El principio de no-contradicción (V)


La culpa es una disculpa

Fernando Colina

¿Se puede estar vivo y muerto al mismo tiempo?

María perdió a su hijo de 6 meses de forma súbita, inesperada y brutal. El embarazo había sido difícil, precisó de una cesárea por un embarazo de riesgo que provocó en la madre una diabetes gestacional. El niño nació prematuro y se debatió en sus primeras horas entre la vida y la muerte debido a infecciones respiratorias y otras complicaciones. Aquel niño enfermizo y débil -único hijo- constituia el proyecto de vida de Maria, de manera que es comprensible que después de su muerte súbita la madre sucumbiera a una depresión. Un duelo no elaborado o patológico dijeron los psiquiatras.

Al principio Maria reaccionó de un modo normal, apenada si, pero sin excesos ni contención emocional, reaccionó normal al decir de su marido mucho más afectado que ella durante las primeras semanas. Pero progresivamente fueron apareciendo síntomas que precisaron sucesivas consultas con distintos especialistas, hasta la fecha actual: Maria sigue tratamiento especializado y no parece que su estado haya sufrido grandes modificaciones a pesar de los esfuerzos e interés de sus terapeutas.

El estado actual de Maria puede resumirse en las siguientes condiciones psiquicas:

  • Negativa a hablar del niño.
  • Autolesiones de baja letalidad.
  • Bulimia de tipo purgativo.
  • Alucinaciones de voces -llanto-  del niño llamándola, usualmente hipnopómpicas o hipnagógicas.
  • Alucinaciones visuales de baja intensidad y formalización (luces, destellos, etc)
  • Ideación suicida explicita.
  • Estado de ánimo fluctuante de tipo disfórico-ansioso.
  • Ideación de culpa en parte inducida por otros y en relación con la muerte del hijo.
  • Dificultades matrimoniales con continuas entradas y salidas del marido que la acusa directamente de no haber cuidado adecuadamente al niño.
  • Negación de la muerte del hijo y exhibición del dolor.
  • Abandono de toda actividad lúdica y profesional.
  • Conducta controladora de su propio discurso y adquisición de un rol directivo en relación con la terapia.
  • Presencia de intensa angustia en sus terapeutas por sus continuas amenazas de suicidio.

No cabe ninguna duda de que la muerte del niño de Maria es un evento (un suceso) traumático, algo que procede de los inconvenientes de estar vivo, algo terrible, un suceso que es comprensible para todos nosotros y que convoca , la “compasión”, la empatía y también la impotencia, pues nada puede hacerse por recuperar a aquel hijo, nada de lo que hagamos puede retorcer el pescuezo a los acontecimientos ya vividos. La muerte del niño es algo que está en el pasado y es por tanto irrecuperable.

¿Lo es?

Observemos el estado mental de Maria y nos daremos cuenta de que en él se dan cita dos clases de sentimientos, dos clases de maniobras psíquicas de signo bien distinto:

1)        por una parte la evitación (Maria no quiere hablar del niño, no quiere recordar)

2)        y por otra parte la reexperimentación del trauma, hay también ciertas conductas que pueden entenderse como “conductas de escape”, los vómitos bulímicos, las autolesiones de baja letalidad y de bajo nivel comunicacional.

Hay algo en ella que la impulsa a olvidar y otra parte de ella se “regocija” en una especie de rememoración indirecta de las condiciones de su sufrimiento. Un sufrimiento que se exhibe y que sirve de desafío a sus terapeutas a los que ha conseguido llevar a una situación de desamparo bastante similar  a la que ella llegó.

Se trata de un caso real donde sus terapeutas han tenido que ser evaluados en su contratrasferencia por sus supervisores.

Y que nos lleva a hablar de la negación o de las cuatro formas de decir “no” de las que hablé en este post. Decia alli que:

Hay un “no” más moderno que la oposición a algo o al repudio de algo desde el punto de vista psicológico y se refiere a lo que Freud describió como negación que es seguramente un repudio evolucionado. La negación es una especie de represión de baja intensidad, lo negado no está oculto en el inconsciente sino semienterrado y activo. Usualmente lo que negamos es aquello que entra en contradicción con nuestras expectativas, nuestra autoestima o nuestros deseos. Se trata de datos precintados que no queremos computar pues entran en conflicto con algo de nuestra personalidad que queremos preservar. Al contrario del repudio -con el que sin embargo se relaciona por continuidad-, la negación no afecta a la simbolización sino a la resonancia afectiva de lo negado. Lo que se niega no es algo que rechacemos en sí sino porque entra en conflicto con nuestro autoconcepto o con el principio del placer.

