El ruido del Yo


No cabe ninguna duda de que lo que caracteriza nuestras sociedades avanzadas y opulentas desde el punto de vista psicológico es que los individuos que compartimos esa sociedad hemos sufrido una hipertrofia de ciertas variables de nuestra mente.

Una hipertrofia que algunos han llamado “autoreconocimiento hiperreflexivo (Stanguellini, 2009) o simplemente hiperreflexividad (Marino Perez Alvarez, 2003, Saas 1992). Se trata en cualquier caso de una hipertrofia de la subjetividad, algo que ya señaló Foucault en 1966 cuando escribió que “la modernidad supone la diseminación y legitimación de todos los goces” y yo añadiria ahora de todas las posibilidades de ser o estar en el mundo y que nos imaginamos como una especie de menú desplegable donde todos nosotros no sólo nos creemos con derecho  a poder elegir cualquier cosa sino que cualquier cosa es elegible.

Tampoco cabe ninguna duda de que a partir de 1900 -de un modo más claro y documentado- viene observándose este fenómeno que algunos han llamado “la construcción social de la enfermedad” en lo que se refiere a los trastornos psicológicos (o mentales o psiquiátricos). Es más que obvio tal y como han señalado multitud de autores que los sintomas psicológicos siguen patrones culturales no solamente en sus contenidos sino tambien en su forma.

Pero hay algo más: los trastornos psicológicos tienen que ver con el modelo social impuesto por la modernidad y la más radical postmodernidad, no solamente porque los configuran y contextualizan sino porque esta sociedad en la que vivimos los genera , tiene un efecto causal en su interacción con el individuo.

Las sociedades determinan las cualidades de los trastornos psicológicos y además causan trastornos psicológicos aunque sólo sea porque la etiqueta “trastorno psicológico” pertenece a la modernidad.

De hecho los trastornos psicológicos existen como tales desde hace muy poco tiempo, es por eso que algunos autores hablan de la sociedad clínica (Marino Perez Alvarez, 2003) y otros de la sociedad expresiva (Giddens, 1991) o asistencial, no porque antes no existieran ciertos dilemas de la vida de dificil solución sino porque de existir no estaban conceptualizados como psicológicos, véase a este respecto este post donde hablé de la diferencia que existe entre pensar la bulimia como una enfermedad o como un pecado (gula).

Y no sólo se trata de una reflexividad individual sino institucional, asi en palabras del propio Giddens:

La reflexividad institucional es una caracteristica de la sociedad moderna y consiste en la incorporación de los conocimientos e información nueva a los contextos prácticos de la vida de modo que los modelan y reorganizan. Los ambientes asi constituidos transforman a su vez el conocimiento experto y se convierten en nueva fuente de información.

¿Cómo lo hacen?

Antes de contestar esta pregunta me gustaria hacer un par de sugerencias: la primera es que los trastornos psicológicos comparten con la psicologia normal sus materiales (contenidos), y todos ellos pueden explicarse desde las vicisitudes que acaecen en la memoria, la atención, las emociones o los pensamientos. Por ejemplo la tristeza de una persona que ha sufrido una perdida es normal, y seguramente lo más conveniente debido a las circunstancias pero la tristeza del depresivo -siendo como es una tristeza similar- (una emoción seleccionada positivamente por la evolución) ha sufrido una descontextualización, un cambio o una permuta en su forma o intensidad, averiguaremos mas tarde qué ha sucedido.

Dicho de otro modo el trastorno psicológico comparte con la psicologia normal ciertos elementos según qué sistema sea el afectado siempre en este contexto extenso de conducta. Pero para entender qué diferencias existen entre un hecho psicológico y un hecho psicopatológico tendremos que hablar de la forma de los síntomas, se hace necesario hablar de los conflictos figura-fondo.

Si usted observa la figura de arriba verá cosas bien distintas segun su atención se fije en la linea curva roja que carece de sentido y se encuentra en primer plano o bien si atiende al fondo de la fotografia en cuyo caso es posible que encuentre a dos personas besándose apasionadamente. En la mente humana surgen problemas de este tipo: problemas de conflicto figura-fondo y surgen precisamente por la focalización de la atención.

