Redes autopoyésicas


La autopoyesis es un término biológico descrito por los cientificos chilenos Maturana y Varela que viene a significar la capacidad de los organismos vivientes para autoproducirse y autoperpetuarse.

Lo importante de estos sistemas es que son abiertos en el sentido de que intercambian energia e información con su medio ambiente pero son cerrados en el sentido de que depende de sus partes para ser considerados como tales sistemas. Por ejemplo las células tienen una membrana- un límite- que contiene los elementos que la perpetuan de una forma autopoyesica pero es precisamente a través de la membrana que la célula es capaz de adquirir nutrientes para su funcionamiento y para evacuar sus detritus.

Todo parece indicar que la vida es una combinación de patrones, redes y procesos que mezclan elementos de un sistema abierto (que intercambia algo con otros sistemas) con elementos de un sistema cerrado (una célula no podria entenderse o explicarse sin alguna de sus partes).

Segun la wikipedia son autopoyésicos los organismos que:

Presentan una red de procesos u operaciones (que lo definen como tal y lo hace distinguible de los demás sistemas), y que pueden crear o destruir elementos del mismo sistema, como respuesta a las perturbaciones del medio. Aunque el sistema cambie estructuralmente, dicha red permanece invariante durante toda su existencia, manteniendo la identidad de este. Los seres vivos son en particular sistemas autopoyéticos moleculares que están vivos sólo mientras están en autopoiesis.

Los seres vivos son redes de producciones en las que las moléculas producidas generan con sus interacciones la misma red que las produce.

Dicho de otra forma la vida en sí misma y su constante manifestación no es más que la manifestación de una red autopoyésica.

Naturalmente la forma más elemental de red autopoyésica a nivel biológico es la célula, sin embargo cuando Maturana y Varela trataron de modelizar su funcionamiento se dieron cuenta de que la red autopoyésica celular era demasado compleja para sus intereses que estaban relacionados con la demostración de que determinados sistemas podian emerger de si mismos a través de continuas interacciones circulares donde una parte de ellos se encargaba de reparar en otro lugar las partes averiadas y que no dependian de otros sistemas para sobrevivir, perpetuarse o repararse.

Comenzaron a buscar modelos matemáticos sencillos que pudieran emplear para tal demostración y los encontraron en la cibernética.

Lo que buscaba era la demostración de un modelo no lineal dependiente de las condiciones iniciales (en este sentido es determinista) mientras que fuera imposible predecir cual de ellos proliferaria indefinidamente o el momento en que se detendría (en este caso es caótico).

John Conway y su Juego de la vida es la mejor opción para entender como evoluciona una red autopoyésica.

El programa que puede verse on line en esta página consiste en una cuadricula o malla donde cada una de las “células” pueden ocupar uno o varios cuadrados o adoptar distintos estados.

El jugador -en realidad se trata de un juego de cero jugadores- puede construir si quiere sus propias condiciones iniciales (o usar la que el programa genera por defecto) y aqui acaba su función, no se espera de él jugada alguna salvo tan sólo observar qué es lo que sucede con los patrones interactuando entre sí al poner en marcha el sistema que se encuentra gobernado por dos sencillas reglas:

Las transiciones dependen del número de células vecinas vivas:

  • Una célula muerta con exactamente 3 células vecinas vivas “nace” (al turno siguiente estará viva).
  • Una célula viva con 2 ó 3 células vecinas vivas sigue viva, en otro caso muere o permanece muerta (por “soledad” o “superpoblación”).

El juego tiene lugar de forma lenta o rápida y todos los movimientos o interacciones entre “células” tienen lugar simultáneamente. Lo interesante es:

  • Observar los patrones que se crean (formas) y los patrones que tienen mayor éxito “evolutivo”.
  • Observar que determinados patrones son móviles mientras que otros parecen estar condenados a la quietud y sólo pueden ser activados a través de la interacción de ciertos vecinos con movilidad. Otros como el blinker (parpadeo) es  como un oscilador con dos posiciones que sigue -no obstante- inmóvil.
  • Observar las generaciones que transcurren hasta que el juego se detiene (la vida se extingue).
  • Plantearse si alguna de nuestras condiciones iniciales daria lugar a un “juego sin fin” es decir a una forma indefinida de turnos o de generaciones.

Aconsejo a todos los lectores de este post que juegen on line a este juego y hagan sus propias observaciones y si se preguntan acaso si alguien ha descubierto una generación indefinida de patrones decir que si, que en 1979 hubo un tipo que lo consiguió y que desde entonces se han descubierto muchas configuraciones que llevan la red a la “inmortalidad”.

Me quedé tiempo mirando la pantalla hasta que pensé:

¿Cuantos intentos realizó la vida hasta dar con la forma o patrón de la doble hélice del ADN?

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5 pensamientos en “Redes autopoyésicas

  1. Estoy de acuerdo con Ana di Zacco en que las posibilidades no son infinitas, y existe algo de necesario en las funciones básicas de la vida… Como la frase de Demócrito que utilizó Monod en el título de su best-seller: “Todo lo que existe en el mundo es fruto del azar y de la necesidad”.

    Muy interesante el concepto de redes autopoyéticas. Gracias de nuevo 🙂

  2. Perdone, maestro, que no lo siga últimamente. Quería pedirle su opinión acerca de lo que está produciendo Eduardo Punset. Y un saludo y mil gracias por mantener vivo todo este mamotreto dedicado a la inteligencia, a la sensibilidad y a la voluntad. Todas lo mismo. Todas distintas.

    Y de paso le envío un saludo a Ana di Zacco que me descubrió a Omar Faruk.
    La Música es el camino más corto hacia Dios. O, algo así.
    Buena gente.

  3. Me viene bien. “No tiene miedo”. Había un poema de Manuel Alexandre que decía:
    ” Exactamente como la misma primavera”.
    Exactamente. En ese momento justo. Cruzar el río y no tocar el agua. Estar helado y sentir calor entre los dedos. Llenarse de gente la alcoba, y no conocer a nadie. Juntar y tumbar. Y progresar y sentir. Y yo estuve en el Hades, recuerde maestro, y no quiero volver. Porque hay una constelación que nos trabaja. Y que le llamamos tiempo. Con el tiempo se inventö el Álgebra y con la distancia la Geometría. El Hades es un mundo gris. El otro día revisando la Odisea, me pareció que le llamaban así. Gris. Borroso. Confusión. Soledad.

    Esa es la sensación. Pero yo no quiero quedarme en esto. Porque Dios me llevó allí, pero también me dio lo que tengo en el cerebro. Algo así como: ¿Estás allí y no tienes cojones (cerebro) para salir? Pues no, le hubiera dicho si me o hubiera preguntado.

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