Nos interesa mucho abordar este mecanismo de defensa porque es muy común y probablemente se encuentra en el origen de muchos trastornos mentales cuando es el patrón habitual de interacción. Imagínese que usted es un niño pequeño y descubre que algo es blanco, suponga que su progenitor le dice que es verde y que cada vez que usted dice que es blanco le administrara un Valium. Es un ejemplo extremo y seguramente esperpéntico pero sirve para entender como el adulto que practica la negación constantemente acaba perpetrando un percepticidio, es decir socava la percepción normal del niño.

Y rellena la vida de irrealidades para quien lo sufre. Este es el caso de Maria: habia negado (aunque sabia perfectamente de) la muerte de su hijo. Pero si traigo este caso es para hablar de cómo funciona este asunto de la negación ¿como es posible que el individuo crea a la vez que su hijo está vivo y está muerto? ¿Como es posible que el cerebro de María procese de forma antagónica un mismo evento?

Freud fue el primero en hablar de que en el inconsciente existía un principio de no-contradicción que desafiaba a toda lógica, de modo que se puede desear una cosa y su contraria, saber que algo existe y que no existe al mismo tiempo. ¿Pero cómo se las arregla nuestro inconsciente para mantener esta dicotomía?

Este doble proceso merece explorarse a través de la lente de la “teoría dialógica” de Bakhtin (1981), una visión del mundo que, lejos de estar plagada de categorías recíprocamente excluyentes, las mantiene coexistiendo en una dinámica centrífuga – centrípeta (de cambio y similitud, de pérdida y retención, de entropía negativa y positiva). Esta lente resulta pertinente en particular para analizar la manera en que estas personas incorporan el devenir cotidiano de logros y pérdidas inmersos en una fusión entre mundos y premisas en apariencia incompatibles (DeSantis, 2001).  Desde esta perspectiva merece preguntarse ¿Dónde trazaríamos la frontera del self de María y dónde lo trazaría ella misma? (Puede tomarse como punto de partida la descripción del self propuesta por Kohut (1977) como la experiencia cohesionante del ser que regula la persona toda que , a su vez, contiene cinco variables clínicas significativas (Person, Cooper y Gabbard 2005)

1)        La experiencia de la frontera entre el individuo y los demás

2)        La autoestima o autovalía

3)        La experiencia de totalidad y continuidad

4)        Lo genuino (la fusión relativa entre lo privado y lo público)

5)        La experiencia de agencia (De iniciativa de acción)

Y se puede agregar lo que Falicov (1998) llamó el self familiar, un constructo que incluye las relaciones cercanas como “parte de uno mismo”. Gergen por su parte describe al self como un “manipulador estratégico del entorno”.

Si hablamos del Self, siempre resulta utilizar preguntas circulares: ¿Cómo es qué María lo hace? (motivación interna o externa), María lo hace negándolo. ¿Y cómo es que María lo niega? María lo niega afirmándolo, en conductas desorganizadas mal-adaptativas.  Al generalizarlo sería ¿Cómo es que una persona se niegue a aceptar (hablar, enfrentar, asimilar) un hecho de la realidad dura?. La realidad tiene que ver con la interpretación de la misma, esa interpretación se describe como un trauma – reacción de incredulidad para aceptar (percibir) el hecho como real, y la re- interpretación tiene que ver con la percepción del sí mismo en relación con el objeto desaparecido.  La realidad interpretada y reinterpretada es una dualidad que coexiste entre otra dualidad la organización y desorganización.

