Contener, sostener, mantener y proteger (I)


Contener, sostener, mantener y proteger

(La tétrada elemental de la crianza)

Tener hijos es algo natural y que no parece tanto un trabajo que requiera ciertas habilidades sino la consecuencia esperada o inesperada del sexo. Es verdad y mentira, la reproducción es una consecuencia de la sexuación (pero no necesaria hoy)  y sin embargo la crianza de los hijos es una de las tareas mas duras, complicadas y dificiles a las que las personas en edad reproductiva son convocadas para posicionarse: “o los tengo o no los tengo”. Ahi no caben términos medios, es una decisión binaria.

Claro que tener hijos, no es solo el trabajo del parto, sino de la alimentación, instrucción y sostenimiento casi que de por vida. A los hijos hay que alimentarlos, educarlos, guiarlos, protegerlos y sobre todo -y esto es lo más dificil- amarlos. Y digo que es dificil porque damos por sentado que necesariamente hemos de amar a nuestros hijos, como si eso fuera algo natural, algo que nos viene dado de serie. En realidad para amar a nuestros hijos son necesarios algunos elementos mentales que tienen que ver con la madurez, es decir con la salud mental de los padres y que por cierto nadie posee de serie.

Y por lo que llevo visto en la vida, tanto profesional como en mis entornos cercanos -esos que permiten ciertas observaciones-, la mayor parte de las personas no estamos en condiciones de tener hijos cuando los tenemos, algunos los tienen demasiado pronto y otros no deberian tenerlos jamás. No existe ningúna tecnología que nos permita saber quienes son esos que debieran sacarse un “carnet de padres”, pero sabemos algunas cosas. De esas cosas voy a hablar en este post.

La madre en el parto y semanas sucesivas sufre una serie de cambios cerebrales que inducen conductas de extrema sensibilidad relacionadas con el bebé. Se trata de un estado alterado de conciencia (un ENOC) que algunos autores como Bion han calificado de reverie.

No hay mas que escuchar esta réverie de Debussy para saber de qué va este concepto:

La réverie puede describirse como un estado de ensoñación que permite a la madre captar a través de una intensificación emocional gobernada por hormonas y neurotransmisores, las necesidades de su hijo. Es por eso que es muy frecuente que las mujeres despues del parto demuestren aptitudes de empatía que nunca antes habian apuntado. “El niño tiene hambre” o “El niño tiene gases y le duele la tripita”, etc. esta extraña sensibilidad que opera como una creencia inalterable (y que los padres no tienen) está relacionada con ciertos cambios cerebrales que tienen que ver con el maternaje. Poco importa si la madre tiene razón o se equivoca en su apreciación pues lo que importa es que esta interpretación induce conductas de cuidado destinadas a tranquilizar, estimular o interactuar con el niño. Hasta aqui normal.

Pero todos los niños no son iguales. Los niños no vienen al mundo como tablas rasas dispuestos a embeberse de estímulos de su medio ambiente. Los niños traen de serie sus propios rasgos de temperamento, algo que a menudo ha sido obviado por el psicoanalisis. Asi hay niños dóciles e incluso apáticos, otros miedosos y asustadizos, otros que lloran constantemente y que demandan atenciones y consuelo, otros rabiosos y peleones que nunca están contentos hasta hacerse odiosos. Unos están siempre enfermos y otros no lo están jamás, algunos muerden, pegan a sus congéneres en la guarderia, otros no pegan jamás a nadie, algunos no saben defenderse y son casi siempre victimas de los más aguerridos.

Naturalmente los niños dóciles o apáticos no dan ningún problema y suelen ser definidos como “muy buenos”. Los que dan problemas son los otros, pues es precisamente aqui donde las madres pueden sucumbir en su función materna al no ser capaces de contener las emociones de su hijo.

Contener es un equivalente de lo que en este post anterior llamé validación. Al contener una emoción se la valida, si una emoción no puede contenerse se invalida. Es interesante decir ahora que contener significa “hacerse cargo”, pero también “estar ahi para hacerse cargo”, entender de que va la emoción que expresa el niño y sobre todo contener es tolerar, aguantar el tirón, tolerar la ansiedad o la desesperación del otro. Contener es guardarse para sí la emoción del bebé y disolverla desde dentro.

