Darwin, Freud y los sueños


Si Darwin y Freud hubieran sido contemporáneos y hubieran quedado un día a tomar café y charlar, hubieran podido caer en la cuenta de que ambos manejaban conceptos similares aunque una jerga diferente.

Es en la primera tópica freudiana – Consciente, inconsciente y preconsciente – donde se ve más claramente el concepto trinitario del cerebro, un concepto que muchos darwinistas como McLean rescataron recientemente con su concepto del “tres cerebros en uno”.

El inconsciente – efectivamente- podría corresponderse con el cerebro reptiliano a partir de sus contenidos agresivos, ritualísticos y sexuales, el preconsciente con el cerebro mamífero, el lugar del apego, el deseo y el altruismo, pero también de los tintes emocionales y por último el consciente con la corteza cerebral o neocortex, el lugar del juicio y de la razón.

El inconsciente que siempre imaginamos como un lugar inaccesible, una especie de sima o de almacén de trastos inútiles, puede ser concebido también como una metáfora en el sentido siguiente: ¿es el inconsciente el lugar desde donde las abejas organizan su vida social operando como un todo al servicio del panal? ¿Desde qué lugar rescatan las abejas esos comportamientos complejos, como saben a qué atenerse? ¿Se trata de un inconsciente colectivo en el sentido de Jung o podemos hablar de un inconsciente individual en las abejas?

Todo parece funcionar “como si” el manual de instrucciones se encontrara en algún lugar compartido por toda la sociedad de himenópteros, pero en realidad no es necesario invocar tal posibilidad, lo que necesitamos es un simple cambio de hábito mental. Las abejas tienen tres posibilidades de ser: obreras, zánganos o reinas. El único individuo que se reproduce es la reina, resultando zánganos los huevos fecundados y obreras los huevos no fecundados, lo que significa que la estirpe de las obreras (que proceden de una misma reina) comparten los mismos genes, son superhermanas mientras que sólo los machos están concebidos mediante la ya conocida recombinación genética, pero aun así comparten la mitad de sus genes con las obreras, lo que significa que dentro de un mismo panal todos los individuos comparten un mismo patrimonio genético y cada individuo no puede sino operar según su instinto que viene dictado por sus propios genes y los rituales seleccionados para operar conjuntamente con ellos.

Naturalmente las abejas tienen muy poca capacidad de adquirir consciencia alguna de sus actos, todo en ellas es un automatismo, si a este automatismo le queremos llamar inconsciente , no dejará de ser una explicación sobreinclusiva en tanto que es cierto que ellas no son en absoluto conscientes de sus actos, que se limitan a repetir en un perfecto automatismo preprogramado, tan perfecto que les impide aprender ni enseñar nada nuevo. En este sentido todo el panal se encuentra dentro del cerebro de una abeja.

La teoría del instinto ha sufrido en el siglo XX varios reveses serios de los que parece haberse recuperado en parte, el error consistía en imaginarse al instinto como si fuera un órgano intencional representante de la “animalidad”, una especie de inconsciente freudiano que seguramente procedía de la hegemonía que el psicoanálisis alcanzó durante la primera mitad de este siglo. Hoy sabemos que el instinto es un conjunto de reglas reguladas por selección que muy frecuentemente se encuentran impregnadas de “otros instintos”, reacciones e impulsos que aparentemente pueden ser contradictorios. El “instinto maternal” por ejemplo procede en algunas especies de la agresión, algo que a primera vista puede parecer una herejía acostumbrados como estamos a pensarlo desde el lugar común del altruismo y del amor. En otras donde la agresión territorial no juega un papel tan intenso, el maternaje se contamina del apego dando como  resultado algo más parecido a lo que solemos pensar de nosotros mismos, sin embargo es bueno no dejar de pensar que en todas las especies incluyendo a la nuestra, agresión, sexualidad, procreación y cuidado de las crías son automatismos programados para que se manifiesten conjuntamente y que solo determinadas inhibiciones que evolucionan conjuntamente al “instinto maternal” impiden que los partos acaben en tragedia o como es más frecuente entre los humanos con una depresión.

