La identificación intrusiva


Donald Meltzer fue un psicoanalista kleiniano que ha pasado a la historia del psicoanálisis por un libro de culto que se tituló “Estados sexuales de la mente” donde en linea freudiana pasa revista a la sexualidad infantil, la sexualidad perversa y la sexualidad normal, (aqui hay una buena web sobre Meltzer). Pero a mi me parece que su mayor contribución a la psicología es un concepto mal estudiado por las escuelas anteriores y muy bien estudiado por Melanie Klein y su escuela, me refiero al mecanismo conocido como identificación proyectiva.

La identificación proyectiva es un mecanismo de defensa que es el opuesto a la identificación. En ésta el sujeto adquiere propiedades del objeto mediante incoporación mientras que en la identificación proyectiva el sujeto introduce o inyecta en el objeto propiedades suyas con el objeto de dañarlo, controlarlo o poseerlo.

Tanto la identificación como la identificación proyectiva son operaciones mentales ambivalentes y narcisistas, sin embargo la primera de ellas es funcional, podriamos decir que es fisiológica dado que es la que podemos observar en los niños y que tal y como ya conté aqui en este post es un acto de amor, tambien de codicia, pero sobre todo de amor, nos identificamos con aquel que es más fuerte, más bueno, más cariñoso, más poderoso que nosotros mismos que venimos al mundo dotados de serie con una ignorancia integral y con un desfondamiento radical (Luis Cencillo) y condenados por tanto a un sometimiento a las figuras de nuestro entorno usualmente nuestros progenitores.

La identificación proyectiva sin embargo no es fisiológica, ni aporta nada a las tareas de maduración y crecimiento, se trata de una venganza, un acto de tiranía y de búsqueda de sometimiento por parte del objeto alcanzado por el nudo. No se trata de ser como él, sino de vencerle, destruirle o de retenerle. Es por eso que la identificación proyectiva fue rebautizada por Meltzer como identificación intrusiva, una especie de spam psicológico en el mejor de los casos o de hackertrismo en el peor de ellos.

La intimidad puede definirse como la delimitación de un espacio propio pero que como todas las abstracciones es dificil de definir y de borrosos contornos. Nuestro concepto de la intimidad cambia segun la época, la cultura y la clase social. En las familias con muchos hijos la tolerancia a la falta de intimidad es proverbial, del mismo modo que en ciertas etnias, pero para nosotros los ciudadanos de las sociedades más o menos opulentas, la intimidad no es sólo un espacio fisico que consideramos nuestro (equivalente del territorio de los etólogos) sino también la vivencia de un espacio interior inalcanzable al escrutinio o lectura de los otros, un espacio interior propio que nos pertenece. No cabe ninguna duda de que tal y como conté en este post, nuestra demanda de intimidad forma parte ya de los derechos inalienables que los ciudadanos modernos reclaman para sí, al mismo nivel que la educación, la sanidad o la alimentación.

La falta de intimidad física es patógena y se ha señalado como nuclear en ciertos trastornos mentales como el TOC (trastorno obsesivo-compulsivo). Personalmente he observado que la falta de intimidad durante la infancia, por ejemplo compartir la cama con un hermano, padre o abuelo (como en uno de los casos de TOC más graves que he tratado) genera desarrollos anómalos del espacio interior y por tanto del mundo interno de los sujetos sometidos a esta tóxica deprivación, no es de extrañar pues que los obsesivos menos graves sean esas personas con falta de habilidades para la intimidad no porque no la deseen como los esquizoides sino porque la temen.

La causa de este estropicio no se debe a la excitación sexual del colecho -como suponen los psicoanalistas y suscribiría el mismo Freud- sino por la rabia acumulada por la victima de tal situación que -efectivamente- ha sido desposeido, tiranizado y sometido hasta hacerle ceder lo más íntimo de su periespacio territorial (que incluye al interior) y muchas veces de forma forzada y casi siempre arbitraria. En mi opinión y aunque no ha sido señalada esta nefasta influencia educativa las consecuencias de esta negligencia son similares a las que generan los abusos sexuales que tambien son patógenos por la misma razón: la perdida de la intimidad sexual a manos de aquellos que deberian velar por ella.

Pero hay casos de secuestro de la intimidad que son más sutiles, me refiero ahora a los casos de madres o padres que inyectan en sus hijos/as delegaciones permanentes de sí mismos a fin de controlarlos, vivir una segunda vida a través de ellos, reparar los daños de una relación frustrante, saldar cuentas generacionales, evitar que se independicen o simplemente competir con el hijo/a de forma extemporánea. Esto se consigue precisamente a través de ese mecanismo que he llamado identificación intrusiva siguiendo a Meltzer.

