El bello delirio


No es la duda sino la certeza lo que vuelve locos a los hombres

(Nietzsche)

La yuxtaposición de elementos discordantes (el defecto de transposición) es tipico tanto en el delirio como en el sueño.

Anástrofe es el nombre que dio Konrad a la inquietante experiencia esquizofrénica de “ser el centro del mundo”. Se trata de:

“Un giro anastrófico a la revelación (apofanía) y las consecuencias en el actuar de la persona ya que toda la producción del delirio tiene referencia a él. El mundo interno y externo son vistos en forma paranoide en gran cantidad de casos”.

Aunque en el lenguaje coloquial “ser el centro del mundo” ya forma parte de nuestra manera de definir a aquellas personas que mantienen -sobre sí mismos- opiniones sobrevaloradas o que tienden a la autoimportancia, la experiencia anastrófica nada tiene que ver (salvo en su radicalidad) con eso que llamamos “egocentrismo” y que observamos en las personas comunes o en los neuróticos con cierto tipo de personalidad.

“Siento que todo gira en torno a mi”. Es la declaración que podemos escuchar en los esquizofrénicos que han alcanzado la fase apofánica. En realidad la anástrofe es según Konrad la otra cara de la apofanía y , pues es dentro de la apofania y sólo en ella cuando la experiencia de ese Yo  sobredimensionado, cautivo y central alcanza todo su esplendor.

Y digo cautivo precisamente porque lo que caracteriza la experiencia normal es la capacidad de “salirnos del Yo”, de desplazarle al fondo de la imagen a fin de poder movernos por las coordenadas del otro. El Yo anastrófico no sólo es central e hipertrófico sino que además se encuentra inmóvil y no puede escapar de esa jaula en que se convierte la mente cuando se bordea la apofanía. Es por eso que usamos la palabra “anástrofe” para describir esta operación pues la anástrofe es desde el punto de vista de las figuras literarias, una inversión, un giro.

Se trata , debe tratarse de una “experiencia cumbre”, una experiencia dificilmente comunicable y que debe estar presidida tanto por la omnipotencia como por el terror. Durante su influencia la erección se convierte en electricidad dirgida por Dios, el diablo o alguna entelequia superior, el pensamiento deviene sonorización o difusión, la autoria y responsabilidad de los propios pensamientos se convierten en influencias cósmicas o divinas realizadas con propósitos malignos o inescrutables, las ocurrencias inspiraciones delirantes, las cenestesias manipulaciones corporales, la sugestión deviene robo del pensamiento,  y la atracción sexual un propósito genésico emparentado con Dios o la divinidad para la redención de la humanidad.

Sabemos de ella porque los pacientes nos hablan constantemente de esa experiencia que muchos de ellos se niegan a abandonar. Tengo la impresión de que el beneficio primario de un delirante no está solo en relación con la realización de deseos que representan los delirios, ese estar sin estar, ese ser sin ser sino sobre todo en la experiencia omnipotente de estar en el centro del mundo, algo que muchos pacientes relacionan con un trato directo con Dios (como sucedió en el caso Schreber) o bien uno mismo representa o es la divinidad misma.

Significa que la anástrofe resuelve la duda que la misma apofanía procura.

Los enfermos se resisten a abandonar la fase anastrófica de su enfermedad que es sin duda la verdadera experiencia esquizofrénica, del mismo modo (y por las mismas razones) que los neuróticos se resisten a abandonar su síntoma: ambos encuentran una fijación o soporte en esta experiencia -en el fondo una experiencia narcisista- de haber sido elegido para una misión de proporciones colosales.

Es por eso que Konrad habla del “bello delirio” en un homenaje probablemente consciente de la “bella indiferencia” descrita por Babinsky en relación con los sintomas histericos. No es casual que la esquizofrenia y la histeria representen cada una de ellas los limites de la ciencia, limites en la mente y limites en el cuerpo tal y come conté en este post.

El delirio no es tampoco una simple creencia por más irracional que esta sea sino algo que se experimenta con la certeza que desplaza las dudas que usualmente existen en la fase de “trema” y aun en los prodromos de la enfermedad. Si no hay certeza no es un delirio solia decir Falret pues se trata de un certidumbre esencial a la hora de recomponer la experiencia en tanto que el delirio es un trabajo de reconstrucción de un campo experiencial que amenaza con ser desintegrado. Pues la capacidad de dudar -que no es sino la capacidad de ponerse en el lugar del otro- es destruida en la apofanía y convertido en alusión, influencia o persecución, es como si el Yo hubiera perdido elasticidad y opacidad y no tuviera más remedio que agujerearse a si mismo o hacerse trasparente para relacionarse con el mundo.

