Devotes, pretenders y wannabes


Tal y como podemos leer en este blog los terminos devotes, pretenders y wannabes tienen relación con tres formas de posicionarse sobre cierto deseo: el primero seria una pasión o devoción por personas que tienen o carecen de algo, la segunda opción seria la intención -aunque imaginaria- de identificarse -ser como- esa persona, mientras la tercera se refiere a la transfiguración activa en ese algo.

En realidad y aunque estos términos nacieron como consecuencia de la atracción que sobre ciertas personas ejercian los amputados o inválidos en general (tal y como conté en este post), en esta ocasión voy a referirme a la dinámica que genera este posicionamiento sobre el deseo -cualquiera que este sea- y que tiene que ver con el grado de identificación que el sujeto ha hecho sobre la incapacidad -como hecho en sí mismo- que se establece como un atractor.

Aqui en este post hablé de qué cosa es la identificación, recordaré al lector que la identificación es usualmente un acto de amor sobre el que se construye nuestra personalidad:

Proceso psicológico mediante el cual un sujeto asimila un aspecto, una propiedad, un atributo de otro y se transforma, total o parcialmente, sobre el modelo de éste. La personalidad se constituye y se diferencia mediante una serie de identificaciones.

Dicho de otra manera: identificarse es adquirir una identidad que es al mismo tiempo soporte (estructura) y diferencia, somos pues un pastiche de identificaciones de aqui y de allá, una especie de puzzle de actitudes, gestos, pensamientos, creencias y parecidos con nuestros objetos de identificación. Somos grandes imitadores y plagiadores de todo aquello que vemos a nuestro alrededor y sobre todo somos copias de un original al que en un tiempo lejano, amamos, admiramos o temimos. Es condición para elegir esa copia una cierta fascinación.

Una vez hemos elegido a nuestro objeto de amor surgirán ciertas vicisitudes con respecto a él, la más frecuente es la decepción: solo decepcionándonos de un objeto amoroso podemos acceder a otro, si no lo hacemos decimos que hemos quedado fijados a él y surgirán fricciones inevitables en el futuro cada vez que el sujeto sea sometido a los forcejeos del deseo.

Freud en 1919 escribió un ensayo sobre el masoquismo o más genéricamente acerca del mecanismo de las perversiones sexuales (hoy parafilias) que tituló “Pegan a un niño”. En el citado ensayo Freud describe las fases por las que pasa el deseo después de haberse puesto en marcha ciertos mecanismos como la inversión y la proyección. Paso a describir cual seria el mecanismo psicológico por el que un niño puede aprender ciertas contingencias en este caso relacionadas con el gusto por el castigo, aunque el lector puede generalizar el concepto hacia otros gustos idiosincrásicos.

El mecanismo seria el siguiente:

1.- El niño se siente atraido por alguien por la razón que sea.

2.- El niño descubre  a través de una experiencia sensorial algo inseparable y adosado al objeto de su deseo.

3.- El niño sustituye la experiencia sensorial ese algo contingente por el objeto al que acaba suplantando.

4.- El niño se identifica con esa experiencia oscilando entre dos polos, pasivo-activo.

5.- El niño se identifica finalmente con el objeto contaminado por una inversión.

Oigamos a Kraft-Ebing respecto al mecanismo del masoquista:

Cuando la idea de ser tiranizado se asocia durante mucho tiempo a un pensamiento libidinoso de la persona amada, la emoción lujuriosa se transfiere finalmente a la tiranía misma y se completa la transformación en una perversión (pag 207, Psychopatia sexualis).

El lector puede oir otras voces -experiencias de primera mano- como la de Rousseau en sus “Confesiones”.

Lo que importa pues son tres cosas: con quién se identifica alguien, qué atributos adicionales tiene ese otro y qué posición se adquiere frente al objeto.

Aquel que solo ama a otro en función de algo (en este caso a alguien con una amputación o incapacidad), en este caso es un devote. Si además de eso esta persona fantasea con el hecho de ser aquello que desea en el otro entonces hablamos de pretenders. Y si más allá de eso el sujeto se transforma o transfigura realmente en ese alguien entonces les llamamos wannabes.

Surgen de inmediato dos preguntas relacionadas con estas fijaciones, la primera es ésta ¿por que iba una persona a desear ser un amputado? y ¿Qué clase de desorden mental es éste?

Lo cierto es que en nuestras sociedades opulentas existen muchas personas que no se sienten conformes con su propio cuerpo, pienso ahora en los transexuales, ¿Por qué ellos pueden cambiar de sexo y se les niega a los que persiguen una amputación?

