Los tres circuitos del amor


Helen Fisher es una brillante antropóloga que ha escrito numerosos libros de divulgación centrándose casi siempre en los grandes temas: el divorcio, el contrato sexual, las parejas sucesivas, el colocón emocional del enamoramiento, la inteligencia emocional, el trabajo de la mujer o las diferencias entre los cerebros y mentes masculinos y femeninos y desvelándonos, siempre en clave de psicologia evolutiva, grandes verdades sobre nuestra naturaleza.

Subo este video de su ultima aparición en Chile donde habla precisamente de una novedad: el sexo -la conducta sexual- está compartimentada en tres grandes sistemas cerebrales, el amor romántico, el deseo sexual y el apego. Nos habla de nuestro pasado evolutivo, de nuestro presente y de nuestro futuro que no será otro sino el territorio de la igualdad y la complementariedad de género.

No tiene desperdicio.

17 pensamientos en “Los tres circuitos del amor

  1. “Ese mortal trajín”,
    Helen Fisher no es buena, es buenísima. Había leído algún artículo suyo y lo que dice siempre es de una coherencia y una claridad aplastante. El vídeo ciertamente no tiene desperdicio, porque además ejemplifica estupendamente dando siempre una nota de humor.
    Me ha gustado eso de “pensadoras en red, holísticas”

    Espléndido Sr. Traver, como siempre.

    María José

  2. Exacto Ana, el amor es un cóctel de varias motivaciones, debe ser por eso que la comprension del amor es rabiosamente individual y seguramente depende de las necesidades de compensar determinados equilibrios entre dopamina-serotonina- y oxitocina.

  3. Llevo escuchando los primeros dos minutos del video y lo primero que me llama la atención es lo que dice en relación con que en el amor / enamoramiento se produce en primer lugar un proceso de focalización de la atención profundo en la persona amada…

    ¿Un proceso de autohipnosis, no? O, ¿es el otro/a el/la que nos hipnotiza?

    ¿Y el flechazo? ¿Qué pasa en el flechazo?

    Me gustaría algún comentario sobre la fenomenologia del flechazo, Paco, Ana et al..

  4. Bueno Paco, me tendria que remontar al paleolitico superior para recordar algo sobre flechazos. Yo tengo la dopamina muy ocupada en cosas no sexuales y creo que aunque tengo libido, la mia es poco fiable para hablar de ese prodigio neuroquimico que llamamos amor romantico. Yo podria hablarte mas de la serotonina y del apego que creo son mis especialidades. 🙂

  5. Ay, Paco O., si vosotros no sabéis, que sois entendidos en “psi”, qué voy a saber yo como diletante! Sólo puedo aventurar hipótesis, por ejemplo que no todo lo que no es visible al ojo humano es, por ello, inexistente (p.e. las carreteras que siguen los aviones en sus rutas: son invisibles, no están, pero los pilotos las siguen). Podría ser que hubiera una especie de algo análogo a carreteras invisibles que nos llevan a entroncar con otro/a que -casualmente- satisface o rellena lo que nos falta o nos pule lo que nos sobra. Algo así como lo que ocurre a las limaduras de hierro dejadas en manos de un magneto: las pone en su lugar, las reúne. O algo así como un puzzle en el cual sólo aquella pieza encaja con la otra. ¿Qué es encajar? ni idea, pero hay algo dentro de nosotros que sí lo sabe (o cree saberlo) y su modo de manifestarlo es chorrear hormonas y neurotransmisores y demás 🙂
    Aquí escbirí algo preguntándome lo mismo: http://bit.ly/buUHFC
    Un saludo afectuoso.

  6. Siempre me fascinó la existencia del flechazo.

    He tenido alguno en mi vida y siempre del tipo encuentro – sorpresa, nunca búsqueda. Más o menos es así: Empieza por un cruce de miradas francamente “especial”. Es como si la otra y yo mismo nos miraramos con una “mirada sonrriente”, muy, muy profunda. La otra persona, la chica, parece un espejo en el que te estás viendo mientras la contemplas. Lo que vés es tú propio flechazo en la cara, en la expresión, de la otra. Deben ser las neuronas espejo reflejandose mutuamente, hipersíncronizadas, o algo así.

    Desde luego, la fidelidad del reflejo es tal que la ida y la vuelta de la mirada es instantánea. Esto es importante: desaparece la sensación de distancia. No existe en absoluto. De hecho, lo que te confunde y casí te produce zozobra es el “haber-sido-descubierto” y haber descubierto a la otra.

