¿Aumentan las enfermedades mentales?


No sólo es el espectacular aumento del autismo entre los niños lo que está levantando la voz de alarma, sino también y en general los trastornos de personalidad en los adultos, el TADH entre los niños -que es la enfermedad más prevalente- seguida de los trastornos alimentarios e incluso un incremento en el trastorno bipolar y una extensión de todos los trastornos mentales graves a edades mas precoces.

Esta mañana hemos tenido un interesante debate en mi servicio acerca de esta cuestión. Las opiniones están repartidas entre estas posturas:

  • los que creen que estas enfermedades no han crecido sino que se conocen y diagnostican mejor.
  • los que creen que es la influencia de las multinacionales farmacéuticas -necesitadas de vender psicofármacos- las que propician y divulgan versiones cada vez más inclusivas en los manuales diagnósticos a fin de aumentar su mercado potencial.

Pero cada vez resulta mas difícil sostener que algunas enfermedades mantienen la misma incidencia que antaño cuando no sabíamos diagnosticarlas. Por ejemplo, en el artículo enlazado más abajo se señala que precisamente en el caso del autismo la incidencia de la enfermedad ha aumentado hasta 600 veces con respecto a hace veinte años atrás, más concretamente y según este informe en  los casos de autismo han pasado en tan sólo dos años a afectar a uno de cada 150 menores en 2007 a uno de cada 110 en 2009.

Se trata de cifras oficiales en USA y que delatan un incremento espectacular e innegable.

Lo cierto es que las dos opiniones más arriba expuestas tienen parte de razón: sabemos diagnosticar y más precozmente las enfermedades y existen presiones por parte de los fabricantes para extender ciertos tratamientos a todo el espectro de los trastornos mentales incluso a aquellos que antes no se clasificaban como enfermedades sino como rarezas o calamidades del carácter. Por ejemplo, hoy tendemos a tratar con psicofármacos los trastornos de personalidad a pesar de los malos resultados que obtenemos o con antidepresivos cualquier tipo de depresión a pesar de saber que sólo las depresiones endógenas van a responder a los tratamientos pertinentes.

Asi y todo ninguna de las hipótesis anteriores explica del todo el incremento de la patologia mental en el nivel asistencial, es evidente que la causa no puede ser única y que debemos exprimirnos un poco más los sesos para encontrar otras explicaciones.

Y como no hay dos sin tres recojo la hipótesis del Dr Thomas Insel, director del Instituto Nacional de Salud Mental (NIH),  presidente del Comité de Autismo de esta institución. “Cuando se ve un crecimiento de este tipo, hay que pensar que se trata de un problema ambiental”, dice.

Un problema ambiental es no decir nada, ¿se refiere a tóxicos ambientales, al calentamiento global del planeta, al mercurio de las vacunas?

Lo cierto es que la patologia mental es muy patoplástica, es decir cambia según la época en que se recoje un determinado fenómeno: la nosología está escrita por personas que pertenecen a determinados entornos culturales y temporales. Esta idea significa que las enfermedades mentales cambian su sintomatología segun el contexto histórico, no es lo mismo una esquizofrenia hoy que en el medioevo. Pero más allá de esta idea para mi existe una variable crítica: la idea de que las conceptualizaciones sobre la enfermedad cambian la enfermedad, no porque nuestra idea sobre la misma modifique su patoplastia sino que ambas: concepto y patoplastia son la misma cosa.

Al conceptualizar una enfermedad -al menos mental- la estamos modelando pues es imposible separar al observador de lo observado cuando lo observado es precisamente lo que observa: otra mente.

Es como si las enfermedades y la conceptualización que hacemos de ellas fueran de la mano.

De manera que nuestra forma dicotómica (dialéctica) de pensar “o esto o lo otro” puede estar errada y es muy posible que exista un “tertium inter pares“, una tercera opción que oponer a las dos opiniones manifestadas con anterioridad y que desvelaré al final del post:

Es posible que la pregunta además esté mal formulada y que lo que esté sucediendo no es que las enfermedades mentales hayan aumentado sino que hayan modificado su patoplastia hacia versiones de sí mismas distintas a las clásicas.

