El aufheben hegeliano y la dialéctica de la vida


“Con el haiku
de la nada
nada desaparece

con el haiku
de la muerte
todo desaparece”.

(Haikú anónimo encontrado en la red)

Toda situación vital implica un desafío: el de abandonar algo que se estaba haciendo y asumir una tarea nueva. La vida es un continuo desfile de adversidades, cambios, perdidas, emergencia de situaciones nuevas o desconocidas y sobre todo contradicciones. El mundo laboral y el familiar son los entornos donde nos encontramos a diario con la contradicción, con ese tipo de conflictos donde hemos de lidiar con antagonismos o conflictos de atracción-evitación como dicen los psicólogos cognitivistas.

Nos exigen pero no nos dan las herramientas para conseguir tal meta, nos prohiben o nos menosprecian por nuestras elecciones amorosas, sexuales o profesionales, nos comparan con otros o nos endosan el destino de otro, nos socavan la fe en nosotros mismos a través de críticas, humillaciones o tareas imposibles de llevar a cabo y nosotros mismos nos forzamos en ocasiones a satisfacer esas exigencias cuando proceden de objetos amados, temidos o simplemente admirados. En el peor de los casos nos explotan, nos abandonan, nos abusan o somos objeto de crianzas presididas por la negligencia, la incoherencia o la locura familiar.

Nuestro cerebro es un especialista en encontrar soluciones creativas a este tipo de problemas, más abajo volveré sobre cómo hacemos las personas para eludir las consecuencias de estas contradicciones.

La vida nos somete constantemente a la necesidad de echar mano de la dialéctica a fin de resolver ese tipo de problemas que en lo psiquico se manifiestan como conflictos, el interjuego entre personalidad y situación se nos muestra con una mayor riqueza que la que nos ofrecen las interpretaciones causales de la enfermedad y podemos considerar la patología psiquiátrica como el resultado de un fracaso en ese alcanzar un orden nuevo emergente de la contradicción. Cualquier crisis puede interpretarse como una síntesis malograda de contradicciones de particular magnitud que hicieron explotar la estructura antes de que pudiera configurarse una conciliación renovadora de los términos de contradicción dialéctica (Otto Dorr 1990)

La palabra aufheben [eliminar] tiene en el idioma (alemán) un doble sentido: significa tanto la idea de conservar, mantener, como, al mismo tiempo, la de hacer cesar, poner fin. El mismo verbo “conservar” ya incluye en sí el aspecto negativo, en cuanto se saca algo de su inmediación y por lo tanto de una existencia abierta a las acciones exteriores, a fin de mantenerlo. De este modo lo que se ha eliminado es a la vez algo conservado, que ha perdido sólo su inmediación, pero que no por esto se halla anulado.

Hegel reconstituyó -como todo el mundo sabe- las leyes de la dialéctica y le añadió el concepto que hoy mantenemos yendo más allá de la identificación entre diálogo y busqueda de la verdad que procede de la epoca clasica. Para Hegel la dialéctica es:

El acto mismo del conocimiento es la introducción de la contradicción. El principio del tercero excluido, algo o es A o no es A, es la proposición que quiere rechazar la contradicción y al hacerlo incurre precisamente en contradicción: A debe ser +A ó -A, con lo cual ya queda introducido el tercer término, A que no es ni + ni – y por lo mismo es +A y -A. Una cosa es ella misma y no es ella, porque en realidad toda cosa cambia y se transforma ella misma en otra cosa. Esto significa la superación de la lógica formal y el establecimiento de la lógica dialéctica.

Todas las cosas son contradictorias en sí mismas y ello es profundo y plenamente esencial. La identidad es la determinación de lo simple inmediato y estático, mientras que la contradicción es la raíz de todo movimiento y vitalidad, el principio de todo automovimiento y solamente aquello que encierra una contradicción se mueve.

La imaginación corriente capta la identidad, la diferencia y la contradicción, pero no la transición de lo uno a lo otro, que es lo más importante, cómo lo uno se convierte en lo otro. (Tomado de la wikipedia).

Para Hegel dialéctica es el movimiento mediante el cual la vida se abre paso a través de las contradicciones: todo conocimiento contiene el germen de la contradicción, lo que se nos oculta son las transiciones , el cómo resolvemos esta tensión entre contrarios.