Incluso la definición de lo que es traumático contiene elementos culturales importantes, la posición de víctima es socialmente atractiva, aunque ese constructo sea contradictorio “no deseo ser víctima por que sería aceptar que me pasó algo malo, pero sé que siendo víctima me salvo de algo y por lo tanto será bueno”, así los diagnósticos se convierten en procesos interpersonales en las descripciones narrativas de ellos. Buscamos descripciones (casi cualquier descripción!) que nos ayuden a recuperar nuestro sentido y orden, que re-interprete o re-estabilice nuestros supuestos acerca del mundo.  Es decir, las narrativas “habitan” en este espacio interpersonal y la red social puede contener diversas historias, a veces incompatibles, a veces contradictorias, con una realidad, que implica que para negar algo es preciso afirmarlo. Incluso los fantasmas suelen proveer cierta continuidad entre los vivos y los muertos y, a veces, entre el pasado y el presente.

Si bien estas distorsiones pueden ser “ilusiones” en el sentido existencial de esperanzas idealizadas, puede ocurrir que a la manera de las profecías autocumplidas, alguna persona se va pareciendo cada vez más a esa fantasía o, bien, por el contrario, que la presencia persistente de ese personaje imaginado, que usamos como modelo ideal impertérrito, contra el cual la persona real del otro queda indefectiblemente menoscabada, atenta en contra de la posibilidad de descubrir en el “otro” sus propias características y no tenemos más que la alusión o ilusión del personaje creado. Así es que como dice (Sluzki 2011) “nuestra cotidianidad puede incluir este tipo de fantasmas cuya sobrevida nos facilita o complica la vida, dependiendo de la textura emocional que evocan”.  Las pérdidas pueden adquirir características fantasmales y narrativas de negación y afirmación.

El caso de María, es una narrativa de su propio sistema constituido por personajes, es una historia dominada por la pérdida, la culpa y distorsiones potenciales.  Su experiencia traumática, las consecuencias morales y de comportamiento de las mismas, han dejado a María atrapada en un mundo en el cual su capacidad de autoafirmación, reconocimiento, autoría, autonomía, crecimiento, alegría y enriquecimiento emocional están drásticamente disminuidas y la situan en una posición de víctima de las circunstancias de la vida (indefensión), de la pérdida de su hijo o de su esposo  que la culpabiliza, cuando en nuestra cotidianidad se fundamenta sólidamente un supuesto de que nuestros padres, cónyuge, hijos, amigos cercanos, nos protegerán en caso necesario, favoreciendo nuestro bienestar, y no harán cosas que puedan dañarnos.  Esto pone en jaque el cómo concebir y describir su vida, su alrededor, destruye su inserción en el mundo y la conexión con lo humano, socava la confianza básica a causa de haber sido ultrajada por las premisas básicas de seguridad y respeto recíproco, de ese apoyo que se suele esperar de una pareja en una pérdida que debería compartirse.  María en su red social fue despojada en cada caso del requisito de coherencia necesario para vivir en lo predecible, razonable y ordenado, pero aún tiene que comunicarse, y dentro de esa comunicación como en todo sistema, cada elemento de su narrativa se ve afectado por otros.

María requiere una reorganización con el entorno y reconstruirse a sí misma con la nueva relación con las cosas, personas y actividades, es una cuestión de adaptación.  La mala adaptación a amenazas crecientes para la supervivencia aparece con mucha frecuencia en los estudios sistémicos, esto nos remite un poco la analogía del experimento de la rana. Si depositas en una olla de agua hirviendo a una rana, inmediatamente intentara salirse, mientras que si la depositas en un olla con agua a temperatura ambiente y enciendes la flama para que gradualmente vaya aumentando su temperatura, la rana no se dará cuenta, incluso cuando sienta que está demasiado caliente estará tan aturdida que no podrá salir de ella y morirá cocinada. Estamos diseñados para tener reacciones de alarma ante sucesos grandes, no a los que aparecen gradualmente, nos  preparan para el ataque o fuga ante lo inesperado, o riesgoso, es adaptativa, automática y funcional,  en ella se activa el eje de hipófisis – tiroides – adrenal y sus efectos son de alerta y preparación física, sube la presión y la coagulabilidad sanguínea, la glucosa también va en aumento, en la sangre, en músculos, en el aparato digestivo, etc. Cuando ni ataque ni fuga es posible, en ciertas condiciones es: sobrecarga, inmovilidad, “inundación del self” (Es una pesadilla!!), potencial del trauma.

