Síntomas contemporáneos



Dice el diccionario que una mueca es una contorsión del rostro que indica burla, sorpresa o dolor. En cualquier caso tiene que ver con la disociación del gesto, un “si” que es un no, un dolor disimulado o un júbilo teñido de tragedia. La mueca es un gesto ambigüo que divide el rostro en dos mitades como si cada una de ellas quisiera decir lo contrario de lo que la otra parte afirma.

En psicoanálisis la mueca tiene que ver con el concepto freudiano de “versangung” a veces traducido como frustración y a veces como rechazo. La versangung es la mueca cognitiva que habla de esas dos mitades frustración/ rechazo que aparecen cuando el sujeto es obligado a renunciar al deseo a la vez que es imposible escapar del campo del deseo.

Es entonces cuando aparece “la mueca del sufrimiento” descrita por Jacques Lacan a partir de la novela “El rehén” de Paul Claudel.

El rehén plantea una drama personal complejo: el de una mujer que ha de renunciar al amor a causa de un matrimonio de conveniencia con una persona que además ha arruinado a su familia. Como podrá observarse no se trata de un drama cualquiera sino de un drama doble. Una persona ha de decir “no” al amor y además tiene que correr con los gastos de convivir con su enemigo al que odia. Es aqui donde aparece la mueca, pues es aqui donde el deseo (frustrado) ha de convivir con el deseo (rechazado).No se trata de una frustración cualquiera sino de una frustración a la que se obliga a convivir de forma  subsumida en el rechazo. De tal forma que conforma una herida que jamás puede cerrarse.

Llamamos síntomas contemporáneos a un conjunto de síntomas mentales que dan cuenta de un modelo de sociedad concreto. Entre ellos contamos con los trastornos alimentarios, el dolor sin causa fisica y las adicciones. Tambien contabilizamos algunos modos de enfermar totalmente nuevos o desconocidos presididos por la atipicidad.

Los trastornos alimentarios no eran totalmente desconocidos para la psiquiatría, pero hoy destacan por constituir una verdadera epidemia de casos en las sociedades opulentas. Se trata de entidades que plantean numerosas incógnitas vistos desde la óptica de la tradición psiquiátrica: no son psicosis ni neurosis y aunque en ciertas ocasiones se ha dicho que la anorexia mental es una conducta suicida, está idea no es más que un pleonasmo, ninguna anoréxica pretende suicidarse. Del mismo modo el trastorno del esquema corporal (verse gorda) no es una alucinación, se trata de síntomas que ponen patas arriba nuestra conceptualización de las enfermedades mentales, lo mismo sucede con el dolor sin causa orgánica o con las adicciones sin drogas.

En relación con los trastornos alimentarios lo que está en juego es una dialéctica entre el vacio y el poder. Existen en este sentido tres modalidades:

1.- El vacío-vacíado, una forma de control de la anorexia mental.

2.-El vacío-rellenado del trastorno por atracón (binge eating)

3.-El vacío-rellenado-vacíado una forma de compensación de la bulimia.

Se trata de tres posiciones distintas frente al problema del vacío. Un vacío que es previo a las nociones de neurosis o psicosis clásicas. Un vacío que remite a la versangung freudiana.

Para entender mejor la dinámica de los conflictos de la anorexia-bulimia nombraré el concepto de estrago materno, otra conceptualización de Lacan que consiste en la confusión entre necesidad y deseo, entre el don y el exceso. Si una madre cría a sus hijos dándoles alimentos u objetos materiales en lugar de amor, lo que sucederá es que ese niño no se pondrá en marcha la maquinaria del deseo al que muchas veces nombramos como motivación. De modo que se trata de un síntoma reconocible en la sociedad actual: los padres tienden a colmar a sus hijos de “papillas materiales asfixiantes” para justificar sus ausencias, la falta de calidez de su hogar o la abdicación de su deber educativo en manos de “empleados” o funcionarios del Estado.
Es condición que exista algo que “falte” para que el deseo se ponga en marcha y es la madre la que transmite esa falta a sus hijos. En términos comprensibles significa que la madre no puede agotar su deseo en el hijo sino que tiene que ir más allá de él. Si el deseo de la madre termina en el hijo este quedará cautivo de ella y le exigirá más y más bienes materiales para calmar su furor de amor.

