Los limites de las ciencias de la mente


Los que leyeron el post anterior ya conocen el caso de Rainer, paciente de Klaus Konrad sobre el que basó su análisis fenomenológico existencial que llamó análisis gestáltico, en este caso de la esquizofrenia. Mi intención es tomarle como pretexto para aclarar ciertos conceptos y reflexionar (y proponer reflexiones) sobre el campo epistemológico de la psiquiatría y la psicología.

La pregunta que el mismo Konrad se hizo después de interpretar que el delirio de Rainer era- (como sucede en los sueños) una realización de deseos- fue la siguiente: ¿Qué hubiera sucedido si Rainer hubiera terminado su Bachillerato y por tanto hubiera optado al rango de oficial? ¿Hubiera enfermado del mismo modo de una psicosis esquizofrénica?

Se trata de una pregunta contrafactual muy interesante porque en nuestra vida es seguro que nos la hemos hecho muchas veces a nosotros mismos, ¿Qué hubiera sucedido si…?

Naturalmente estas preguntas no tienen contestación puesto que el tiempo no puede andar hacia atrás y no podemos corregir y observar lo que sucedió. De modo que desde el punto de vista empírico no hay respuestas a esta pregunta. Pero al mismo tiempo que sabemos que no podemos obtener una respuesta los terapeutas (sean expertos o simplemente personas ajenas al campo de la psicología) pueden agruparse en dos bandos bien conocidos:

1.- Los que sostienen que Rainer seguiría siendo esquizofrénico de todos modos y que simplemente cambiaría su delirio (la temática) por otro.

2.-Aquellos que como Konrad creen en su propuesta y que de algún modo sostienen que Rainer no seria esquizofrénico de haber podido optar realísticamente a su proyecto en el mundo, el de ser oficial.

¿Quién tiene razón?

Lo que es obvio es que ni un bando ni el otro pueden demostrar que tienen razón (y que el otro se equivoca), puesto que cualquier opinión sobre esta cuestión carecería de refutación. Ni se puede refutar un axioma ni el otro. Los del bando primero serian aquellos psiquiatras que interpretan que el delirio de Rainer procede de alguna avería en su ADN o en sus conexiones cerebrales y que por tanto su destino era ser esquizofrénico de cualquier modo, los del otro bando son los que optarían por una psicogénesis de la esquizofrenia y sostendrán que Rainer enfermó por no encontrar una salida a su conflicto que terminó en una autodesvalorización intensa que se halla en el origen de su delirio, donde la autoimportancia asciende un escalón precisamente a través de la anástrofe tal y como ya comenté en el post anterior.

Es por eso que Konrad propone como metodo alternativo a este galimatias la hermenéutica existencial del paciente, es decir la interpretación de su conducta observable y de su delirio, es por eso que para Konrad como anteriormente sucedió con Karl Jaspers (1913) nuestra disciplina no tiene más remedio que adoptar la comprensibilidad como herramienta de trabajo: lo que interesa en una psicoterapia es comprender.

Comprender significa comprender la tematica del delirio en relación con la existencia del sujeto. La genesis del delirio, sin embargo, sigue siendo incomprensible.

Konrad a diferencia del psicoanálisis propone algo nuevo, no es necesario remontarse a la infancia del paciente para comprender a un esquizofrénico sino atender a las configuraciones gestálticas que se encuentran en el desencadenamiento de su psicosis, y hacerlo además en términos de comprensibilidad sin suponer -como hacen los psicoanalistas- que existe un inconsciente que nos juega malas pasadas, sino atender al nivel de lo observable y sólo a lo observable a fin de comprender y alumbrar los significados o sentidos que para el terapeuta pueda tener una sintomatologia cualquiera sea psicótica o neurótica. Y algo más: hacerlo sin predisponerse a captar de un vistazo todo de una vez, puesto que si hacemos esto conseguiremos que el paciente nos de la razón en la configuración previa que llevamos de su enfermedad. Es por eso que cada terapeuta puede diagnosticar de distinta manera a un mismo paciente: sucede porque el terapeuta a su vez tambien posee configuraciones gestálticas de lo que espera encontrar.