El inconsciente por tanto de ser algo no es un lugar, ni siquiera una memoria recuperable, sino un conjunto de metaeventos, un nivel de complejidad distinto a aquel donde se inscriben los eventos cotidianos, donde se encuentran grabadas pautas anteriores del desarrollo onto y filogenético sobre las que se sobreinscriben las nuevas pautas aprendidas (los sistemas operativos nuevos), – si me permiten la metáfora del ordenador – dejando un enorme hueco sin ocupar y que no sólo se manifiestan durante el sueño sino que tiñen toda nuestra conducta intencional o automática.

Más difícil sería encajar en la teoría evolutiva a la segunda tópica freudiana: – Yo, Ello, Superyó- sobre todo en lo que respecta al Superyó, heredero según Freud del complejo de Edipo. En este orden de analogías el Ello podría corresponderse casi exclusivamente con el territorio de inconsciente y el Yo con el terreno de lo consciente. Sin embargo el Superyó sería difícil de encajar en la teoría evolucionista: la culpa, la vergüenza o el remordimiento no tendrían una interpretación fácil y es más que seguro que Darwin y Freud pasarían muchas horas discutiendo para ponerse de acuerdo acerca de los orígenes de tan curiosos sentimientos. Al final, probablemente, Freud se quedaría con la idea de que la culpa procede del hecho de que el niño albergó durante su infancia deseos de matar a su padre para poseer a su madre y Darwin bromearía con la capacidad del ser humano de adquirir destrezas para engañar a los demás tanto como a si mismo respecto a sus intenciones.

Si yo pudiera mediar en esa conversación llamaría la atención de los dos genios acerca de algo: efectivamente, la civilización puede haberse establecido sobre un crimen ritual, a lo que Darwin quizá pudiera aportar que los reptiles fueron masacrados por los mamíferos, mejor dotados que ellos para sobrevivir en un mundo con variaciones extremas de la temperatura, que el Sapiens probablemente eliminó a sus especies competidoras, antropoides que le eran coetáneas hasta el propio Neandhertal. Y que por fin en nuestras cosmogonias cristianas se halla la clave de nuestro origen: el crimen de Caín, otra vez bajo el aspecto de luchas por nichos ecológicos, agricultores contra ganaderos.

No sería difícil que Darwin admitiera que los sueños pueden tener algo que ver con nuestro pasado reptiliano, Freud hablaría de dragones y de las bestias que pueblan el inconsciente reprimidas y de la tendencia de lo reprimido a volver, después de ser censurado por la conciencia moral o Superyó, activa también en los sueños y que el llamaría censura para distinguirla del Superyó vigil.

Freud y Darwin no llegarían a ningún acuerdo acerca del por qué los sueños están sometidos a un procesamiento simbólico, de la razón por la que el contenido latente debe transmutarse en contenido manifiesto y de la interpretación sexual de todos los sueños. Darwin increparía a Freud llamando su atención de que no todos los sueños tienen una interpretación sexual, de que los sueños más frecuentes desde el punto de vista filogenético son los sueños de caída, persecución, vuelo o paralisis y los sueños que reproducen estructuras jerárquicas, ritualísticas o de repetición de tareas inacabadas.

Freud sostendría que caer, volar o flotar son equivalentes simbólicos del acto sexual  y Darwin se limitaría a señalar que esos sueños representan un recuerdo de los peligros primigenios de los antropoides cuando aun dormían en los árboles y los depredadores merodeaban por el suelo esperando alguna presa fácil, vincularía este tipo de sueños al reflejo de prensión con que los niños aun hoy nacen como un reflejo tan poderoso e innato como la succión.

