Procesando emociones (I)


No te tocaré ni te ajustaré directamente a tí sino en tu descendencia

Antiguo testamento

Un amigo mio violinista profesional con la carrera terminada y las oposiciones de violín ganadas me contaba hace poco que había estado realizando un master de violin en Viena y que tras uno de sus ejercicios el viejo profesor le habia preguntado:

– Oiga y a usted ¿quién le enseñó a coger el violín?

Efectivamente mi amigo no sabía a estas horas coger el violín lo que se traduce en frecuentes lesiones y predice secuelas a largo plazo  por los vicios adquiridos y no corregidos durante su enseñanza.

Se trata de algo que no sólo afecta a los músicos sino tambien a los deportistas, hay mucha gente que hace deporte mal  como muchos de nosotros adoptamos posturas mórbidas o inadecuadas en nuestro trabajo y que provocan dolores y múltiples lesiones osteoarticulares debidos a vicios crónicos en nuestra posición.

En la mente pasa un poco lo mismo, la mente precisa de entrenamiento, de un cierto saber hacer qué hacer con nuestras emociones, con las calamidades de la vida, con las dificultades con las contrariedades y sobre todo con la incertidumbre. Lo realmente curioso de nuestros recursos mentales es que no han sido dirigidos por nadie sino que hemos sido educados fiándolo todo al savoir faire de nuestros padres, que como es natural no saben una palabra de psicología ni han sido entrenados para ello. Y eso sin contar con los padres que simplemente no enseñan nada porque no tienen la suficiente presencia fisica en el hogar y aunque sabemos que los hábitos mentales se forman y deforman en la infancia lo cierto es que no existen expertos en este asunto de la prevención, los psicólogos están entrenados para la corrección de trastornos ya establecidos y los psiquiatras sólo vemos pacientes ya identificados.

Nadie pues se encarga de esta difícil tarea que es educar nuestra mente para que al menos podamos aprender ciertas estrategias de supervivencia al estrés y es por eso que determinadas psicologías como la psicología positiva empiezan a tener éxito en prevenir y fortalecer los recursos de las personas normales que como todos los normales no están libres de dilemas, conflictos o puntos ciegos.

En este post pretendo brindar a mis lectores un sencillo catálogo de recursos personales -más bien un mapa- para enfrentar las situaciones conflictivas de la vida y que proceden naturalmente de acontecimientos externos y tambien de una mala gestión de las emociones que nos generan esos acontecimientos y que de su gestión va a depender en parte nuestra salud mental. Los trastornos adaptativos es decir las reacciones que forjamos como respuesta a uno de estos acontecimientos o estímulos ambientales es seguramente el capitulo más importante de problemas planteados en salud mental en el nivel de asistencia primaria.

Los trastornos adaptativos no prejuzgan una patologia previa, son, por asi decir, algo que nos puede suceder a todos, una reacción depresiva ante una perdida amorosa, la muerte de un familiar o una sobrecarga sobrevenida suelen saldarse con un cuadro clinico que conocemos como adaptativo o reactivo y que suele estar coloreado con elementos depresivos y ansiosos con mayor frecuencia que otro tipo de reacciones. Sucede porque el sujeto ha de adaptarse a algo nuevo: a las nuevas condiciones que le vienen impuestas desde la realidad, son por asi decir los trastornos psiquiátricos menores, aquellos que forman la mayor parte de consultas psiquiátricas o psicológicas, y que aunque parecen banales a veces se cronifican y se malignizan evolucionando hacia patologías psiquiátricas mas complejas.

Este es un post sobre qué es lo que hacemos para adaptarnos a acontecimientos estresantes y qué es lo que debemos hacer para resolverlos sin daños colaterales.

La perdida.-

La mayor parte de los trastornos adaptativos se producen inmediatamente despues de un estrés identificable y el más frecuente es el estrés de una perdida. Cuando pensamos en una perdida tendemos a pensar en la muerte de un ser querido, pero este término es mucho más genérico e incluye perdidas sentimentales y sobre todo perdidas de estatus o de rango, que suelen pasar muchas veces inadvertidas para el observador lego e incluso para el mismo sujeto.

