Sueños y códigos (IV)


Podríamos concebir un ser cuya vida transcurriera en un estado de sueño y ensoñaciones continuas sin ningún despertar a lo largo de su existencia. Ese ser nunca se plantearía una realidad distinta ni más allá de la que vive. Simplemente procesaría información con el único objeto de mantener al sistema con vida dentro de su sistema autopoiético.  Un estado que solo exigiría cierta coherencia en los procesos de su sueño eterno. Eso es un reptil, un ser que vive en una realidad bicromática, que no regula su temperatura, que depende de su medio mabiente para hacerlo y que no necesita dormir aunque si la inmovilidad para ahorrar energía.

Nosotros los humanos descendientes de los primeros mamíferos que poblaron la Tierra despues del desastre del Jurásico,  vivimos en esa alternancia entre sueño y despertar e identificamos “la realidad” como “aquello que ocurre en la vigilia”, y relegamos al sueño y más concretamente a la ensoñación (sueño REM) al terreno de lo fantástico, de lo inconsciente y sobre todo de lo irreal.

Pero no debemos confundir la realidad con el medio ambiente. La realidad es un constructo, el medio ambiente nos contiene.

Los sueños, por ejemplo son reales pero no dependen de estímulos del medio ambiente sino que precisan aislarse de él para poderse dar y lo hacen en tres tiempos, donde aparecen tres deidades distintas, Hipnos que adormece, Morfeo que ensueña y Tanatos que inmoviliza. Los sueños se producen en relación con el medio interno y tienen por tanto un carácter supuestamente homeostático, una especie de tarea de mantenimiento.

Hay algo que se repara durante el sueño. Y no cabe duda de que lo que reparamos es la memoria a través de intercambios entre las memorias de corto y largo plazo. La memoria a largo plazo se sobreescribe (al presentificarla) y las cadenas redundantes o simplemente superfluas se borran.

En tanto que no podemos conocer la naturaleza de una supuesta realidad objetiva externa, no tenemos un criterio para dilucidar si la vigilia es más real que el sueño o al revés. De hecho no es hasta que despertamos y el código de alto nivel (el código corticotalámico o consciencia) toma el control, que no concluimos que lo soñado era algo inventado por algún tipo de artificio de la mente. Morfeo muere cada día en manos de un Zeus que no tolera otra realidad que la vigílica.

Pero la realidad es un concepto abstracto y como tal está elaborado a través del lenguaje y del pensamiento y es por eso que solo tiene sentido hablar del concepto “realidad” en un estado de alto nivel, tal como el de la vigilia. Nos encontramos por tanto en autorreferencia que deviene en tautología : “la vigilia es la realidad porque la realidad se define en el estado vigílico”

Para deshacer el problema autorreferencial habremos de acudir a un concepto que abarque y contenga al mismo tiempo a aquellos ítems que entran en conflicto.  En este sentido sería más resolutivo hablar de distintos tipos de procesamiento de la información  Estos procesamientos trabajarían con distintos datos, metadatos y estructuras, de tal manera que todos serían “reales” dentro de sus propios sistemas axiomáticos y que podrían conceptualizarse como realidades diversas y mutuamente compatibles.

Alguien podría objetar que la ciencia correlaciona con algo que creemos que puede ser “la realidad real” y que esta ciencia se desarrolla en estado de vigilia, pero incluso admitiendo esta correlación, es posible que desde esta ciencia vigílica captemos solo una parte de la totalidad de la realidad real (sea lo que sea eso), mientras que desde otros estados de procesamiento podamos captar otros aspectos de la misma.

Y está demostrado que durante el sueño es posible procesar datos y problemas que nos resultan evasivos durante la vigilia. El sueño de Kekulé es un buen ejemplo de esta lucidez que preside a veces nuestros sueños y que otorga a la vida vigil un plus de eficiencia (aqui hay un post sobre las relaciones entre sueño y creatividad).

Por lo que sabemos de las mediciones electrofisiológicas, el acceso a estos estados se realizaría tomando como base rangos de frecuencias de las oscilaciones electromagnéticas de nuestro cerebro. De esta manera tendríamos una gradación que iría desde estados de alerta (Ondas Beta 13 a 28 Hz) a estados de inconsciencia relacionados con el sueño profundo (Ondas Delta 0,2 a 3,5 Hz) . Dentro de nuestra circuitería cerebral la oscilación de estos estados podría tener como función la de promover la comunicación entre distintos subsistemas. Estos subsistemas deben establecer un protocolo común en el que comunicarse, una negociación que en el ámbito cibernético llamamos handshaking”.

