Suicidios ampliados


Todo el mundo sabe que cuidar a enfermos es una tarea ingrata, desagradable a veces y sometida a ciertos estresores especificos que proceden de la sensación de que hagamos lo que hagamos no conseguirmos restituir la salud en nuestros enfermos. Es por eso que existen profesiones sanitarias dedicadas a esta tarea.

El asunto es que los enfermos crónicos, aquellos que han sido dehauciados por la medicina o las incapacidades graves recaen siempre sobre familiares o bien sobre personas sin preparación tecnica o emocional suficiente para llevarlas a cabo. Son candidatos al “burn out” que es otra manera de llamar al helplessness  o a la indefensión y los son por tres razones fundamentales:

1.- Porque carecen de preparación adecuada.

2.-Porque cuidar de otros impone una restricción sobre las propias necesidades.

3.- Porque la recompensa obtenida siempre será menor que la dedicación invertida.

Es por eso que recientemente se acuñó el termino “sindrome del cuidador quemado”, que es una especie de fatiga psicofisica extrema y progresiva  y desmoralización de aquellos que tienen que cuidar enfermos sin saber cómo se hace y con escasa vocación para llevar a cabo esa ingente tarea. Se trata de un trabajo tan estresante que es muy frecuente que el cuidador muera antes que el cuidado, todos los médicos tenemos algunos ejemplos de ello.

El primero en caer en la cuenta del efecto patológico de los cuidados fue seguramente Freud, que por razones de la procedencia de su clientela tuvo que atender mujeres jóvenes que cuidaban de padres enfermos, bien tuberculosos, bien sifilíticos o las dos cosas. Tal y como conté en este post sus jóvenes histéricas habian enfermado precisamente durante las tareas desempeñadas en el cuidado de sus padres. Llama la atención sin embargo que Freud fuera incapaz de atribuir el desencadenamiento de aquellas patologias a “la tarea de cuidado en sí misma” aunque en el caso de Elisabeth R. atribuye cierta causalidad a ciertos sintomas reumáticos que la paciente presentó como prodromos de su histeria.

El caso terrible que ha saltado a la prensa esta semana de una persona que habia asesinado a tres jóvenes discapacitados a su cuidado asfixiándolos con bolsas de plástico ilustra perfectamente y discrimina a una cuidadora melancólica -que habiendo decidido suicidarse- se lleva por delante “altruisticamente” a todos aquellos que, en ese momento dependen de ella.

Esta es la variable critica que identifica el suicidio ampliado de los homicidios por razones diversas. Naturalmente ha de haber una intención suicida por parte de la paciente (y la hubo) y además de eso la violencia se ejerce sobre aquellos que dependen de ella y a los que no pregunta su opinión.

Las razones de esta conducta hay que ir a buscarlas en la psicopatologia.

Y se encuentra en la forma en que los depresivos se imaginan el futuro o mejor dicho de la forma que los depresivos niegan cualquier futuro. La prospección negativa cuando no catastrófica del porvenir es uno de los síntomas melancólicos que explican la conducta suicida por parte del paciente y por extensión a todos aquellos a los que se les pretende evitar más sufrimiento.

El suicidio ampliado es probablemente mas frecuente de lo que pensamos preferentemente porque muchos de estos actos son tildados como “violencia de género”, tal y como sucedió en este caso de las gemelas suizas.

En realidad gran parte de la confusión en torno a estas conductas está relacionada con nuestros prejuciios sobre la depresión. El lector habrá notado que usé el termino “melancolia” y no el más popular termino “depresión” para referirme a la supuesta enfermedad de la cuidadora.

Y lo hice porque la palabra depresión se encuentra hoy banalizada. La mayor parte de las bajas laborales en nuestro pais llevan este diagnóstico, cuando una persona se enfada con alguien o le sucede algun tipo de contrariedad en la vida suele presentar sintomas psiquicos y usualmente los manifiesta a través de la tristeza, la disforia, la falta de sueño, etc que caracterizan a las depresiones reactivas. El caso es que el diagnóstico de depresión parece hoy poco serio y es puesto duda por muchas personas que lo sienten como un pretexto para obtener prebendas. Y sucede porque en un determinado momento histórico que coincidió con la aparición del Anafranil (Clomipramina) las depresiones en bloque sufrieron un proceso de medicalización que aun no se ha detenido.

