¿Existe la personalidad?


Para su jefe, Juan es un trabajador excelente, una persona de fiar, concienzudo, puntual y cumplidor pero para la mujer de Juan su marido es un tipo aburrido, excesivamente formal, poco comunicativo, exigente y celoso.

¿Quien tiene razón?

Naturalmente los dos pueden tener razón y pueden estar equivocados y además al mismo tiempo pues cada uno contempla la personalidad de Juan desde su propio egoísmo. Lo importante no es cómo es Juan sino qué cosas no son Juan, qué es lo que Juan no puede hacer.

Es un ejemplo que viene a continuacion del post anterior donde conté el hallazgo fundamental de Hegel y su aportación a las leyes de la dialéctica. Para Hegel el principio de contradicción está adherido al conocimiento de algo pues todo conocimiento es movimiento y por tanto nada que no contenga alguna contradicción se mueve. Más aún: la lógica formal contiene en sí misma una contradicción, puesto que si A está en movimiento ha de ser al mismo tiempo A y no A. Por tanto las categorías formales de verdadero y falso no deben ser consideradas categorías sino dimensiones puesto que lo verdadero y lo falso está sujeto al principio de contradicción. En tiempos de Hegel aun no se habia inventado la lógica difusa pero podemos entrever en las geniales formulaciones de Hegel su señalamiento hacia este concepto cibernético que nosotros conocemos como sistemas basados en reglas: Si (es verdad que)…….entonces.

Por ejemplo si yo afirmo que “hoy ha sido un dia soleado” y me pregunto si es verdadero o falso caeré en una contradicción, pues  ¿qué significa soleado? Sin una referencia clara de qué entendemos como soleado y las coordenadas del lugar y la hora, la afirmación anterior es relativa.

Sin embargo nuestro concepto de la personalidad es absoluta como una foto fija, el jefe de Juan tiene una imagen estática de su subordinado, la mujer de Juan tiene esa misma idea aunque de distinta cualidad y los dos ignoran que sus respectivas visiones del carácter de Juan van en el mismo paquete pues pertenecen a ciertas habilidades y deformidades que están presentes en la estructura de la personalidad de Juan. Y seguramente si Juan fuera preguntado también tendria de sí mismo una imagen como colapsada, una imagen estática, pues así se comportan las abstracciones como la identidad: aparecen como de una pieza como los buenos y malos de una película: parecen entidades categoriales.

¿Entonces la personalidad existe o no existe?

Más importante me parece esta otra versión de la misma pregunta: ¿la personalidad cambia o permanece invariable?

Como el lector podrá adivinar volvemos otra vez al principio de la dialéctica y al dilema Parmenides-Heráclito que presidia esta serie de post entrelazados dedicados a hurgar en la dialéctica aplicada a los dilemas humanos.

Para contestar a esta pregunta sin más dilación diré que la personalidad existe y no existe al mismo tiempo pero cuando más existe es en dos grandes grupos de situaciones:1) en ciertos individuos-tipo que son por otra parte minoría y 2) en la patología pues la patologia es precisamente el agregado dialéctico de la inmutabilidad. Lo que caracteriza a la personalidad normal de la personalidad patológica no son los rasgos o la cualidad de sus vivencias, sino su capacidad para transitar a través de distintos ejes y vértices del rectángulo de Aristotéles y construir soluciones, síntesis creativas, abarcativas y resolutivas de las contradicciones con las que lidiamos a diario.

¿Pero qué sucede cuando los antagonismos no responden a un encuentro entre la vida y el psiquismo sino que se dan en el intus psíquico, es decir cuando la contradicción está inscrita en la propia personalidad?

Una de las caracteristicas de los depresivos monopolares y que los distingue de los bipolares (y tambien de los esquizofrénicos) es la relación entre la causa que desencadenó la depresión y la depresión misma. En los bipolares la contradicción está enterrada en la personalidad misma siendo en general la aparición de un episodio independiente de los acontecimientos externos, mientras que en las depresiones monopolares la contradicción se produce en ese corte transversal de la relación Yo-mundo. De ahi la gran importancia de los acontecimientos externos en el desencadenamiento de una depresión y la relativa insignificancia de ellos en el desencadenamiento maníaco o esquizofrénico. (Tellenbach 1961).

