Conciencia y Presencia: la interfase intuitiva (IX)


Lo cierto es que la realidad que percibimos no es -en este contexto- más que una ilusión (maya) y lo es precisamente porque nuestra conciencia vigil vela y obtura la percepción de la cosa en sí. Nuestra conciencia tal y como decia Jung desune lo que anteriormente iba unido. En este sentido y volviendo al post anterior el lector deberá plantearse esta cuestión sobre el tiempo ¿Es el tiempo un punto o una recta (sucesión de puntos)?

¿Instante o transcurso?

Se trata de una primera intuición acerca de si lo que que hay afuera es lo que parece o es sólo una ilusión de nuestros sentidos, para darnos cuenta luego de que gran parte de la filosofía de occidente y especialmente la de oriente gira en torno a esta cuestión con algunas diferencias sobre las que volveremos cuando hablemos del error de Husserl y el satori.

Carl Jung, investigador de las profundidades del alma, notó que algunas personas creían que las cosas están ahí tal como aparecen (son objetivas) y que otros no se fían de los sentidos, dando lugar a su concepción de los tipos psicológicos extrovertido e introvertido.

En los últmos años fué la neurociencia la que acaparó los recursos, las tecnologías y además creó los marcos experimentales y conceptuales para abordar de qué modo conocemos.

Somos una frontera flexible entre algo que está dentro y algo que está fuera y la cuestión es qué es adentro y qué es afuera. Sin duda existe una interrelación entre ambos cuyo puerto de entrada parecen ser unos receptores a ciertas condiciones físicas del entorno que son recolectadas y procesadas. Pero las señales son innumerables y es indispensable poner filtros para no sobrecargar el sistema de procesamiento.

¿Qué decide cuándo, cómo y dónde poner esos filtros? Sin duda la relevancia contextual. En situaciones de fight or flight, freezing o recompensa es sencillo darse cuenta cómo y dónde poner los filtros, dicho de otra forma cuando operamos en el mode “al servicio del Yo”. Pero los seres humanos a lo largo del tiempo desarrollamos estrategias más o menos exitosas para transitar la vida sin sobresaltos extremos. ¿Qué es entonces lo que configura la forma de filtrar la multiplicidad de estímulos que nos bombardean instante a instante?

Dependiendo de circunstancias internas y externas, complejamente entramadas, la relevancia asignada a los estímulos será una experiencia altamente subjetiva y convocará dinámicamente los marcos de referencia, los sistemas forma – fondo que encuadran toda percepción.

Podemos entonces distinguir tres espacios:

1.-Lo que está ahí afuera: hay un ahí afuera, un algo que despierta y convoca nuestros sentidos y que llama a ser registrado. No todo, sólo una infinitesimal parte a cada instante de todo lo que está ahí. Vemos, oímos, olemos, tocamos y luego olvidamos. Mantenemos on line y en tiempo real (tiempo de la conciencia) lo necesario para sostener la continuidad del nuestra subjetividad. Guardamos el registro de algunas de esas experiencias y lo demás desaparece para siempre. Todo parece operar al servicio del Yo.

2.-Lo de adentro: la autopercepción: también me percibo. Sé aquí y ahora que existo (mismidad), que me siento existir. Esa percepción sin embargo es ciega a gran parte de lo que me permite ser. No percibo la mayor parte de los procesos que mi organismo lleva a cabo para que yo exista. No percibo el metabolismo ni los procesos homeostáticos que mantienen el sistema funcionando. Pero me es dado percibir dónde estoy, qué estoy haciendo, qué estoy pensando, mis sensaciones, emociones, ánimo. A través de la propiocepción percibo también mi cuerpo, sé qué espacio ocupo sin necesidad de medir o calcular, sé cómo moverme o quedarme quieta, sé quién soy. Puedo sentir placer o disconfort, dolor de muelas o goce saboreando un vino. Y seguimos estando-operando al servicio del Yo.

3.- La no frontera: Hay sin embargo otras formas de percepción que se encuentran en las fronteras del adentro y del afuera, sin bordes precisos, sin demarcaciones contundentes. El goce estético o artístico y las experiencias místicas son algunas de sus manifestaciones. Conllevan ambas una experiencia de fusión entre entidades normalmente separadas.

Rememoro ahora la percepción de unidad descrita por los músicos, el instante sin tiempo y el espacio sin dimensiones (Conciencia pura).

Desde lo personal nos vinculamos de ese modo con las artes. Algunas veces cuando me topo como observador pasivo con alguna de ellas. Pero mayormente cuando hacemos algo, cuando creamos. Allí se empieza a dar una experiencia que disuelve los bordes entre el afuera y el adentro. Percibo con claridad que lo que estoy haciendo también me hace a mí. Que lo que estoy creando me está creando, me da algo que no tenía, un plus perceptivo, un agigantamiento de algo que está fuera pero que se expande hacia mis adentros, mientras que mi voluntad se modula a seguir alimentando esa transformación. La trasformación de la materia que me transforma, el caldero alquímico que fractaliza la percepción y me mete en un lugar sin espacio ni tiempo (Conciencia pura).

