El miedo y sus órganos (I)


Todos sabemos qué queremos decir cuando afirmamos que alguien es miedoso. Suponemos que es una persona que acumula diversos temores, fobias o aversiones a determinadas situaciones, cosas, personajes de ficción o imaginarios, animales e incluso pensamientos, algunos de ellos comprensibles -como la timidez ante la exposición social- otros incomprensibles por bizarros o infantiles como el temor a determinados animales (serpientes, etc) o personajes inexistentes (fantasmas, monstruos, etc).

La irracionalidad de algunos temores contrasta con la comprensibilidad de otros lo que hace del temor algo omnipresente en nuestra vida en una u otra versión si bien es cierto que la mayoria de temores van cambiando de forma a medida que el individuo va madurando, hasta el punto de que en un primer intento clasificatorio los temores podrian ser divididos en 1) temores infantiles y 2) temores del adulto, los primeros basados en la vivencia animista propia de los niños y relacionados con el sueño, la noche o la oscuridad mientras que los segundos seguramente más evolucionados desde el punto de vista de su contenido son muy frecuentes en la población normal. Por fin existen miedos que se suponen relacionados con nuestra experiencia filogenética, miedos preformados, ancestrales que han evolucionado con nosotros, asi evidenciamos que en el hombre moderno y urbano pueden existir temores a animales que ya no comparten su habitat con el nuestro y que es, de hecho, poco frecuente o casi imposible un encuentro con ellos.

El listado de temores es tan grande que una clasiificación sobre los mismos es prácticamente imposible aunque aqui hay una clasificación tan buena o tan mala como cualquier otra que se base en los contenidos cognitivos del miedo.

Distinguir temor de fobia es más un ejercicio académico que otra cosa. La fobia se define como un temor irracional coagulado cognitivamente, sistematizado por así decir y que se mantiene fijo en el tiempo invocando maniobras de evitación activas y crisis de pánico o desorganización ante la exposición. La fobia es por asi decir un temor fijado, concreto y duradero, mientras que el temor es proteiforme y cambiante.

Lo cierto es que el miedo es una emoción ubicua en los seres humanos y que ha sobrevivido a la deriva filogenética por haber sido seleccionado positivamente por la evolución: efectivamente los sujetos miedosos son más aptos para la supervivencia precisamente por su tendencia a evitar los riesgos, los peligros e incluso anticiparlos.

Pero el miedo no es solamente una emoción mental, es decir algo que podemos identificar o rotular con una etiqueta, en ocasiones el miedo puede ser afásico, es decir preexistir a la conceptualización que se haga de él, resultar inefable, hablamos entonces de angustia, la infiltración de un temor informe en la consciencia.

Precisamente en este post quiero referirme a esta clase de temores, a aquellos que carecen de representación mental pero se manifiestan en el cuerpo y que usualmente se caracterizan por la ausencia de angustia mental.

Personalmente creo que la tendencia de los humanos a categorizar sus emociones es tan intensa que probablemente las fobias simples, es decir los temores concretos a algo, pueden ser entendidos como intentos de sistematizar nuestro mundo interno de amenazas. Lo que quiero decir es que si usted es una persona miedosa le resultará más llevadero sentir fobia a las serpientes que vivir en un estado flotante de miedo o ansiedad sin saber a qué atribuirlo. En realidad tener miedo a las serpientes en un entorno donde no existen serpientes es una buena solución para los miedosos que pueden asi conjurar de alguna forma sus miedos al colgarlos de una percha cognitiva. Y eso es lo que hacen algunos: construirse fobias a su medida, pues la fobia es una defensa cognitiva frente al miedo.

Dado que lo conocido temido se puede evitar, es por eso que no existe una fobia a las moscas que sería antieconómica de mantener, una hipoteca insoportable.

El problema es que no todas las emociones pueden ser categorizadas pues la mayor parte de ellas son afásicas, es decir carecen de representación verbal o mental y aqui comienza el problema.