El lector puede volver a este post donde hablé precisamente sobre la vida de un bipolar conocido -Althusser- se trata de un caso bien documentado y de su karma particular y donde hablé precisamente de esa contradicción profunda de la mente de Althusser y que en mi opinión se debió a su excesiva identificación con el deseo de su madre que conspiró para mantenerlo atado a ella a fin de superar su tragedia particular.

La evolución hizo bien su trabajo al diseminar a los individuos en estas cuatro formas de ser como veremos a continuación.

¿Qué hubiera sido de nosotros sin los esquizoides (A) que están especializados en escindirse de su grupo original gracias a su escaso apego? ¿Hubieran podido medrar ambientalmente las sociedades humanas de no ser porque los obsesivos (O) están presididos por el rigor y una lealtad fuera de toda duda? ¿Seria posible pensar la humanidad sin la intervención de los melancólicos (E) y su abnegación, altruismo, entrega y capacidad de sacrificio? ¿Hubieramos progresado sin la intervención de aquellos buscadores de sensaciones y de nuevos placeres que representan los autoindulgentes histéricos (I)?

Cada uno de estos biotipos presenta una especialización cognitivo-emocional y unas caracteristicas específicas en cuanto a sus relaciones con el cuerpo, el espacio, el tiempo y las relaciones interpersonales.

El esquizoide (A) siente su cuerpo como si fuera de otro y la geografia que habita es abstracta, su tiempo es atemporal y su relación con el otro es desapegada pues su temor esencial es el de la proximidad. Su tendencia a sentirse invadido por la siniestra corporalidad de los otros le hace susceptible al repliegue personal y a escindirse de los clanes y a buscar nuevos enclaves para pequeños grupos disidentes. Además sus especiales caracteristicas carismáticas le hacen sensible a los fenómenos religiosos y artísticos y su resistencia al frio, al calor, al hambre y al dolor le hacen idóneo para tránsitos dificiles y riesgosos. El esquizoide se encuentra mejor adaptado que ningun otro biotipo a la soledad, a las condiciones dramáticas de la vida, a la exclusión y al viaje al tiempo que es capaz de encontrar sentido a lo desconocido. La habilidad del esquizoide es la desagregación impidiendo con ello que pequeños grupos de cazadores-recolectores fueran demasiado numerosos o conflictivos rivalizando por los escasos recursos.

Por el contrario el obsesivo (O) tiene un cuerpo para sí, que no sirve para la interacción con el otro, su espacio personal está acotado y es concreto, su temor esencial es el cambio, el movimiento, y es por eso que su tiempo aparece como detenido pues todos sus esfuerzos se dirigen hacia el control de sí mismo, de los demás y de su entorno espacio-temporal. La rutina es su más eficaz aliada y la repetición su metodo de aprendizaje, el ritual la forma más común de alcanzar cierta atemporalidad y escapar de la presión del paso del tiempo y al cambio al que teme, su tiempo no es subjetivo ni madurativo sino el tiempo del reloj. Todo este panorama le hace muy vulnerable sobre todo a los cambios ambientales forzados y que pierda relativamente con facilidad su rígida identidad cuando tiene que enfrentar alguna situación nueva. La repetición y el apego de por vida a sus objetos de amor o entornos conocidos, le hacen uno de los mejores candidatos de nuestra especie para la permanencia y una referencia segura para otros. El obsesivo representa los valores conservadores de la tradición y el rigor de lo cotidiano. Sus habilidades para lo objetivo, lo cercano, el pequeño detalle hicieron de ellos sujetos necesarios para conservar tradiciones y asegurar una memoria inflexible sobre aquello que en la historia del clan tuvo éxito en el pasado. Los obsesivos pueden ser aburridos pero sin duda son un valor seguro para los grupos humanos primigenios siempre sometidos a las tensiones de una naturaleza hostil y cambiante. Es por eso que O sufrió una evolución positiva por parte de la evolución.

A diferencia de O que se encuentra gobernado por el principio del control el histérico (I) se encuentra gobernado por el principio del placer, es seguramente el biotipo más adaptable, voluble y autoindulgente. Tambien el más seductor y el más atraido por la novedad y identificable por una repulsión hacia la rutina y con una tendencia al aburrimiento que marca su temporalidad rapida llena de virajes y de curvas. I es un buscador de sensaciones y de novedades lo que le hace irremplazable en las comunidades arcaicas para buscar, imaginar, construir y encontrar nuevos recursos y nuevos inventos para la comunidad.