El desacuerdo mayor procedería – sin embargo- de la condición de los sueños a ser interpretados y de la tendencia de Freud a hacerlo en clave de la historia personal ontogenética despreciando los restos filogenéticos o subordinándolos a una posición secundaria a la evacuación de complejos reprimidos históricos. Para Darwin la interpretación de los sueños entroncaría con el pensamiento mágico y la necesidad humana que tiende a ver en los sueños las fuentes del porvenir, la adivinación y la superstición. Sostendría que los sueños no significan nada más allá de ciertos engramas que pugnan por evacuarse definitivamente de la memoria, aunque se mostraría dispuesto a aceptar que los restos diurnos, así como complejos antiguos y aun restos filogenéticos entraran a formar parte del guión que cada persona compone a diario mientras duerme. Sin embargo se mantendría firme con respecto a la inintencionalidad de los sueños más allá de una emergencia de programas antiguos que necesitan ser reeditados (en realidad sobreescritos o reformateados) para que sigan siendo útiles para las amenazas, dilemas y peligros reales del soñante.

Una puesta a punto periódica de nuestros programas más antiguos que tienen que ver con las amenazas ambientales siempre movedizas y la reacción pertinente siempre estereotipada de la huida-persecución, un tema recurrente en los sueños humanos, así como los sueños de caída, ya nombrados, y, como no, los sueños de contenido sexual.

En realidad la fase REM es el lugar óptimo para la emergencia de conductas de jerarquía, sumisión o señalización sexuales, que con demasiada frecuencia se han traducido rápidamente a un deseo sexual reprimido. La erección del pene, no siempre es equivalente a la excitación sexual, procede a veces de aferencias periféricas y no al deseo sexual propiamente dicho, continuamente nos olvidamos de su simbolismo de señalización de una jerarquía determinada. Con frecuencia algunas personas exhibicionistas nos lo recuerdan cuando hemos tenido ocasión de tratar a alguna de ellas. Un paciente de esta naturaleza que tuve ocasión de tratar durante años, hablaba constantemente de la inintencionalidad sexual de su exhibicionismo, en realidad cada vez que tenía necesidad de hacerlo, era como consecuencia de algún problema de índole financiera en su lugar de trabajo. Este individuo, por otra parte inofensivo, sentía la necesidad compulsiva de exhibir sus genitales, hasta que fue detenido por ello y puesto en tratamiento psiquiátrico. Este tipo de casos muy poco frecuentes que he tenido ocasión de tratar y sobre los que existe muy poca bibliografía, debido a su rareza, respondió notablemente a los ISRS que utilicé empíricamente basándome en la suposición de que aquel individuo estaba aquejado por una especie de “descenso en su rango social y laboral” y que experimentaba fuertes sentimientos de desvalorización que trataba de sobrecompensar mediante un mecanismo que no dudaría en calificar como de una regresión filogenética. La emergencia compulsiva de ese ritual me llevó a entender que la exhibición del pene cumple una función traslocada que nada tiene que ver con lo sexual, si entendemos a lo sexual como un deseo reprimido de carácter copulatorio que trata de escapar del control del Superyó. Del mismo modo determinadas conductas en los simios son calificadas como homosexuales cuando no tienen nada que ver con lo sexual sino con el apaciguamiento y el reconocimiento de la jerarquía. Esta conducta observable en papiones y que ha sido descrita y filmada hasta la saciedad y utilizada a veces como paradigma de la homosexualidad en simios, no tiene tampoco nada que ver con lo sexual, sino con la ritualización de una conducta demostrativa de tipo jerárquico, que en los monos machos se termina con un ofrecimiento de nalgas por parte del mono vencido en un alarde de sumisión, es decir hace lo mismo que las hembras papiones y no para hasta que al fin consigue que el vencedor le monte y en un simulacro y aburrido ritual de apareamiento el vencido logre convencerse de que el vencedor le ha perdonado la ofensa.

Los sueños y no sólo en sus contenidos sino el propio acto de dormir reproducen claramente lo que en otro lugar he llamado un ritual. Un ritual de apaciguamiento como revelan las relaciones entre el dormir, la inmovilidad y el ofrecimiento rituales que podemos entender es el acto de dormir. En el síndrome de Gelinaud podemos observar la relación existente entre todos estos mecanismo de engaño del depredador (hipersomnia, cataplejia, alucinaciones hipnagógicas y parálisis del sueño), que aunque es difícil de encontrar entero con su tétrada de síntomas al completo, nos permite observar como todos estos mecanismo de disimulo o engaño se presentan conjuntamente en el hombre a veces formando una entidad clínica que representa la emergencia tanto de un temor primordial y probablemente prehumano junto a los mecanismo primitivos evitadores del miedo (hacerse el dormido, no poderse mover o hacerse el inválido). El contenido del sueño por otra parte representa la emergencia de códigos de respuesta a temores o dilemas humanos sin importar que su origen sea filogenético o cultural dado que su desarrollo depende de las mismas leyes: selección y mutación.

