Psicologia transpersonal y cuidados interpersonales


Los que leyeron este post que escribí hace pocos dias sobre “La psicologia y el placebo” quedarian seguramente aturdidos ante la necesidad de diferenciar el cobre del oro en psicoterapia. Advertí alli que esos limites eran muy borrosos puesto que la idea de Freud de que sólo el escrutinio de lo inconsciente puede ser denominado psicoterapia es hoy muy discutible.

Tan discutible como el concepto de curación que lo psicólogos y psiquiatras hemos heredado de nuestra tradición médica y que no hace justicia a lo que hacemos con nuestros pacientes y en realidad sucede : un paciente con apendicitis puede curarse si se le extirpa el apéndice, es decir el organismo se recupera por reparación o regeneración cuando les son extraidos tejidos infectados o inflamados, sin embargo es poco probable que una enfermedad mental se cure por esta via. A cambio de eso podemos afirmar que lo mental cambia y se modifica constantemente, sube y baja escalando a través de niveles de definición y es por eso que prefiero llamar a las cosas por su nombre, los psiquiatras y los psicólogos no curamos sino que cuidamos de las personas.

Por tanto es posible afirmar que psicoterapia es toda intervención con intención de ayuda de una persona hacia otra y tal como recoge el diccionario cuidar es:

  1. tr. Poner interés y esmero en la ejecución de algo:
    yo cuido mucho la presentación de los informes.
  2. Asistir a alguien que lo necesita:
    cuidar a un niño. También intr.:
    cuidar de un enfermo.
  3. Guardar, proteger, conservar:
    cuidar la ropa, la casa.
  4. prnl. Mirar uno por su salud o bienestar:
    debes cuidarte un poco más.
  5. Dedicarse una persona a una cosa.

La definición de ayuda psicoterapeutica sin embargo está sujeta  a no pocas borrosidades, la principal de las cuales es ésta: ¿ de que se ocupan los terapeutas? ¿Qué les diferencia de los médicos tradicionales? ¿Hay alguna diferencia entre un sacerdote y un terapeuta? ¿En qué consiste eso que llamamos curarse y qué mecanismos intervienen en ello?

Hasta hace poco tiempo este dilema se zanjaba de la siguiente manera: el médico se ocupa del cuerpo, el psiquiatra de la mente y el sacerdote del espíritu. El problema de este planteamiento de la modernidad consiste en que por alguna razón a ciertos médicos (con formación y mentalidad médica) se les endosaron dilemas que usualmente planteaban problemas más metafísicos que prácticos, pues metafisica es por ejemplo la experiencia mental esquizofrénica.

Es quizá por la laicización del mundo que comenzó a ocurrir en el siglo XVIII que la psiquiatria, emergente disciplina observacional y -arrimando el ascua a su sardina- terminó por declarar enfermedad mental -calcada de la patologia médica- a toda desviación de la norma que apareciera por el horizonte sin atender a la posibilidad de que la patologia fuera una forma de “reparar la mente” o que ni siquiera tuviera nada que ver con la medicina, fuera por lo que fuese los psiquiatras actuales son los especialistas en tratar problemas espirituales, metafisicos, sociales y lidiar con ciertas contradicciones con la mentalidad de la medicina y las herramientas rpestadas por esta. Es por eso que desde entonces la nómina de las enfermedades mentales no ha parado de crecer (y aun no se ha detenido), puesto que el error conceptual de la psiquiatría oficial es considerar cualquier fenómeno mental no consensual como desestimable comunicacionalmente o patológico -explicable neurobiológicamente a partir de una supuesta averia- y perteneciente, por tanto, a una entidad nosológica filiable.

La desamortización de la religión llevó consigo nuevos refugios de la disidencia en el campo de la psiquiatria.