Nótese como un ruido (percepción sin sentido) puede transformarse en un delirio. Se trata del comienzo del delirio de Schreber a una edad bastante tardía aunque ya habia tenido un episodio previo diagnosticado de hipocondria:

El Dr. Schreber, que en aquellos momentos contaba cincuenta y un años, acababa de recibir el nombramiento de Senatpräsident. Apenas unos días después, insomne, fue sorprendido por la intrusión de un “fenómeno notable”, el cual contiene y anticipa con claridad el carácter amenazador que habría de adquirir su psicosis. Se trataba de “un crujido que se repetía a intervalos más o menos largos”, un ruido que le despertaba cada vez que estaba a punto de dormirse. Pensó que podía tratarse de un ratoncito que pudiera haberse deslizado hasta la primera planta, aunque –como él observó después– la casa estaba “sólidamente construida”. Años después, en plena locura, cuando redactó las Denkwürdigkeiten, Schreber sabía muy bien que aquello no era obra de un simple ratón: “Pero después de haber oído esos ruidos infinitas veces, y por seguir escuchándolos actualmente noche y día, me di cuenta de manera indiscutible que eran efecto de milagros divinos”.

Aqui se encuentra en síntesis la razón por la que el delirio se mantiene y es tan dificil de liquidar, aun asi casi un tercio de los esquizofrénicos que han pasado por la fase apofánica y han tenido vivencias anastróficas realizan un giro copernicano y vuelven a su estado anterior (con más o menos defecto), lo que significa que algunas personas son capaces de reconfigurar de nuevo su capacidad para la trasposición una vez pasado el episodio esquizofrénico delirante. Pero hay una renuncia que suelen verbalizar los más sagaces de entre nuestros pacientes. “Cuando deliraba era más feliz” o “Doctor cúreme pero no me quite el delirio”.

En síntesis: el delirio cumple tres funciones principales:

  • Realización de deseos y evitación de los temores. Es la misma diferencia que existe entre el sueño y la pesadilla, el sueño trata de estos dos temas y cuando fracasa aparece la pesadilla.
  • El delirio pretende reconstruir el campo de los deseos que se vieron frustrados previamente. El sujeto no encuentra otra forma de suplencia distinta que la construcción de irracionalidades y hallazgos de significados aun sin objeto. El delirio es una tarea de reconstrucción que resulta ineficaz pero que paradójicamente busca creativamente resignificar el mundo.
  • La anástrofe es seguramente la vivencia de anclaje del delirio y es el equivalente de resistencia que conocemos en las neurosis. Por otra parte es seguro que los esquizofrénicos realizan tambien regresiones y fijaciones neuróticas.

Pero sin embargo delirar no es patognomónico de la esquizofrenia, sino tan solo las vivencias apofánico-anastróficas. Existen otras vivencias apofánicas que no son esquizofrénicas y veremos como la máxima de Falret más arriba citada no es cierta del todo pues las creencias aun irracionales que bordean el delirio y que se acatan como certezas absolutas pueden ser no-esquizofrénicas.

Hablaré de ellas en el proximo post.

Bibliografía.-

El caso del Dr Schreber contado por el mismo en su autobiografia, la que le sirvió a Freud para construir su conocida hipotesis sobre la paranoia, aunque en realidad Schreber fue un esquizofrénico procesual tal y como sabemos hoy. Aqui puedes descargarlo en pdf.

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7 pensamientos en “El bello delirio

  1. Algunas reflexiones:

    Ya decían los clásicos como el propio H.W. Gruhle o Walter von Bayer que la “Eigenbeziehung ohne Anlass”, la autorreferencia sin causa o motivo es la puerta de entrada ineludible al mundo del delirio.

    El problema es que esa autorreferencia es fluctuante, va y viene, cuaja o no, durante un tiempo.

    Solo se desata la actividad delirante continua a partir del momento en que se pierde la capacidad de otorgarle a las cosas que pasan el carácter de naturalidad asociada al azar. Es ese sobredeterminismo autorreferencial el que es central. Y ese, en mi experiencia, viene dado por la sensación inminente de amenaza o peligro. Pero, ¿peligro por qué o debido a qué?

    Esta es la cuestión: la emocionada creencia de lo que para cada uno de nosotros, en nuestra infalible subjetividad y en la parte que compartimos de la misma con otros humanos, constituye un peligro, una amenaza un apocalipsis.