Hegel adelanta en su Lógica que este proceso de superación de los contrarios tiene tres tiempos, tres fases que están contenidas misteriosamente en el verbo aufheben: Suspender, conservar y elevar. Vamos a verlos más de cerca.

Necesitamos suspender (dejar de hacer o empeñarse en) aquello viejo, obsoleto que ya no nos sirve y sustituirlo por algo nuevo. Pero lo viejo no se destruye, se conserva de una u otra forma. La transición de lo nuevo a lo viejo se realiza para encontrar un nivel de definición nuevo que pueda abarcar lo que se suspendió y lo que se conservó (lo suspendido), algo asi es el metabolismo alimentario: unas cosas se aprovechan, otras se guardan y otras se deshechan.

Piense en este dilema muy frecuente en la vida de todos nosotros: una mudanza. Usted compra un piso nuevo porque puede permitírselo económicamente, porque su familia se ha ampliado o simplemente porque ha cambiado de ciudad. La mudanza, es una traslación emocional que puede contemplarse desde el punto de vista dialéctico. Lo viejo es abandonado o vendido (pero no destruido o aniquilado), lo viejo dejará huellas emocionales en su memoria y usted podrá conservarlo o no dependiendo de sus recuerdos. Pero usted se ha mudado para vivir mejor (u obligado por las circunstancias en caso de ser un menor), para mejorar aun sabiendo que quizá echará de menos a sus vecinos. Esta es la evaluación que solemos hacer cuando nos mudamos de domicilio, estamos felices porque ese cambio de vida nos eleva hacia un lugar supuestamente más feliz, cómodo o amplio que el anterior, pero no somos demasiado conscientes de ciertas operaciones que también hacemos en nuestro intus psicológico y sobre las que podemos aprender si contemplamos la interioridad de las depresiones por mudanza (descritas por Lange en 1934).

Lo que les sucede a estos pacientes es que se deprimen después de haberse mudado y quedan presos de una especie de perplejidad pues ellos mismos no comprenden su estado de ánimo, reconocen que han mejorado y sin embargo están deprimidos. Esta es una de esos tipos de depresión que no pueden ser explicados a través del duelo entendido como pérdida sino de ganancia. En mi opinión se han dado explicaciones muy exóticas a este fenómeno que para mi tiene sólo una explicación: la dificultad del depresivo en desprenderse de lo viejo y su tendencia a conservar lo inservible.

Un desprenderse de lo viejo distinto a lo que sucede en el sindrome de Diógenes o en el TOC donde está dificultad parece más bien relacionada con objetos, aqui la dificultad parece que está relacionada con lo simbólico, el depresivo acapara basura, colecciona trastos inservibles en el sentido de que es incapaz de dejar de hacer algo que hizo durante mucho tiempo tal vez porque es incapaz de mudar de deseo. Se trata de un desprendimiento al que nosotros, los seres humanos comunes ni siquiera codificamos puesto que los tres tiempos de la dialectica en realidad transcurren en un mismo momento dialéctico.

Es bien sabido que los depresivos toleran muy mal la ambigüedad lo que es lo mismo que decir que carecen de resistencia frente a las contradicciones dialécticas, mostrándose por lo general incapaces de integrar el episodio anterior, es por eso que los ataques depresivos suelen ser recurrentes con o sin alternancia maníaca. El depresivo parece no haber aprendido nada de su crisis y es precisamente este hecho el que perpetua la oscilación tímica hasta el infinito.

Tal y como comenté en este post tanto la pena como la alegria se seleccionaron -evolutivamente hablando- porque funcionan como relés -conmutadores- de nuestro psiquismo señalando hacia tareas conclusas o recompensas a compartir. Decia alli que:

La euforia de la manía es una averia del hemisferio derecho que es el que trajina con la deshinbición, una actitud fundamentalmente adaptativa y que surgió para compartir, como un modo de comunicar al resto del grupo social la euforia por el hallazgo de comida, seguridad o haber alcanzado un determinado objetivo comunal. También para propiciar la promiscuidad sexual y fortalecer los vínculos sociales en el clan, dotando a los sujetos de una energia suplementaria y de una sensación de poder hacer cualquier cosa. Es lógico que una emoción asi fuera seleccionada positivamente.