Son inconscientes, es decir carecemos de noticias sobre ellas y solo somos capaces de sentir sus efectos.

Aunque más exacto seria decir que el miedo se configura de forma distinta segun a qué plano de la consciencia se refiera, por ejemplo el miedo a la muerte nos acompaña durante toda nuestra vida y es mental aunque inconsciente, sin embargo existen otros “miedos” que no son mentales sino de órgano o mejor dicho de la representación vital de ese órgano.

No se trata de que exista un miedo inconsciente a algo que por definición se desconoce sino que en determinados planos de definición el miedo aun no ha llegado a constituirse como tal, hablamos entonces de un protomiedo.

¿Sería correcto decir que nuestros linfocitos temen a los parasitos, virus o bacterias?¿O nuestros mastocitos que responden de forma paranoide a los alérgenos banales?

Evidentemente seria un exceso del lenguaje, para sentir miedo es necesario un sistema nervioso centralizado y unificado capaz de construir categorias cognitivas compartidas y transmisibles, sin embargo es imposible negar que hasta las formas unicelulares poseen mecanismo de alejamiento de lo nocivo o tóxico, a este tipo de reacciones de alejamiento podemos llamarlas protomiedos y son necesariamente inconscientes puesto que pertenecen a un nivel de definición alejado de lo cognitivo y muy cercano a lo material.

Siguiendo el esquema de la consciencia quíntuple del que hablé en este post, es posible aventurar que la consciencia tiene 5 niveles de resolución aunque voy a referirme sólo a dos planos: el mental del que ya he hablado y del vital del que me propongo hablar a continuación pues es el plano desde donde se manifiestan las emociones a través del movimiento, lo que Antonio Damasio ha llamado el marcador somático.

La idea de que algunas emociones (ira, miedo, alegria o pena) están implicadas en algunas enfermedades es tan antigua como la medicina, de hecho aun hoy existe un cuerpo de conocimiento procedente tanto del psicoanálisis como de la medicina psicosomática que se ocupa de las enfermedades llamadas funcionales: de aquellas que se manifiestan en ausencia de lesiones que la justifiquen.

Como por ejemplo, la jaqueca, el dolor neuropático, el colón irritable, el asma, la cistitis, etc.

¿Qué es lo que enferma en estas enfermedades?

Aquellas teorizaciones de la medicina psicosomática han sido hoy relevadas por la concepción energética de la medicina de la que ya hablé en otros post como éste. De manera que voy a referirme sólo a la cuestión fundamental que se deriva de estas conceptualizaciones: cada órgano o proceso material tiene un equivalente energético correspondiente en lo que se conoce como cuerpo vital. Algo que los médicos occidentales conocemos bien gracias a los estudios sobre la histeria que proporciona un ejemplo de como el cuerpo puede mapearse de formas bien distintas a la fisica.

Lo fisico sería, en esta teorización, la representación material de algo que preexiste en un plano más energetico o sutil tal y como se conceptualiza por ejemplo en la medicina tradicional china y la acupuntura o en la teoria de los chacras indios, el ayurveda o la homeopatia. El cuerpo vital seria el molde o calco (los planos del programa morfogenético) que se manifestaria a nivel del cuerpo fisico en forma de disfunción o lesión estructural.

Y es precisamente en este nivel donde las emociones discurren como Pedro por su casa, siempre y cuando claro no las confundamos con las otras: las conscientes, las que tienen nombre, las que pueden decirse.

Una de las caracteristicas de las emociones que discurren en el plano vital o sutil es que carecen de representación mental y de nombre y aunque algunos terapeutas han tratado de rescatarlas a través de exageradas metáforas lo cierto es que aplicar el determinismo causal en este plano es un error de muchos terapeutas incluyendo a los psicoanalistas.

Por ejemplo, es muy frecuente oir en ciertos ambientes que la rinorrea de un alérgico es una forma de llanto suprimido, la diarrea del que padece un colon irritable una forma de expulsar algo relacionado con la ira, una metáfora que es aplicable a cualquier cosa desde el dolor de cabeza hasta a la cistitis.