  2. A ese Gruhle lo cita mucho Konrad. Lo cierto es que la psiquiatria alemana no tiene nada que ver con esos consensos actuales pensados para tontos, donde todos los sintomas aparecen juntos, uno al lado del otro como si fueran todos iguales. Ahi por lo menos hay una teoria, una sistemática basada en la escucha-observación y una distribución de los sintomas coherente y fundamentada en niveles jerarquicos.

  3. En el artículo : ” La condición digital de la imagen ” de Juan Martín Prada, el autor cita a Baudrillard para hacer referencia a la experiencia que a él le producía la utilización de la pantalla, de la escritura como imagen sobre un soporte inmaterial:

    “Me cuesta mucho ponerme a trabajar en la pantalla porque todo lo que veo allí es un texto en la forma de una imagen en la que me cuesta entrar. Con mi máquina de escribir el texto
    está a cierta distancia; es visible y puedo trabajar con él. Con la pantalla, es diferente;
    uno tiene que estar dentro, es posible jugar con él pero sólo si uno está al otro lado y si
    uno se sumerge en él. Esto me asusta un poco…”

    Las palabras de Baudrillard me han recordado lo que tú, Paco, expones en este post cuando dices:

    ” Y digo cautivo precisamente porque lo que caracteriza la experiencia normal es la capacidad de “salirnos del Yo”, de desplazarle al fondo de la imagen a fin de poder movernos por las coordenadas del otro ”

    Contrasta el hecho de que la experiencia normal sea la capacidad de salirnos de ese Yo y desplazarnos al fondo de la imagen con la percepción temible de Baudrillard de salirse de ese Yo para entrar en una pantalla. Quizá la diferencia es que transitar en el Otro como persona- imagen no sea perverso, mientras que transitar al otro lado de la pantalla como un Otro que es el Yo y la persona- imagen puede ser algo desconcertante. Es una pregunta que me hago porque la experiencia de la pantalla no sólo a través de textos sino dentro de las redes sociales creo que tiene algo de esto, vivir dentro de la imagen, “estar siendo” de la imagen.

  4. Bueno la pantalla del ordenador no es el espejo de Alicia y no se puede traspasar, de modo que sigo pensando que es tan material como un texto escrito a máquina. Lo que creo es que algunas personas tienen una enorme resistencia al cambio (lo mismo sucede con el libro electronico) o las nuevas tecnologias en general. Existe una especie de ciberparanoia.

  5. La pantalla es absolutamente material pero el texto – imagen no.

    Esto es a lo que se refiere Baudrillard. Cuando una persona deja su Yo para transitar por el Otro, ese otro existe, tiene consistencia material y a pesar de producirse un proceso de transición o de tránsito al mismo tiempo existe una distancia marcada por los límites que conforman al sujeto y al objeto. En el caso de la pantalla ese tránsito no se produce hacia la delimitación de la superficie de la pantalla sino hacia el interior de la imagen que se proyecta dentro, por eso Baudrillard percibe, creo que muy acertadamente, que se trata de un proceso de sumersión y los límites de esa transferencia desparecen.

    En el mismo sentido Juan Martín Prada nos dice que la vivencia de la imagen de esta forma tiene unas consecuencias:
    “[…] que nos
    sugiere que la memoria no está ya en nosotros, que somos nosotros quienes nos
    movemos en una memoria-Ser, en una memoria-Mundo. Por supuesto, cualquier
    teorización sobre este hecho traería a colación, inevitablemente, la cuestión ya
    formulada por Jacques Derrida: si ese “seísmo archivador” habría afectado, y de qué
    forma, a las estructuras mismas del aparato psíquico: ”

    Por tanto, lo que habría que estudiar no es el miedo a la ciberparanoia sino si afecta y qué consecuencias tiene tener una existencia híbirida con una conciencia real y otra pixelada. Mucho más si tenemos en cuenta que la imagen pixelada mostrada en la pantalla difiere bastante de una fotografía porque tal y como indica Martín Prada:

    ” Porque la imagen que contemplamos en la
    pantalla de un ordenador se está parcialmente generando en ella a cada momento,
    siendo interpretada por un software concreto y visualizada según el tipo y la
    configuración del monitor en el que se muestra. El momento de presencia ante nuestros
    ojos de esas configuraciones visuales es testimonio de una fase de su producción misma.”

    El mundo no son únicamente imágenes sino datos suministrados por cinco sentidos y, a parte del sentido de la vista, es el olfato el que marca radicalmente una separación abosluta entre la realidad misma y el mundo virtual, sin embargo la vista es fundamental para la reorientación en el espacio y la red es el no-lugar. No espacio.