Criterios operativos de definición de un ritual

1.-Son conductas que escapan a la razón y mantienen un cierto aspecto de supersticiones

2.- Son repetitivas y automáticas.

3.- Su supresión desencadena perplejidad, confusión, ansiedad o agresión.

4.- Son antieconómicos, en el sentido de que representan conductas redundantes, hacen perder tiempo y representan esfuerzo.

5.- Son reconocidos por los miembros de la misma especie o por los individuos que comparten una misma cultura.

6.- Son extraños para aquellos que no comparten una misma cultura o para individuos de distintas especies e inducen conductas de desasosiego o de interpretaciones erróneas.

7.- Su propósito es inhibir la agresión, señalar la jerarquía o la disponibilidad sexual, además de por efecto contrario profundizar los vínculos entre individuos.

8.- Son exagerados, dramáticos y exhuberantes.

Pronto nos viene a la cabeza la semejanza entre los rituales y las compulsiones, con las que efectivamente comparten un mismo origen, la capacidad del hombre, merced al trasiego de símbolos de elaborar rituales propios, desgajados del simbolismo cultural y aun de los rituales propios de su especie, efectivamente, la costumbre es la que crea la necesidad. La diferencia entre un ritual “verdadero” y un ritual compulsivo es precisamente este carácter idiosincrásico que tiene la compulsión para un individuo determinado que siempre es reconocida por los individuos de su cultura como algo patológico. Santiguarse cuando uno sube a un automóvil es un ritual semejante al de repetir operaciones aritméticas cuando un obsesivo se siente angustiado, la diferencia entre uno y el otro, es que mientras el primero forma parte de los ritos religiosos compartidos por una determinada cultura el segundo tiene un matiz interpretativo rabiosamente individual, una conducta bizarra para alguien que no sea un matemático profesional y que siempre es señalada como tal por sus observadores más íntimos, es decir por aquellos que comparten sus valores culturales.

Considero a los sueños como una reedición de rituales o programas innatos o aprendidos destinados metafóricamente (por alusión) a resolver problemas en clave del hemisferio derecho, es decir por aproximación analógica, con independencia de que el cerebro izquierdo si no está totalmente desconectado aporte también alguna solución digitalizada. Esta afirmación desmiente y afirma al mismo tiempo el sentido o sin sentido de los sueños. La desmiente si nos imaginamos a los sueños como mensajes cifrados destinados a ser interpretados en clave de augurios para el porvenir o de conflictos edípicos en busca de abreacción. La afirma en tanto que -efectivamente- los sueños pueden aportar soluciones ritualizadas a problemas comunes del hombre, que no necesitan interpretación dado que su influjo es totalmente autónomo de la voluntad o del entendimiento, dado que pertenecen a un nivel de complejidad distinto a la simple narrativa; basta pues la sencilla emergencia del ritual en el sueño para que pueda ser integrada en clave resolutiva. Probablemente por eso aprendemos de nuestros errores y a veces incluso modificamos nuestros puntos de vista adaptándolos a la realidad después de haberlos consultado con la almohada. Otras veces – por el contrario- el sueño aparece como un parásito, repetitivo e intrusivo, unido a una gran angustia en donde es difícil encontrar ningún efecto benéfico para el individuo, hablamos entonces de sueños traumáticos.