Lo interesante de la contención es que es seguramente la primera versión del amor maduro e incondicional que gustaremos en nuestra vida y es mucho más importante para la salud psiquica futura del infante que las otras funciones que aluden más a cuestiones materiales como el sostén, el mantenimiento o la protección.El resto que deja esta base segura (Bowlby, 1988) en nuestra personalidad es la sensación de que las cosas se arreglarán, de que todo irá bien, una especie de confianza básica.

Y lo es porque la contención es un hackeo del tiempo inconsciente. La contención pone y da tiempo al bebé para evolucionar al proporcionarle un modelo especular para su propia autotranquilización.

W. Bion habla de la capacidad de réverie: que es la capacidad de las figuras paternales de hacerse cargo del niño (empatía) y tratar las necesidades de aquel con deseo propio. Es interesante observar que el “deseo propio” de la madre significa que ha tenido que haber una identificación previa. El narcisismo natural que todos los humanos guardamos en nuestra reserva de “amor propio” juega a favor de esta vinculación ¿Pues no es el niño recién nacido una prolongación de la madre?. Las madres sienten hasta muchos años después un vinculo con sus hijos mucho más profundo que los padres. Es natural, pues ese bebé anduvo durante muchos meses en aquel vientre formando parte del cuerpo de la madre, indivisible con él, pero el corte del cordón umbilical no es suficiente para cortar los -a veces espesos- vínculos entre madres e hijos. Hacen falta otro tipo de cortes. Cortes simbólicos.

D. W. Winnicott habla del holding: capacidad de cuidar, de empatizar y de actuar en la función contenedora. Es la capacidad suficientemente buena de las figuras parentales. Winnicott que era pediatra solía decír que la madre que contiene es una madre “suficientemente buena”, que puede realizar una función mínima para que el niño ponga en marcha la capacidad propia de contención. Pero lo cierto es que hoy ya no tenemos este concepto de “madre bondadosa” demasiado cargado de buenas intenciones, sino que a través de estudios de interelación entre madres e hijos hemos llegado a la conclusión de que tal y como decia más arriba:

1.- Algunos niños llegan de serie con un patrimonio genético que haria temblar a cualquier cuidador.

2.-Algunas madres reproducen en sus hijos sus propios defectos vinculares, tal y como comentaré mas abajo.

3.- Otras personas padecen enfermedades psiquiátricas graves o distocias sociales y son totalmente incompetentes para cuidar de niños como acaso de sí mismos.

Los trastornos del vínculo.-

M. Balint decía que cuando ha habido dificultades en la contención del recién nacido, se produce una falla, es la falla básica, que no implica necesariamente la catástrofe ni nos permite predecir en qué sentido evolucionará tal catástrofe, pero la falla existe y se puede activar si hay vivencias que las activen (situaciones estresantes, traumáticas, etc.) No es un planteamiento fatalista, no implica el fracaso sistemático pero es un arranque causal de las dificultades psiquicas de los humanos. En este sentido todos nosotros tenemos una o alguna faltas básicas -restos vinculares- que no deben confundirse con traumas sino los nucleos desde donde se desperezarán sintomas o rasgos de personalidad, más adelante cuando la personalidad comience a expandirse.

Dicho de otra manera: existe una continuidad entre los desarrollos y vicisitudes del futuro de cualquier infante: una continuidad entre rasgos normales y rasgos de personalidad patológicos. El carácter es una entidad continua a diferencia de las enfermedades (estados) del eje 1 que son fundamentalmente discontinuas.

E. Bick, autora muy en la línea de M. Klein, introduce el concepto de segunda piel: el niño tiene un exceso de ansiedad que le hace perder sus propios límites y él no puede hacer nada para evitarlo. Los padres le hacen una “segunda piel” que refuerza su piel frágil, que contiene esa ansiedad.

La contención proporciona envoltura psiquica (Anzieu) y tiempo, que el individuo siente que no tiene para hacer desaparecer esa ansiedad.

En el polo opuesto de la contención tenemos los mecanismos de defensa, para reducir la ansiedad. Es decir la neurosis.