    Ligada a esa primara sensación instántanea se produce un agradabilisimo placer que no lo llamaría “inmediatamente erótico”, es más bien una encantante proximidad que fascina. Según acontece todo esto, los ojos de uno van “descubriendo” encantos en la otra. Tal vez un pelo negro azabache, el color tal vez rojizo de la montura de unas gafas, una dentadura perfecta y blanca, un tono de voz modulado y preciso y, en conjunto la preciosa belleza de alguien que “te entró por el ojo” hasta dentro.

    La mente reflexiva que siente todo esto no da crédito. Siente: ¿qué pasa aquí? Mientras se cuestiona esto queda desarbolada y, en ocasiones, hay que retirar la mirada pues está saturada de sensación…

    Hay veces que se producen “microflechazos” casi imperceptibles pues la mente consciente no los saca hasta la consciencia y son subliminales. Otras veces si duran más. Yo conoci una vez a un tipo que tuvo un único flechazo en su vida con una compañera de trabajo y 15 años más tarde se le declaró y ella le acogió la declaración aunque no sabía que el la quería, al parecer. Son cosas propias de algunos tipos de flechazos.

    En fin, quizá haya otras modalidades culturales / étnicas de flechazos que no conocemos pero que están ahí…

    So far.

  7. Gracias Dr Traver, inmejorable el video.
    Realmente, nuestro cerebro, siempre esta bullendo de ideas, como dice Anna, debe ser nuestro cuerpo calloso…es como una super autopista.
    Y el amor, a lo largo de nuestra vida, va evolucionando.

  8. Muchas gracias, Ana. Muy bien traido.

    De esta escena maravillosa extraigo y añado el arrobamiento como elemento esencial de la fenomenología del flechazo. Es así:

    Según se va profundizando la atención en el otr@, enfocandose más y más el campo visual / perceptivo van densificandose las emociones y se va llegando al arrobamiento. Interesante es que la motórica se enlentece también y toda la posición del estado arrobado del flechazo consumado se va fijando. Así es como comienza probablemente una de las formas de suspensión del tono muscular que llamamos levitación.

    Ah!…y quién habrá sido el dichoso que tuviera un flechazo correspondido con Natalie Wood…

  9. Aunque mis ojos ya no puedan ver ese puro destello, que me deslumbraba.
    Aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor en la hierba,
    de la gloria en las flores, no hay que afligirse.
    Porque la belleza siempre subsiste en el recuerdo…..

    William Wordsworth
    (Gran Bretaña, 1770-1850)

    Oda: “Intimations of Inmortality ”

    “What though the radiance with was once so
    bright
    Be now for ever taken from my sight,
    Though nothing can bring back the hour
    Of splendour in the grass, of glory in the flower;
    We will grieve not, rather find
    Strengh in what remains behind”

  10. Creo que la Fisher va a escribir (o ya ha escrito un libro) donde trata de responder a la pregunta del millón de dolares ¿Por qué nos enamoramos de éste y no de aquel personaje? creo que lo que dices Paco, es verdad hay un sesgo atencional (que la misma Fisher describe en el video), una especie de visión en tunel o intensificación del afecto de forma paroxistica pero no sabemos porque sucede tal sesgo con este y no con aquella persona. Quien sepa eso tiene el Nobel ya.
    Una aproximacion seria decir que sucede por azar, en realidad cuando nos enamoramos no sabemos por qué lo hacemos con esa persona y no otra, solo sabemos de nuestra disponibilidad para “fall in love” (caernos como en los sueños) estamos disponibles para dejar de estar solos y quizá por eso mandamos señales hormonales que nos hacen parecer mas atractivos d elo que somos en realidad. La continuacion de esta historia es mucho más facil de adivinar, pero la variable critica el por qué esta persona y no otra puede que se deba al autoengaño y a la depleccion hormonal.

  11. La ciencia se ha lanzado a descubrir los secretos del amor. Las últimas investigaciones sobre el funcionamiento del cerebro han revelado que las personas cuando se enamoran pierden la capacidad de criticar a sus parejas al desactivarse las áreas del cerebro que tienen que ver con las emociones negativas. La neurobióloga e investigadora del Centro de Regulación Genómica de Barcelona, Mara Dierssen, participó en una conferencia que trató estos temas y que sirvió para clausurar la Semana Mundial del Cerebro celebrada en la Ciudad Condal. Dierssen ahora desgrana en esta entrevista con todo detalle científico aquel tópico de que el amor es ciego.

    La neurobióloga Mara Dierssen en el Centro de Regulación Genómica de Barcelona.
    Qué es lo que pasa en el interior de nuestro cerebro cuando nos enamoramos?