Hay que decir que el momento para consultar es tras la aparición de la sintomatología que el sujeto reconoce como inapropiada o exagerada y que las más de las veces interfiere con el funcionamiento normal. No hay que consultar por la tristeza adecuada y normal que sigue al luto y del que el duelo normal es el asistente fisiológico del procesamiento de emociones vinculados con el ser querido y desaparecido, y aunque existen duelos complicados e incluso traumáticos, su eclosión no va a ser inmediata sino que se demorará algunos meses tras la perdida real.

¿Qué debemos hacemos con nuestras emociones?

1.- Reconocer. Es quizá banal decir que lo primero es reconocer qué emoción tenemos en este momento y ahora y que para procesar adecuadamente una emoción es necesario saber que esta emoción existe, es decir reconocerla en primera persona, “a mi me pasa esto”. Gran parte de la patología psiquiátrica se enrosca en un desconocimiento de la emoción o constelación emocional que generó la patologia misma, del mismo modo que el violinista del principio no sabe corregir su postura pues ha adquirido un vicio postural -no sabe que la tiene- y ha de ser frecuentemente confrontado con ello, el paciente ha de llegar a conectar con la emoción primitiva que dió lugar a la aparición del cuadro.

Todos venimos al mundo con una amplia paleta de emociones y es positivo acostumbrarse a poner etiquetas sobre ellas, una especie de pos-it que haga posible su identificación, rabia, tristeza, alegria, preocupación, confusión, miedo, vergüenza, culpa, celos, envidia, atracción sexual, zozobra, angustia, nostalgia, rencor, etc.

Como el lector podrá observar el catálogo de emociones es finito pero podria hacerse tan largo como quisiéramos, el idioma tiene una larga colección de matices que concuerdan plenamente con cada emoción que una persona puede sentir, poner etiquetas es aprender a procesar emociones. El lector habrá observado además que no todas las emociones son igualmente deseables y que hay algunas que son francamente indeseables ¿quien reconocerá que tiene celos, envidia o que se siente atraido por alguién inconveniente?

Y sin embargo es tan humano sentir celos o envidia como culpa, tristeza o vergüenza, no hay emociones buenas o malas sino censuras sociales, educativas, familiares o individuales sobre ellas que tienen consecuencias para la salud mental del individuo concreto.

Para procesar emociones hay que tener un mapa de todas ellas puesto que el territorio preexiste y generará emociones con independencia que las hayamos nombrado. Y ese mapa es en parte una creación personal de trabajo con las propias emociones y con el lenguaje que sirve para identificar y nombrar y tambien para comunicar.

Aqui podemos ver un cuadro de Rob Gosalves donde mapa y territorio se encuentran solapados.

2.- Expresar. De lo dicho anteriormente se desprende que no todas las emociones tienen la misma facilitación para poderse expresar o comunicar a otro, existen sesgos culturales, étnicos, familiares e incluso históricos que modulan esta expresión; la consecuencia de ello es que muchas de nuestras emociones son derivadas a ese almacén que llamamos inconsciente donde son sepultadas y desgajadas de nuestra conciencia. Decimos entonces que determinadas emociones han sido disociadas, estan ahi pero no se ven directamente sólo se manifiestan como pueden usualmente a través de expresiones exageradas o extemporáneas cuando no en síntomas.

La función de esta capacidad de expresión tiene que ver con la historia filogenética de la emoción misma, se supone que las emociones evolucionaron para ser mostradas, es decir comunicadas a otros. De ello se deduce que procesar una emoción requiere poder ser hecha narrativa, poderse contar a alguien como parte de una narración.

Hay muchas maneras de hacer esto, una forma, la más común y aceptada es a través de la conversación, hablando con alguien a quien se toma como testigo y sirve de apoyatura a la narración misma. Pero hablar no es la unica manera de trajinar con nuestras emociones, otra forma es a través de la escritura, o de la creación artistica. Otras formas aun poco exploradas son las técnicas que ponen el énfasis en la expresión corporal, en el lenguaje del cuerpo o en las ténicas de mindfulness.