El sueño es un diálogo en dos tiempos entre el código máquina reptiliano y el código del sistema cortico-talámico que incluye tanto la memoria como las emociones límbicas.

Es dentro de este contexto donde la función del sueño parece cobrar sentido . Sabemos que los sueños responden a un patrón muy característico con cuatro fases bien definidas y cambios en las frecuencias de oscilación en cada fase. Todo un protocolo de actuación algorítmico del que sabemos además que no podemos prescindir, pues no es posible sobrevivir sin dormir y la privación del sueño genera efectos adversos en la función cerebral (y paradójicamente tambien una mejoría en ciertas condicioens clínicas). Un proceso cuyos detalles no conocemos pero del que podemos deducir una posible función de “mantenimiento”. Un procesamiento off-line de aquello que no puede ser procesado en tiempo real, que en el caso del sueño presenta una algorítmica tan estricta y secuencial que hace inevitable la semejanza cibernética con un proceso batch. Es decir un proceso que nos lleva a contemplar que determinados computos cerebrales precisan de un tiempo bien distinto al tiempo cronológico en el que discurre la vigilia. Algo asi como si el cerebro contemplara dos timings diferentes de procesamiento, uno para la vigilia y otra para el sueño REM.

El sueño puede ser un mecanismo para sincronizar o amortiguar lo que Garcia Toro (Garcia Toro et alt 1997) han llamado CNAA (circuiteria neuronal autonomizada por acoplamiento) es decir una especie de disbalance entre señal y ruido. El sueño en este sentido tendría como objeto  aumentar la redundancia del sistema a partir de señales inhibitorias procedentes del sueño REM  colinérgico y estimuladoras procedentes del sueño NREM, serotoninérgico. Sin embargo esta oscilación fisiológica puede no ser suficiente en magnitud, duración o selectividad para neutralizar determinados CNAA o incluso que los favorezca, esto podría explicar que la deprivación del sueño mejore a veces determinadas condiciones clínicas (Liebenluft y Wher 1992) o que paradójicamente el sueño reparador consiga mejorar el mismo tipo de condiciones clínicas o al menos sea un parámetro de buen pronóstico, el restituir la función onírica. Dicho de otro modo, el sueño puede resetear la disfunción de determinados subsistemas afectados por fluctuación de señales o por disbalances entre ruido y señal.

Dentro del sueño, prestamos especial atención a la ensoñación, por ser esta la que a veces recordamos y en las que con frecuencia se hace alusión a elementos de nuestra vida. No hay razones para pensar que esta fase sea más importante que las demás a nivel funcional, sino más bien que la fase REM es la única que llega a tocar algo que en el estado de vigilia podemos recordar.  Pero hemos de tener en cuenta que el recuerdo es siempre construido y que por tanto es una transducción de algo que se produjo en un nivel distinto. Algo traducido a lenguaje de alto nivel (lenguaje y pensamiento) pero que en su origen formó parte de otros procesos de más bajo nivel y que fueron ascendiendo hasta llegar una interpretación en una suerte de cascadas que ascendieron a través de sucesivos procesos de negociación (handshaking) hasta llegar a lo consciente.

Una negociación que implica la adherencia de metadatos, es decir de datos del presente, tintes emocionales o recuerdos antiguos que se añaden al sueño en sí mismo y que configuran un guión casi siempre absurdo pero que nos alude personalmente, que nos resuena como nuestro.

Si el sueño tiene como parece una función en la consolidación de recuerdos debe tocar necesariamente la memoria. Si la memoria es reescrita a bajo nivel la consciencia se encontrará con un nuevo estado, una discontinuidad a la que deberá buscarle una coherencia narrativa y será en este estado donde las ensoñaciones puedan cobrar sentido.

Desde esta perspectiva más amplia del procesamiento podríamos contemplar no solo el sueño sino otros muchos estados que son de alguna forma marginados y fagocitados por el estrecho foco de lo que habitualmente consideramos como real o normal.  La meditación y sus derivados, el éxtasis místico o ciertos estados catalogados como de “estados alterados de conciencia”, no son más que procesamientos que siguen dinámicas parecidas a las de un sueño y que igualmente reciben una interpretación limitada al llegar a la cima de nuestra conciencia. Diríamos que transcurren en modo oniroide.

Los sueños son pues una posibilidad no convencional de computar datos de nuestra memoria, nuestros deseos y nuestros miedos o recuerdos traumáticos y hacerlo además en un entorno de realismo absoluto pero que contienen una pequeña trampa filogenética que procede de nuestro cerebro reptiliano: la inmovilización nos impide hacerlos conducta (salvo en el caso de los sonámbulos), durante el sueño no podemos hacernos ni hacer daño pues estamos desconectados de nuestro medio ambiente, alli donde las conductas concretas pueden hacer daño.