El cerebro es un órgano especializado en elaborar procesos dolorosos pero él mismo no duele si le metemos el dedo, el nervio óptico supone un punto ciego en nuestro campo visual a pesar de ser el responsable de la visión. El Yo se comporta en este sentido como una estructura ciega, es ciego para sí mismo y solo puede autocontemplarse desplazando al mundo (la realidad externa) al fondo de la imagen. Este es el fenómeno que subyace en todos y cada uno de los trastornos psicológicos: la conciencia del Yo (o de sí) está relacionada con otro tipo de dialéctica que está más allá del conflicto figura-fondo y que bordea la dicotomia sujeto-objeto. El Yo debe estar situado en la periferia de este campo de visión donde el mundo ocupa la parte central. No hay Yo sin relación con el otro. Es el-otro-en-el-mundo el que nos informa puntualmente del Yo-en-el-mundo.

Cuando el Yo ocupa la parte central de esta imagen suceden cosas realmente curiosas e interesantes, de repente lo que deberia estar en la periferia (el Yo) se encuentra en el centro y en primer plano y el Mundo que deberia estar en el centro de nuestra atención se desplaza al fondo perdiendo nitidez; entonces paradójicamente el sujeto adquiere conciencia de su ceguera para sí mismo. Se trata de una experiencia enloquecedora y que usualmente el individuo relata en términos de ruido.

Clérambault fue el psiquiatra que describió estos fenómenos insidiosos y casi inapreciables que denominó “fenómenos elementales” cuya versión más radical es la experiencia esquizofrénica que entraña alusión, perplejidad e inefabilidad. El sujeto no sabe poner en palabras su experiencia, más tarde elaborará seguramente algun tipo de delirio para auto-explicarse esa experiencia que también puede darse en la experimentación con drogas o espontáneamente a través de experiencias intensificadoras de la emoción como las de tipo místico.

Dicho de otro modo: el sujeto tiene de repente una experiencia de vacío (si es emocional) o por decirlo en términos cibernéticos de ruido (si es el pensamiento) o de estereotipia si se trata del movimiento. Naturalmente ese ruido no implica audición puesto que no es una señal acústica que pueda llegar a ser audible por nuestros oídos, ni siquiera es una señal que podamos percibir puesto que no alcanza la suficiente intensidad como para traspasar el umbral de nuestra percepción a no ser que el Yo se encuentre en el centro de la atención y ocupe demasiado espacio: esta conciencia intensificada del Yo es precisamente el amplificador que hace que el ruido se oiga como algo real. Es a su propio Yo el que oye el esquizofrénico en sus alucinaciones, una vez que ya les ha puesto palabras y mucho antes en sus fenómenos elementales que experimentó como ruido.

Pues eso es precisamente el Yo, un nervio óptico que no puede ver la luz, un cerebro que no puede doler, a pesar de que la luz y el dolor son sus especialidades, una espada que no puede cortarse a sí misma como dice el Tao. La especialidad funcional del Yo es el Tu, el nosotros y la relación con el mundo, para eso evolucionó la conciencia humana, para adquirir fitness en su relación con el mundo y asi sucede cuando el Yo, o la experiencia personal es en sí misma objeto de preocupación constante.

Lo que sucede con la tristeza patológica en comparación con la tristeza normal es una diferencia sutil. Ambas son adaptativas pero sólo la primera es funcional siendo la tristeza patológica disfuncional, ambas surgen para resolver problemas de fitness y para conseguir adaptaciones en momentos de adversidad y derrumbe de ese mundo afectivo o personal. Pero con la tristeza patológica sucede un fenómeno paradójico y en cierta forma irónico: pasa a ser el objeto de la atención focalizada del paciente, lo que es lo mismo que decir que el sujeto pasa a ser sujeto de la observación de sí mismo.

Cuando esto sucede y no es una experiencia aislada, se forma un bucle mediante el cual el sujeto trata de quitarse de encima semejante representación cargada de emociones displacenteras pues el ruido se ha vuelto audible y el vacio se ha convertido en una experiencia corpórea, en cierta manera robotizada y supuestamente dirigida por algun artefacto externo. Y lo hace tratando de comprender, es decir realizando un esfuerzo de focalización que vuelve a poner a la propia experiencia en el centro de la preocupación del sujeto.