La yuxtaposición entre ritual filogenético y cultural es a veces tan perfecto que nos es difícil discriminar si pertenece al terreno de lo normal o de lo patológico. En nuestra cultura, me refiero a la judeocristiana que hace énfasis en las prohibiciones sexuales y agresivas, son muy frecuentes tanto las conductas como los sueños – transformados reactivamente-  en  rituales de limpieza. Si la agresión y la sexualidad comparten un territorio contiguo, el grooming (desparasitación) y la limpieza suelen hacer causa común. Así no es infrecuente observar la temática de suciedad junto a la temática de parasitación o sueños de insectos, verdaderas pesadillas que se sueñan con una intensa angustia y que con frecuencia inducen un despertar abrupto. No es infrecuente observar personas que viven una vida muy ritualizada sin que ninguno de esos rituales por si mismos sobrepase un determinado umbral de patología, se trata de personas rígidas, esquivas, con escasa espontaneidad y menor motivación, indecisas, ordenadas, pulcras, amables pero distantes, poco sociales, avaras, resentidas e hipercrititicas. Tuve una vez un paciente de estas características que padecía un eccema muy intenso y extenso que no reunía- sin embargo- criterios para un diagnóstico de trastorno obsesivo-compulsivo según DSM sin que dejara de ser un paciente obsesivo-compulsivo en grado mitigado debido a su buen ajuste social. Este paciente soñaba – en las fases agudas de su eccema- con escenas de suciedad y de infestación, lo que cambiaba era el parásito o el insecto en sí, que unas veces eran abejas y otras veces piojos, o simples cucarachas. Lo que me interesa señalar es que existía una correlación entre las fases agudas de su dermatitis y sus sueños de infestación que procedían de su miedo o mejor de su aprensión no tanto a los insectos sino a sus propias lesiones dérmicas. Su vida ritualizada no era suficiente para contener su resentimiento que procedía de aspectos biográficos que voy a eludir, en tanto que me interesa sólo señalar que, sueño (el ritual que el sueño reproducía), eccema y carácter se hallaban en alguna clase de sincronización que por supuesto escapaba a su conciencia y que no podía sino repetir en un bucle sin fin. Estoy seguro de que este hombre hubiera mejorado si hubiera sido capaz de soñarse a si mismo enterrado vivo en un hormiguero de termitas sin necesidad de exponerse “in vivo” a esa tortura.

El problema es que determinados sueños no están al alcance de determinadas personas y que por tanto no pueden aprovechar su potencial benéfico: desconectar el cerebro racional y proporcionar soluciones gestálticas  a los dilemas comunes, lo que nos impulsa en la dirección de pensar que el sueño debe poseer alguna función de evacuación de afectos intensos, como podemos observar en los pacientes traumatizados psíquica o físicamente. Ya conocemos el carácter intrusivo y repetitivo de los sueños en pacientes que han sufrido algún tipo de agresión o han sido víctimas de algún tipo de abuso. En este tipo de pacientes el sueño se mantiene inalterable de por vida sin el concurso de un tratamiento y aun así, suele ser refractario a la abreacción o a la simple extinción

Una paciente que había vivido su adolescencia atemorizada por la idea de que su padre le propusiera relaciones sexuales dado que efectivamente el padre mantenía una relación muy estrecha y seductora con ella y era además un enfermo mental, soñó hasta casi su vejez repetidamente con la escena traumática: se acostaba con su padre y se despertaba angustiada, presa de un espanto primigenio debido a su actitud “por si le gustaba”. En este sueño podemos observar como un ritual de apareamiento incestuoso, que en realidad es un ritual de apaciguamiento  debido al temor que le inspiraba su padre, emerge constantemente reproduciendo el temor original, intensificado por la atención sesgada que la paciente no había sido capaz de elaborar en su vida entera. En este caso, el sueño reproducía un complejo particular, tanto más cuanto que entronca con una prohibición de la especie humana, un tabú, destinado a inhibir una conducta, por otra parte muy frecuente entre nuestra especie, que ha pasado a ser condenada por otro tipo de agencias morales distintas a las puramente filogenéticas. La culpa y el pecado, así como la aversión social se unen a la selección de las especies en una especie de condena universal que hacen del incesto una aberración condenable por el hemisferio izquierdo de la paciente, pero cuyo hemisferio derecho no cesa de provocar a la espera de una síntesis, un pacto de no agresión o una reconciliación.