La tristeza por su parte es tambien muy adaptativa (aunque no lo parezca), pues es necesaria como marcador emocional para reconocer las pérdidas y más importante aun: para no seguir invirtiendo recursos en proyectos destinados al fracaso. La tristeza o la pena es pues una emoción muy importante pues nos permite -cuando es adaptativa- despegarnos de la rutina, del pasado o de vínculos imposibles de recuperar. Es una emoción de hemisferio izquierdo y seguramente apareció más tardíamente en la evolución tal y como conté en este post.

El objetivo de la alegria es aumentar la sociabilidad y es por eso que la logorrea, la desinhibición, el hipererotismo, la disminución de la necesidad de dormir y la expansividad forman parte del cluster de síntomas de toda mania. El objetivo de la depresión es la retirada o escape social social (withdrawal) tal y como comenté aqui a propósito de la hipótesis del rango social de Price (1967) y es por eso que síntomas como inhibición psicomotora, anhedonia, abulia, quietud y desinterés forman parte del cluster de sintomas de la depresión, una conducta que viene a decir algo asi como “Yo ya no compito, dejadme en paz”.

Las tres partes o tiempos del proceso dialéctico son pues el mismo proceso y se encuentran gobernados por emociones arcaicas seleccionadas por la evolución por su cualidad de señalamiento y reconocimiento de tareas que implican inversión de recursos y gasto. Es necesario reconcer que nuestros esfuerzos en una determinada tarea están destinados al fracaso para que dejemos de empeñarnos en esa tarea y la sustituyamos por otra nueva.

¿Qué es pues lo que falla en la psicopatologia, si todo parece dispuesto para autoorganizarse de un modo eficiente?

Bibliografia.-

G.W.F. Hegel, La ciencia de la lógica.

H. Tellenbach: “Melancolía: vision histórica del problema, endogeneidad, tipologia, patogenia y clinica”. Morata. 1975

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14 pensamientos en “El aufheben hegeliano y la dialéctica de la vida

  1. Yo creí que las mudanzas eran uno de los motivos de estrés, no de depresión, lo tendría confundido.
    En cuanto a la transición de algo en su opuesto, creo que el famoso icono del yin-yang lo expresa magníficamente. Mirado con detalle, la colita blanca (yang) se transforma gradualmente en negro (yin). No hay un momento en que la noche sea noche y deje de ser día, el atardecer es transición, y casi todo en la naturaleza. El sí, el no… y el todo lo contrario. Qué potito es el tres 🙂
    Un post enriquecedor.

  2. El icono del yin y el yang solo sirve como imagen para explicar los contrarios u opuestos que a su vez son complementarios como el dia y la noche, o masculino-femenino. Lo que aporta este rectángulo es que no todas las relaciones dialécticas son contrarias-opuestas sino que existen aun otras dos clases: las subcontrarias (que pueden entenderse tambien en esa clave), las subordinadas y la contradictorias que representan estados polares bien distintos al simbolo del Yin y el yang y se regulan por distintas leyes. Concretamente las relaciones dialécticas contradictorias pueden explicarse desde saltos “cuanticos” o discontinuidades pero no a través de transiciones 🙂

  3. En cuanto a las mudanzas es obvio que son un motivo de estrés en casi cualquier persona, pero eso es normal. Aqui hablo de la depresión por mudanza que es algo patologico y que es por fortuna bastante rara.

  4. Lo de la depresión por mudanza yo creo que es bastante normal y no necesariamente patológico. Toda mudanza comporta un cambio, y todo cambio requiere un período de adaptación que puede estar asociado a melancolía, estrés y hasta depresión. Por otro lado, toda mudanza, aunque sea para mejorar la calidad de vida, comporta pérdidas (tu barrio, tus vecinos, tus tiendas, en definitiva, los lugares donde has desarrollado parte de tu vida), de modo que también es necesario pasar por una fase de duelo por pérdidas.

    ¿Qué es lo que falla en la psicopatología, si todo parece dispuesto para autoorganizarse de un modo eficiente? Buena pregunta. La clave está en que, desde los orígenes de la vida en la Tierra, ha habido siempre individuos más adaptativos e individuos más desadaptativos. Que uno sea más adaptado o menos depende de mil factores, genéticos y ambientales. Por otro lado, parece que las exigencias de la vida moderna ponen más de manifiesto psicopatologías que en la prehistoria tal vez no fueron tan desadaptativas como lo son ahora. Del mismo modo que un esquizofrénico podía pasar más desapercibido en una tribu primitiva que creía en espíritus y fenómenos sobrenaturales, un obsesivo también se podía adaptar mejor a una vida primitiva que sólo requería de conductas repetitivas y estereotipadas, sin demasiados cambios a los que adaptarse.