El consumo de antidepresivos ha crecido de forma exponencial en los últimos años, una de las consecuencias de esta banalización ha sido el borramiento de las fronteras entre las depresiones graves, psicóticas o melancólicas de las depresiones -valga la etiqueta- de andar por casa y que reciben tratamientos similares en la convicción de que comparten un mismo soporte neurobiológico.

Los que no hayan visto nunca una melancolia profunda no pueden ni imaginar la cualidad del infierno que viven estas personas, pues la melancolia es la versión mental del dolor sin tiempo. Un dolor que no puede ser apaciguado y que conlleva graves perturbaciones del principio de realidad.

Es muy probable que la cuidadora que ahora se encuentra en la primera linea de la actualidad pertenezca a este nicho nosográfico. El lector sagaz podrá comparar ese crimen con este otro y encontrar seguramente algunas diferencias.

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5 pensamientos en “Suicidios ampliados

  1. Excelente post que debe ser leído no sólo por la gente que le ha tocado cuidar enfermos graves, sino por toda la sociedad que muchas veces no la da importancia a las secuelas de quien atiende al paciente. (¿Quién es en verdad “el paciente”).

    De nuevo gracia Paco, por traer a tu blog estos trabajos que en forma tan clara y precisa retratan la sociedad en que vivimos.

  2. “Los que no hayan visto nunca una melancolia profunda no pueden ni imaginar…”

    Yo aún daría media vuelta de tuerca más: los que no hayan vivido cierto tipo de experiencias, no pueden ni imaginarse lo que es pasar por ellas, aunque las vean. En mi experiencia me he cruzado con muchos psiquiatras que acumulaban gran cantidad de conocimientos pero demostraban una gran falta de empatía y comprensión hacia el paciente, precisamente porque “especulaban” (imaginaban) sobre lo que estaba sintiendo, pero no habían gozado de experiencia directa (y no lo digo por Paco, a quién no conozco en persona y leo con mucho agradecimiento desde hace un par de meses…)

  3. Seguramante es cierto lo que dices Sergio, aquel que no ha tenido la experiencia melancólica no puede ni siquiera atisbar todo el dolor que se cuece en ella, pero tambien es cierto -puesto que el ojo no puede verse a si mismo- que un melancólico no puede curar a otro. De manera que hace falta una mirada distinta para poderse curar, de lo contrario los melancolicos podrian hacer una liga y tratarse a si mismos en forma de autoayuda, cosa que no funcionaria.
    Y no funcionaria por otra razón de peso: la experiencia melancólica es profundamente individual, rabiosamente incompartible, de ahi la soledad del depresivo.
    Es mas facil empatizar con un melancolico que con un paranoico, pues la experiencia de perdida y soledad nos resultan mas proximas que la de persecución o perjuicio, pero en realidad ambas experiencias se fundan en una certeza (culpa en el melancolico, inocencia en el paranoico) que nadie compartirá.

  4. Y es que además, quien ha pasado por el dolor recurrente de la experiencia melancólica, evitará o se alejará de otros melancólicos a poco que remonte.

    Supongo que es una estrategia inconsciente para no ser arrastrado a la recaída que siempre acecha, a pesar de la culpa que podría conllevar el admitir tal actitud.

    Si está inmerso en el dolor, el alejamiento no discrimina y el aislamiento y la soledad total imperan.

  5. Y también es cierto que mucha gente vive la depresión del otro como una forma de agresión y se alejan del melancólico, justo en el momento en que éste más los necesita.

    Pienso que en el depresivo hay un doble mensaje, por un lado busca alejarse, por otro expresa un grito de ayuda para no quedarse solo.

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