De la misma manera, éstas descripciones alteradas ofrecen a María un respiro temporal de su olla que ahora esta en ebullición, una salida provisoria para el espantoso sentido de traición de las premisas básicas de vivir, (Una madre no debe enterrar a sus hijos, un esposo no debe culpabilizar a la madre por la muerte de un hijo, etc,etc)  estas mistificaciones cuestionan que la traición tuvo lugar y las justifica utilizando la culpabilidad o la locura, pues puede tomarlo como un acto de amor (pensar que a él le preocupa), de educación, o un acto forzado como víctima y puede hasta disfrutarlo. De esta manera olvida lo que ocurrió o bien lo desdibuja a la vez que adapta la historia distorsionada (escuchar al hijo muerto y decir que lo escuchó). Esas alternativa, a la que muchas personas en circunstancias de concebirse como víctimas se aferran como tabla de salvación, ocurre a expensas de abandonar toda introspección, validación y protagonismo ético.

Esta acción de negación es la misma acción de adaptarse o “mal adaptarse”, en el inconsciente es lo mismo saber y no saber, organizarse y desorganizarse , requiere un esfuerzo psíquico intenso para ser mantenida, dado que tiene lugar a costo de una “negación” de señales que provienen del feedback de los otros, del propio cuerpo y aún del sentido común; por lo tanto, esta estrategia fomenta el embotamiento emocional, la olla en ebullición mientras ya es imposible moverse de ella. Utilizada en los casos traumáticos,  aumenta el riesgo de autodaño y de la repetición del daño, dado que no favorece comportamientos protectores necesarios para evitar la situación vivida, obscurece la necesidad de una reparación por el sufrimiento, dado que los personajes aparecen y desaparecen como tal de la historia, la “adapta” o “mal adapta” cimentando una visión solitaria y desesperanzada de la realidad, ya que la visión del mundo adoptada implica una negación de la realidad dual.

Nos encontramos pues en la dinámica de un trauma psicologico, algo sobre lo que volveremos a hablar cuando abordemos qué es un recuerdo normal y qué es un recuerdo traumático (idea fija).

Texto y pretexto: Patricia Cantú y Francisco Traver

Proyecyo GMS (Global mind squeezing)

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21 pensamientos en “El principio de no-contradicción (V)

  1. Aplaudo efusivamente esta colaboración de Patricia y el Dr Traver que ha dado lugar a un post profundo u original. Asombroso ese concepto de self más allá de uno mismo, que yo llamaría “self extendido o periférico”. (Cibernéticamente ¿son los periféricos parte del sistema? )
    Mi visión particular es que dos hechos contradictorios, solo lo son a nivel verbal (alto nivel); si alguien trata de evitarlos solo podrá hacerlo descendiendo a un estado de menor nivel (código máquina). En ese estado la contradicción verbal es posible, puesto que no existe lo verbal, sino solo procesamiento. Pero el entorno nos exige respuestas verbales (somos instados a responder ante las preguntas directas o ante la propia vida) y es ahí donde la traducción a lo verbal, se muestra incoherente, atemporal o de forma simplista, producto de la locura. Si el paciente viviera en un sueño continuo la locura nunca se manifestaría, es el paso a lo verbal el que lo deja en evidencia.

  2. Ohh! no me esperaba ya fuera publicado! ^_^ aún pensaba darle unos ajustes, pero vaya maestro le ha quedado lindo!… Confieso me resultó un tanto complicado tratar de enlazar lo que es “negación” con la descripción freudiana, analítica y un poco centrada en el problema.

    Lo que iba a agregar estaba relacionado con que mi corriente no concibe la “negación”, en realidad se remonta al punto de vista neurológico que nos dice que el cerebro no distingue entre lo que es real y lo que no lo es, es decir, la persona puede llegar a engañarse a sí misma en el proceso de asimilación – aprendizaje. Es un “trazar distinciones”.

    En ese “trazar distinciones” parece que estas “negando lo nuevo”, es un “no-si” la dicotomia que aparece. Es decir, su función implica empezar a distinguir lo nuevo de lo viejo, por eso era lo de la olla con el aumento de temperatura no percibido. La solución de María esta en ese trazado de distinciones en preguntas circulares, que le ayudarán obviamente a “distinguir” ; dentro de esta distinción también cabria hacer una observación intra y extra proponiéndola de una forma positiva para que surja su contrario y provoque una reacción interna en ella, supongo que Erickson le haría un reencuadre como “Me parece que eres tan heroica por cargar con toda la culpa física y mental de lo que no pudiste evitar que le pasara a tu hijo para que tu esposo no sufriera tanto la perdida”.