Todo el mundo sabe qué es lo que sucede cuando intentamos quitarnos de la cabeza un pensamiento intrusivo, una cancioncilla, una preocupación, una imagen parásita o un recuerdo traumático: todo pareciera indicar que los esfuerzos por disolverlos redundan en una intensificación de sus bordes. El Yo llega en un momento determinado a ocupar todo el espacio del cuadro y entonces el sujeto buscará y encontrará explicaciones aun irracionales para explicarse el fenómeno. El bucle de la enfermedad ha concluido en el nivel individual, pero aun queda cierto camino por recorrer: el papel de los expertos por una parte y el papel del entorno (de la sociedad) en la evolución y en la génesis de estos fenómenos.

Será en el proximo post.

Bibliografía.-

Marino Perez Alvarez: “Las cuatro causas de los trastornos psicológicos”. Universitas. Madrid 2003.

Giddens, Anthony: “Modernidad e Identidad del yo. El yo y la sociedad en la época contemporánea“. Ediciones Península, Barcelona 1995.

30 pensamientos en “El ruido del Yo

  1. Brillantes ideas, maestro Carmesí… El tema del Centro me parece crucial y poco pensado. Personalmente me hace pensar en los giros derviches y en todo aquello que gira y gira… siendo que el punto central (que, por punto, acaso sea más virtual que otra cosa) es el único punto donde no existe movimiento. Ni, por tanto, tiempo. Ni parloteo mental. Es decir, la nada absoluta. Lo que me hace pensar que las antiguas sabidurías ya conocían eso. Acaso ahí está la clave? en el centro de los centros?

  2. Los budistas siempre repiten que el Yo carece de Fundamento, es decir que es algo irreal, virtual, que no existe nada que pueda llevar ese nombre, hablan incluso de que el Yo es algo en lo que creemos, un espejismo. Yo creo que es cierto, el Yo no es una estructura cerebral ni un modulo, ni un grupo de neuronas sino un constructo psicológico (una metáfora) para referirnos a nosotros mismos en clave unitaria y autobiográfica,es por eso que el Yo se enrosca sobre todo en la experiencia vivida (memoria) y en la experiencia evitada, tambien en ciertas señas de identidad que tomamos como hechos fácticos siendo como son arbitrarias convenciones (nombre, edad, DNI, sexo, campanario, familia, etnia, etc). Lo que sucede creo yo es que el YO con todas estos atributos que cuelgan de él forman parte de ese ruido de fondo del que hablaba Miguel Rios. El Yo en todo caso ha de ser como el backstage del escenario de nuestra mente, está ahi durmiendo entre bamabalinas, pero no está presente, entrometiéndose en la experiencia vital del cada dia. Yo en este momento estoy tecleando este comentaio y mi Yo dueme la siesta en algun cercano lugar de los bordes de la Forma. No se manifiesta.
    Cuando el Yo se manifiesta y si lo hace demasiado tiempo oscurece el escenario y las candilejas pierden nitidez, a eso me refiero en el post. Cuando hablo de centro debes entender que estoy hablando de primer plano de definición. 🙂

  3. Es un tema que me interesa mucho, el mundo delm parloteo interno y sus consecuencias en la existencia diarias, uno debe buscar su comprension del asunto puesto que se trata de vivir su vida de una forma saludable. A veces leyendo a un médico como usted, puede uno asustarse, al verse reconocido en enfermedades que tienen nombre y apellidos, que estan bien localizadas, pero es justo recordar que las enfermedades mentales será una prolongacion viciosa de unos comportamientos que las personas saludables tambien experimentan, solo que no se obsecionan y continuan en su búsqueda de comprender su vida aqui y ahora. El budismo (particularmente el zen) enfoca éstos temas, como lo haran otras actividades de la observacion de la mente. Desde esa perspectiva se aplican soluciones bastante sencillas como la concentracion en lo que se hace, estar aqui y ahora, concentarse en estar simplemente sentado, pero luego hace falta quizás como ayuda las direcciones, consejos, conocimientos que tenga el maestro, como en este caso, la comprension que va fluyendo de usted debido a la practica de su trabajo y las lecturas que usted devora de una forma para mi asombrosa ya que las digiere usted como agua y su propia observación. Me gusta lo de existir con respecto al otro y lo del afanamiento del yo, en el budismo se dice que estudiarlo es estudiarse a si mismo y que estudiarse a si mismo es olvidarse de si mismo. ¿Quien se acuerda de si mismo, cuando esta ensimismado, completamente presente en la accion?. La fé de que hay mente libre más allá de la mente enredada es la base de la practica.