Lo cierto es que aun no disponemos de un mapa detallado de las formas que se constelan en esos planos sutiles de la consciencia pero sabemos algunas cosas de su funcionamiento y algunas cosas sobre la forma en que no funcionan.

Sabemos que no funcionan de una forma causal determinista, si usted está enfadado crónicamente con su padre, esta emoción no necesariamente se le va a somatizar en su próstata o en sus genitales. Funciona más bien al revés:

  • Un desequilibrio vital se manifiesta siguiendo las vulnerabilidades genéticas en un órgano y no en otro, en su talón de Aquiles, lo que los médicos indios llaman el Prakriti y nosotros vulnerabilidad, un término tan tautológico como el anterior del que nada sabemos.
  • Una vez desequilibrado el citado órgano o sistema pasa a erigirse como causa y no sólo como efecto y se agrava a través de los estilos de vida.
  • Estos efectos afectan a otros órganos y sistemas tal y como considera la medicina china en este conocido esquema circular, donde los médicos chinos ancestralmente descubrieron la semiologia y patologia medica que ha llegado hasta nuestros dias sin saber nada de anatomía y nada de fisiología.

En definitiva la causa y el efecto acaban siendo circulares, en un tipo de causalidad acausal que llamamos circular pero que invoca necesariamente alguna protoemoción y que caotiza e indetermina la causalidad de tal modo que una vez establecido el “bucle diabólico” casi cualquier cosa va a recaer sobre el órgano debilitado, por ejemplo el jaquecoso reaccionará siempre con jaqueca ante cualquier estrés, transgresión alimentaria, calor o frio, coito o abstinencia sexual, incluso a la falta de estrés (jaqueca de fin de semana). Decimos entonces que el sintoma es acausal y se ha independizado  de lo mental, opera como un parásito, como ruido.

Consideremos por ejemplo, los efectos-causas del miedo segun los órganos que pueden verse afectados :

  • A nivel del corazón el miedo es bien conocido porque invoca un programa de supervivencia tipo lucha-huida y que predispone al organismo hacia la carrera, la producción de heridas y una anticipacion de la antiinflamación.
  • A nivel de la vejiga de la orina, el miedo se manifiesta como poli y polaquiuria y tiene que ver con las intrusiones en el territorio (o del nido) y la amenaza de la perdida del mismo.
  • A nivel del colon, la diarrea es miedo anticipado pero también agresión.
  • A nivel del tiroides su hiperfunción está relacionada con el miedo a no “dar la talla” frente a amenazas que invocan ese temor, por lo que el cerebro da las órdenes oportunas “para correr más”, lo que necesariamente conlleva un mayor gasto de energía y una mayor necesidad de tiroxina.
  • El dolor neuropático incluyendo a la jaqueca supone la puesta en marcha de los nociceptores relacionados con la necrosis y la inflamación sin que exista ningúna amenaza que lo justifique. Se manifiesta en músculos, periostio y serosas.
  • La alergia es algo parecido al dolor neuropático, nuestros sistema inmune reacciona anticipadamente y de forma exagerada y continua ante alergenos que son banales para nuestro organismo y no representan ninguna amenaza real.

Todo pareciera indicar que es como si nuestro organismo se hubiera vuelto loco y que reacciona de forma fóbica-paranoide ante cualquier estimulo aun banal que no llega a conformarse como un miedo mental.

Pero solo un  individuo puede ser fóbico o paranoide: prescindamos pues de la metáfora, ¿qué sucede con el cuerpo?

Lo que nos lleva a hablar del dilema organismo-individuo.

Es importante comprender este punto porque la enfermedad es siempre una disonancia organismo-individuo.

