una combinación de sucesividad e instantaneidad entonces es muy posible que esos dos modos de cómputo sean como tu dices. Se lo preguntaré a Agustin.

  7. Respondo negando la mayor. SI es posible ser traidor y leal al mismo tiempo. Yo sostengo que el cerebro utiliza un procesamiento mutithread, es decir que mantiene varios hilos de ejecución sobre un mismo asunto que pueden diferir entre si hasta el punto de ser opuestos. La enjundia está en que se pueden procesar dos o más cosas contradictorias pero solo se puede MOSTRAR una , tanto a nuestra conciencia como al “otro”. Los hilos (threads) compiten entre sí por los recursos mentales, compartiéndolos, pero finalmente solo se nos muestra a la conciencia aquel resultado que mejor se adapte a la situación “en contexto”. Lealtad o traición son solo palabras, formas de describir comportamientos finales EXTERNOS . Pero uno ES simultáneamente leal y traidor , en tanto que la mente (a nivel inconsciente casi siempre) sopesa continuamente ambas posibilidades de comportamiento posible. Cuando la competencia por los recursos es muy fuerte entre los distintos procesos, la mente zozobra en una ambivalencia que puede llevar a la enfermedad pues está condenada a mostrar solo un resultado . La mente procesa muy rápido y OSCILA en distintas gradaciones consecuencia de la valoración ponderada de los distintos procesos (pej lealtad 80%; traición 20%) Pero nuestro comportamiento ( e incluso nuestra percepción consciente) no puede reflejar estos resultados, pues no se puede ser “parcialmente traidor” y de ahí se ve obligado a mostrar un solo comportamiento que no se corresponde con los valores ponderados en el procesamiento y posterior resultado “fuzzy logic “. Lo mismo sucede con el amor y el odio; la bondad y la maldad o cualquier otro par de conceptos opuestos. Por tanto en mi opinión la mente tiende a operar analógicamente en su conjunto pero los resultados en el mundo real tienden a darse de manera digital (discreta). Y este es el drama.

  8. Me ha gustado tu argumento Agus, entonces la mayor competencia de recursos seria aquella donde las opciones se reparten al 50 y 50%. Dicho de otra manera la mayor competencia de recursos se daria en circunstancias de mayor incertidumbre, no?

    • Así es. Cuando no hay información suficiente, el resultado tiende al 50-50 y en esta situación es de esperar que el procesamiento no acabe jamás. Es por eso que en cibernética la ejecución de los “hilos” tiene que ser controlada muy de cerca por el procesador central para evitar problemas . Especialmente el conocido como deadlock (abrazo mortal) o interbloqueo en el que la situación no puede ser resuelta, pues cae en procesos (razonamientos) circulares. Este tipo de situaciones se da todo el tiempo en la vida real. Habitualmente la resolvemos haciendo uso de otro procesador que corte el hilo; es decir la opinión de otras personas.

  9. Los valencianos tenemos un “dicho” para eso que comentas Agus, viene a decir que cuando dos personas discuten hay que cortar el hilo de los argumentos, de lo contrario se produce el “abrazo mortal” y la conversación pasa a otro plano, donde desenradar los hilos es tarea ingente. Algo así como el diablo de Descartes, siempre hay un nivel donde se puede descender, en una especie de regresión infinita argumental y donde cada axioma muere asfixiado por otro similar. “Y tu más”.
    Me temo que en este pais hemos entrado en ese loco abrazo.

  10. Después de leer el texto, y viendo la tabla, sería interesante la construcción de otra tabla, para padres separados, donde se pudiera ver, según el grado de contacto con los hijos, cómo evolucionarían estos dentro del mismo contexto. Lo digo porque cuando más distanciado esté el padre, sea por los motivos que sea, eso debe de influír negativamente en el vínculo. Lo veo en mi propio día a día, donde no puedo estar con mis hijos tanto como quisiera, debido a mi desplazamiento geográfico, e imposibilidad actual de acercarlo.

  11. Retomando el comentario de Ana que dio lugar a colaboraciones que efectívamente habría que reflexionar de manera más profunda, se me ocurre, para simplificar (o entender) un poco, que la idea de Winnicott de la madre suficientemente buena, descrita en los posts anteriores, también se refiere a la posibilidad humana de ser bueno y malo simultáneamente, aunque en este caso sería un 85/15, aproximadamente. Es sólo una manera de ponerlo en concreto, difícil es medir la bondad y la eficiencia.

  12. Ety, sigo tendiendo a pensar que una razón porcentual (p.e. 85/15) apunta en la dirección de la no-simultaneidad, lo cual en otras palabras significaría (desde mi humilde punto de vista) que se puede ser -en ese ejemplo- buena madre y mala madre (ya nos entendemos) ambas cosas dentro del mismo día, incluso de los mismos 5 mn, pero nunca en el mismo instante, si consensuamos claro está que el “bueno” o el “malo” lo aplicaríamos a las acciones, no entendido como una “categoría de madre”, que sería generalizar demasiado. Precisamente yo creo que si generalizar no es correcto es debido a esa oscilación a que todas nuestras emociones (y actos subsiguientes) están sometidas constantemente. Bueno, menos los de línea plana, que los hay 🙂

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