  4. Creo que en este tema de los parloteos mentales existe cierta confusión: el pensamiento inevitablmente tiende al parloteo, lo curioso de esos dialogos internos que mantenemos con nosotros mismos casi a diario es que son ocurrencias, recuerdos, escenas vividas, dialogos ya tenidos, canciones, imagenes, etc. Dicho de otro modo: todo ese parloteo es el Yo en perfomance. La meditación consiste en mandar al Yo al backstage que es donde debe estar para dejar al individuo en paz. E problema es que hay que andarse con cuidado co nesas tenicas no sea que lo que estemos haciendo es entrenar de nuevo al Yo cada vez que hacemos meditación. De lo que se trata es -repito- de oscurecer el Yo y mandarlo al fondo del escenario, lo que ocurre es que intentando estar aqui y ahora (como suele decirse) muchas veces hacemos intervenir de estranguis al Yo y otro problema: la clave de todo este enredo está en la evitación experiencial, lo que significa es que si el Yo se mete en primera fila lo hace para obtener control sobre aquello que previamente hemos rechazado (repudiado), de modo que la clave está en aceptarse tal y como somos y sobre todo evitar el autoengaño que por cierto tambien es Yo.
    Esa es la dificultad.

  5. La cuestión -creo yo- es si por Yo entendemos la mente, o bien entendemos la esencia. Si entendemos la mente, entonces sí que el parloteo se da en ella, mientras que si por el Yo entendemos la esencia-del-Yo, entonces ahí es donde está el vacío y a donde el meditador tiende a replegarse. Creo que esta es una confusión vital.

  6. Si, aceptarse y aceptar la vida, la realidad que vivimos como és, es bastante descansado. No tener cargas en la mente te deja espacio para ver las cosas mas claras, por eso desde que lo aprendí prefiero la practica de algo claro y sencillo. Las teorias me enervan porque no puedes vivir concentrado en lo que estás, sino que debes estar cargando con informacion en la cabeza todo el tiempo. El asunto es siempre clarificar la mente, partiendo desde ahí las cosas son más sencillas. Un método práctico para ello es el zazen con la practica uno está más claro. En vez de fármacos ¿No se podrian crear ejerccios para que las persomnas por medio de alguna práctica corrigieran sus problemas?.

  7. muy bien neuropoeta / neurofilósofo, sigues trayendo temas profundos y planteados de forma sugerente.
    ‘yo’, es una palabra que usamos a menudo y de la que raramente estudiamos el significado.
    La imagen de fondo / forma es realmente ilustrativa, fijémonos que solo podemos definir lo que sea el ‘yo’ en términos negativos (lo que no es). En palabras de Sri Nisargadatta, “…el único hecho del que usted está seguro es que usted es. El «yo soy» es cierto. El «yo soy esto» no…. El acto mismo de percibir muestra que usted no es lo que usted percibe …”

    Sospecho, más bien creo, que en esa cultura hiperreflexiva tenemos muy arraigado el hábito de controlar. Pretendemos hacer callar gritando ¡silencio! “.. mandar al Yo al backstage..” es una visión muy occidental del silencio mental; donde se observan los fenómenos psíquicos (parloteo etc.) dejándolos pasar sin hacerles caso, sin aferrarse a ellos.