La repetición de los sueños es una característica de su origen traumático, dado que la propia experiencia que debe ser “traducida o puesta al día” es de tal intensidad que excede al programa filogenético común de la especie humana. El horror al incesto en el hombre es sólo vestigial dado que ha sido sustituido – como otras prohibiciones arcaicas (canibalismo, filicidio, etc) – por un código de normas morales que superan la propia prohibición totémica y la despojan de su carácter coercitivo y amenazador. Ser expuesta a una situación de incesto, aun cuando no fue consumado jamás, dejó a esta paciente a merced de las consecuencias primigenias de la posibilidad de una transgresión tal que el programa ligado al tabú – previo a la moral – se pone en funcionamiento. La función del sueño repetitivo consiste en exorcizar ese temor y las consecuencias de la ruptura del tabú, sólo que la paciente fue incapaz de soñar, ni una sola vez en su vida, en la solución adecuada: permitirse -en sueños- copular con su padre. En lugar de eso el sueño vuelve y vuelve intentando acceder a una codificación benefactora imposible en tanto que la paciente no se “permite” a si misma, ni siquiera en sueños tal posibilidad.

Si los sueños son programas o rituales arcaicos o aprendidos cuya finalidad es proporcionar en clave de analogía una solución afectiva y no racional a los dilemas del soñante, podemos hacer las siguientes predicciones:

1.- Aquellas personas que logren en su sueño mantener desconectado más tiempo su hemisferio izquierdo podrán beneficiarse de los efectos benefactores de las soluciones que emanan de su hemisferio derecho. Dormirán y descansarán mejor teniendo la sensación de que el sueño ha sido reparador con independencia del número de horas de sueño total.

2.- Aquellas personas que duermen “con un ojo abierto” es decir controlando sus ensueños (con su parte racional)  no .sólo no descansarán subjetivamente lo suficiente, sino que además no podrán sino acceder a resultados fragmentarios en cuanto a la visualización de soluciones para sus dilemas diarios.

3.- Las personas con rasgos histéricos, narcisistas o sociopáticos, estarán más expuestas a sueños de persecución, rituales sexuales, rituales de apaciguamiento o sumisión, rituales de inmovilidad (parálisis del sueño) o en cualquier caso todos aquellos programas arcaicos destinados a la simulación o la huida de depredadores o enemigos. El ofrecimiento sexual junto con la fuga son los principales compañeros de viaje en este tipo de sueños donde dos pulsiones aparecen conjuntamente como sucede en los rituales de apareamiento.

4.- Las personas con rasgos obsesivos, soñarán con más frecuencia con rituales de limpieza, orden o tareas concretas. Con sueños de infestación o catástrofes naturales (inundaciones, incendios, terremotos, etc). Sus sueños estarán coartados y casi nunca se presentarán completos, además soñarán poco o al menos recordarán muy poco sus sueños, debido al predominio de sus áreas cerebrales racionales que nunca duermen del todo, ejercitando un excesivo control no sólo en su ambiente sino en la calidad de su sueño. Dado que estas personas tienen una escasa liberación de ensueños su manera de afrontar el estrés se realizará en estado de vigilia mediante la actividad muscular o la rumiación continua.

5.- Las personas pasivas tenderán a dormir más horas que las personas activas, así como las personas más creativas precisarán de más horas y soñarán más que aquellas cuyas tareas diurnas son repetitivas o rutinarias. Si durante el sueño una parte del hemisferio izquierdo permanece despierta, algunas personas podrán encontrar las soluciones que se le niegan en vigilia, es conocido el caso de Kekulé con la molécula de benzeno, o los testimonios de distintos creadores a la hora de dar con una solución que se resistía, sea una melodía, una formula matemática o una imagen.