Fue asi que nació la psicologia transpersonal un término que acuñó Abraham Maslow. y que fue desarrollado por Stanislaw Grof y que pretende ser una síntesis de integración entre lo corporal, lo mental y lo espiritual recuperando así el enfoque metafísico que se habia extraviado en las derivas de la modernidad. Lo que caracteriza este enfoque es la consideración de que la enfermedad mental es un intento de la mente de sanarse a si misma después de un evento vital que la fragmentó.

Para un psicólogo o psiquiatra transpersonal las crisis no serian estados patológicos en sí mismos sino oportunidades de cambio a través de la regresión y recomiendan terapias basadas en la aceptación, el compromiso y la empatía a fin de guiar a los pacientes hacia experiencias reparadoras de sus desgarros existenciales en la consideración de que las psicosis son formas de emergencia o inserción de niveles de conciencia superiores o trascendentes en niveles elementales o de baja calidad espiritual que serian los responsables de los sintomas persecutorios que muchas veces rondan lo demoníaco.

No son infrecuentes en una psicosis, la influencia telepática o por ondas, la clarividencia o la reencarnación como ejes de torsión de delirios y alucinaciones que muchas veces conducen al paciente hacia una profunda degeneración de su personalidad cuando no de la demencia o el defecto esquizofrénico.

Para un psicólogo transpersonal tales secuelas hay que contemplarlas en el sentido de que el paciente no ha sabido o podido integrar su experiencia trascendente en algo superior, de mayor nivel o calidad espiritual. Es por eso que Grof ya no habla de psicosis sino de emergencias espirituales, una oportunidad de ascender en el nivel de conciencia, tambien de perderse en un edén inflacionario.

Y es eso precisamente lo que sucede en algunos casos de alucinadores o de psicosis breves o recortadas. Tal y como conté en este post a propósito del trabajo de Van Os, alucinar no es sinónimo de psicosis dado que las alucinaciones -incluyendo a las auditivas- parecen ser muy frecuentes en la población y en distintos contextos como es en los niños, en las situaciones de estrés, en las perdidas afectivas, en los divorcios, en el TEPT, en los largos viajes o en el aislamiento sensorial y que además dichos fenómenos alucinatorios no van acompañados de otro signo de psicosis.

Es como si la alucinación cumpliera una función de restitución de algo que se perdió y que abrió grietas en el psiquismo. En los casos en que se han podido estudiar estos fenómenos en alucinadores no-psicóticos se ha llegado  a la conclusión de que el pronóstico está relacionado con el hallazgo de sentido a la propia experiencia, un hallazgo que tiene mucho que ver con las creencias individuales y que psicológicamente podriamos describir como la construcción de un nuevo contexto que pueda abarcar todos los textos que es a fin de cuentas lo que proporciona cohesión histórica a la experiencia Yoica.

Eso es precisamente la esquizofrenia: la incapacidad o imposibilidad de construir contextos abarcadores.

Aunque en realidad esta incapacidad no la vamos a encontrar solo en la esquizofrenia sino en casi todas las enfermedades mentales graves en una u otra area: todo pareciera indicar que el deficit en la esquizofrenia consiste en la imposibilidad de construir contextos de referencia para el significado de las palabras.

Imposibilitado de construir ese tipo de referencias contextuales el individuo es incapaz de dotar a sus pensamientos de una referencia más allá de ellos. Los símbolos son tratados como cosas y de la misma manera las relaciones interpersonales se cosifican. Es muy probable que la mente forzada a operar de esta manera pierda y derive hacia hiperexplicaciones a veces cartesianas de la realidad tal y como ya conté en este post.

“La emergencia de neosignificados es la regla cuando el esquizofrénico está dotado para la abstracción y las palabras se vuelven asimismo incorpóreas y desubicadas admitiendo una existencia separada del contexto”.