 Relación entre conciencia y Presencia.-

Tal y como terminó el anterior post nos proponemos ahora abordar el tema de las comunicaciones entre esos dos tiempos que alli describimos y que denominaremos “tiempo en sí mismo” y “tiempo sucesivo” para hacerlos más comprensibles.

Pero antes de abordar los modos de comunicación entre ambos tipos de tiempo conviene hacerse una pregunta fundamental ¿Para qué sirve tal comunicación? ¿Qué nos aporta a nosotros como individuos tal acceso?

La pregunta es relevante, porque el susodicho acceso no es nada baladí y tiene sus ventajas y sus inconvenientes. La elevación o expansión de la conciencia humana nos permite acceder a ese wifi universal que es la Conciencia pura de la que el “tiempo en sí” y el “espacio sin dimensiones” es parte constituyente.

La Presencia se define como ausencia de conciencia, lo que es lo mismo que decir que allí donde no hay conciencia es donde se manifiesta la Presencia (La Conciencia pura) y donde no hay conciencia no puede haber enfermedad, ni desasosiego, ni apegos, ni miedo, ni ansiedades, ni adversidad alguna. Todo se permuta por un estado mental de júbilo, de tranquilidad o de ataraxia. De aquí podemos entrever que si lográramos poner Presencia alli donde hubo conciencia podemos deshacernos de gran parte de los malestares que nos atosigan o nos persiguen de por vida.

Se trata de una clave de la buena salud mental. Comunicar con la Conciencia pura sirve al menos -en esta concepción de mínimos- para mantenernos sanos.

Pero tambien tiene peligros.

Darse de bruces con lo Real tiene riesgos y los tiene porque en realidad la Conciencia pura es atemorizadora y lo es por una razón fundamental. Imagina que de repente pudieras contactar con “el tiempo tal como es”, un punto inmovil donde pasado, presente y futuro se dan cita de golpe en un “ahora” que sucede a otro “ahora” distinto al anterior sin que haya transcurrido tiempo. ¿Cómo sentirías esa experiencia?

Nuestra percepción está diseñada para ver circunferencias (puntos que se suceden) pero no centros de la circunferencia al que cada punto de la circunferencia remite pero que resulta invisible en el devenir del sujeto que transita por el perimetro de la sucesividad. Cada punto de esos sucesos remite en realidad al centro a través de los radios, pero una circunferencia precisa de un centro y ese centro habita en todos y cada uno de esos puntos sucesivos de su perimetro sin ser ninguno de ellos. Se trata de un espejo inmóvil (un vacío), algo que permanece (el nunc stans) y que permanece no por ausencia de movimiento, cambio o devenir sino porque es ajeno a la categorización del tiempo y que está ahi sin que precise ser percibido mientras el tiempo sucede fugazmente entre presente, presente que ya no es (pasado) y presente que aun no ha llegado (futuro). Estamos acostumbrados a operar en esa transición entre la rememoración y la anticipación y apenas podemos atrapar ese instante del hic et nunc. Apenas nos ponemos a pensar en él ya se ha desvanecido. Vivimos en el transcurso categorial del tiempo.

Cuando se conecta con ese centro pueden suceder cosas inesperadas. Puede suceder que el sujeto tenga una experiencia de muerte, una experiencia de disolución, puesto que ese centro es en realidad el “ahora permanente”, por considerar sólo el aspecto terrorifico de la percepción del tiempo que no fluye.

Es por eso que la conexión con ese “tiempo tal y como es” -que es una experiencia común en ciertas experiencias con drogas (estoy pensando ahora en la cannabis)- es profundamente perturbadora y enloquecedora. Por qué una vez que se ha contactado con esa dimensión ¿qué hacer, como vivir después de eso?

No es sólo que se haga necesario un cierto trabajo previo para acceder a esa experiencia sino que además de eso se trata de una experiencia vedada al mode de funcionamiento “centrado en el Yo” que caracteriza nuestro estado de vigilia normal.

Pues alli donde hay conciencia no hay Presencia.

Después de hablar de los para qués y de los peligros (psicosis inflacionarias) de esa conexión entre la “cosa percibida” y la “cosa en sí”, abordaremos en los posts siguientes las maneras y las tecnologías que lo hacen posible, y comenzaremos con el arte: la suprema forma de conectar con la cosa en sí al tiempo que la suprema forma de invertir la flecha de la percepción convirtiéndola en enacción (Varela 1992)

Texto y pretexto: Cristina Bernard y Francisco Traver

Proyecto GMS (Global mind squeezing)

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