    Por otra parte, si el ‘yo’ es solo una ficción, puede muy bien ser una ficción útil. Un constructo necesario en una etapa pero que deviene un estorbo en otras, como los andamiajes en la construcción de edificios.

    saludos a tod@s,

  8. Usted es un verdadero problema: nos hace pensar. Se quejaba de que algunos comentarios fueran derivativos del discurso central. Pero es que usted redacta, casi en cada párrafo, un viaducto hacia otros márgenes o territorios. Le admiro porque no se pierde y endereza el rumbo. Ese es el ritmo del ensayo. Lo borda.

    Bueno, muchas cosas. Vayamos por partes que diría un carnicero. Y perdone si soy simple en mi enjundia. Voy a redactar con el estómago y no con la mente propiamente dicha.

    Le diría que las enfermedades mentales no son un invento, ni social, ni psíquico. De verdad, le digo, que a la luz sincera de mi experiencia, existen. Puede que muchas, las habituales, no. Pero otras, sí. Cuando usted habla de una sociedad enferma de nadas, de enfermedades imitadas, es bien cierto. Cada día lo veo. Pero, yo tengo una y no respondo a ningún patrón pronosticado. Fui feliz en mi infancia y juventud, me quisieron, no tuve complejos, etc… Me surgió. Con 28 años. No de la nada, claro.

    De su origen del que apenas si me acuerdo, ni creo, ya le comenté un día, no tiene más valor que el dato de la fecha. Porque el origen no es el problema, sino su desarrollo. Ahí es donde ustedes que nos analizan deben volver a releer los papeles, o tirarlos, si me permite la expresión. Es materialmente imposible hacer un seguimiento a una enfermedad porque el seguimiento que se busca, el que fuera eficaz, el que realmente tendría un sentido, es el de la evolución de una persona tomada enteramente.

    Ni Dios pudiera, ya lo sabrá usted.
    Ni puede, ya lo sabe usted.

    Y, fíjese por donde, tengo a bien releer, en estas últimas fechas, a “Siddharta” de H. Hesse y “Buda” de M. Percheron. ¿Coincidencia que usted trabaje en su post del “Yo” y yo esté en harina con ello? Yo no creo en las coincidencias.

    Me interesa el sentido de disolución del “Yo” que Buda plantea. Y el sentido que a esa disolución le da, que no es otro que el llegar a nosotros. Sin tiempo. Solo el presente. Lo que fuimos y lo que seremos son circunstancias. Como diría cualquier abuelo: “somos lo que somos,”. Aquí y ahora. Factual.

    Me he preguntado qué es ese “Yo”. Pues bien sencillo, es el sujeto que realiza las acciones y donde comienzan nuestros intercambios: “Yo amo a…, Yo trabajo en…, Yo me junto con…”

    Al releer su trabajo me parece que no añado nada nuevo. Regreso a los libros.

    Y, regresando, no creo que los mencionados, sean los mejores libros que se hayan escrito. Siempre pienso que son malas traducciones. Siddharta es “el Bendecido”, es “ el Venerable”. Antes de hablarlos de un hombre nos hablan de una metáfora. Lenguaje estático, impersonal, apático, académico. De horas sin hogar. De horas perdidas. Cuando la narración se vuelve una encíclica de S. Pedro a los Corintios. NI expresividad ni subjetividad. Nada.

    Joder, qué pronto se acercan y se parecen las doctrinas. Por qué no se han comunicado las cosas más cotidianamente. Sin tener que ir al Gólgota o bajar al Infierno de Dante. Simplemente lo que me pasa. Ya, necesitamos a los Mitos.

    El lenguaje que perdurará será el poderoso. Y será el de Gabriel García Márquez, el de Vargas Llosa, el de Eduardo Mendoza. O el de Delibes. Cosas así. Sin doctrinas. Género humano de un confín al otro confín.

    Comenzamos hablando del “Yo” y terminamos hablando del lenguaje. En eso Gautama llevaba alguna parte de razón: lo que somos no es comunicable. Siempre dije que el infierno estaba en nosotros y el cielo, afuera.