¿Y las protesis de silicona, los piercings y la cirugia estética en general? ¿Representan el mismo fenómeno? ¿Es su versión descafeinada por resultar más comprensible para la opinión publica?

Está claro que los que persiguen un cambio de sexo o los que pretenden amputarse buscan una mayor relevancia de contexto entre “como se sienten subjetivamente” y como son en realidad. Si usted se siente “amputado” y tiene los dos brazos se sentirá peor que si su esquema corporal se adapta a su imagen subjetiva.

Lo que es lo mismo que admitir que nuestra identidad es previa a nuestra imagen social. Hay algo que preexiste en nuestra condición identitaria y sucede porque nuestra identidad se conforma a base de identificaciones parciales. Si usted inconscientemente – y siendo un hombre- se identificó con una mujer, siempre vivirá bajo una profunda contradicción entre la vivencia subjetiva de su cuerpo y su cuerpo real, ambos vivirán divorciados creando disonancias y conflictos.

Sin embargo no podemos pasar por alto que la variable critica que alimenta todo este sistema de “preferencias” y “gustos” individuales no está en el fondo del cerebro o en sus neuronas sino en la siembra de posibilidades de goce que se hallan en el discurso social, asi en cierto modo el gusto por adquirir un cuerpo mutilado en sus múltiples versiones del deseo no es una enfermedad individual, ni una patología psiquiátrica sino en todo caso una patologia social, pues al fin y al cabo es la sociedad la que legitima o deslegitima el gusto de cada cual incluyendo el gusto por la enfermedad o la incapacidad. Se trata de una enfermedad mediática, una enfermedad que no se transmite a través del aire o del agua sino de los medios y de la publicidad. En Internet existen foros, webs y listas de correo de personas que buscan amputarse o vivir como tales como existen webs que enseñan a las anoréxicas trucos de “mantenimiento” de la enfermedad o de transexuales que dan consejos para el tránsito.

A este respecto me viene a la memoria que recientemente ha saltado a la prensa el caso de un médico que espiaba a sus pacientes a través de microcámaras ocultas en el cuarto de baño. Este tipo de conductas, antes circunscritas al mundo del cine (véase “La ventana indiscreta”) deja perplejos al público en general y también a los periodistas que tienden a pensar que este tipo de personas no están en sus cabales. Cualquier conducta inexplicable no es por sí misma patológica como tal conducta (otra cuestión es que el individuo padeciera una perturbación psiquiátrica solapada), aunque este no parece ser el caso. La cuestión es que personas normales y aparentemente bien adaptadas pueden presentar un desarrollo psicosexual bastante inmaduro pero lo que explica su conducta no es la inmadurez psicosexual sino la posibilidad técnica de satisfacer cualquier pulsión, gracias al desarrollo de tecnologías que pemriten grabar de forma fácil y anónima, ya no hace falta ser Hitchcock para ser un voyeur, basta con adquirir ciertas microcámaras asequibles de precio que pueden comprarse en cualquier tienda de “espías” para consumo particular del mirón.

La tecnología favorece la diseminación de estas (y de otras) conductas, pero la siguiente variable critica es que vivimos en una sociedad que legitima cualquier goce individual pues tal y como ha señalado Foucault, una manera sutil de controlar la pulsion sexual por el Estado -una vez que han fracasado todos los mecanismos represivos- es aumentar su tosquedad y llevarla hacia lo grotesco, lo monstruoso o lo ilegal, alli vuelve a ser reconocible la pulsión sexual y su castigo: la cárcel o la cirugía, a través de la publicitación en los medios y los informes periciales. Sólo asi podremos entender que de repente existan tantos pederastas y exista tantas redadas en Internet. ¿Es que todos los españoles nos hemos hecho parafílicos? ¿O ya lo eramos?

Lo importante no es si lo eramos o lo fuimos, sino que ahora se han abierto todas las compuertas del goce sexual para llevarlo hacia el ridiculo y hay quien inocentemente se presta a ese juego.

El Estado ha vuelto a ganar la partida.


Un pensamiento en “Devotes, pretenders y wannabes

  1. hola amigos, la verdad este tema ha sido de mucho interes para mi, ya q he a prendido ha entender estos seres humanos con estos gustos, q hay algunos demaciado morvosos los hay pero x eso no los jusgaremos a todos. Hay tambien unos muy caballeros o con temor de q los traten mal la verdad yo no le doy una connotacion tan negativa a estos seres, lo unico q se es q la ampu q kiera establecer una relacion seria con alguno de ellos deve pensarlo muy bien x q igual el problema no es nuestro podemos tambien llevar una vida con un hombre del comun y corriente un dev se casa o se cansa de buscar.

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