    Propongo un ejemplo de como es el trazado de distinciones: Cuando pruebas por primera vez la fruta llamada “jobo” podrías decir “sabe y parece a la ciruela”, sin embargo “el jobo sabe a jobo como la ciruela”. Pero decir “sabe a ciruela” pareciera indicar que estas negando al jobo pero solo sucede esto en el proceso de asimilación y aprendizaje, estas conociendo para después hacer distinción entre las frutas.

    Tutora Ana! un abrazo para tí también!

  3. Agustín, citas justamente lo que me había quedado pensando: ¿y la relación con el código máquina? Lo del utópico sueño crónico es obvio (aunque sea utópico); sin embargo, me quedo también preguntándome cómo algunos animales también acceden a cierta locura sin verbalidad (hay perros que se suicidan, o que no aceptan su no-fertilidad inventando embarazos psicológicos, o que mueren de inanición junto a la tumba de su amo, etc). Entonces ¿habría dos tipos de locura, la verbal y la no-verbal?
    Patricia: precisamente en base a esa “negación de la negación” del inconsciente un amigo mío ha diseñado un sistema para dejar de fumar, y parece que está funcionando. Se trataría, como decíamos en GMS, de reprogramar la ROM (EPROM).

  4. María está sola. No es que se sienta sola, está sola. Traicionada por su marido y abandonada, sí, pero acaso no estará siendo también traicionada por los terapeutas?

    “Maria sigue tratamiento especializado y no parece que su estado haya sufrido grandes modificaciones a pesar de los esfuerzos e interés de sus terapeutas”

    Pregunto: ¿qué trabajo se ha hecho hasta el momento con el marido de María para implicarlo en ese proceso terapéutico? Más de la mitad de parejas que pierden un hijo acaban separándose. El dolor, los reproches, las culpas… siempre hay un culpable pues.
    A María le ha tocado no solo cargar con su propio sentimiento de culpa como madre que ha perdido un hijo sino también con las acusaciones de su propio marido.
    ¿Alguien ha intentado cambiar la narrativa del marido para liberarlo de ese constructo que le impide acercarse a su mujer, abrazarla y compartir ese dolor y esa culpa? ¿Dónde se implantará la semilla de la esperanza sino?

    Si su marido llegara a compartir con ella esa responsabilidad (la disminuyera o se la quitara) probablemente María no necesitaría utilizar la negación ni otros mecanismos de defensa. Aligerarla de esa carga es esencial si queremos conseguir alguna mejoría.

  5. Una de las cosas que socavan los traumas es la capacidad para conectarse interpersonalmente. La soledad de Maria para mi procede de esta desconexión.
    Con respecto al marido decirte que desde el principio se ha negado a acudir a la consulta y que en ciertas temporadas han estado separados. Ignoro cual es la situación actual.
    Pero lo interesante de los comentarios es que cada uno de nosotros parece tener una clave para su explicación, asi tu Cris pareces cargar toda la explicación en el marido(en realidad en el apoyo social), mientras que cada uno de nosotros tendrá una hipótesis diferente, unos intrapsiquicas y otros neurobiologicas. ¿Cual es la verdad? Hay alguien que se equivoca o estamos todos equivocados?

  6. Al leer a Cris he recordado aquel viejo test de los 6 personajes (la protagonista se llama María) que finaliza con la muerte de ella y en el cual cada subjetividad pone por orden de culpabilidad a los seis. Naturalmente, cada uno tiene motivos para ser “culpado” y motivos para ser “absuelto”. En el marido no se suele fijar la gente, ya que apenas aparece pero, para algunos, es el principal culpable. Un test interesante que pone en evidencia los “filtros” de cada uno, como también ocurre aquí, eso he pensado yo tb, en efecto.

  7. Pues opino como tu, debe ser eso un enfoque: cada uno lo ve de una manera que es seguramente la que mejor va con su manera de pensar. A mi personalmente nunca se me hubiera ocurrido pensar que la “culpa” del duelo patológico la tuviera el marido. Lo cierto es que ese niño murió de una forma súbita pero no inesperada por su mala salud y murió además en la guarderia. Casi toda la familia de Maria la culpó por esa razón y no solo el marido, pero yo creo que la culpabilización externa nada tiene que ver con lo que entendemos como culpabilidad inconsciente.