Nos los vamos a encontrar en muchas constelaciones clinicas e incluso en otras no clinicas: en la anorexia mental sobre todo pero tambien en muchas somatizaciones digestivas que echan mano de síntomas como el atragantamiento, el espasmo de esófago, el dolor de estómago, la negativa a comer, el vómito o la diarrea del colón irritable según predominen las defensas  y mecanismos de rebeldia o de sometimiento, de expulsión o de contención. En todos estos casos hay una madre (o un padre en algunos casos observados por mi) que manifiesta un comportamiento observable claramente intrusivo con respecto al hijo o a la hija y cuyo diagnóstico descriptivo más frecuente por parte de los profesionales es la sobreinvolucración parental en asuntos que no les conciernen, algo asumible desde el punto de vista social dado que es esperable que los padres se preocupen por sus hijos, este modelado de la expectativa social es el responsable que los profesionales no hayan caido en la cuenta de que ciertos malestares psicosomáticos y la anorexia mental participan de este mecanismo donde la madre o el padre parecen haberse introducido en la mente del paciente -como un calcetin al revés- a fin de evitar su independencia o a fin de martirizarle o destruirle.

De forma que aunque en este blog he repetido muchas veces que la causa de la anorexia mental es la busqueda de la delgadez he de añadir hoy que esta causa es el resultado del modelado social (la causa construida para que la conducta restrictiva tenga sentido) dado que la delgadez es un valor perseguido, valorado y comprensible. En realidad la causa psicológica de la anorexia mental, la causa próxima, la causa psicodinámica más frecuente (aunque no la única) es la introducción de un bucle extraño parental en la mente de una niña, un bucle extraño que se comporta como un agente persecutorio. No se trata de una metáfora sino de algo material, algo tangible como conté en este post sobre bucles extraños.

Pero no basta con la introducción de este bucle, hace falta algo más. Hace falta que la niña sea obediente y haya aprendido a someterse a las intrusiones o proyecciones parentales y desvíe su rebeldía hacia la consecución de un ideal de belleza impuesto externamente pero congruente con las exigencias de su tiempo.  Hace falta para eso mucha disciplina pero ella ya está habituada a someterse y preferirá ser una esclava de la dieta antes que seguir siendo parasitada por aquellos que debieran propiciar su seguridad y su autonomía. Las niñas que alternan el deseo de someterse con el deseo de rebelarse lo que hacen es purgarse y hacer dieta, es decir introducir y expulsar de su cuerpo el mensaje intrusivo -el objeto persecutorio- de sus madres (o padres) y que somatizan como algo digestivo. He dicho digestivo, no alimentario. Los trastornos alimentarios no son pues fobias a la ganancia de peso ni a los alimentos (aunque son las racionalizaciones y los beneficios secundarios más importantes) sino que -en un ejercicio animista-, los que lo padecen lo justifican de ese modo aunque en realidad temen desprenderse de su bucle extraño y lo conservan por sometimiento a una tiranía después de haberlo tragado.

Pero la cosa no termina aqui sino que tal y como las terapias sistémicas nos enseñaron lo que suele suceder cuando curamos a una anoréxica grave es que se desestabiliza el nucleo familiar, usualmente la madre enferma, no necesariamente mentalmente sino que enferma, aunque antes ya saboteó el tratamiento todo lo que pudo informando asi al equipo terapeutico de que existe en esa familia un equilibrio precario. Tratar a la hija anoréxica sin contar con la posibilidad de que la madre enferme al mejorar aquella es un error en el que ya pocos terapeutas caen y es por eso que los tratamientos forzados más allá de lo razonable deben ser revisados e imponerse un periodo de ajuste gradual intrafamiliar para que ningún miembro de la familia resulte afectado por la ganancia de autonomia del paciente.

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5 pensamientos en “La identificación intrusiva

  1. Y no sólo en la anorexia. Yo tengo la impresión de que en mayor o menor grado la identificación intrusiva siempre está presente en la relación padres-hijos. La “salud mental” de la crianza consiste precisamente en saber diferenciar entre las identificaciones benignas y necesarias y las intrusivas, lo cual puede resultar muy difícil cuando el hijo sabe que a determinada edad depende mucho de la aprobación de sus progenitores, especialmente en aquéllos casos que no existen otras figuras que lo rescaten de este tipo de tiranía, o bien, el poder de la madre anula cualquier intento de ayudar a los hijos.

    Y no faltan casos en que esta intrusión se vuelva tan poderosa y persecutoria, que el adulto, hijo de padres con estas características, continúa toda la vida actuando de acuerdo a los mandatos de la infancia. ¿Podríamos decir que este tipo de madres, son, siguiendo a Bion, aquéllas personas que atacan el pensamiento de sus hijos?

  2. Muy bueno. Bien pudiera esto tener que ver con el progreso y desarrollo limitados de los matriarcados, ¿no?

    Felicidades por el aniversario. Llevaba un tiempo sin poder navegar por aquí…

    Saludos.

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