    “la tristeza patológica”, que usted menciona, realmente duele, maestro. No es un ente abstracto. Los locos de buena gana seríamos budistas, o maoístas, ya que disgregar el “yo” es lo que abre la puerta a la subjetividad no afectada, sino integradora. Pero me temo que esa senda está perdida porque la mayoría de los locos, y de los cuerdos, han dejado, o no fueron nunca, valientes.

    Un saludo afectuoso.

  9. Como de costumbre, un excelente post. Su lectura me hace pensar en Carlos Castaneda y su legado, a través de los cuáles este antropólogo se dio a la tarea de transmitir las enseñanzas de su maestro el brujo Don Juan. Como constante en toda la obra aparece la idea de que el hombre, para llegar a ser un “guerrero”, debo despojarse de la importancia personal que lo circunda. ¿Es posible hacer una analogía con la propuesta de callar al yo para funcionar de manera menos enferma en este mundo?

  10. Soy de la misma opinión que Josemari2, es un verdadero problema que nos hagas pensar, pero pensar no de forma asilvestrada sino dirigiendo el pensamiento focalizándolo hacia un hecho concreto, porque eso es contranatural, lo que pide el cuerpo precisamente es beber cuando se quiera, comer cuando le de a uno la gana, dormir cuando apetezca y claro¡ por supuesto, pensar como al YO le dé la gana pensar, es decir, realizas un ejercicio de adiestramiento y educación de la mente, un entrenador personal del gimnasio mental absolutamente imprescindinble para conseguir un pensamiento organizado y por tanto productivo.

  11. Prensentas en tu escrito un hecho de suma importancia que es cómo la focalización de un hecho puede presentar realidades muy diferentes, dos personas podían hablar de la misma imagen que está a la cabecera del post y parecer que hablan de cosas totalmente distintas.
    Este punto de focalización lleva por ejemplo a que autores como Faulkner puedan escribir Absalón, Absalón o El ruido y la furia donde las historias son contadas por varias voces cambiando en cada una de ella el punto de vista o focalización. Pero lo que planteas es una vuelta de tuerca más, creo que lo que planteas es que esa focalización no sólo de da en la narración de los hechos exteriores sino que interiormente también tenemos un foco y que es lel funcionamiento de este foco lo que nos mantiene cuerdos en un equilbrio entre el YO y el TÚ, entre el YO y el nosostros.

    El YO no debe desaparecer porque este YO surge gracias a la elevación de conciencia, no se puede hacer desaparecer el YO y que la realidad sea vista como un magma unitario sin solución de continuidad con el exterior, no podemos volver a ver el mundo como en los orígenes, no podemos volver al mito, sino que hay que conocerlo para poder trascenderlo. No se puede volver a una representación teatral donde sea el coro el que domine la escena, por algo se dió el paso del preteatro al teatro, por algo surgió el héroe separado de los dioses y del coro que lo rodea y le ayuda en la acción.

    Pero si se produce una disfunción cuando el YO desaparece focalizarlo todo en ese YO sin dejar actuar al nosotros también es disfuncional, que es justamente lo que caracteriza las sociedad en la modernidad, creer que el YO podía dominar todas las esferas y tiene prioridad absoluta siempre sobre el nosotros, se produce entonces el consumismo sin control y la creencia de que todos los Yoes son iguales tienen los mismos derechos por el simple hecho de tener conciencia de sí mismo y es cuando puede sueder lo que tú indicas : “Cuando el Yo ocupa la parte central de esta imagen suceden cosas realmente curiosas e interesantes, de repente lo que deberia estar en la periferia (el Yo) se encuentra en el centro y en primer plano y el Mundo que deberia estar en el centro de nuestra atención se desplaza al fondo perdiendo nitidez” que da como consecuencia sociedades enfermas.

    La posmodernidad creo que se caracteriza por un intento de volver a ese nosotros pero pegando saltos, se pasa del YO más absoluto al nosotros total intentando borrar la conciencia individual. Un nuevo desajuste muy peligroso porque el individuo no puede desaparecer sin enloquecer, a no ser que el nuevo esquema que se presente sea un esquema tribal y esto es regresar al pasado, poner el principio de la Relatividad de Einstein en marcha negando que las leyes de Newton fueron las que llevaron al hombre a la luna. Y esto la física lo tiene muy claro, cuerpos teóricos distintos para distintos espacios de la realidad. Es el espacio el que debe marcar el tránsito de YO al NOSOTROS, cada uno en su sitio y en su lugar según el contexto que es el que da sentido a la existencia.