    De hecho, la supervivencia de una especie animal depende tanto de su capacidad para adaptarse a los cambios como de su capacidad para ejecutar patrones de conducta repetitivos. Por tanto, la obsesividad y el TOC serían un residuo de las conductas estereotipadas del cerebro paleomamífero que en el pasado fueron adaptativas pero que en la frenética sociedad actual se consideran patológicas.

    Lo mismo podría aplicarse a toda aversión al cambio y “apego a lo viejo” inherente a la mayoría de trastornos mentales: durante millones de años, el apego a los rituales y las conductas reiterativas fue tan o más adaptativo que el apego a las novedades y los cambios. Tal vez eso explicaría las tremendas resistencias al cambio inherentes a toda patología mental, o para ser más exactos, a todo ser humano y a todo animal terráqueo si me apuras.

  5. Un pequeño y breve comentario como respuesta al tuyo: la depresión por mudanza es una depresión (un trastorno mental) y lo que tu describes es un pequeño duelo por el cmabio de vivienda , un estresor psicosocial. No son la misma cosa, una cosa e snormal y la otra patologica. Lo que tu sostienes en el fondo es que la normalidad y la patologia son un continuum, es decir que no existen discontinuidades entre ambas categorias. Es verdad que esa discontinuidad es muy dificil de establecer en ocasiones pues influyen como dices factores culturales y entornos que oscurecen la presentación de las enfermedades, pero es seguro que el Huntington fue tan desadaptativo ahora como en el pleistoceno y con respecto a la esquizofrenia si existió entonces tambien seria disadaptativa, otra cosa es que existiera tal y como la conocemos hoy.
    Mi opinión es que la transición entre rasgo y trastorno discurre a veces como continuidad y a veces como ruptura o discontinuidad.

  6. Y en este sentido, también las diversas escuelas psicológicas / psicopatológicas se han desarrollado más desde un ‘desprenderse de lo viejo’ que desde planteamientos integradores. Cada escuela ha querido diferenciarse de la previa, y en lugar de incluir las contradicciones (propias y ajenas) las han expulsado afuera. Quizá eso también influya en la manera actual de entender los trastornos mentales e incluso en cómo éstos se manifiestan.

  7. no mames y cuando llegas al saber absoluto…? y la cuestión del ser que onda? se les olvido que si hablas de aufheben hablas de ser

  8. Paco, lo que comentas de la dialéctica en el plano de la vida, y en tanto estructura ontológica que regula la cosmogénesis y el propio tempo interior del psiquimo humano y del despliegue de su creatividad y sus potencias es también platónico. De hecho es fundamentalmente platónico y Hegel lo toma de allí echando mano, además, del vitalismo tan de su época. Lo que Hegel introduce ex novo es que la dialéctica es la estructura regulatoria de la historia en un horizonte de progreso

  9. jajaja. Siendo más preciso la cosmología platónica pasa por los estados del alma de tal suerte que a más integración de la vida más capacidad de discernimiento de un plano de realidad cósmico más integrado, menos escindido(habría como un equilibrio de vasos comunicantes) y más omnicompensivo. Así la percepción del mundo eidético exigiría un estado integrado del alma. Al tiempo la percepción de un mundo escindido tendría como condición las escisiones del alma… Para Platón la dialéctica es la ley de evolución de la psijé y también de la dinámica del cosmos que se va revelando a través de los estados de la psijé; y habría también una dialéctica específica que consistiría en llevar al lenguaje todo ese proceso en tanto discurso que indica esa verdad. Dialectica en griego significa (dia-logos)”a través del logos”… Y a través del logos se da ese razonamiento y esa palabra que indica el proceso del alma; y también el propio proceso del alma como tal ya que ambos se dan en la conciencia del logos… Discernir la verdad y llevar ese discernimiento de la verdad a la palabra… Logos (enlace, sentido, o razón que enhebra un plano de sentido que congrega una pluralidad de fenómenos o de qualia) tiene un doble sentido. En lo referente al logos del hombre -a su capacida para acoger el logos- y en lo referente al logos de lo real o de la vida. Ambos son el mismo logos. Hegel traslada a la historia la dialéctica en tanto ley de progreso para la misma.

  10. Pingback: ¿Una doble conciencia? (XII) | Revista Artes y Cosas

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