Pero durante el sueño podemos procesar datos relativos a decisiones concretas para el dia siguiente, viajamos asi al futuro.

Pongamos el caso de una persona que está planteándose el suicidio.

Una combinación entre silencio y abstracción puede deshacer la dicotomía “juez y parte” del cerebro. Igual que por ejemplo el planeta Neptuno es descubierto usando solo matemáticas, alguien puede deducir lo que le ocurre estableciendo relaciones de homeomorfismo. Aunque uno no pueda observarse directamente a sí mismo, si lo puede hacer indirectamente: mediante el comportamiento estadístico de lo que le rodea, o aquello que permanece invariante. De esta forma uno acepta los hechos en función de un criterio lo más objetivo posible y deshecha el resto como irracional por más que a uno no se lo parezca.

Es posible que el suicidio se elabore (se decida) a través de los sueños, pesadillas extrañas que suelen desaparecer de la memoria (RAM) pero que le indican a uno el camino a seguir de forma simbólica. El apagado del “programa suicidio” implica un darse cuenta de estos sueños. Hay que hacer lo posible por recordarlos. La “matemática” que puede utilizarse es la siguiente: si nos acostamos bien y amanecímos con ideas suicidas. Hay dos posibilidades:
A)      O la idea suicida se elaboró durante el sueño ;
B)      O lo hizo de una forma inconsciente en los primeros momentos del despertar

Observamos que al final era la opción A) en contra de lo que hubiéramos creído. ¿Es esta la razón por la que la mayor parte de los depresivos empeoran por la mañana y son insomnes?

Y observamos también que los sueños se repiten durante días dando forma a la idea de suicidio. Es el programa “evaluación de posibilidad de suicidio” (EPS), y se ejecutaría durante el sueño.

Estos sueños  tienden a ser olvidados (como casi todos los sueños) debido a que algunas de estas pesadillas son dulcificadas por el programa con objeto de que no lleguen a despertarnos (en informática de virus esto se llama stealth o técnica de ocultación y en psicologia le llamariamos represión)

Cuando el “programa EPS” se ve descubierto, se intensifican las pesadillas y trata de bloquear al que lo descubre con reacciones psicosomáticas (en informática, es el equivalente a la activación del payload, en un antivirus)

Un posible antivirus contra este payload es pensar en ellos como en un animal acorralado: muy rabioso pero de duración limitada. Así podemos sobreescribir el dañino programa y efectivamente el programa “intensificación” se apaga en unos días. El pensar es información y la información puede actuar como antivirus (o como virus).

Nuestra hipótesis sobre por qué hay un “programa de evaluación” del suicidio es la siguiente: Creemos que ante un hecho tan contundente, la mente necesita ensayar una y otra vez el escenario de la muerte, para asegurarse de que no va a cometer un error (no error en la ejecución, sino en el propio hecho de elegir dejar de existir). El sueño evalúa a su manera hasta qué punto uno es o no prescindible. Otra forma de ensayo algo más incómoda es el “intento de suicidio”, que muchos -menos analíticos- intentan una y otra vez mas o menos torpemente. A determinadas personas no les hace falta ese coqueteo, teniendo en cuenta que pueden evaluarlo de otra manera más económica. Hacemos la hipótesis por tanto de que las personas más analíticas tenderán a ejecutar su suicidio sin un intento previo y las menos analíticas tenderán a ensayarlo mediante intentos.

Y después vamos descubriendo “otros programas” y los vamos desactivando o activando, según actúen como “virus” o como “antivirus”. Si ya estuvieran escritas las instrucciones, uno solo tendría que preocuparse de seguirlas, el problema es que uno tiene que ir escribiendo las instrucciones para después leerlas, estando además en un estado próximo a la ceguera o al olvido.
Dicho de otra manera una determinada información puede comportarse como virus (dañina) o como antivirus (protectora) y somos nosotros los que con pequeños cambios en la secuencia de esa información podemos reescribirlos.

Para exponer mejor nuestro modo de pensar sobre esta reescritura, hablaremos en una proxima ocasión sobre cómo se comportan los recuerdos traumáticos y como podemos deshacernos de ellos.

Texto y pretexto: Francisco Traver y Agustin Morales

Proyecto GMS (Global Mind squizzing)

Un pensamiento en “Sueños y códigos (IV)

  1. Buenisimamente asombrado, el sincretismo soñado o su comienzo. La descripcion inquietante hacia la evolucion constante e insondable volcada en medios no tan faciles de encontrar y que nos dejan, a algunos, perplejos por su empatia descriptiva en en lo nuevo a recorrer.

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