    • Creo que en la disolución del yo debemos tener en cuenta no el acto en sí, como realidad palpable, sino las posibilidades que se le abren a nuestra mente cuando imagina e indaga. Cada cual valorará que peso tienen para él su imaginación o su subjetividad, esos mundos inmateriales. Porque la mente es un ser vivo que apenas necesita alimento, materia, pero si que necesita la fantasía como el pan de cada día que nos reclama el estómago.

      Salud.

  12. Eso que describes Maria Jose es el cuello de botella del meme verde segun Ken Wilber. El resultado ha sido el nihilismo.
    En la falacia pre-trans, se toma como “progreso” lo que en realidad es una disociación que deja sin integrar las anteriores fases evolutivas de la conciencia.
    Pondré un ejemplo que viene al hilo porque precisamente lo hablábamos ayer en un seminario: se trata de las corridas de toros. Para algunos se trata de algo salvaje, “tortura” le llaman ellos, para otros una seña cultural de nuestro pais irrenunciable (los taurinos). Lo que se deja a un lado precintado y repudiado, es el caracter mitologico ancestral de las corridas de toros. Un ritual de comunión, que se celebra en un ruedo, un mandala universal con una fiera que representa a la bestia y que simboliza los instintos (sexo y agresión) y un personaje que simboliza la inteligencia de la Bella que domestica a la fiera y al final la lleva hasta la rendición. Nos olvidamos de la carga arquetipica de ese mito que en unos se constela más y en otros menos y de su función colectiva: la cohesión social y el sentimiento de particpar en algo sagrado.
    Naturalmente los que hablan de “tortura” son personas que no han sido constelados por ese mito del Minotauro y quieren imponer su sentido de la Compasión a aquellos que si se sienten perforados por ese mito y que extraen de él algun beneficio. Lo curioso es que los compasivos no dudarian en “prohibirles” a los otros ese ritual demostrando que sus ideales estan disociados, es decir no han integrado su conciencia animista.

  13. El día de la famosa última corrida en la Monumental salió en las noticias una aficionada entrevistada, que declaraba que Dios había creado al toro para esa misión. Es probable que esa señora participara de ese elevado sentimiento de “comunión con lo sagrado” que usted menciona 🙂

    • Quizás porque exisen los toros no hemos quemado a 6.000.000 judios. Ni lo que han hecho los anglosajones con “sus colonias” que está por datar. Ahora, ya casi no importamos mucho en el panorama internacional . Al ritmo de los mercados. Pero España y su tremenda salud histórica permanece.
      Más allá de los arrebatos y las alternacias políticas.
      Mucho más allá.

      Salud

  14. He sido un poco duro con mi comentario anterior. Porque, pasados unos días Siddartha, permanece, aun al pesar de los traductores. Veamos. Copio un par de párrafos tremendos y maravillosos.

    “Una garza voló sobre el bosque de bambú y Siddartha absorbió a la garza en su corazón. Voló con ella sobre el bosque y las montañas. Era garza, comía peces, sufría el hambre de la garza, hablaba el idioma d la garza…” “Un chacal muerto se hallaba en una orilla y Siddartha entraba en el cadáver, era chacal muerto, yacía en la orilla, se hinchaba, se descomponía.”

    “Mataba sus sentidos, destrozaba su memoria, salía de su yo y entraba en todas las configuraciones. Era animal, carroña, piedra, madera, agua. Y cada vez se encontraba a sí mismo al despertar.”

    Y cada vez se encontraba a sí mismo al despertar.

    Nada más que añadir.

    Salud a todos.

  15. Me temo don Josemari -lo digo entristecida- que estamos aún a años luz de ponernos dentro del toro. Para el humano se trata de un ritual simbólico catártico y arquetípico (deshacerse de su bestia parda interna), pero habría que contárselo a él, a ver qué opinaba. Si me preguntan a mí, me remito a las enseñanzas (antiguas y actuales) que apuntan en la dirección de que, mejor que matar o reprimir de un plumazo (a la bestia), es mejor integrarla armoniosamente dentro de ese Yo ruidoso.