Pues es el amor lo único que puede rellenar el vacío de los hombres. La niña anhela poseer aquello que no tiene y el niño temerá perder lo que tiene, cada uno de ellos irá en busca de una clase de amor. La paradoja de esta formulación es que el amor es dar precisamente aquello que no se tiene, sabiendo que el que lo recibirá -a su vez- tampoco puede colmarse con aquello que se le da.

Usualmente los bienes materiales tienden a obturar este proceso y a constituirse como señuelos de la “falta de amor”. Dicho de otro modo la sociedad en la que vivimos propicia esta confusión entre necesidad y deseo. Y propicia que se levante un velo entre aquello que se da (el objeto material) y lo que se niega (el amor).

Y aqui aparece otra vez la mueca, que es un “no” y donde el sí no llega nunca a aparecer completamente.

La comida es un signo (algo que está ahi) y es un símbolo (algo que sustituye a algo en su ausencia), algo que tiene que ver con la maternidad, la nutrición, el amor, el intercambio y el compartir. Esta doble vertiente de signo/símbolo la hace perfectamente adecuada para servir de soporte a juegos simbólicos con ella como si de un objeto material (de consumo) se tratara o como si fuera un vehículo de intercambio de bienes amorosos y de cuidado. No es necesario decir que ni la comida , ni las drogas, ni el ejercicio, ni la actividad compulsiva sea cual fuere no pueden rellenar el vacío que deja la falta de amor y que ni el atracón, ni el vómito, ni la purga o la inanición resuelven la demanda original de la niña: “que mi deseo se ponga en marcha”.

El vacío no es el hambre pero a menudo se confunde con ella. Muchas bulímicas afirman que la comida opera como un tranquilizante; de un modo momentáneo procura alivio para después volver con nuevos ímpetus a manifestarse. Tomar la comida como un tranquilizante no resolverá el vacío de la paciente. Pero tampoco sirve de nada el vacíado controlador de la anoréxica cuando dice “Yo no necesito comer”. Un vacío-vacíado no contiene carne pero no deja de ser un vacío.

La comida es la objetivación de una falta que nunca existió y donde la necesidad operó como un reemplazo.

Es natural que en una sociedad como la nuestra surjan este tipo de síntomas. Los ideales no duran sino que se computan en términos de objetos consumibles. Ninguna verdad socialmente compartida aguanta unos años para servir de soporte a identificaciones sólidas. Vivimos en una cultura de la obsolescencia donde cualquier objeto se ha construido para no durar, asi sucede también con las relaciones y con el parentesco, con los cuidados intrafamiliares y con los compromisos amorosos o amistosos. Todo es burdo y ocasional.

Existe un debilitamiento de lo simbólico en beneficio de lo imaginario y lo imaginario es intercambiable y pronto consumible como cualquier necesidad. La comida ha perdido su carácter de “algo que ocupa el lugar de otra cosa que no está” y se ha convertido en un objeto adorado o repugnante pero que en cualquier caso ha sido aislado de su dimensión de intercambio y cuidado.

El estrago materno sin embargo no se limita a la comida y se desplaza con frecuencia a la identidad, a un “no saber nada acerca del deseo” que nos recuerda a veces a la psicosis sin serlo, una psicosis de la ignorancia. Es por ello que algunos autores hablan de psicosis ordinarias para diferenciarlas de las psicosis clinicas, extraordinarias y que tambien proceden de una erosión de ciertos sgnificantes simbólicos que tienen que ver con el nombre del padre y la metáfora paterna.