Es cierto que algunas enfermedades han disminuido: por ejemplo las oligofrenias en general y el sindrome de Down en particular tal y como ya conté en este post, también algunas formas de esquizofrenia negativa, la hebefrenia por ejemplo que fue durante el siglo XIX la forma más frecuente entre los internados mientras hoy es la forma paranoide la más frecuente. En las enfermedades somáticas sucede algo parecido: la ulcera gastroduodenal y las enfermedades infecciosas también disminuyen y son reemplazadas por otras no necesariamente más benignas como las enfermedades autoinmunes y el cáncer que están sometidas a la misma polémica que presta el titulo a este post, no hay consenso sobre el asunto.

Algunos psiquiatras sostienen que -en relación con el autismo- no es que haya aumentado su frecuencia sino que nuestra actual conceptualización tiende a agrupar enfermedades diversas en un único espectro de entidades parecidas, asi el autismo clásico (sindrome de Kanner), el sindrome de Asperger, la enfermedad de Williams o la enfermedad de Rett junto con otras enfermedades graves sin nombre propio suelen clasificarse juntas como trastornos del neurodesarrollo y dan la impresión cuando son codificadas de forma ensamblada que haya crecido su incidencia cuando lo que ha cambiado en nuestra forma de clasificarlas.

Como si fueran iguales.

Algo parecido sucede con el trastorno bipolar, si contamos todas las formas clínicas incluyendo a las que representan pequeñas oscilaciones del humor de forma cíclica -como sucede en la ciclotimia- le añadimos la hipertimia y contamos además las depresiones unipolares en su cómputo total es seguro nos dará mucho mas que ese 1% de prevalencia-vida que se le supone clásicamente al trastorno. Dicen que el trastorno bipolar está aumentando de frecuencia y este aumento tiene que ver tanto con la conceptualización de esas formas menores. Da la casualidad que este aumento coincide con la introducción de los normotímicos, fármacos carísimos que se venden como churros a pesar de que el barato litio sigue siendo el psicofármaco más eficaz contra este trastorno.

La histeria clásica – de conversión- ha desaparecido prácticamente de las consultas médicas pero en su lugar aparecen entidades marcadas por el misterio: dolores inexplicables, pruritos sin causa médica, cistitis rarísimas, personas que no quieren comer (anoréxicas) y personas que comen demasiado y no pueden controlar sus ingestas y todas terminan en el psiquiatra -aunque en ocasiones ofrecen una fuerte resistencia- porque en el mundo de hoy aquello que no es orgánico ha de ser a la fuerza psicógeno, tal y como ya expliqué en este post sobre las no-enfermedades.

Tal y como el lector sagaz ya habrá percibido los datos contradicen la evidencia de que efectivamente ciertas enfermedades disminuyen a costa de otras que aumentan y de que no existe consenso sobre esta cuestión: ¿estaremos condenados a  negar nuestra propia percepción de la realidad hasta que la ciencia demuestre que efectivamente hay un crecimiento real?

De manera que no hay que fiarlo todo a los datos.

Mi impresión despues de unos 33 años de ejercicio profesional es que la psiquiatría ha cambiado mucho y las enfermedades mentales aun más, los pacientes muchisimo más. Pero volviendo a la hipótesis ambiental de Insel hay que añadir que lo que más ha cambiado es nuestro entorno, la sociedad, sus valores y en consecuencia, las expectativas, creencias, cogniciones, emociones de nuestros contemporáneos. la pregunta buena sería en mi opinión esta:

¿Habrá una menor tolerancia social e individual al malestar mental de forma simultánea a una mayor generación de dificultades para entender la complejidad del mundo?