  8. “¿Cual es la verdad? Hay alguien que se equivoca o estamos todos equivocados?”

    Sabes que no hay una verdad en mayúsculas, Paco. Sabes que, efectivamente, cada uno de nosotros interpretamos a nuestro modo en función de tantísimas cosas aprehendidas por ahí que nos van conformando. Y si la interpretación que hacemos, sea la que sea, por fortuna nos llevara a Roma pues mejor que mejor. No hay una verdad, no hay un único camino. Lo sabemos los que ya hemos transitado por más de uno. Lo importante es que la hipótesis, sea del modelo que sea, abra un camino que permita llegar al maltrecho corazón de María y también al de los terapeutas, que parece ser también andan en dificultades.

    Pero la hipótesis que hice sobre el marido nada tenía que ver con echar las culpas al marido ni a nadie más (no pretendía al menos esta interpretación); no se trataba de una hipótesis para provocar más dolor todavía -ahora en el marido- sino de generación de sentimientos de amor y confianza en el otro. De apoyo social, más o menos, como decías tú.

    Pero parece ser que -las cosas no podían estar peor- María no solo ha perdido a su hijo sino también al marido y a la mayoría de la familia. Qué estimulante sentirse acusada de asesina por toda la familia! Me pregunto dónde estaban todos cuando el niño enfermaba. Debe sentirse, efectivamente, tremendamente sola. Mal pronóstico para esta mujer.

    Agustín se pregunta si -cibernéticamente hablando- los periféricos forman parte del sistema. Le respondería al respecto que el hijo ya muerto de María y también su marido constituían probablemente los periféricos más importantes de María. Periféricos que ahora ya no existen o están cortocircuitados.

  9. Yo creo que la clave está en que ese niño era el único proyecto de vida de María y si hubiera tenido más algo vivo seguiría en ella y así lo que tiene en el inconsciente y lo que ha ocurrido no entrarían en contradicción

  10. Hay una forma de desaferenciación que se llama denegación (denial, Verneinung).

    Es tipica de estados como la belle indifference histérica, de ciertos ictus del -sobre todo- lobulo parietal derecho y tálamo correspondiente.

    Habría un mecanismo (aún no descrito oficialmente) de denegación reversible a través de un bloqueo interhemisférico (calloso y talámico) que permite “saber uno sin darse uno cuenta”.

    Es adaptativo y permite tolerar estados de dolor máximo (como el de María) sin tener uno que suicidarse. Ahora bien, tiene un coste triple: disminuir el nivel de consciencia, alterar los mecanismo de procesamiento mnésico y perder la consciencia de la propia identidad de manera parcial, en otras palabras, disociando.

  11. El caso de María resulta destacable por lo pronunciado de sus manifestaciones, pero el fenómeno subyacente me parece de lo más común. En lo externo muchos reyes han sucumbido a la tentación de matar al mensajero: suele ser más fácil que lidiar con algunos de los problemas que a veces traen. En lo interno tampoco es extraño negarse a aceptar un hecho particularmente traumático (por lo demás, única vía para la superación). He conocido a quien sobrevivió 30 años a su hijo sin haber pronunciado nunca “mi hijo murió”; en lugar de eso convirtió en una especie de santuario la que había sido la habitación del hijo.
    A mi modo de ver intentamos describir y comprender un fenómeno que no hemos estudiado bastante, no por raro sino por corriente. Básicamente se trata de un mecanismo para evitar un conflicto (que aparenta ser demasiado grande) aún a costa de asumir otros (posiciones contradictorias, etc.).
    En el post y en los comentarios se hace una interesante aproximación a la comprensión. Esa comprensión, o la interpretación más plausibe, constituye una finalidad por sí misma. No obstante, desde el punto de vista terapéutico se puede conducir a María hasta una puerta o una vía, pero nadie la va a cruzar o transitar salvo ella misma. Visto así, la pregunta sería como animarla a dar este paso. ¿Qué la espanta tanto? ¿qué pasos debería dar previamente al gran paso?
    Saludos y gracias por compartir problemas y comprensiones,