Es muy probable que algunas personas dotadas para desarrollar conceptos espirituales abarcativos o autotrascendentes sufran tropiezos psicóticos si además son incapaces de “socializarlos” de una forma consensuada con su entorno cultural. Un ejemplo:

Una mujer que habia perdido a su hijo hacia varios años comentó a su médico que seguia oyéndole y conversando con él con una sensación de presencia tal que el médico no dudó en diagnosticar aquella percepción como una alucinación mixta, auditiva y visual. Acertadamente supuso que la mujer presentaba un cuadro de duelo y que las alucinaciones de su hijo vivo representaban el dolor por la perdida. La paciente me fue remitida para valoración psiquiátrica y tratamiento y estuve tratándola durante años sin que la actividad alucinatoria desapareciera, sin embargo no presentaba ningún síntoma psicótico añadido y su ajuste y apoyo sociales eran bastante buenos. Las conversaciones que mantenia con su hijo eran de alguna manera placenteras y podia convocarlas y desconvocarlas a voluntad, las voces solian aparecer cuando estaba sola y en su casa y aunque alguna vez aparecian en lugares o situaciones extemporáneas las voces y las presencias de su hijo no despertaban en ella ninguna angustia incluso cuando discutia con él.

Naturalmente esta mujer tenia creencias religiosas que yo no compartía y estaba persuadida de que su hijo no se habia ido del todo a causa de ciertas desavenencias con una persona de su entorno con la que seguia manteniendo una querella sentimental no resuelta.

El cuadro clínico se mantuvo estacionario durante años y no precisó grandes intervenciones por mi parte hasta que la cosa se complicó cuando la alucinación auditiva y visual de su hijo desapareció y fue sustituida por ciertas imagenes -esta vez si- torturantes y en cierta forma monstruosas o atemorizadoras que parecian aparecer por la pantalla de televisión y que representaban los aspectos persecutorios de las personas que ella suponia eran las responsables de que su hijo se mantuviera entre dos aguas, entre la vida y la muerte, entre el recuerdo y el olvido.

Entonces si fueron necesarios tratamientos mas potentes a fin de contener su angustia: habia tardado años en aceptar la muerte de su hijo y en cierta forma la elaboró de manera paranoide, al declarar que habia sido victima de un complot por parte de un perseguidor por fin identificado.

Naturalmente no pudo nunca perdonar a aquel ofensor -al que culpaba conscientemente del vagabundeo de su hijo- y poco a poco su estado fue deteriorándose hasta llevarse su razón por las grietas de su dolor.

¿Qué clase de tratamiento precisa una persona asi?

Si observamos la evolución de sus sintomas a lo largo del tiempo podremos observar que la alucinación cumplia un propósito de relleno de un hueco emocional, el de la perdida. La alucinación y las conversaciones con la voz tenia una función de consuelo, de equilibrio, de contención del dolor. Ella sabia que el hijo habia muerto y no lo negaba pero encontró en las voces una sustitución de refresco a la presencia real del mismo. ¿Hubiera sido apropiado enmudecer aquellas voces?

Pero pasó el tiempo y quizá ella comenzó a  olvidarse de él, el duelo comenzó a restablecer el statu quo anterior a la perdida devastadora y quizá ella no pudo digerir todo aquel alivio. Me consta que con arreglo a sus creencias religiosas la paciente no podia permitirse olvidar y si lo hizo fue para expiar su culpa. La culpa de olvidarse de sus obligaciones como madre.

Encontró un culpable ciertamente delirante y su estado empeoró.

No pudo perdonar ni al perseguidor ni a sí misma y aqui y después de un ingreso hospitalario le perdí la pista.

Dos conclusiones:

Las alucinaciones son enloquecedoras por si mismas aunque no sean significativamente psicóticas.

El perdón y el autoperdón son condiciones para que a veces la actividad alucinatoria sea introyectada en la conciencia como un estado mental adaptativo y esa parece ser la negativa -la denegación- del paciente.

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5 pensamientos en “Psicologia transpersonal y cuidados interpersonales

  1. Ante una desgracia como la que cuentas, como “terapeuta transpersonal” haría una representación psicomágica de envío de su hijo a los cielos… y así ella hubiera tenido la experiencia de un desenlace feliz y en paz.
    Me cuesta comprender que algo tan sencillo se describa y trate de un modo tan complicado…

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