Esa es mi opinión: una causa triple-ambiental, por una parte orientarse en un mundo como el nuestro tiene mayor dificultad que el mundo en que yo habité de adolescente y de niño. Por otra parte esta complejidad va acompañada de un menor bagaje de recursos emocionales para resolver problemas. Y por fin: tenemos muy poca tolerancia al sufrimiento y no sabemos criar hijos, educarles, dotarles de valores y propiciar crecimientos y maduraciones suficientemente buenos en los que dependen de nosotros. Ni sabemos ofrecer modelos sólidos de identificación para nuestros hijos, ni cuidar de nosotros mismos ni mucho menos de nuestros mayores. Y lo peor: hemos dejado de ser bases seguras hasta para nuestros bebés. ¿Donde retroceder, si la amenaza no está afuera sino en lo que deberia mostrarse como referencia de amor, confianza, sostén y cuidado?

Habitamos un mundo burdo, ocasional y a veces tan surealista (basta con oir a nuestros politicos) que es inevitable que aumente nuestro malestar psíquico y nuestra confusión y que terminemos engordando las estadísticas de eso que se ha venido en llamar salud mental.

Dicho de otra manera: las enfermedades mentales están aumentando pues hay que sumar a las enfermedades mentales clásicas -que se manifestarían inexorablemente en cualquier sociedad- a los malestares de nuestra cultura que nos hacen enloquecer como si hubiéramos aprendido a plagiar a la naturaleza.

Y la peor noticia: que no sabemos discriminar a unas de otras.

33 pensamientos en “¿Aumentan las enfermedades mentales?

  1. “¿Habrá una menor tolerancia social e individual al malestar mental de forma simultánea a una mayor generación de dificultades para entender la complejidad del mundo?”. Obviamente. En una sociedad que se empeña en esconder sus sentimientos, porque mostrarlos “es cosa de débiles”, normal es que la gente se enferme.

    Luego, usted dice que los antedepresivos deberían recetarse únicamente a los depresivos endógenos, ¿por qué entonces el médico de cabecera de la S.S los receta libremente dejándose llevar únicamente por el relato del paciente, al que le pone la etiqueta antes de firmar una orden de medicación, y sin haber hecho ningún estudio previo?¿Eso es legal? A mí me parece que no, y luego ¿dónde te quejas, y a quién?

    Usted es psiquiatra, y me parece que muy bueno, entonces sabrá el sufrimiento y la desesperación por la que puede pasar un depresivo en una situación de -llamémosle- hostilidad ambiental (yo le llamaría, en otros términos y en otro contexto, por ejemplo, discriminación… con sus correspondientes extensiones de las que no hablaré aquí). Lamentablemente, esa persona se cogerá de lo que le diga el médico. Pasa el tiempo y el dolor remite, entonces vuelve al médico y le extiende otra receta con la misma medicación, pues si ya no te duele sigue así otros seis meses, y luego otros seis y luego… pues ad aeternum. En ningún momento al médico se le ha pasado por la cabeza remitir a ese paciente a un psiquiatra. Hasta que el paciente se lo pide expresamente, y el médico extiende una orden: vaya al psiquiatra. Le darán un turno dentro de seis meses. Pasados los seis meses, y ya en el psiquiatra, éste se aplicará a escribir en un papel todo lo que le cuente el paciente. Le atenderá bien y con una sonrisa, y hasta es posible que le dedique alguna atención, pero luego, si el paciente no vuelve en un año y al final pide turno por lo que sea, le mirará de mal a muy mal.

    A todo esto, ¿enfermedad mental diagnosticada? Supone el paciente que depresión. Ya se sabe que de esas cosas no se habla, nisiquiera el psiquiatra las nombra, ahora sí, que recetar, receta: un antidepresivo con otro nombre distinto al anterior.

    ¿Qué le parece más patológica, la situación social o la situación individual del paciente?
    ¿No tendrá algo de “perverso” este sistema?

  2. Y tan perverso, porque la mayor parte de la gente que llega a un psiquiatra no deberia nunca llegar hasta alli, porque fijese usted habla de discriminación ¿que tiene eso que ver con la psiquiatria? El psiquiatra sabe de enfermedades mentales no de condiciones sociales. Y tan perverso es el sistema porque la gente construye los sintomas que el sistema le sugiere, es como si hubiera un mandato que dijera algo asi como : “muestreme usted un sintoma con sentido médico y deje de protestar”. “No se queje del sistema, sufralo y más pronto o mas tarde el sistema le recompensará con una pension y un reconocimiento de su dolor”.
    Eso es perverso efectivamente, pero se trata de un perversión que no es solo atribuible al sistema sino a los propios individuos.