Pero no debemos confundir los trastornos del vinculo con los trastornos del neurodesarrollo que aquejan a los niños con sindromes autistas. Tampoco hay que confundirlos con los simples retrasos. Los trastornos del vinculo se producen porque entre madre (o cuidador principal) e hijo existe un encaje imperfecto que hace que la función contenedora se halle comprometida, usualmente por incompetencia emocional de la madre, rechazo de la misma al bebé o por las especiales xcaracteristicas temperamentales del niño o una mezcla de ambas.

En este momento me gustaria hablar de algo que usualmente se pasa por alto cuando se discute sobre las caracteristicas de estas madres incompetentes. Si la madre ha de contener al niño ¿quien debe contener a la madre?.

Ya he dicho que la madre despues del parto entra en un estado llamado reverie y que no es sino un estado inusual de conciencia. No hay que decir que este estado es de una extrema vulnerabilidad y que existen accidentes psiquiátricos especificos, los más graves de los cuales son la depresión y la psicosis postpartum.

La madre necesita tambien cuidados y contención, usualmente esta contención la realizan las abuelas, tias, hermanas y marido. ¿Pero qué sucede cuando la madre no tiene la asistencia (el apoyo) de estas figuras maternales y contenedoras?.

Lo que sucede es que la vulnerabilidad de la madre aumenta y todas sus “fallas” basicas de las que hablaba Balint aparecen y se transforman en patologias del apego. Entre madre y bebé no hay un flujo de cariño y contención sino que la relación, en si misma, es ansiógena. La madre es incapaz de comprender las quejas de su hijo al que siente como una carga insoportable. Aunque sus tareas de nursing puedan ser eficaces fracasa en su función de contención y entonces comienzan a aparecer desordenes en el apego del niño que afectarán a todas y cada una de sus funciones psíquicas, tanto las diacrónicas como las sincrónicas.

A continuación me gustaria presentarles el caso de Daniel un niño de 5 años (en la actualidad) que hemos tenido la oportunidad de seguir desde apenas su año de edad.

El caso Daniel.-

Daniel tiene en estos momentos 5 años y presenta sintomatología cognitiva, conductual y dificultades en su socialización. Sin embargo nuestro equipo ya conoce a Daniel desde hace 4 años, pues la madre acudió a nosotros por indicación de su pediatra que habia observado ciertos síntomas que identificó como probablemente autisticos.

Daniel es uno de esos niños que parecen andar en busca de amor, basta con que alguien le sonria -aun siendo un extraño- para echarse encima de él y no despegarse. Algo asi hizo con la psicóloga que le exploraba durante la primera sesión. Pareciera como si solo pudiera expresar el cariño con el contacto fisico y quizá por eso llama mucho la atención el que en la actualidad Daniel se relacione con otros niños a base de golpes y de peleas, razón por la que en la actualidad la madre ha vuelto a acudir a nuestra Unidad.

La primera tarea que desarrollaron nuestros especialistas fue averiguar si Daniel era como sospechaba su pediatra, un autista, un niño que presentaba cierto retraso o si se trataba de un problema de vinculación. Este ultimo diagnóstico fue el que se estableció despues de observar que Daniel era un niño que respondia perfectamente a los estimulos afectivos y que aunque ciertas de sus conductas podian entenderse como sintomas autisticos, en realidad fueron catalogados como sintomas relacionados con un apego ambivalente. Efectivamente Daniel oscilaba desde la quietud cuando alguien le prestaba atención hasta la hiperactividad cuando no se le atendía: respondia a ordenes sencillas pero era incapaz de comprender el lenguaje y sobre todo era incapaz de entender las reglas de los juegos con otros niños, razón por la que recurría a la pelea o los golpes, pues habia sido modelado a responder con agresión al contacto positivo.

No voy a seguir con el listado de síntomas que Daniel presentaba, sino para decir alguna cosa de Lucia, su madre.

Se trata de una mujer de 38 años, con estudios primarios, que se dedica a labores de limpieza, casada y que en la actualidad tiene un niña con un desarrollo normal. Lo interesante del caso de Lucia fue su declaración de que “no quería a Daniel” y que no lo quería porque “no le podia querer”. Lucía era completamente consciente de su rechazo hacia su hijo y lo declaraba abiertamente a pesar de esforzarse todo lo posible por ser una “buena madre”.

Y es cierto, Lucia colabora con la psicóloga de su hijo, acude a las citas concertadas y se esfuerza en seguir las instrucciones de la psicóloga participando activamente. Interrogada sobre las causas de su rechazo a Daniel, la madre cuenta que cuando quedó embarazada del niño su marido la abandonó.

