Símbolos y alegorías neuroinformáticas (III)


Suele decirse con repetido énfasis que nuestro cerebro procesa símbolos y se toma al ordenador como metáfora de este procesamiento. Pero lo cierto es que esta idea que da lugar a una cierta tecnologia “como si” que llamamos neuroinformática, no es cierta, se trata de una analogía.

Un símbolo es algo que representa otra cosa distinta a sí misma a través de tres mecanismos quasimagicos  descritos en la “Rama dorada” (1890) por J. G Frazer, un clásico del análisis antropológico.

Una posibilidad es la representación por parecido: algo que se parece a un original le representa, cuando un niño se dirije a un hombre diciendo que “es un papá”, esta echando mano de este mecanismo animista, un hombre, cualquier hombre es un papá. Eso es magia, esa es la esencia de lo simbólico, del mismo modo que esa pipa de Magritte que no es una pipa sino una fotografia de un original.

El otro mecanismo animista es el contagio: la representación por contacto, si algo ha estado en contacto con otra cosa adquiere propiedades del original. Cuando rechazamos hablar con un paciente que sabemos que padece de SIDA por temor a contagiarnos su enfermedad estamos operando en esta clave, sentimos -mágicamente- que podemos contagiarnos a través de una via exótica aun a sabiendas de que es imposible.

Por último existe otro mecanismo que conocemos como “la parte por el todo“. Ciertos objetos representan a algo más allá de si mismos, en otro nivel de definición, lo parcial representa a lo total,  por ejemplo un sujetador representa un pecho y a una mujer. Se trata de la esencia parcial de la pulsión fetichista. El sujetador seria un símbolo de la mujer.

De manera que los símbolos son tambien alegorías, lo que es lo msimo que decir que nuestro cerebro trabaja y construye alegorías.

Pero lo cierto es que nuestro cerebro no computa símbolos directamente, es decir, no existen papás, ni sujetadores, ni pipas en nuestra neuronas sino atmósferas neuronales que al activarse conjuntamente evocan -entre otras cosas- símbolos, recuerdos, etc.

Y aqui está el limite de nuestros conocimientos actuales, el problema difícil de la conciencia. No sabemos como se las arreglan nuestras neuronas para trasponer sus actividades neurales en actividad mental. No tenemos ni idea.

Lo que si sabemos es que nuestro cerebro es un arquitecto-constructor incansable de símbolos probablemente porque el símbolo es un atajo para el etiquetado de la realidad. No cabe ninguna duda de que cuando Lucy descubrió que la huella del oso le representaba pero no era el “oso en sí” nuestra especie atravesó un hito no sólo historico, sino tambien cognitivo y glandular al separar la respuesta adrenalinica de miedo determinada por el horror al oso de su representación simbólica. Desde entonces los sapiens sabemos que la huella de un oso indica en todo caso su proximidad pero no puede por sí misma devorarnos. Lo que es lo mismo que decir que el símbolo inhibe la respuesta figh or flight.

El símbolo nos separó definitivamente del determinismo puro y es esta la razón por la que la capacidad simbólica del cerebro humano fue seleccionada positivamente por la evolución: representa un avance, un ahorro de energía y una discriminación más detallada y sutil de la realidad externa. La simbolización es un hito que nos hizo más adaptativos y adaptables a la realidad, a nuestro medio ambiente.

Pero a cambio de esta ganancia hubo algunos inconvenientes: el principal de ellos es que algunas personas pueden confundir al “oso con su huella”, sobre todo cuando la simbolización llega al paroxismo a través de la casi continua generatividad simbólica de los humanos modernos, mucho más despues de la introducción del lenguaje y la escritura. A partir de ese momento -en que el símbolo se hace arbitrario- la simbolización precisó de enormes inversiones de discriminación, algunas personas sucumbieron y sucumben a esta confusión, les llamamos esquizofrénicos.

La esquizofrenia puede definirse como una avería en la capacidad de simbolización, puede pensarse desde el lado de la averia biológica a partir de un cerebro con hándicaps innatos o tambien puede verse como un fracaso en el proceso donde el intercambio de símbolos tiene lugar: la familia. La familia como intermediario entre la complejidad social y el individuo concreto.

Es en la familia donde aprendemos a simbolizar y lo hacemos de dos maneras, la primera es a través de las prótesis parentales y de sus propios estilos simbólicos, pero además,  la familia es en sí misma un sistema simbólico, donde hay hombres y mujeres que son en realidad símbolos de otra cosa (papás y mamás), niños y niñas que son en realidad hermanos o hermanas por nombrar solamente algunos de los símbolos que se dan cita en una familia cualquiera: relaciones entre parientes que ocultan una enorme complejidad en su discriminación y que están reguladas por leyes no explícitas. Asi el papá y la mamá no pueden ser hermanos, el papá no puede casarse o tener hijos o trato sexual con las hijas, ¿qué es ser un papá? ¿por qué yo no tengo papá?, son preguntas que los niños se hacen y que de alguna forma apelan a esta complejidad simbólica presente en la parentalidad.