  12. Gracias Pere. Me ha hecho gracia lo de lo “pronunciado de sus manifestaciones”. Al leerlo me he puesto a pensar que quizá muchos puedan pensar que este tipo de casos son exageraciones de la respuesta de duelo normal. Y he pensado acerca de ello: lo cierto es que pareciera que la normalidad y la patologia psiquiátrica son como los extremos de una escala analogica, se trataria entonces de una cuestión de grado.
    Pero en realidad y aunque esta explicación de la gradación de la respuesta puede resultar valida para algunas cosas no lo es para la mayoria de las patologias mentales. Por ejemplo, no es lo mismo ser celoso que tener un delirio de celos. ¿Es el delirio de celos una exageración de los celos comunes?.
    Yo creo que no, se trata de un orden nuevo discontinuo con el anterior. El duelo de Maria es un duelo patologico que no suele ser el resultado final de la evolucion de los duelos comunes y cuyo resultado es la adaptación, un proceso que termina con el distanciamiento y la reparación de la perdida. Las heridas cicatrizan.
    El duelo de Maria es un duelo traumático, hay algo más que la simple tarea de restitución o de dolor por la perdida, hay algo que no puede metabolizarse.
    Hay algo más consecutivo a la perdida del hijo que convirtió el evento en traumático. Algo que hizo Maria con su dolor o algo que hizo Maria para anestesiar ese dolor.

  13. Muchas gracias por la aclaración, y perdona si insisto pero el tema me resulta particularmente interesante.
    Decía Marx que sucesivos cambios cuantitativos, más allá de un cierto punto constituyen un cambio cualitativo. Pero Menninger [cito del artículo de M. Wilson, “DSM-III and the transformation of American psychiatry: A history”, American Journal of Psychiatry, Mar 1993; 150 (3)] veia todos los trastornos mentales “reducibles a un solo proceso psicosocial básico: el fallo de la persona que sufre para adaptarse a su entorno. . . Falllos de adaptación que van desde leves (neuróticos) a graves (psicóticos), pero el proceso no es discontinuo y las enfermedades, por lo tanto, no son discretas”.
    Las dos citas no deberían ser vistas como una disyuntiva, sino como la ilustración de diferentes puntos de vista; tal como ya señalas, una explicación puede ser valida para algunas cosas pero no para otras.

    En tu comentario /respuesta acabas con una frase que me ha dejado pensando: “Algo que hizo Maria con su dolor o algo que hizo Maria para anestesiar ese dolor”. En este caso quizá sería más propio contemplar su patología como un accidente, sólo que en lugar de romperse un hueso se rompió ‘una fibra’ que le dificulta o impide algunas funciones psíquicas.
    Desde el punto de vista del clínico ¿que diferencia hace el origen de la patología?(enfermedad/accidente)

  14. No, no, las enfermedades pueden verse como un continuo, en efecto como una sopa de sintomas. La continuidad de la patologia efectivamente está en esa no-discreción de las enfermedades mentales, donde hay una discontinuidad, un salto es (creo) entre la normalidad y la patologia.
    La diferencia que hay entre un trauma fisico y un trauma psicologico (los dos rompen algo) es que en el segundo caso el individuo ha de hacer algo para eludir los sistemas de protección, por ejemplo es imposible que haya trauma sin que exista disociación.

  15. Sólo la traducción a lo verbal crea la contradicción, coincido con Agustín, asi como la negación. En un lugar preverbal está presente la ausencia gritando por ser aliviada y la culpa que no desea alivio sino castigo

  16. Estoy de acuerdo con lo que dices Cristina, lo que me pregunto es si la culpa no será tambien una elaboración secundaria, es decir algo que procede de la alta definición del sistema y no tanto una elaboración de bajo nivel.

  17. Leí el post hace días, lamento retrasar mi comentario, pero mi interés por este blog se mantiene intacto y lo leo contínuamente.

    Primeramente, una felicitación a los autores de este extraordinario post, añado que cada relectura me despierta nuevas inquietudes. Aquí el material es inagotable y seguramente todos los que hemos caído en la adicción a este blog, recordaremos por mucho tiempo a María. Aplaudo también los comentarios de los compañeros.