    Por lo demás, a mí me encanta la red y todas las posibilidades que aporta pero de eso no es de lo que estoy hablando aquí.

  6. Las palabras, maestro, a veces nos dejan bien fríos. Las palabras, las explicaciones, las reflexiones razonadas. Usted ha elegido su camino. Y para mí que es venturoso porque evoluciona, progresa, adelanta. Lo malo de las palabras es que no llevan el alma. No lo considere un reproche, ni nada parecido. Usted sabe más que nadie sabe de lo que le hablo. Cuando uno de sus capítulos se titulaba, por ejemplo, los límites de las ciencias de la mente, pues ya usted lo va diciendo.

    Un día, dialogando, por esta estructura de silicio y teclados, ya le comenté que la comprensión no cura. Ya sé, usted es doctor. Y, yo no. Su afán es indagar. Yo, más o menos, tengo una idea de lo que me ocurre, pero, joder, no puedo dejar que ocurra. Y es, no me voy a cortar: cancelativo, peligroso, humillante. No sé qué adjetivos poner al proceso de desamparo que sufrimos los aislados de la normalidad. Pero, fíjese usted, también le dije, que esta premura o cautela o daño, nos hace, por otra parte, amar por sobre todo lo que vive. Y por sobre todo lo que vive en nosotros. En todos los lados. En todos los lados de nosotros.

    La gente busca principios, o dichas, o creencias. O teatros, o películas. Es normal.

    Cuando la propia vida, la tuya, la de uno, es la película, la religión, o el paseo, o el viento o las nubes; entonces ya hablamos en serio.
    Este proceso de disolución progresa, y gracias a quien me lo haya dado, mi proceso de disolución es parte de mi proceso de evolución.

    Llegados a un punto, nadie busca. Le dicen, le cuentan. Ya digo, se van al Teatro, o al cine.
    ¿Por qué no puedo creer al viejo Borges o al sabio Adriano, y al mismo educar a mis dos maravillosas hijas? Pues se puede. Y es el poder de la imaginación. Para qué vamos a andarnos dando vueltas.

    Sí, maestro, la imaginación es lo que cura. Lo que sana. Podemos ser anfiteatro y circo a la vez. Espectadores y actores a un tiempo. Y no es cuento. Y mi cuento ya no es exactamente de nadie, es de los antiguos de los que nos trajeron, y en los que creo a fe ciega, y es de los que vienen porque yo se lo arreglo.

    En la paz siempre estará la guerra. Y al contrario. Demócrito de Abdera. Ya lo dijeron. No con mis palabras, claro.

    Usted siga con su intrígulis. Es muy necesario. Sobre todo para imaginar.

    Salud.

  7. Siempre. Siempre.

    “Es el principio y el fin,
    así me siento yo, hoy…

    Abre las puertas de la percepción,
    usa el poder de tu imaginación,
    aunque no puedas mirar hacia el sol,
    sabes que sigue brillando.

    Piensa en las cosas que te hacen sentir,
    cada segundo vivir y escapar,
    este momento y la gente pasar,
    sientes por dentro que todos se van.

    Desde el principio, al fin,
    sólo quisimos vivir.

    Por qué es tan difícil, creer?

    Que no habrá un mañana jamás.

    Abre las puertas de la percepción,
    Usa el poder de tu imaginación,
    Aunque no puedas mirar hacia el sol,
    Sabes que sigue brillando.

    Piensa en las cosas que te hacen sentir,
    cada segundo vivir y escapar,
    este momento y la gente pasar,
    sientes por dentro que todos se van.

    Hacia el sol…
    Hacia el sol…

    Abre las puertas de la percepción,
    usa el poder de tu imaginación,
    aunque no puedas mirar hacia el sol,
    sabes que sigue brillando por ti.

    Piensa en las cosas que te hacen sentir,
    cada segundo vivir y escapar,
    este momento y la gente pasar,
    sientes por dentro que todos se van.

    Sientes por dentro que todos se van,
    sientes por dentro que todos se van,
    sientes muy dentro que todos se van.
    sientes por dentro que todos se van.

    Sientes por dentro que todos se van.
    sientes por dentro que todos se van.
    sientes por dentro que todos se van.
    sientes por dentro que todos se van.

    Sientes por dentro que todos se van.
    sientes por dentro que todos se van.
    sientes muy dentro que todos se van.
    sientes tu alma queriendo escapar.

    Amaral- Moby

    Salud.

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