Dicho de otro modo, una familia no es sólo una reunión de personas que conviven en un entorno común sino una colección de símbolos que invocan  abstracciones como seguridad, protección, cuidado, negligencia, abandono, y todas las emociones que pueden desarrollarse a partir del establecimiento de estos símbolos: miedo, envidia, celos, impotencia,rencor, pena etc.

Una familia es sobre todo una metáfora de otra cosa distinta a ella misma. Es como un fractal,  un sistema similar al social, una especie de diminuta porción de la sociedad que afuera espera al sujeto y a la que pronto o tarde tendrá de adaptarse. Una especie de ensayo general del entorno en que discurrirá la vida futura.

El sueño reproduce la realidad en un entorno de seguridad a través de la inmovilidad, del mismo modo en la familia nos darán una atención o cariño incondicional (en el mejor de los casos), de manera que si bien el sueño no es la realidad, tampoco la familia es la sociedad se trata de entornos de atemperación, colchones de seguridad, tampones de realidad, mediadores con lo real.

Lo lógico es pues pensar que en las familias de los esquizofrénicos (pero no solo en ellos) existe alguna disfunción que impide a algunos miembros de la misma construir un mundo de señalizaciones coherente pues no hay que olvidar que la esquizofrenia suele desencadenarse en esa interfase de la vida que llamamos emancipación, donde el sujeto todavia no ha alcanzado una independencia clara respecto a su familia de origen.

Lo que falla en la esquizofrenia es precisamente la capacidad de establecer simbolizaciones eficientes en temas de interés vital: la filiación, el sexo, la paternidad, el valor de cada cual, etc. Y cuando la simbolización fracasa suceden cosas muy raras en nuestra mente.

Lo que sucede es que el individuo tiene que apelar a ciertas funciones cognitivas de bajo nivel como lo que hemos llamado repetidamente “reconocimiento hiperreflexivo” que seria una especie de:

Se trata de una especie de sobreinterpretación de las sensaciones corporales que tienen mucho que ver con lo inefable, por ejemplo la cenestopatia aparecería cuando alguna sensación no puede categorizarse verbalmente, de la misma opinión era Henri Ey que consideraba que las alucinaciones corporales brotaban cuando el sujeto no puede nombrar una sensación corporal algo que la mayor parte de nosotros hacemos por medio de una metáfora un “como si”.

En este sentido alucinar es percibir el propio cuerpo de manera completa o parcial como un objeto o entidad viviente fuera de sí mismo es decir como algo transformado precisamente por la imposibilidad de la expresión metafórica.Pues oir no es pensar ni hacer es pensar, ni ver es pensar.

Es por eso que:

Es precisamente la incorporeidad la que unifica las diversas dimensiones de la experiencia esquizofrénica, el centro de los centros. Hay una incoporeidad del Yo, y una incorporeidad de las relaciones del Yo con el objeto e interpersonales. La persona esquizofrénica se comporta como un cuerpo sin alma o dicho de una manera menos metafísica como si el sujeto sintiera que es un espíritu -una conciencia- adherida a un cuerpo que no es suyo, un cuerpo inanimado, un autómata.

La consecuencia de esta falta de contacto corporal inmediato es la experiencia de perdida de presencia, en los casos mas leves se siente separado de sí mismo, pero en los casos mas graves existe un hueco, un agujero, un profundo desgarro, una experiencia de vacio nihilista “No hay nada en mi vientre” o “Soy solo un marco”. Un estado que lleva a una mecanización del cuerpo con tal de mantener unidas sus partes que han perdido entre sí sus enlaces.

El problema es que vivimos rodeados de símbolos, de alegorías y de metáforas, un mal bosque para algunas personas.

Pero hay más: pues la neuroinformática es a su vez una alegoría.

Pero una alegoria que nos puede resulta util para comprender como se las arregla nuestro cerebro para computar la información que recibe, como la transforma y como la vierte o la descarga en la realidad.

En los dos posts anteriores hemos utilizado la alegoria del código máquina para referirnos al modo de funcionamiento de nuestro cerebro reptiliano, en el post siguiente hablaremos de los sueños en relación con ese código máquina e intentaremos desvelar algunos de sus misterios a la luz de la neuroinformática, esa tecnología “como si” que nos permite ir más lejos y viajar más rápido.

Proyecto Global mind squeezing

3 pensamientos en “Símbolos y alegorías neuroinformáticas (III)

  1. Una cosa muy curiosa es que la palabra simbolo encaja mal con el cerebro humano y muy bien con los ordenadores que manipulan “ficheros” y “simbolos”. Lo curioso es que la aproximación más real a un simbolo es la palabra espiritu. Nuestros ancestros no pintaban símbolos sino espiritus.

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