  3. Pingback: ¿Aumentan las enfermedades mentales?

  4. Tiene usted mucha razón, pero sucede que el indivíduo no reconoce esa perversidad hasta que es demasiado tarde y ya está en el pastel. Si el sistema le da una pensión será porque quiere sacarse de encima el problema, y es posible que esa persona se quede de por vida pensando que padece una enfermedad que no es ni más ni menos que una falta de contención y punto. ¿No cree usted que, llegados a ese punto, las condiciones sociales generan enfermedades? En ese caso, si el psiquiatra se ocupa solo de enfermedades psiquiátricas “sin influencia del ambiente”, ¿a dónde deriva a una persona dañada “por causas sociales”?¿al trabajador social, que no sabe nada de psiquiatría -es evidente que no saben- para que le extienda una minusvalía?¿qué es lo que hay que hacer?

  5. Totalmente de acuerdo. Los bebes en muchas ocasiones se tratan como objetos que hay que cuidar, como estorbos. Se les cambia, se les alimenta, pero no se interacciona con ellos. A veces me encuentro recordando a los padres que es importante que le hablen al bebé, que lo miren, lo acaricien y jueguen con él. Es como si no lo hicieran bajo la creencia de que el niño no interacciona. Así hay padres o madres con bebés en brazos, mirando la tele y sin mantener una interacción con él durante horas…..
    Saludos.

  6. Un tal Renduelles también habla de la perversidad de sistema, y estoy de acuerdo Paco, en que al fin y al cabo, ese ente abstracto que es el sistema, lo formamos los individuos, perversos también al fin y al cabo.

  7. Hay tres clases de algo en algo: hay el algo que conocemos, hay un Algo que es una categoria y hay un algo en nosotros, en nuestro interior que desconocemos. Es ese algo el que hemos de concoer si queremos cambiar en algo ese algo que hay afuera.
    El sistema no peude ser perverso sin la suma de perversiones de sus miembros. El sistema es solo una entelequia.
    ahi está el cambio: en nuestro interior.

  8. Sandra, es imposible pensar que el psiquiatra,e el medico o cualquier profesional del sistema no está -a su vez sufriendo- las contradicciones del mismo . Claro que los psiquiatras nos enfrentamos a las enfermedades consecuencia del entorno y no solo de las enfermedades mentales propiamente dicha. ¿Pero por qué las personas cuando tienen un problema construyen sintomas tan parecidos a los de las enfermedades fisicas o psiquicas vedaderas? ¿Por que nos deprimimos cuando no nos salimos con la nuestra?
    ¿Por qué no entrar en religión ante una calamidad?
    Menos TACs y mas espiritualidad. Mas Platon y menos Prozac.

  9. O sea que usted ya ha emitido su diagnóstico. Y su conclusión es: depresión = “no salirse con la suya”. ¿No necesitaría tener más detalles para llegar a la conclusión de que esa persona ha construído el síntoma, en vez de ser un síntoma real? Entonces las depresiones exógenas, en su opinión, no existirían… Por otra parte, la expresión “no poder salirse con la suya”, suena a dejadez en su valoración de la persona y del síntoma, cosa que me deja perpleja, viniendo de alguien como usted, básicamente porque me hace pensar que erudición y empatía no siempre van de la mano.

    Ya sabemos que el sistema es una construcción abstracta… formada por personas, supuse que se daría por entendido. Sin embargo, cuando hablamos de perversiadad parece que el perverso siempre fuera “el otro”, es decir el que expone la queja. Luego surgen los críticos y especialistas a dar la lata, aunque ellos nunca parecen incluirse en la suma total de las partes.