Pongamos un ejemplo relacionado con la comprensión ¿Qué significaria comprender a Bach?

Al menos significarian tres cosas bien distintas, una forma es conocer su biografía con todo lujo de detalles, otra cosa es lo que hace la musicología: desbrozar y analizar su obra, y pongo ahora este ejemplo (La apertura o aria de las variaciones Goldberg).

Lo cierto es que ninguno de los dos acercamientos añadiria nada al conocimiento de Bach. Saber su biografía (su vida publica) no nos diria nada de sus enfermedades, de sus conflictos, de sus preocupaciones, forma de pensar, creencias, ni de su vida privada o secreta. Analizar su obra no añadiría nada a su belleza, al menos para un lego en música y sólo podria ser de interés para un musicólogo profesional que escarbara en la construcción interna de su obra a fin de encontrar los trucos de composición que utilizó y que tampoco nos ayudaría en la comprensión de su genio.

En realidad acabo de poner el dedo en la llaga de nuestro sistema educativo: comprender a Bach no consiste en conocer su biografia ni tampoco en analizar su música. ¿Entonces en qué consiste entender a Bach?

Bach es imposible de comprender sin hablar de la contemplación de su música, sin hablar de ese rapto de belleza que casi todos podemos experimentar oyendo esta aria tocada por Glenn Gould (uno de los interpretes-hermeneutas del genio). De manera que para comprender a Bach es necesaria cierta sensibilidad musical (que se adquiere oyendo música) y conocer las claves y las relaciones que existen entre esta obra, su autor, su tiempo y el oyente y su tiempo.

Dicho de otro modo: la belleza del aria de Bach no está en ella misma sino en sus enlaces, puesto que precisa de un oyente que haya atendido extático a su argumento y que además pueda situarla de algun modo en relación con algo que le sea de referencia. En este caso, algo que es de referencia para mí es el Barroco (y para cada cual algo distinto) y una idea fundamental: Bach es el biógrafo del Barroco, una especie de recopilador, en absoluto un innovador como Monteverdi (que inicia el Barroco con él) sino un trabajador, una especie de funcionario de la música que logró llevar su época a la excelencia musical, a su perfección.

Supongamos que pudieramos entrevistar a Bach y preguntarle:

Periodista.- ¿Que fue lo que le inspiró a usted esa aria tan bella, Sr Bach, qué estaba viviendo usted en aquel momento, qué sucedia en su vida?

Bach.- No lo recuerdo bien pero creo que tenia un encargo del Sr Goldberg y pretendia explorar todas las posibles variaciones sobre un mismo tema según las formas musicales de la época. Lo importante era encontrar un tema y ese tema es el aria. Creo que mi mujer acababa de dar a luz, a mi hija Magdalena creo recordar. No se encontraba bien debido a unas fiebres y yo estaba muy agobiado por la proximidad de la entrega de la obra. Estaba triste y algo excitado por dentro como siempre que debo terminar algo. Trabajaba de noche con sordina para no interrumpir el sueño de mi esposa, el aria fue lo que me salió, asi de golpe, las notas parecian sucederse unas a otras, dictadas en mi cabeza por algun extraño duende. No necesité pensar demasiado en ello, después de los 4 primeros compases, todo fluyó en un orden como predeterminado.

Naturalmente la declaración de Bach no explica nada del proceso mental de la creatividad salvo que todo ocurre por afuera del pensamiento, de la voluntad, hay algo que fluye. Podemos constatar que Bach estaba preocupado, y algo apenado por la enfermedad de su esposa, lo que le da a la cadencia un aire melancólico y al mismo tiempo elegante, sobrio, casi sublime, una melodia no exenta de cierta espiritualidad, contenida e hierática.