    Hay un punto en el que todos, o la mayoría, coincidimos, y que Paco lo describe en el manejo del caso: la impotencia que despierta una paciente así. No considero que solamente se trate de un asunto contratransferencial que llega a paralizar a los terapeutas, más bien me parece que ellos (y sus lectores) se enfrentan a uno de estos casos, o de estas vidas, que a veces son “incomprensíblemente” difícil de cambiar, y digo incomprensiblemente porque hay personas cuyas historias, no sólo nos imponen una dosis extra de trabajo, incluyendo conocimientos, supervisiones, empatía, paciencia y demás, sino que raras veces nos permiten encontrar la llave maestra que sirva como un bálsamo a un terrible sufrimiento. Yo pienso que esto sucede principalmente en pacientes con duelos perpetuos que no pueden resolverse.

    El dolor, aun el compartido como sería el caso de Maria, se vive en una tremenda soledad. Espero que esta aparente paradoja sea entendida, pues no hay dos dolores iguales y el término soledad es también diferente para cada individuo. Y de la misma manera, las culpas, inherentes a los duelos, dependen de la historia personal del paciente, pero también de la relación que se tenía con el objeto perdido. (A manera de suavizar esta idea podemos recordar que las viudad que más lloran a sus esposos son también las que llevaban matrimonios difíciles de soportar).

    Freud decía que ante la duda habría que consultar a los poetas y a los literatos que tanto sabían de las emociones humanas. Así que me permito terminar con una frase entresacada de un artículo periodístico, titulado “Depresión”. Quizás con la ayuda del autor podamos acercarnos un poco a María:

    “…Una amorosa rabia de fracasos y haber querido crece subterránea por mis crepusculares dedos… Una rubicunda rabia…se ofrece como agotadero a núbiles proyectos de abortos consumados a golpe de recuerdos. Frustraciones. Insomnio. Apatía, un ya no querer ni soñar, sólo odiar… Una rabia adormecida… imprevistos de mi solacidad -bizarro fruto de la falz soledad-…”

    *

  18. Casualmente hoy me he encontrado con una conocida a la que hacía bastante tiempo que no veía y me ha contado que había tenido una niña que ya tiene siete meses y que el nacimiento de la niña le había cambiado la vida, algo que ella ya imaginaba pero que no esperaba que fuera hasta ese punto. A lo que yo he asentido con una afirmación rotunda. Lo que me ha contado me ha recordado a lo que se explica en este post.

    A pesar de tener a su hija de pocos meses ella está dispuesta a no perder su individualidad y firmemente sigue yendo al cine con sus amigas cuando puede y ha salido cuatro veces por la noche. La niña se queda con el padre que es más casero que ella y que tiene según sus palabras ” ceguera por su hija ” Por supuesto ella es una mujer que trabaja fuera de casa.

    Hoy precisamente iba de compras al centro para coger los regalos de reyes, a la niña la había dejado con la mujer que limplia la casa y me explicaba que le costaba mucho no continuar con su vida anterior, eso era lo más duro pero que las salidas no eran lo mismo porque simpre se acordaba de la niña. Ella me contaba- Si pienso ahora en que puede tener una flema y yo no estoy aquí me agobia, si ahora le pasa algo me voy a sentir muy culpable por haberla dejado con la limpiadora. Figúrate le pasa algo y luego la culpa que tengo yo y la culpa que sentiría delante de su padre. Hizo mucho hincapié en la culpa que iba a sentir delante del padre. Pero el hecho es que ella se iba de compras, a la niña la dejaba con otra persona y los reyes eran una excusa para continuar haciendo lo que ella antes hacía. Si a la niña le pasaba algo sólo era una hipótesis.

    Su proyecto de vida no había quedado reducida a su hija. Su proyecto de vida continuaba siendo muy amplio, pero esto la llevaba a no comprender exactamente cuál era su papel y qué es exactamente lo que tenía que hacer. Parir no es ser madre, el papel o rol de madre es algo muy amplio que pasa por tener consciencia de lo que se necesita de acuerdo con la importancia de tener una vida humana a tu cargo y esto en la sociedad actual está totalmente confundido no ayudando para nada a la mujer que está criando diciéndola que debe continuar con su vida anterior en todo lo posible. Sí, así de fácil, total si los niños son como las mascotas, te los cuidan los demás y por la noche los ves un ratito y ala, a la cama, que eso de criar es muy cansado.

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