La madre y la mujer conviven en un mismo cuerpo y compiten por la hegemonía del deseo. La madre suele ganarle la partida a la mujer cuando las frustraciones se acumulan y son reemplazadas por lo que Lacan ha llamado el “semblante fálico”, es decir el uso de la femineidad como mascarada (recomiendo aqui ver “Todo sobre mi madre de Almodóvar), recurrir a la belleza, los adornos, el trabajo o una carrera competitiva para compensar aquellas frustraciones que proceden de la femineidad. La maternidad es para muchas mujeres una forma de compensar sus carencias afectivas o la falta de logros fálicos, es por eso que la relación madre e hijo suele ser una relación espesa que en muchas situaciones (estoy pensando ahora en la maternidad monoparental) atrapa al hijo en una situación de cautividad donde su presencia complementa “la falta” de su madre y la tapona ejerciendo un papel de compensación de todas las frustraciones de ella. Aqui se instala el estrago, es decir el daño que acaece de la madre hacia el hijo, no por maltrato, negligencia o descuido sino de un daño que procede más bien de la ausencia de un simbólico adecuado para dar cuenta del deseo de la madre.

Las anoréxicas recuerdan a veces un estado de indiferenciación epistemico (y no me refiero a solo a la indiferenciacion sexual) sino a una indiferenciación del deseo y del deseo de saber-y de ahi el apellido epistemico- que alude a una posición complaciente y amarga del estilo de la heroina de Claudel. Un estado donde el rechazo y la frustración conviven en armonía trágica.

Una armonía que es una mueca de triunfo y de asco.

Esculturas de Franz Saber Messermith

Bibliografia.-

Graciela Sobral: “madres, anorexia y femineidad”. Filigrana. Ediciones del seminario. Buenos Aires 2011

11 pensamientos en “Síntomas contemporáneos

  1. A veces se escribe separado: ‘ersatz liebe’. ‘ersatz’ en alemán significa ‘substitutivo’. ‘ersatzliebe’ viene a ser el substitutivo del amor, aquel o aquella (persona o cosa) que reemplaza al amor que no se puede (o no se sabe como) conseguir.
    En la segunda guerra mundial, en alemania se habituaron a toda clase de substitutivos (desde ersatz-caucho para los neumáticos hasta ersatz-chocolate para las meriendas), por ese motivo, pienso, se difundió el vocablo ‘ersatz’ en otros ámbitos.
    saludos,

  2. exactamente! “…una madre cría a sus hijos dándoles alimentos u objetos materiales en lugar de amor ” y el hijo hace lo mismo con sus aspirantes a pareja… etc etc…
    no sé si me paso de largo, pero me parece que el mismo fenómeno ocurre cuando un político, en lugar de gobernar, se dedica al circo mediático … y sus votantes/gobernados lo admiten !
    saludos,

  3. «Aquí se instala el estrago, es decir el daño que acaece de la madre hacia el hijo, no por maltrato, negligencia o descuido sino de un daño que procede más bien de la ausencia de un simbólico adecuado para dar cuenta del deseo de la madre»

    Hola Dr. Traver. ¿A qué se refiere exactamente cuando habla de “la ausencia de un simbólico adecuado para dar cuenta del deseo de la madre”?

    Sé que dispongo de considerable familiaridad con los constructos lacanianos, pero por ser algo personal este tema, me cuesta sentir que estoy visualizando correctamente sus palabras.

  4. Acabo de releerlo y creo que con “ausencia de algo que dé cuenta del deseo de la madre” se refiere a la asencia de algo que dé cuenta de que la madre “está en falta”, es decir que NO es un ser todopoderoso al cual no le hace falta nada, NI un ser al cual es imposible lograr satisfacer, NI un ser que no tiene que someterse a las reglas de algún orden superior a ella misma para satisfacerse. Supongo que todo eso queda claro por medio de instaurarse la metáfora paterna en el niño, y por consiguiente de la presencia de un simbólico adecuado al cual él pueda recurrir para confirmar que efectivamente la madre NO es todo eso.

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