Al parecer las razones que Jose, el marido dió para tal abandono fue que “no estaba preparado para ser padre”. De manera que Lucia pensó en abortar, sólo que cuando llegó a plantearse el IVE ya era demasiado tarde (se habia pasado de las 24 semanas) y no pudo llevarlo a cabo, de manera que tuvo que asumir tener a Daniel en soledad.

Al cabo del tiempo el marido volvió al hogar y con él tuvo a una niña que está completamente bien y sigue un desarrollo adecuado.

¿Qué es lo que podemos aprender de este caso?

Será en el proximo post.

Bibliografia.-

Bowlby J. A secure base: clinical applications of attachment theory. London: Routledge; 1988.
Recien salido del horno, una revisión sobre la teoria del vinculo (atacchment)
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12 pensamientos en “Contener, sostener, mantener y proteger (I)

  1. Las funciones del maternaje no son sencillas, desde luego, sobre todo si a la madre se le exige desde la sociedad que sea madre, es decir, que sea capaz de contener al mismo tiempo que debe desprenderse del bebé cuanto antes para ponerse a trabajar y así producir para el Estado, este nuevo padre- marido, que le ha salido de pronto a la mujer.

    Esto creo que evidentemente afecta a la empatía necesaria que debe desarrollar para poder traducir los gestos, síntomas, lloros y comportamientos del bebé. Me parece que esa empatía de la madre hacia el bebé es fundamental porque es el encargado de su crianza el que debe traducir qué tipo de demandas tiene el niño que no puede comunicarse a través de un lenguaje verbal y mucho menos racional. Aquí, surge la pregunta ¿ son los padres capaces de desarrollar esa empatía de igual forma que la madre ? ¿ Por qué se dice que las mujeres somos más empáticas ? ¿Será que a la naturaleza le ha apetecido dotarnos con ese don porque sí? Sí, será por eso. Lo mismo que decir que todos los niños no tienen su carácter desde el mismo momento de su nacimiento y que todos somos iguales, es la sociedad la que determina la diferencia entre los sexos, seguro que sí. Solo hay que ver cómo se comportan las niñas y los niños desde bien pequeñitos para entender que desde luego somos igualitos ( Siempre hay excepciones,claro )

  2. Yo diria que nadie en la sociedad le dice a la mujer que sea madre, más bien se trata de un mandato biológico, que puede ser repudiado desde luego. Tampoco hay nadie que le diga a la mujer que trabaje, mas bien es ella la que ha entrado en el mundo del trabajo para “liberarse” de la dominación masculina.
    De los trastornos de la vinculación de las madres ante sus hijos yo creo que no tienen nada que ver con el Estado sino con sus propias madres y por fin creo que los padres que yo conozco son capaces de hacer un esfuerzo por desarrollar esa empatia porque da la casualidad de que las madres al serlo disminuyen la testosterona de los hombres ( de sus maridos), esto es se feminizan por simpatía.
    Y no es la sociedad la que determina las diferencias entre los sexos sino la biologia.
    Locke y Rousseau se equivocaban, Hume tenia razón.

    • “Yo diria que nadie en la sociedad le dice a la mujer que sea madre, más bien se trata de un mandato biológico, que puede ser repudiado desde luego”, ha escrito Paco.

      Ser madre es un mandato biológico, sí, pero si en lugar de Paco tu nombre fuera Paquita no pensarías que nadie en la sociedad le dice a la mujer que sea madre. Uffff.., ni te cuento! No, no te cuento.

      “Y no es la sociedad la que determina las diferencias entre los sexos sino la biologia.”

      Pues bueno, si hablas solo de sexos, es evidente, pero si de lo que estás hablando es de hombres y mujeres… algún papel jugará la sociedad en sus diferencias… ¿alguna a nivel psíquico quizás?