Pero si elegimos la forma mas comun de expresión, la narrativa, hay que saber que no basta por sí misma. Contarle un problema a alguien o procesar una emoción en presencia de alguien es usualmente tranquilizador y tiene un efecto catártico, pero muchas veces no sirve por sí sola.

Nuestro violinista puede ser consciente de que coje mal el violin y puede entrenarse en rehabilitar su postura pero su tendencia natural será volver a repetir el mismo error que ya conoce y volver a su postura mórbida. Necesita a alguien que le corrija cuando desvie el rumbo sabiendo éste que acabará siendo visto como una persona fastidiosa.

3.- Reconstruir. Del mismo modo que aprendemos algo somos capaces de desaprenderlo, aplicado a la cuestión mental cuando un paciente nos cuenta algo  hacemos dos cosas, una es la escucha empática y otra cosa que hacemos es reestructurar cognitivamente lo vivido, el mapa ha de encajar en el territorio, de lo contrario solo conseguiremos un efecto breve y puntual. Vamos haciendo pequeños toques tratando de puntualizar los extremos del relato, poniendo las cosas en orden y tratando de leerlas con una lógica consensuada.

Cuando al paciente reconoce su emoción, la expresa y la reestructura es posible afirmar que los sintomas se disuelven solos sin necesidad de farmacos ni de cualquier otra intervención si bien es cierto que podemos usarlos sintomáticamente. Cuando un paciente nos llega quizá a consecuencia de un trastorno adaptativo actual tiene una larga experiencia en trajinar con los estresores de su vida de un modo viciado, es posible que nunca antes haya sufrido un episodio depresivo pero cuando se escarba en la biografía de una persona que sufre un trastorno adaptativo actual lo más corriente es encontrarse con otros problemas antiguos que si bien no se manifestaron con sintomas nunca fueron resueltos adecuadamenete. Los pacientes siempre nos traen -como el violinista anterior-, una larga serie de posturas viciadas, que en lo mental se traducen como patrones inadaptativos de respuesta a distintos dilemas de la vida que si bien pueden haber sido resueltos o disueltos identifican un modo de enfrentar los problemas mediante un estilo que llamaremos para entendenros disociado, simplemente el problema se arranca de su dinámica vital -creadora- y se aparca alli donde menos molesta.

En este sentido es posible afirmar que todos los problemas de un individuo sean cuales sean arrastran un patrón de inadaptación en la resolución de los mismos que arranca de los estereotipos, las guias que llevan a cabo la toma de decisiones que comunmente se encuentran atrancadas en origen.

Lo curioso es que la resolución del último de ellos lleva consigo usualmente la visión en perspectiva de los anteriores: alcanzar insights importantes en cuanto a la narrativa vital completa: una visión panorámica que con independencia de que sea verdadera o falsa ha de tener sentido para el sujeto.

¿Por qué me pasa esto?. Los humanos somos pequeños epistemólogos de nuestras reacciones y nuestras emociones; en cuanto somos capaces de desbloquear el camino de una emoción, construimos nuevas hipótesis sobre las anteriores. Y entonces comenzamos a preguntarnos el por qué reaccionamos asi o asá.

La mayor parte de las terapias suelen obviar este ultimo paso pero yo creo que es el más importante aunque es cierto que muchas veces no podemos llegar a una explicación con sentido para el paciente, sobre todo con aquellos que llevan una expectativa médica o que simplemente no pueden reconocer las relaciones entre sus reacciones, ¿por qué nos pasa lo que nos pasa? ¿En qué condiciones? y ¿cual es la repetición, el patrón que se encuentra en la base de mis reacciones?

Recientemente he visto auna mujer que hizo un cuadro depresivo tras la jubilación de su marido, lo curioso es que el retiro no habia influido en él en absoluto sino en ella, por otra parte económicamente hablando tampoco iba a representar para ellos un descenso de estatus.

¿Entonces por qué? ¿Cual era la emoción negada en esta mujer?

Naturalmente el miedo a la pobreza, que en su vida habia tenido una presencia casi mineral al menos durante su infancia. En su vida actual el miedo era exagerado y extemporáneo, carecía de sentido adaptativo, pero en su infancia ese miedo tuvo mucha presencia y era real. La actualización de aquel miedo que en aquella época no habia tenido expresividad sintomática se actualiza en el acontecimiento actual y genera una reacción inadaptativa a un acontecimiento que tratamos usualmente de forma banal pues la perdida de estatus, -dejar de trabajar es una perdida de estatus- es uno de los eventos más relacionados con la depresión.