Articulo publicado en: Psiquiatria en la red,con el nombre “Dormir, soñar, morir: la venganza de Morfeo” (Texto completo)

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13 pensamientos en “Darwin, Freud y los sueños

  1. Espléndido post. Mi aportación se limita a la esencia de los sueños según Krishnamurti (leído por muchos asiduos del blog): el sueño sería el mecanismo del cerebro para “poner en orden” el último bombardeo sensorial recibido. Lo original de su explicación estriba acaso en que, a quien “pone en orden” su mente durante el día, no le es en absoluto preciso hacerlo por la noche. Es como quien archiva los papeles con asiduidad vs quien lo hace una vez cada tanto.
    Mis felicitaciones más vehementes, como siempre 🙂

  2. El inconsciente carece propiamente de contenido puesto que no es un término positivo, sino la mera negación de lo consciente, es decir, la negación de cualquier contenido; cualquier contenido adjudicado al inconsciente, cualquier idea que nos hagamos de ello, pertenece necesariamente al orden de la consciencia, es un enmascaramiento de lo verdaderamente inconsciente.

  3. Bueno, no estoy de acuerdo contigo, tu tension arterial se regula inconscientemente pero se regula, es decir existe agun mecanismo que hace su trabajo sin acceder a la consciencia a diferencia de la micción o la respiración cuya fisiologia es en parte consciente y en parte inconsciente.

  4. La deplección de serotonina provoca ensueños vividos precisamente porque el sueño REM depende de la serotonina mientras que el sueño no-Rem depende de la acetilcolina.
    La melatonina no es un IRSS (Antidepresivo serotoninérgico) y no he observado ese efecto que mencionas, pero la melatonina es un subproducto (el metabolismo final) de la serotonina. Por otra parte la agomelatina que es el unico antidepresivo de acción melatoninérgica y serotoninergica tambien puede provocar pesadillas:
    http://mitonarrativa.blogspot.com/2008/06/melatonina-no-agomelatina-si.html

  5. Darwin, Freud y los sueños. Me recuerda la expresión «filósofos, pensadores o maestros de la sospecha» acuñada por el filósofo hermenéutico (teoría de la interpretación) francés Paul Ricoeur en 1965 para referirse a los tres pensadores que desenmascaran la falsedad escondida bajo los valores ilustrados de racionalidad y verdad. Ricoeur propondrá realizar una arqueología del sujeto para desvelar qué hay de auténtico bajo los valores morales y la verdad (referido a Nietzsche), la ideología (referido a Marx) y las acciones del ser humano (referido a Freud).
    Tríadas de pensadores: Karl Marx, Charles Darwin y Sigmund Freud (en la que se ha sustituido a Nietzsche por Darwin, el biólogo fundador del evolucionismo; aunque su valoración es hasta cierto punto diferente, como pensadores que cambiaron de forma revolucionaria la consideración del ser humano:
    Los tres tienen una visión materialista y evolucionista del ser humano. Puede decirse que los tres son naturalistas: ven al hombre como producto de la historia (Marx), de la evolución de las especies (Darwin), o condicionado por sus instintos y el ambiente (Freud).

    “Darwin, Freud y los sueños”.
    A propósito de los sueños, citar el libro de Ignacio Ruiz Lafita: “Progresión Onírica y Análisis Estructural de los Sueños”. Alborán Ed. Un libro excepcional, una obra inmensa y original, referente inexcusable en la literatura onírica, que en palabras del autor, “persigue dos intenciones genéricas, por una parte hacer un poco de historia, componer una sucinta antología, elaborar un breve resumen que recojan los conocimientos básicos e imprescindibles de la onirología desde sus orígenes en las civilizaciones mesopotámicas hasta el día de hoy y los laboratorios del sueño y por otra parte, exponer nuestras propias y novedosas propuestas desde nuestra condición de psicoanalista y el estudio profundo de Freud y sus herederos así como de las enseñanzas que propicia el seguimiento exhaustivo de un proceso onírico a través del análisis estructural de trescientos diez sueños relatados por el proceso analítico de varios años de duración.

  6. No cabe duda de que los sueños representan la actividad de procesamiento cerebral que quedó inconclusa en la vigilia. Los creadores son personas que tienen en vigilia una gran cantidad de estimulacion por lo que es de esperar que tengan mas actividad onirica, sea mas original y de lugar incluso a revelaciones sobre algo que andan buscando como el caso de Kekulé (el que descubrió el anillo de benceno)

  7. “La sabiduría suprema es tener sueños bastante grandes para no perderlos de vista mientras se persiguen”.
    William Faulker

    “La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”.
    Pablo Picasso

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