    -En las primeras fases de amor romántico estudios de neuroimagen muestran que se desactivan las áreas del cerebro que tienen que ver con las emociones negativas. Y eso se podría interpretar que cuando estamos enamorados nos sentimos más fuertes, capaces de todo y las emociones positivas imperan, según la antropóloga Helen Fisher o el neurobiólogo Semiz Zeki.

    -Entonces se puede decir que el amor es ciego…
    -En cierta manera el hecho de que las áreas que tienen que ver con el juicio crítico social se desactiven proporcionaría una explicación neurológica de que el amor es ciego ya que cuando valoramos a la persona que queremos nuestra capacidad de juicio se reduce. Pero todas las fases del enamoramiento no son iguales y estamos hablando fundamentalmente de una fase relativamente todavía inicial.

    -¿Y qué queda de aquello del amor romántico?
    -¡Incluso en la literatura el amor romántico tampoco es eterno! De hecho desde un punto de vista biológico ese amor romántico requiere una inversión energética muy importante y nuestro cerebro está construido para poder habituarse a los estímulos. La habituación es un tipo de aprendizaje en el cual la respuesta frente algo novedoso va disminuyendo con el tiempo lo mismo sucede con las personas que conocemos aunque no estemos enamoradas de ellas.

    -¿Usted como definiría el amor?
    -Desde un punto de visto neurobiológico el amor es una emoción compleja, un sentimiento privado que se acompaña de elementos de pasión, de deseo y de placer pero tiene diferentes fases según la antropóloga Helen Fisher. Y ese enamoramiento romántico y obsesivo daría paso a una emoción más compleja y elaborada que requiere la formación de lazos estables. Personalmente para mí el amor también es entrega, dar sin esperar a recibir nada a cambio.

    -¿El proceso de enamoramiento entre el hombre y la mujer es el mismo?
    -Los trabajos de Fisher indican que el hombre tiende a ser estimulado más por señales visuales y de forma más constante, mientras que la mujer está influida por otro tipo de elementos. Por ejemplo, existen algunos estudios en los que se realizaron encuestas a estudiantes de un entorno universitario y mostraban que las mujeres tenían más preferencia por personas que denotaban capacidad de protección, un aspecto más tierno o una mayor intención de mantener una relación estable e invertir en ella y no por los que tenían el aspecto musculoso, que típicamente asociamos al concepto de atracción.

    -¿Científicamente también me puede explicar cómo se inicia el deseo sexual?
    -Aquí hay mucha controversia y además hay que puntualizar que en el enamoramiento se dan unos condicionantes culturales y sociales importantes. Pero hay dos elementos fundamentales que influyen en la atracción. El primero es visual, los humanos tenemos un cerebro muy visual y te puedes enamorar de una persona que por ejemplo sale en una película. Y el otro elemento que influye es el sistema olfatorio, que parece ser que tiene una gran importancia en el deseo sexual y la capacidad de reconocer el atractivo de la persona querida.

    -Una de las caras amargas del amor sobre todo quien la sufre y causa de ruptura de muchas parejas es la infidelidad. ¿Se puede hablar de una base genética de la infidelidad?
    -En cualquier caso si nos hemos de basar en el hecho cultural y en los perfiles conductuales que observamos en la población general parece que no se puede concluir que somos monógamos por naturaleza porque la tendencia es más bien a la promiscuidad sin que eso quiera decir que no podamos establecer relaciones monógamas y que no haya muchas parejas que lo sean.

    -Entonces se puede concluir que somos un poco promiscuos…
    -Lo que está claro es que si hubiera por naturaleza una tendencia a la monogamia no existiría la poligamia. El perfil global de la población sugiere más bien que somos tendentes a la monogamia de forma cultural aunque tenemos también un componente de promiscuidad. De hecho, algunos investigadores como Tom Insel apuntan a que la monogamia no existe, aunque si puede existir una monogamia sucesiva, es decir, que somos monógamos durante un tiempo y luego cambiamos de pareja y somos monógamos durante otro tiempo.

    -El cerebro ha sido uno de los órganos más estudiados pero a la vez uno de los más desconocidos. ¿A qué se debe?
    -Hemos avanzado mucho en el conocimiento del cerebro pero todavía no tenemos muy claro el por qué, es decir, cómo se traduce toda esa información en consciencia, abstracción o sentimientos y cómo pasamos de esos patrones de activación cerebral al proceso mental.

    -¿Considera que la ciencia se puede ocupar de cualquier cuestión o tiene también sus propios límites?
    -Todo lo que surge en nuestro cerebro es susceptible de ser estudiado por la neurociencia. Otra cosa es que por supuesto existen límites técnicos o derivados del propio interés temático del científico.

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