  16. De hecho algo asi viene sucediendo en la evolucion de la conciencia humana Ana. Fijate que ya no hay sacrificios humanos y el canibalismo ha desaparecido de la faz de la tierra. Fueron sustitutidos por los sacrificios de animales y más tarde por algo simbólico: la hostia no es una persona, ni un animal, sino Dios en un trozo de pan. Los rituales cumplen la misma función tanto si se mata al toro como si no. Es verdad. Y probablemente el rito cambiará con el tiempo pero de ahi a prohibirlo hay una distancia tan grande como la que media entre Edipo y el asesinato del padre.

  17. Estoy enteramente de acuerdo con el Sr Traver. Yo dejé hace mucho de ir a los toros, pero el nacimineto de “Los Antitaurinos” me ha hecho regresar. Pueden conmigo. Sus ocurrencias son demasiado estrambóticas como para no mosquearme. Y por si no estuviera suficientemente claro: los animales no son personas, ni lo serán nunca. Lo contrario si es posible, porque dentro de nuestro organismo conservamos el cerebro antiguo, o al decir de estos lugares, rectiliano.
    Este tema llevaría una eternidad analizarlo, pero si no distinguinos o no apreciamos el valor del “Ritual”, nunca podremos ponernos de acuerdo.

    PD: Con los toros no han terminado los Antitaurinos, sino los propios taurinos que olvidaron la misión del Rito y se quedaron con el valor económico. Toreros, representantes, y demás estes asociados. Todos ellos han terminado con esta Liturgia Sagrada. Francia ha declarado la Fiesta como patrimonio cultural inmaterial y ahora mismo representa la esperanza para toda la gente de buena fe que aman o amaron ese noble ejercicio. Que los franceses nos tengan que sacar las castañas en este lío tiene tela. Pero así es.

    La plaza de toros de Nimes es un anfiteatro romano del año 27 antes de nuestra era.

    Salud

  18. Claro, lo que sucede es si quitas un ritual con sentido colectivo, inmediatamente aparecerá otro que no necesariamente será mejor que el anterior. Si en un pueblo quitas un cura aparecerán tres brujas, si quitas una tradición aparecerá un nuevo mito que ocupará el lugar que quedó vacante porque como dice Josemari, la mente se alimenta de “lo imaginario”. Y para cuando todo falla está la guerra.

  19. De acuerdo en este punto, entendiendo entonces que la agresividad sería como el humo: si se tapona un orificio, sale por otro. Lo que no me queda nada claro es si ver una corrida catartiza o no, a juzgar por los testimonios de algunos habituales.
    Pero en fin, es que es usted tan experto sobre rituales catárticos que me deja sin más palabras 🙂

  20. Una corrida catartiza a aquellos que tienen el arquetipo constelado, los otros son simples espectadores y otros muchos como yo solo soñamos en toros, toros humanizados a medio camino entre la bella y la bestia. Son muy frecuentes los sueños de persecución de toros donde al final el toro te perdona la vida y comienza a platicar contigo. Suelo tener ese sueño una o dos veces al año pero cuando era joven los tenia mensualmente, lo que significa que mi Bestia se halla a buen recaudo como el Minotauro en los laberintos de Creta y solo se alimenta de los dones del pueblo.

  21. Minotauro y Teseo a la vez, sí… uno que come niños y el otro que les salva. Asombrosa la frecuencia con que la mitología nos habla de figuras arquetípicas dobles que, en realidad, son dos caras de la misma: perseguidor y perseguido, o perseguidor y salvador, disfrazados con distintos nombres pero vinculados por un mismo hilo, una misma leyenda.

  22. Me resulta interesante que un post que se inicia con los ruidos del yo, nos remita a los ritos y de allí al asesinato del arquetipo. Paco, ¿será precisamente la bestia interna personal la que motiva esos ruidos y que cada quien deberá encontrar la forma de neutralizarla para que no nos devore?

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