Es todo lo que tenemos y además no tenemos razón alguna para dudar de la declaración de Bach. Asi debió ser si él lo dice. Ahora bien lo que él dice no tiene porque ser la verdad (de la que se ocupan las ciencias naturales) sino solo una aproximación fenomenológica e histórica a la misma. Lo cierto es que no tenemos más remedio que apoyarnos en su descripción. Y que la verdad no importa demasiado después de experimentar el estremecimiento estético.

Hemos comprendido a Bach pero seguimos ignorando las raices de su genio.

El arte y la enfermedad mental son en cierta forma muy parecidas: se trata de producciones de una mente, de creaciones que se realizan con los mimbres de lo vivído, en este caso de lo escuchado y de la pericia del compositor a la hora de encontrar nuevas combinaciones de notas que den lugar a melodias nuevas.

Dicho de otra manera la versión emocional que nos proporciona Bach sobre su experiencia es irrefutable. Igual que la experiencia vital de Rainer, no puede demostrarse ni su falsedad ni su veracidad, sólo podemos decir que es verosimil y que podemos comprenderle en sus sentimientos y construir una nueva relación de sentido en su desvarío.

Se trata de una limitación que no es baladí. La psicología, la psicopatología y la psiquiatría se basan precisamente en este precepto: podemos observar, y necesariamente debemos interpretar para conseguir comprender por qué Rainer enfermó de una psicosis a partir de la ruptura de su campo de intereses (el de ser oficial). Pero sólo podemos hablar del caso de Rainer de su esquizofrenia personal si bien podemos hablar del curso o los cursos de la esquizofrenia como forma de enfermar comun en los humanos, si bien se trata de dos campos de actividad bien distintos, como el de biógrafo o musicólogo de Bach.

Y ese es precisamente el limite de las ciencias de la mente que se ocupan de la subjetividad humana: si operamos como musicólogos podemos comprender el comportamiento de la dopamina y sus receptores, pero seguiremos ignorando por qué Rainer enfermó, seguiremos sin comprender su caso concreto.

Ser oficial representaba para Rainer lo inalcanzable, pero aqui no termina la cuestión puesto que todos nosotros estamos de alguna forma relacionados con algo que no podemos alcanzar u obtener y no por ello enfermamos de una psicosis esquizofrénica. Hacen falta otras cosas.

Pero será en el proximo post.

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7 pensamientos en “Los limites de las ciencias de la mente

  1. Estremecimiento estético… Sí, es exactamente eso. Qué bien definido lo inefable de esos “raptos”… Me parece muy acertada la elección de esa pieza 🙂
    Se le felicita en fin por este post que emborrona, una vez más, las fronteras entre lo humano y lo divino, entre la ciencia y las humanidades.

  2. Si, es cierto fijate que el metodo de trabajo de la fenomenologia es muy parecido al histórico, solo que mientras la historia trabaja con documentos y testimonios la psicologia lo tiene que hacer tambien con “interpretaciones” puesto que el delirio no habla en realidad directamente sobre la desvalorización del sujeto. Sucede como en los sueños, requieren una interpretación de sentido.

  3. bueno, ya voy comprendiendo la vocación de neuropoeta: el ámbito psi es incompleto y necesita del arte para vérselas con manifestaciones artísticas, aunque sean ‘fuera de surco’.
    gracias por acercarme a la comprensión de lo humano.

  4. El título del post ya es en sí una lección que a veces olvidamos. Nos recuerdas Paco que lo esencial es comprender al paciente cuando las otras opciones no son accesibles, lo cuál es ya mucho pues da paso a la compañía y al afecto del otro.

    Decía Freud que “en caso de duda, hay que consultar a los poetas”. Donde quiere que el Maestro se encuentre, se sentirá muy halago al saber que hemos hallado al neuropoeta y se encuentra entre nosotros.

    Gracias Paco

  5. La medicina en general se ha dejado llevar por el “furor curandi” y ha abandonado la parte de comprensión, acompañamiento y cuidado de las enfermedades incurables. Escuchar sin tiempo y sin deseo (Bion) es la receta para nuestra profesión pues en cuanto metes el deseo de curar corres el riesgo de no curar ni un resfriado.

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