Su vivencia del cuerpo es completamente distinta a O. Para I, el cuerpo es algo para el intercambio, algo que ofrecer y mostrar, un cuerpo para la mirada del otro, lo que le hace vulnerable precisamente a la vivencia y a los desaires del atractivo y de la disconformidad con su propio cuerpo al que puede tratar de modelar para hacerle coincidir con su deseo.

POSIBLES ENDOFENOTIPOS DEL FENOTIPO INESTABLE

Promiscuidad sexual

Búsqueda de sensaciones y de riesgo

Inestabilidad emocional y disregulación del humor

Tendencia a la búsqueda de sensaciones artificiales (activación-tranquilización)

Sistema cerrado de aprendizaje

Búsqueda de objetos idealizados y fácilmente decepcionantes

Oscilación entre afiliación y desafiliación

Insuficiencia de internalizaciones

Incapacidad para mantener proyectos a largo plazo

Intolerancia a la frustración

El fenotipo inestable: Dopamina y evolución. Traver y Haro. (Rev Persona 2008) dopamina y evolución (pdf)

Como puede observarse en el cuadro el fenotipo inestable o limite -en una interpretación evolucionista- forma parte de las posibilidades de ser de los humanos y ocupa una de las casillas de la estructuración del psíquismo siendo su variable crítica la capacidad para el camaleonismo, es decir la posibilidad de adaptarse a entornos muy diferentes siempre y cuando la posibilidad de mudar de camisa sea posible. Del mismo modo es imposible pedirle al histérico I, lealtad o fidelidad, sencillamente es como pedirle “peras al olmo”, tampoco son demasiado sensibles a las demandas de rigor o disciplina, pues I es sobre todo una persona autoindulgente que siempre encuentra razones para salirse con la suya pues su capacidad de dominio no procede -como en O- del control sino de la manipulación. Lo que teme I es el aburrimiento y seguramente estar solo o peor: la invisibilidad.

En diagonal a I nos encontramos con su personalidad contradictoria: el melancólico E probablemente el tipo más estudiado en la literatura científica –Homo mellancollicus de Tellenbach- y más facilmente reconocible desde la antigüedad donde ya Aristóteles relacionó el talento creativo con este tipo de personalidad. Si el cuerpo de A pertenece a otro (A aparece como un ser desencarnado) y el cuerpo de I es un cuerpo que se ofrece a la mirada del otro, el cuerpo de E desaparece en la entrega a otro. De ahi procede su tendencia al sacrificio, a la abnegación y al altruismo a veces heroico.

El cuerpo de E es un lastre, pesado y casi siempre sentido como soporte, relleno, la consistencia material de una existencia aérea, espiritual,es aqui donde vamos a encontrarnos con las experiencias sublimes en poesia, música o cualquier otra actividad artistica. El tiempo de E es apurado, prisionero vive del tiempo del reloj y de la incertidumbre, siempre abrumado por la necesidad de ir más deprisa, de no poder llegar, es así que el tiempo discurre entre sus dedos y nunca se aburre, pues su tiempo está enjaulado por las manecillas del reloj y su futuro hipotecado, es por eso pesimista y tendente al dolor, a la fatiga, las somatizaciones y por supuesto a las depresiones con tinte melancólico. Su mayor temor es la perdida de intimidad, la lejanía y son precisamente las perdidas o la amenaza de ellas las que desencadenan mayormente en este tipo de personas sus episodios patológicos.

Es en este sentido, que la personalidad existe, cada uno de nosotros pertenecemos a una de esas estructuras siempre y cuando se entienda que la estructura es invisible y que precisa de una cierta heurística, de una cierta interpretación pues lo que manifestamos en la superficie son síntomas, rasgos y a veces fenómenos.

Juan es en este sentido un obsesivo y tanto su jefe como su mujer aciertan en sus descripciones de rasgos, pero ambos ignoran que si existen Juanes es porque la evolución seleccionó positivamente estos rasgos para sus planes de diversificación de estrategias de supervivencia, sexuales y de medraje social y que las habilidades de Juan van en el mismo pack que sus inconvenientes. Sin embargo pertenecer a una estructura no prejuzga patología alguna pues la patologia seguramente es una discontinuidad respecto a la estructura y sólo a veces un continuum con ella.
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La mayor parte de nosotros podriamos identificarnos con una de esas estructuras pero seguramente casi todos nosotros seriamos casos atípicos que condensaríamos en nuestro caracter rasgos y conductas de varias estructuras o ejes. Eso es la normalidad: la posibilidad de transformar el cuadrado en una rueda, de ir más allá de la determinación. De lo que se trata es de que la rueda gire y que el sujeto que habita el centro se desplace a través de sus radios para encontrar soluciones creativas a sus dilemas personales y a las contradicciones de su medio ambiente.