Y además hay algo que podemos aprender de este caso: en el inconsciente no existe el tiempo, la emoción actual no pertenece al presente sino al pasado. Un pasado que se manifiesta en forma de reminiscencia en la situación vital actual y que lleva al individuo a enfermar.

Lo que significa que de nuestra familia heredamos no solo genes sino patrones de comportamiento y que cada individuo ocupa un lugar en una determinada familia y que por altruismo unos salen al rescate de otros, de forma que no es raro que cuando un miembro de la familia mejora otro salga en su relevo para ayudarle a llevar la carga familiar. El papel del chivo expiatorio es móvil e intercambiable.

De manera que al explorar un trastorno adaptativo es conveniente conocer el papel que nuestro paciente cumplia en su propia familia de origen y cumple en la actual, lo que completa el mapa mental emocional, de lo contrario algunos estresores pueden resultar ciegos como en este caso donde la jubilación del marido y la idea de ruina no pueden explicarse en términos actuales sino recurriendo a la historia de la familia extensa, entonces los por qués se disuelven y se transforman en cómos.

¿Cómo abandonar el rol de soporte familiar que la paciente asumió desde pequeña?

Con un ajuste de cuentas con nuestro pasado.

Sin piedad.

La evolución de la conciencia no puede entenderse sin la idea de traiciones recurrentes tal y como explican en este post.

19 pensamientos en “Procesando emociones (I)

  1. Con muy pocas palabras pero perfectamente utilizadas queda descrito el origen de muchas miserias humanas y de alguna manera. Pero también el autor nos abre la puerta para poder rescatarnos como pacientes y en nuestra función de terapéutas, rescatar a quién nos pide ayuda.

    Extraordinaria “síntesis” (que no es la palabra adecuada) del dolor humano y de su posible elaboración.

    Gracias por este artículo.

  2. Me ha encantado este post. Pienso, además, que son muy certeras algunas de las ideas vertidas aquí, como p.e. “es tan humano sentir celos o envidia como culpa, tristeza o vergüenza, no hay emociones buenas o malas sino censuras sociales, educativas..”. En el tema de la importancia de la censura social, según leído en los Traumas Emocionales del homeópata Chappel, es evidente que en las niñas está más aceptada socialmente la tristeza (pucheros) mientras que en el niño parece más aceptada la rabia (pataletas), y que -siempre según ese autor- muchas de las “tristezas” de la mujer adulta son rabias no expresadas en su naturaleza genuina y -a la inversa- muchas de las rabias o agresividades masculinas son tristeza no expresada.
    Un post para leer dos veces o más.
    Aplausos, maestro 🙂

  3. Estimado Paco: Me ha evocado tu post una canción que le escucho a Ana belén aunque desconozco su autor titulada “Desde mi libertad”. No llevaré ninguna imagen de aquí, me iré desnuda igual que nací, debo empezar a ser yo misma y saber que soy capaz y que ando por mi pie…

    Un saludo afectuoso,

  4. Me refiero a escapar de los patrones mórbidos que hemos heredado de nuestra familia de forma que se mantienen constantes en nuestra forma de reaccionar emocionalmente y que interceptan el procesamiento emocional. En el caso que nos ocupa la paciente tendrá que resolver varios “vicios adquiridos” que se han convertido en rasgos, en patrones esterotipados de cognicion y emocion pero para ello será necesario un ajuste cuentas con su pasado es decir resituarse emocionalmente y mentalmente con su familia y por supuesto adquirir otro lugar al que ocupó en su infancia, que no fue otro sino el de “proveedora” externa de recursos, a una edad en que deberia estar estudiando o divirtiéndose.