    En cuanto a por qué las personas construyen síntomas muy parecidos a, pues supongo que no es mi labor definirlo, quizá sí que sea el de los especialistas como usted, que recomiendan platones y prozacs, y está bien, aunque me sigue pareciendo más bien un final así como para salir del paso. Hay quienes no necesitan, ni desean (será por eso de salirse con la suya, como usted dice) que se les confine al manicomio religioso o a la nueva espiritualidad en su vertiente new age, que le da todavía más poder a ese sistema perverso del que hablamos.

  10. Creo que usted me ha malinterpretado y es logico porque volviendo a releer mi ultimo comentario fuí bastante criptico. Lo que quiero decir es que aquel que no puede salirse con la suya y con independencia de que tenga o no razón puede construir un sintoma psíquico similar a la victima real que ha sufrido un atropello.
    No estaba emitiendo ningún diagnóstico, y menos sobre usted, este no es el lugar para diagnósticos sino solo para teorizaciones.
    Manicomio religioso es una palabra que me gusta. Mi opinión es que la ciencia en cierta medida ha tomado el relevo de eso que usted llama religión y las catedrales de nuestros dias están en los Hospitales, lugar que por cierto es donde yo trabajo y donde pese a las contradicciones intento no perder el Norte con respecto a lo que es Psiquiatria y la demanda que se nos hace desde la sociedad -a la que hay que atender necesariamente- aun a sabiendas de que fracasaremos en el intento.
    Cada cual ha de encontrar su camino, si el suyo no es la new age estupendo pero no satanize con nombres y etiquetas a los que han podido cambiar su vida con ciertas creencias newageras, A veces cambiando solo un poco alguna cosa se obtienen resultados asombrosos.

  11. Pues muy bien todo, Paco, pero convengamos en que las verdaderas depresiones también pueden ser exógenas ¿no cree usted? Además ¿qué sería una víctima real y qué sería supuesta víctima?¿Bajo qué parámetros medimos eso? Es decir, ¿no dependerá de la decisión de los gestores del “sistema” quién sufre de verdad y quién finge? Ahí es donde yo noto la perversión. Sea por la razón que sea, se sufre, y la verdad es que demasiado a menudo lo “síntomas” (de las causas mejor no hablemos) se tapan con calmantes. Dice el tal Rendueles que citaban más arriba:

    “las pastillas psiquiátricas son a veces demasiado eficaces y permiten tolerar situaciones intolerables adormeciendo los sentimientos que permiten cambiarlas” (algo así como para dejar que te sigan haciendo mobbing, pero sin notarlo).

    ¿Quién está más enfermo, el perro o el que le da de comer?

    Por cierto, no crea que satanizo a los new age, no me caen bien simplemente, y es verdad que para mucha gente puede ser una solución alternativa hacer uso de esas terapias. Yo me refería, más bien, a su inserción en el el sistema capitalista de siempre. Es curioso que este tipo de terapias estén diseñadas para un público de clase media pudiente, y no para el simple operario/a de toda la vida, cuyas posibilidades de salir de la caverna suelen ser mínimas.

    Usted dirá, y qué tiene que ver todo esto con la psiquiatría. Pues yo le digo, y no porque sea ninguna erudita sino porque lo he visto y además lo he vivido, que las enfermedades mentales no están separadas de ese sistema que, insisto, es perverso, y el hecho de que la new age esté diseñado como está es prueba de que nada, absolutamente nada, puede escapar a él.

    Luego, que el paciente “construya” síntomas… ¿qué vinculación tendrá eso con un sistema que, viviendo de la apariencia, vive quejándose de la falta de valores?¿No será ésa la causa? Y si lo fuera, ¿lo hace menos perverso? Es como la pescadilla que se muerde la cola: criticamos el sufrimiento ajeno, siempre que no nos toque a nosotros. Pura teorización. Eso es perverso. Eso genera enfermedades, ya que donde no hay contención afectiva, PUEDE haber enfermedad.

    O estoy tonta, o a mí no me parece que sea un razonamiento tan absurdo. Sin embargo, sigue siendo tabú.