De sus planes como individuo no le voy a hablar porque usted los conoce mejor que nadie, pero le hablaré de los planes de su organismo:

Son estos, bien conocidos: sobrevivir, reproducirse, dominar o someterse, comer y beber, trabajar más bien poco y tener mucho tiempo para el descanso, evitar los peligros, los tóxicos y las amenazas del medio ambiente, holgazanear, ocupar el centro de la manada y no sus bordes, apegarse a los congéneres amigos y eludir a los enemigos, promocionarse en el grupo a fin de obtener prebendas, rodearse de un entorno predecible y agradable. ¿Tengo que seguir?

Lo cierto es que los planes del organismo y los del individuo tienen muchos puntos de conexión y en un determinado segmento se confunden, sucede cuando existe una armonia entre ambas estrategias, a eso le llamamos salud.

¿Como se lleva su organismo con usted?

¿Charlan alguna vez como amigos?

¿Es usted sensible a sus necesidades o siempre acaba imponiendo las necesidades de su individualidad?

Eso es enfermedad.

16 pensamientos en “El miedo y sus órganos (I)

  1. Todo es verdad; doy fé, como le sucederá a muchos, la mayoría que lea con detenimiento lo que usted explica; y todo se origina por una causa, -yo lo he experimentado en más de una ocasión-, no vivir en coherencia con tus verdaderos deseos. Un sobreesfuerzo prolongado origina estados atípicos en el funcionamiento normal del organismo; en mi caso fuertes dolores de cabeza y parpados, casi siempre dolores perfectamente localizados, producidos a su vez por una mala digestión alimentaria. Estas disfunciones son el precio que hay que pagar por conseguír nuestro preciado objetivo, el acicate constante provoca daños; así es.
    Puede amortiguar los daños el ser perfectamente consciente de lo que nos sobreviene, de esa manera preparas la mente, yo despues de muchos años así puedo decír que me encuentro mejor bajo presión, el no trabajar al ritmo habitual me genera ansiedad y nerviosismo; con el tema de la crisis lo he podido experimentar.

    Abriendo la mente Dr. Traver, se agradece!.

  2. Con todo el respeto del mundo, a mi me cuesta mucho creer el tema de los “equivalentes energéticos”. ¿Hay alguna prueba de que las técnicas que con ella se relacionan funcionen más allá del efecto placebo?

    Sí estoy de acuerdo, en qué es necesario y urgente abrir nuevas vias alternativas a la puramente farmacológica.

    Por otro lado supongo que cuando dice que “la enfermedad es siempre una disonancia organismo-individuo”, no se refiere a cualquier enfermedad. Yo mañana podría ser imprudente y contraer por ejemplo una enfermedad de transmisión sexual , y en ese caso no veo la disonancia. Incluso a nivel de problemas mentales podría tener alguno causado por algún problema físico (tiroides o lo que fuera)…

    Sí estoy de acuerdo en que el organismo tiene esos objetivos que señala y que el individuo puede tener otros; y también que hay que ponerlos de acuerdo para evitar problemas. Pero ¿dónde acaba el organismo y dónde empieza el individuo? . Creo que el individuo tiene menos posibilidades de elegir de lo que pueda parecer en un principio. Lo condiciona no solo la genética y su propio organismo sino el entorno cultural en el que se desenvuelve, que a nivel general creo que nos está envenenando y afectando negativamente a casi todos.

    Pero aparte del matiz anterior, me parece muy acertado lo que dice en el texto, en cuanto a evaluar si los objetivos que tenemos en la vida son disonantes con los de nuestro organismo. Evaluar si estamos ahogando nuestro yo más natural y auténtico en objetivos que creemos importantes conseguir. Desde luego mi experiencia personal me dice que no merece alcanzarse ningún objetivo por atractivo que parezca a costa de sacrificar de manera sostenida la paz espiritual ( o como quieran llamarla).

  3. Toda persona responsable se marca algún objetivo en la vida; no tiene por que ser material, pero son necesarios para no abandonarse a la pereza, nos vamos cargando de esfuerzos adicionales, ya no se trata tan solo de saltar de una liana a otra en busca del mejor fruto.
    Para mi se alcanza la madurez espiritual cuando aprendemos a renunciar a lo que en etapas anteriores no eramos capaces, la frustración también genera enfermedades psicosomáticas.