  5. entonces esto de lo que habla ya no sería hacer terapia cognitiva de la emoción actual, sino también hacer repaso de los mecanismos aprendidos antiguos (que han llevado al actual), comprenderlos e… intentar rehacerlos? es cognitivismo? o psicoterapia dinámica? sobre el papel es impecable, pero quizás en la práctica sea lento y difícil?
    Siento tanta pregunta, pero es un post que da mucho que pensar. Gracias

  6. Bueno mi formacion no es cognitivo conductual sino dinámica aunque creo que existe un consenso sobre la importancia de lo infantil sobre el psiquismo.
    No cabe ninguna duda, vamos.

  7. Sí, totalmente de acuerdo. Como bien dices, “nadie pues se encarga de esta difícil tarea que es educar nuestra mente para que al menos podamos aprender ciertas estrategias de supervivencia al estrés” (¿es más importante prevenir una enfermedad cardiovascular con una buena dieta o sin hábito tabáquico que prevenir un futuro trastorno adaptativo? ¿Cuál supone mayor lacra para la sociedad?). Algo apuntaron hace no demasiado en un Redes, la neurociencia tenía que llegar a la escuela. Gracias de nuevo, me da pena haber descubierto este blog tarde porque, aunque sigo al día casi todo lo que escribe, me va a costar muchísimo leer todo lo antiguo! Un saludo

  8. Desde luego el post tiene mucho material para pensar y meditar.
    El concepto de chivo expiatorio intercambiable dentro del nucleo familiar me ha gustado particularmente y me parece absolutamente acertado, siempre dentro de la modestia de compartir en estas líneas mi opinión como profana Los comportamientos adquiridos dentro del ámbito familiar son difíciles de corregir y exigen constancia y dedicación porque un vicio interiorizado forma parte de la génesis del carácter del individuo.

    En cuanto a que la neurociencia tendría que llegar a la escuela totalmente de acuerdo porque los profesores realizamos cada día más una labor terapeútica.Si hay un lugar donde se puede observar la evolución caótica y estresante de la sociedad es en la escuela donde afloran todas las malas posturas para coger el violín, la tiza, el libro, la forma de relacionarnos con los demás, etc. La competitividad en una sociedad donde uno vale según el curriculum que posea es muy fuerte y los chavales y no chavales sufrimos la presión del sistema.

    Gracias por el artículo, tan bueno e iluminador como todos los demás.

  9. otro post extraordinario.

    Podría recomendarnos alguna bibliografía que nos pueda ayudar a profundizar en ese ajuste de cuentas con nuestro pasado?

    Muchas gracias de nuevo

  10. Sí. Se piensa en la pérdida de un ser querido, como el mayor estresor . Desestabiliza, sin duda, pero su carácter de “relativamente ” esperado ( es algo que hipotéticamente puede suceder) le resta la contundencia que provoca la pérdida de estatus, cuando llega de forma inesperada, inadertida, injusta.

    Encontré este artículo sobre pérdida de estatus, envidia, economía…http://www.iew.uzh.ch/institute/people/fehr/publications/Neid-Status-Markt_in_NZZ_ES.pdf.

    A fin de cuentas: “sufrimiento por nuestro propio fracaso, al comparar los resultados ajenos y que implica aversión por las desigualdades, contra el éxito desigual”.

    Magnífico post

  11. Por cierto, a clandestinos y no-clandestinos les recomiendo “La sabiduría de las emociones” (N. Levy), un libro muy didáctico y digerible para los menos versados en la raíz de toda emoción.

  12. Este post llega a mí en un momento de urgencia, por eso conmovida respiro para preguntar: ¿Podría entender “resituarse emocional y mentalmente” como la escritura de un guión que injustamente no se vivió? Es decir, ¿imaginar que grito cuando callé o que reclamo cuando tuve que mostrarme indiferente, por ejemplo?

    ¿Esta dramatización mental es verdaderamente capaz de restituir algo?

    un saludo y gracias por todo lo que nos das.

  13. Lo importante es que el guión tenga sentido para usted, que no se aleje demasiado de la verdad y que no lleve un arrastre de rencor insalvable. El cerebro procesa la imaginacion de igual forma que procesa los eventos de la realidad de forma que visualizar algo es una forma de revivirlo.

  14. Me ha encantado este post y todo tu blog en general. Muchas gracias por compartir tu conocimiento de forma desinteresada.

    Saludos

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