    Para reflexionar.
    Un saludo 🙂

  12. Al mes de vida (aproximadamente) ya debe aparecer la sonrisa social en el niño como respuesta y alrededor de los 12 meses comienza a emitir algunas palabras… Un niño que a los 2,5 años no hable, no mire a la cara… no interaccione en definitiva, merece una evaluación detallada y probablemente padezca un TEA. Me parece genial la reflexión del post y los comentarios y la necesidad de replantearse “algo” tanto individual como colectivo, pero en esos niños y con todos los datos actuales no tengo ninguna duda de que existe un defecto del orden de lo biológico que explica esas dificultades… Claro que existen los padres irresponsables y mezquinos (¿por qué hay que aprobar un examen para conducir y no se exige formación para la crianza?) pero niños autistas aparecen en todos los tipos de familias imaginables. Ahora bien, dicho esto, también cabe reconocer que los niños abandonados o malcriados en orfanatos de lugares del mundo poco afortunados, y luego adoptados por sociedades opulentas muestran síntomas superponibles al autismo, pero ¡¡no todos!! es decir, no todos los individuos en las mismas condiciones ambientales reaccionamos de igual manera (ni siquiera en los primeros meses de vida) así que esto me vuelve a hacer pensar que algo llevamos “de serie” que nos marca para la enfermedad.
    Por último, el mercurio de las vacunas quedó afortunadamente descartado como causa de los TEA, con retractaciones públicas por varios de los autores que publicaron el artículo que en su día levantó la sospecha…

  13. Piensa una una cosa Matias, la evolución de la conciencia infantil es una lucha de opuestos, de tendencias, contractivas unas y expansivas otras, unas tienden a la fusión y otras tienden a la diferenciación.
    Lo cierto es que si crecemos, maduramos y nos diferenciamos es:
    1.- Porque existe plegada en nuestro cerebro y como resumen de la filogenia, una querencia hacia la diferenciación.
    2.- Por que debe haber en el ambiente algo que opere como “decepción”, de un placer viejo frente a la emergencia de otro nuevo.
    Estas operaciones erótico-tanáticas o si se quiere de decepción-deseo emergen juntas y se realizan a través de lo que conocemos como “base segura”, es decir la madre que permanece atenta a estos virajes es capaz de operar como moduladora de estos primitivos conflictos entre vida y muerte.
    Mi pregunta es la siguiente ¿qué sucederia si esa supuesta base segura fuera percibida por el niño como una amenaza?
    Lo que sucederia es una regresión a estadios anteriores de evolución de la conciencia, a un estadio filogenéticamente anterior.
    La pregunta del millón de dolares es ésta ¿se confunde el niño al percibir a su madre como amenazante? ¿O es que ya viene de serie mal dotado y tenga la madre que tenga enfermará?
    ¿Has tenido alguna vez un ataque de pánico sin ninguna amenaza concreta real?
    Todos podemos equivocarnos al evaluar un riesgo y reaccionar en modo “supervivencia”, los bebés tambien.

  14. Me parece interesante, sin duda, pero me disgusta la idea de “culpabilizar-responsabilizar” a la madre y la crianza (tal cual el concepto de madre esquizofrenógena) Pensaré sobre ello.

  15. Veo que no lo has entendido Matias ¿quien habla de madre-esquizofrenógena?
    Vuelvo al ejemplo del ataque de pánico, tu vas por la calle un dia y al atravesar un tunel del metro tienes un ataque de pánico.
    ¿Que culpa tiene el túnel?
    Lo que es cierto es que tu supondrás que es el túnel lo que provocó el ataque de pánico, pero en realidad el túnel en si mismo carece de amenaza objetiva, eres tu quien le adjudicas esa condición.
    Otro ejemplo, tomas un trozo de chocolate y tienes una jaqueca ¿Es el chocolate el causante de ella?
    No, es tu cerebro alarmista que en el primer caso ha reaccionado provocando una reaccion de lucha-huida como si te fuera a comer una fiera. En el segundo caso tu cerebro ha dado la orden de necrosis porque imagina un daño sobrevenido a tu cabeza.
    En ambos casos el estimulo es irrelevante.