      • Nuestra especie ha tenido un enorme éxito tanto reproductivo como de expansión de su conciencia.Somos sin duda la especie más afortunada de todas las que han poblado y pueblan la tierra, pues hemos sido capaces no solo de sobrevivir y medrar en ambientes hostiles sino , más allá de eso, en construir un cultura humana, es decir un catálogo de simbolos que sustituyen al determinismo puro y en ocasiones lo puentean. Es por eso que hablas de hembras y hablas de mujeres, hablas de sexo (biologia) y hablas de cultura (genero). Somos un solapamiento entre naturaleza y cultura.
        De manera que si me llamara Paquita (como dices) pensaria como una mujer, es decir como una hembra de la especie humana que es además portadora de un genero. Pero d euna cosa estoy seguro/a, no me consideraria solo un producto de la sociedad, ni me olvidaria de que soy sobre todo una hembra de la especie humana.
        Esa es la falacia de la modernidad y postmodernidad.

  3. Paco, una felicitación por este excelente post. Además de aplaudir tu impresionante caudal de conocimiento sobre cualquier tema relacionado con el ser humano, te felicito por tu estupenda capacidad de síntesis pues en una cuantas páginas nos has presentado el resultado de las investigaciones y teorías de los más nombrados psicoanalistas infantiles que han intentado explicar (y no tan claramente como lo has hecho) la importancia de la vinculación temprana, y las consecuencias futuras de la incapacidad para establecer dicha relación, incluyendo además, el potencial genético que cada niño y cada madre llevan consigo. Estoy muy entusiasmada con este post.

    Aprendimos mucho tras la lectura, pero, para mi, como teraputa de niños, lo más destacable es señalar que existe una posibilidad de reparación, cuando madre, hijo y equipo terapéutico juntan sus esfuerzos para cambiar el destino inicial.

    Recomiendo una película reciente basada en un libro: “Tenemos que hablar sobre Kevin”.

    También comparto dos lecturas, aparentemente opuestas, pero que paradójicamente tienen mucho en común: “Elogio de la Bondad” de Adam Phillips, psicoanalista inglés, y Barbara Taylor, historiadora inglesa. (Duomo Ediciones)

    El otro texto lleva el curioso título de: “Hacia una teoría general sobre los hijos de puta”, de Marcelino Cereijido, Doctor en Fisiología, argentino-mexicano. (Editorial Tusquets)

  4. Sí, completamente de acuerdo, Paco. Es prioritario tener en cuenta, sobre todo, que somos hembras de la especie humana; esa marca la llevamos de forma indeleble. Pero fíjate en el abismo que existe entre Lucy (vale, no hace falta ir tan lejos quizás) y cualquiera de las mujeres actuales. Un salto astronómico. Ambas dotadas para la reproducción y el cuidado, eso sí, aunque la hembra actual no sabemos hasta cuando, visto lo visto. La carga genética de ambas, probablemente casi idéntica pero, en cambio, sienten, piensan, hacen, desean…, viven tan distinto! No era que los pensamientos y las emociones podían llegar a modificar lo biológico?
    Gracias por el post!

  5. Me parece, Cristina, que el problema no lo tenía Lucy, dada la cronología a la que se remonta, y que la manipulación de lo biológico depende de los grados que se alcance, pudiendo eliminar lo propiamente biológico. Si uno reniega de su condición hembra / macho, podrás ser muchas cosas pero que por determinar exactamente qué.

  6. Una cosa: me gustaría saber porque el padre de Daniel decía, con esa “naturalidad” de los que protagonizan el titulo del segundo libro mencionado por Ety, que él “no estaba preparado para ser padre”. ¿Pero si para dejar a su pareja embarazada?

    Bueno, esteee, en fin, eso claro, ¡hombre que cosas tiene Vd…!

    (y seguimos luego hablando de apego, etologia etc.)

  7. Bueno, es dificil saber por qué decia eso, aunque es un argumento muy socorrido, eso de “no estoy preparado para”. Tambien lo dicen las mujeres cuando abortan, a pesar de que si creen estar preparadas para el sexo. O sea que es el argumento de los que quieren eludir la responsabilidad.
    Y es que la función paterna es algo distinto al “aqui te pillo, aqui te mato”.

    • Si, efectivamente, a Daniel “aquí lo pillaron y aquí le mataron”: esos son sus antecedentes paternos, parece ser y a falta de otra explicación más profunda del manido “no estoy preparado para”.

      Claro, no podemos asumir esto de frente cuando crecemos y nos diferenciamos, pero es tal vez conveniente saber que esto está en nuestra prehistoria: solo un polvo más…

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