  4. Agustin creo que tu supones que cuando una persona es infectada por el treponema lo que anda en juego es el equilibrio organismo-individuo de la persona pero no piensas en el treponema. Si yo fuera un treponema me gustaria que la persona a la que infecto fuera muy promiscuo para asi poder infectar a cuantos mas organismo mejor. Dicho de otra manera ¿qué relacion tiene la sifilis con la promiscuidad?

  5. Elena, el temor que puede entenderse, verbalizarse o respresentarse es un temor en cierto modo controlable bien a través de la evitación o bien a través de otras conductas de escape. En este blog abordo temores que aun no son temores sino prototemores que no pueden ser verbalizados ni representados ¿a qué tiene miedo el que tiene un dolor de cabeza?
    El individuo a nada, el organismo a la necrosis.

  6. Paco, lo que yo supongo es que hay determinadas enfermedades que no están sujetas al desequilibrio organismo-individuo. Puede ser una enfermedad derivada de un accidente automovilístico en el que yo ni siquiera era el conductor, o una maceta que se me cae en la cabeza o por una visita que hice a Chernobyl en un mal momento… por decir algo.

    Si bien no niego que el desequilibrio organismo-individuo da origen a enfermedades, me parece algo arriesgado generalizarlo a todos los casos. Aplicandolo al caso del dolor, no es lo mismo que este se presente como alarma de un suceso de necrosis real , que en ausencia de este último hecho.

  7. Claro Agustin, claro, lo que ocurre es que en mi anterior comentario daba eso por supuesto y quise remarcar que es dificil delimitar las enfermedades “reales” de las enfermedades que representan un conflicto individuo-organismo y puse el ejemplo de la estrategia de superivencia del otro organismo en este caso del Treponema, pero estoy de acuerdo, claro.

  8. Querido Paco: Dices que las fobias las construimos para tener el miedo ubicado, poder controlarlo de alguna manera y que nos resulte económico. Yo disiento en la economía de ciertas fobias como la de salir a la calle o cualquier espacio;conozco casos de anular la propia dinámica cotidiana por no poder salir al exterior. Otra fobia es la de hablar, ya no en público, sino con cualquier persona que es necesario para establecer relaciones sociales. En fin, hay fobias no invalidantes desde luego como el miedo a las serpientes pero otras condenan a la gente a una vida de dura supervivencia y nada placentera. Quizá sería preferible sentir angustia sin poder categorizarla. Podrías aclararme algo al respecto?
    De qué forma encajaría la depresión reactiva o exógena en estos supuestos?El no saber enfrentarnos a nuestros miedos puede derivar en depresión o se necesita algún factor más?

    Gracias por sus posts.

  9. Claro Susi, me refiero a las fobias simples, en la agorafobia y en la fobiasocial no se ve tan claro que exista un deseo de derivación del miedo hacia algo concreto y economico que pueda evitarse al fin, pero incluso en ese tipo de fobias extensas es posible ejerer el mecanismo de la evitación, es cierto que no resulta tan economico como en el caso de las serpientes pero aqui el miedo se encuentra mas difuso y relacionado con la exposición del cuerpo. la angustia, es decir el vacío es intolerable y siempre o se deriva hacia el polo fisico o al polo mental, del mismo modo que la depresión (la falta de ser, la falta de corporeidad) deben ser experiencias intolerables.

  10. Paco, sería bueno analizar lo siguiente: en un Universo único, interconectado y real, podríamos pre-suponer que no por algo o casual, se me cae una maceta o soy parte de un accidente, situaciones que me dan miedo que ocurran y que sin embargo, por “algun motivo”, suceden…nada es casual, todo es aquí y ahora, no hay pasado ni futuro, sino el presente…en mi consultorio, las fobias van ganando por varios cuerpos. Es casual o causal?
    Un abrazo!

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