  16. De acuerdo, pero si el bebé percibe como amenazante a su madre puede llevarnos a pensar que esa madre tiene algo que ver en ello (de hecho, todavía hoy oigo comentarios de ese tipo entre compañeros de profesión) porque si no, conforme al planteamiento que haces:
    “La pregunta del millón de dolares es ésta ¿se confunde el niño al percibir a su madre como amenazante? ¿O es que ya viene de serie mal dotado y tenga la madre que tenga enfermará?” si la madre (o el ambiente) no intervienen para nada, ambas
    preguntas deben tener la misma respuesta, es el niño el que confunde y por la tanto “algo hay en él que lo confunde”. Eso creo.

  17. ¿No podría ser que la madre (o su arquetipo, su percepción por el niño) sea a la vez amenazante y protectora, como algunos dioses? ¿son esas dos emociones perceptivas incompatibles entre sí? (pregunto…)

  18. Exacto Ana, No es la madre real la que atemoriza al niño sino su arquetipo que nunca es neutral, sino que va cargado de elementos protectores y devoradores. El miedo siempre es miedo del otro y es por eso, creo, que algunos niños se retiran de su “base segura” con independencia de que sea, su madre real, una base segura o no.

  19. El problema es que no tenemos una palabra mejor que “elección”, pues elegir es un acto cognitivo y libre, de manera que ese tipo de elecciones precognitivas y en cierta manera forzadas no pueden llamarse asi. Habria que buscar otra palabra similar o un neologismo.

  20. HOla Paco!
    Hablando de la función materna y su elección…
    Has leído la novela de Patrick Suskind “El Perfume” ?
    También se hizo una película, que pasa con el deseo, y la función de una madre que descarta a su progenie, en que se convierten sus hijos?

  21. Si, la he leido Guillermo pero despues de leer el el emperador del pefume de Chandlerr Burr me olvidé de ella.
    Lo que pasa es que es ehijo carece de olor, es decir de identidad.

  22. No son imcompatibles las posturas. Según tú planteas Paco, ese niño recién nacido toma una “elección” respecto a la Madre (independientemente de cómo sea “su” madre) y es esto lo que puede replegarlo y regresar a periodos evolutivos más primitivos… lo que yo digo es que seguramente las cosas sean así, pero la única explicación que se me ocurre para que alguien de tan solo unos meses haga algo así es que en su dotación de base (su carga genética o su organización biológica, o algo que todavía no sabemos lo que es) hay algo que condiciona esa decisión.

  23. Seguramente existe un genoma o una especie de dotación genetica que puede explicar estos retrocesos, pero ese “algo” necesita ser activado por otro “algo”. Yo creo que es el miedo “al otro” lo que desencadena ese proceso. Como tampoco sabemos nada acerca de los eventos pre-natales que pueden estar sensibilizando ese sistema de alerta, mi opinión provisional es que deberiamos prestar mas atención a los acontecimientos perinatales y no tanto a la dotación genetica. O al menos deberiamos tratar de integrar unos hallazgos en otros.

  24. En eso coincido totalmente. Estos días he asistido a un Congreso sobre Trastornos de la infancia y un ponente recordaba que para entender la influencia del llamado “ambiente” no cabe olvidar (como frecuentemente hacemos) que todo lo perinatal es ambiente, y probablemente (añado yo) el ambiente más importante al que nos expongamos a lo largo de nuestra existencia tanto por la calidad como por la cantidad de estímulos y las características premadurativas de nuestro organismo.

  25. Tanto es asi que hasta la palabra “decisión” es una incongruencia, puesto que la decisión solo puede formularse en terminos verbales. Pero si hay “decisiones” que se toman de forma preverbal y que las toma el cerebro por su cuenta porque en el tallo cerebral hay un cerebro que piensa, siente -como un reptil- pero con su logica interna y siempre en términos de supervivencia.

  26. Este niño no deseado, viviò por azar evidentemente, no gracias a su madre…
    Y como bien dices Paco, sin identidad. Tuvo que construir un narcisismo a base de un perfume especial que lo terminó devorando…

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