La patología es precisamente la rigidez, la inmovilidad, la incapacidad de la rueda de girar y la adherencia a patrones que ya se ensayaron infructuosamente.

8 pensamientos en “¿Existe la personalidad?

  1. Diría que ni somos, ni dejamos de ser. Una exposición extraordinaria de lo que, en más sencillo, sería “todo es según el cristal” de eso que yo llamo filtros y otros llaman la dependencia del ver en función del mirar (y otros más osados aún, de la conexión entre ser y estar). Brillantemente expuesto todo ello, aunque se intuye que se puede ir más allá aún y derivar (imaginativa que es una) de los líquidos humanos a la tipología de Jung y… Pero para empezar no está nada mal este cocktail, pero nada mal…
    PS: muy linda y potita la ilustración de la rueda 🙂

  2. Aclaración: entrevista a los vecinos de un asesino en serie (podría ser su Juan): “Pues si era tan buen vecino, tan educado, no nos lo podemos creer” (etc). Otra malísima persona (también Juan) se tira al fuego para salvar a otro sin pensar. ¿Somos buenos o malos? ¿somos de todo en potencia (a pesar de que suela predominar una línea)? Apuesto por lo último, por la posibilidad cuántica. O, por lo menos, a una tendencia al equilibrio u ósmosis natural (mirada a la larga) lo cual valdría para eneagramas, doshas, cualidades planetarias y un sinfín de etcéteras. La idea genial es: por mucho cuadrado que se sea, si se gira se convierte en rueda 🙂

  3. Si uno está abierto a ver diferentes puntos de vista, es posible que uno pase y siga sobreviviendo al aprender nuevas tecnicas de adaptacion, de ampliacion de la visión, aunque sigue habiendo una necesidad de ir cambiando o ampliando formas creativas de avanzar, utilizando su propia creatividad o la de otro que te inspira la confianza para dar el paso con toda resolución. Por eso es que uno lee o investiga en otras fuentes a la vez que escudriña todos los rincones de su ser para sacar lo mejor de si mismo, aunque todo es muy delicado pue´s los extremos estan en todas las posibilidades.

  4. A propósito de los cuatro elementos: buscando algo sobre la Sagrada Familia (ya conoce mi especial afinidad con ella), encuentro esto:
    “Las torres de los evangelistas (…) Igualmente, están relacionadas con los signos del Zodíaco, los cuatro elementos y los cuatro estadios del camino hacia el conocimiento:
    Evangelista Símbolo Elemento Signo zodiacal Conocimiento
    San Mateo ángel aire Acuario Inteligencia
    San Lucas buey tierra Tauro Voluntad
    San Marcos león fuego Leo Valor
    San Juan águila agua Escorpio Silencio”
    Curioso 🙂

  5. Muy Interesante artículo, hace tiempo leí otras clasificaciones como la del asténico, el sentimental, el pasional, etc Me ha gustado mucho su exposición y me ha hecho pensar en mi propia personalidad, Es interesante la relación que expone usted entre patología y personalidad ,muchas gracias, me ha sido muy útil este post.

  6. Muy sesudo. Habrá que revisitarlo. Se me ocurre, no obstante la siguiente cuertión: los enfoques del rasgo ven menos dinamismo en la personalidad. En el caso de lo que denominan Eneagrama, parece que también existe la inmutabilidad del tipo; un 1 no es también un 9, están en sintonía diversa. Conoces una teoría que defienda el cambio de, digamos introvertido a extravertido? Saludos

  7. Pues si existe no la conozco la verdad. Mi impresión es que lo que nosotros llamamos rasgo tiene un enorme componente ambiental, es por eso que prefiero llamarle estructura que seria un equivalente del temperamento clasico. El rasgo perteneceria al caracter y la personalidad (otro constructo dificil de definir) seria el conjunto de rasgos-estados visibles a la exploración. Personalmente creo que el término temperamento está por redescubrir, pues es obvio que una personalidad puede construirse en antagonismo con el temperamento que es a mi juicio lo más cercano a lo biologico.

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